Ferozmente británico CAPÍTULO 28
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CAPÍTULO 28

TRACEY

Honey's está a tope esta noche y, al entrar en el bar, Summer dice con satisfacción:

—Vaya, parece que mi plan ha funcionado. Mira la cola que hay en la barra.

—Eso no es bueno para nosotras —me quejo, y ella niega con la cabeza—.

Déjamelo a mí.

La observo acercarse a uno de los porteros y susurrarle algo al oído; la sonrisa de satisfacción con la que regresa me dice que nuestras bebidas están en camino.

Lo digo muy en serio porque la espera sería larga si tuviéramos que hacer cola como el resto de la gente.

—He pedido un martini porn star para cada una. Derek ha dicho que nos los traerá personalmente a la mesa número cinco.

—Vaya, cómo se nota tener contactos.

La mesa número cinco siempre está reservada. El portero decide a quién sentar allí, y supongo que, como novia de Max e hija de Joey, Summer ocupa los primeros puestos de la lista.

Ni se me ocurre pensar que yo esté cerca de ella en esa lista, pero es agradable saber que también tengo derecho a esos privilegios, y me acomodo en mi asiento con una sonrisa satisfecha.

—Nos tomamos algo y luego vamos a la pista de baile. Hace siglos que no bailo. ¿Qué nos pasa?

Summer se ríe.

—Vivimos encima de uno de los clubes más populares de la ciudad y casi nunca venimos. Las copas son gratis y somos unas pringadas por no aprovecharlo.

Tiene toda la razón, y mientras echo un vistazo alrededor, me alegra ver lo bien que le va al club esta noche.

—¡Tracey!

Oigo mi nombre y veo una cara conocida que viene hacia nosotras; me levanto de un salto y saludo con la mano.

—Julie, aquí.

Estoy tan pendiente de ella que no me fijo en quién la acompaña hasta que llegan a la mesa, y debo de poner mala cara porque dice con ansiedad:

—¿Está todo bien, Tracey?

—Sí, eh, claro, me alegro de veros.

Martin sonríe con esa actitud despreocupada suya mientras agarra la mano de Julie con fuerza, y Summer observa la escena con interés.

—¿Por qué no os sentáis con nosotras? —digo educadamente, más para descubrir qué demonios está pasando que por otra cosa, y Julie asiente agradecida—.

Mientras se sientan con nosotras, me susurra:

—Martin me ha dicho que podía conseguirnos un pase para la sala VIP si quería, pero prefiero estar cerca de la pista. Aunque puede que acepte su oferta más tarde. O sea, tiene que estar genial allí arriba.

Me fijo en que él tiene el brazo apoyado con naturalidad sobre su hombro, y ella dice con aire culpable:

—Espero que no te importe, pero cuando te fuiste, nos pusimos a hablar y bueno, es tan buena compañía, por no hablar de que está buenísimo, y era justo lo que necesitaba para olvidarme de Kenny.

Sonrío, pero por dentro se me revuelve el estómago. Esto no pinta nada bien.

Summer observa la escena con interés y, mientras hago las presentaciones, Martin me mira y sonríe con un brillo travieso en los ojos.

Como queriendo dejar algo claro, le susurra algo al oído a Julie que la hace sonrojarse, y ella se ríe mientras él le vuelve la cara hacia la suya y la besa con suavidad.

Summer me mira y se encoge de hombros, y desearía estar en cualquier otro sitio ahora mismo. Me da mucha pena mi amiga porque, sin saberlo, Julie ha salido de Guatemala para meterse en Guatepeor y está a punto de quemarse de verdad.

Llegan nuestras bebidas y la mía me hace mucha falta; desaparece más rápido de lo que llegó.

Summer se queda sorprendida.

—Vaya, deberíamos haber pedido dos.

—No pasa nada. Con eso me basta.

Respiro hondo porque la situación es incómoda mientras Julie mira embelesada a Martin. Summer se da cuenta de que algo no va bien y dice enseguida:

—¿Te apetece bailar, Tracey?

—Genial.

Me levanto y le digo a Julie:

—Vamos a bailar. ¿Te vienes?

¿No os importa? Todas las mesas están ocupadas y es imposible acercarse a la barra.

—Estoy bien, gracias. ¿Os importa si nos quedamos aquí?

—Claro. No tardamos.

Mientras nos alejamos, Summer me susurra:

—¿Qué pasa aquí?

—Ese tío que está con Julie es el mismo que estaba interesado en mí hace unos días. Qué casualidad, ¿no?

—¿Ese es el tío? —dice Summer negando con la cabeza—.

Pues vaya buitre.

—Y que lo digas.

Los veo besarse y me doy cuenta de que su relación ha avanzado mucho más rápido que la nuestra. Se me cae el alma a los pies. Pobre Julie.

Summer me arrastra a la pista de baile.

—Bueno, menos mal que nunca te liaste con él. Te has librado de una buena.

—Y que lo digas.

Mientras bailamos al ritmo de la música, intento con todas mis fuerzas concentrarme en eso y no en mi amiga cometiendo el mayor error de su vida.

Si no supiera que Martin se trae algo entre manos, me alegraría por ella, porque por fuera parece estar muy interesado en ella.

Ojalá Charlie esté equivocado y todo haya sido una coincidencia, pero estoy casi segura de que tiene segundas intenciones y Julie puede que acabe arrepintiéndose del día en que lo conoció.