CAPÍTULO 25
CHARLIE
Max está cabreado y Joey también. Sus caras lo dicen todo mientras me fulminan con la mirada.
—Se me fue de las manos. Pasa.
Me encojo de hombros mientras intento hacer pasar mi aspecto por una simple sesión de boxeo que se descontroló.
—Bueno, espero que Mickey saliera peor parado. ¿En qué estabas pensando, hijo? —dice Joey sacudiendo la cabeza—. Te dije que te mantuvieras alejado de ese maldito bicho raro. No trae nada bueno.
—Más fácil decirlo que hacerlo, papá. ¿Cómo iba a saber que iba a aparecer por el gimnasio ese día? Ya conoces a Mickey, siempre está buscando pelea, y yo estaba encantado de partirle la cara.
—¿Has descubierto qué está tramando?
La pregunta de Max me pilla desprevenido y me apresuro a mantener una expresión neutra.
—No.
Joey me observa con atención.
—¿Estás seguro de eso, hijo? Porque como descubra que estás metido en esto, te arranco la puta cabeza.
Respiro hondo y digo con cautela:
—He descubierto que está tramando algo con Gary Palmer.
Joey dice con asco:
—Esa puta cucaracha nunca desaparece. Me enteré de que había vuelto y que estaba tramando algo, y ahora sé que esto es algo gordo.
Camina furioso de un lado a otro.
—Hay una razón por la que tipos como Gary Palmer tienen toda la pasta.
Usan a idiotas como Mickey Fellows, les prometen el oro y el moro y los engañan haciéndoles creer que son importantes.
No lo son. Gary consigue que le hagan el trabajo sucio y desaparece con los beneficios, mientras los que se juegan el cuello acaban pudriéndose en el trullo.
Se ríe por lo bajo.
—Esperemos que lo haga otra vez y mande a Mickey de vuelta a la trena para el resto de sus días. Cuanto antes desaparezcan esos capullos de Londres, más contento estaré.
Nos lanza a los dos una mirada dura y frunce el ceño.
—Averiguad lo que podáis. Si va a haber mierda, quiero asegurarme de que no nos salpica.
Max asiente y por su expresión veo que está cabreado. Entonces Joey dice con brusquedad:
—La caja ha bajado. ¿Qué vais a hacer al respecto?
—Happy hour —Max se encoge de hombros—. Fue idea de Summer. Atraerlos subiendo los precios de los cócteles y luego ofreciendo dos por uno entre las diez y las once. Asegurarnos su clientela para toda la noche y asumir una pequeña pérdida a cambio de jugar a largo plazo.
—Buena idea —dice Joey con orgullo, y me contengo para no poner los ojos en blanco porque si esa hubiera sido idea nuestra, la habría tirado por tierra. Mi hermano lo conoce demasiado bien y mencionar a Summer nos ha salvado a los dos de su ira. Y si falla, tampoco le dirá nada a ella.
Los dos hemos aprendido a manejar a nuestro volátil padrastro.
Cuando se casó con nuestra madre, éramos críos todavía en primaria.
De repente nos vimos catapultados a su mundo y tuvimos que espabilar.
Nos ha criado y nunca nos ha tratado como otra cosa que como a sus propios hijos.
Cuando descubrió a Summer, fue porque ella lo encontró a él, y nunca lo he visto tan feliz como ahora.
Por fin tiene a alguien de su propia sangre y está desesperado por compensárselo.
Por eso, cuando Max y Summer se enamoraron, se armó un buen revuelo en la familia y durante un tiempo estuvieron en guerra. Pero mamá salvó la situación y le hizo reconsiderar su rechazo, y ahora Max y Summer son la pareja más feliz que he conocido.
Ahora sé por qué. Cuando Tracey entró en mi vida, entendí por qué la gente necesita una pareja.
Alguien que está ahí solo para ti. Un equipo, por así decirlo.
Ahora tengo más que perder si sigo adelante con el plan de Mickey, y por eso debo llevar esto con mucho sigilo, porque si algo le pasara a Tracey por estar conmigo, nunca me lo perdonaría.
Joey nos deja solos y Max suspira aliviado cuando sale del local.
—Joder, por poco.
—Buena idea lo de meter a Summer. Respeto.
Max sonríe.
—No estaba mintiendo. Ahí está la gracia.
Se hunde en su asiento y me mira pensativo.
—No me creo que no sepas nada de los planes de Mickey. ¿Qué tiene contra ti?
El corazón me empieza a latir con fuerza cuando Max me cala como siempre. Me paso los dedos por el pelo y gruño:
—Solo sé que está tramando algo gordo, y sabiendo que Gary Palmer está metido, seguramente esté pensado para beneficiarlo solo a él.
—Y tu cara. ¿Quién te ha hecho eso? —dice Max con cautela. Levanto la vista—. Mickey. Estábamos entrenando en el gimnasio y la cosa se calentó.
—A mí me han contado otra cosa.
Se me hiela la sangre cuando se inclina hacia delante y me clava una mirada dura.
—Phil Taylor me dijo que vio a Mickey y a sus hombres entrando en el gimnasio ayer.
Oyó a Mickey dando órdenes y diciéndoles que bajo ningún concepto dejaran escapar a su objetivo.
También me dijo que la única otra persona en el gimnasio ese día eras tú, Charlie, así que déjate de gilipolleces y dime qué coño está pasando, o te lo saco a hostias.
Sabiendo que Max cumple sus amenazas, digo cabreado:
—Vale, pero lo tengo controlado.
—¿Controlado el qué?
—Mickey quiere que conduzca para él y le dije que no.
—¿Como en...?
—La huida.
Max suelta una carcajada.
—¿Cuánto tiempo ha estado ese imbécil en la cárcel? ¿No se da cuenta de que en Londres no puedes ir rápido a ningún sitio, y si lo intentas, las cámaras te pillan?
Sacude la cabeza.
—¿Huida de qué?
—¿Tú qué crees? —respondo de mala hostia, y se ríe como si fuera un puto cómico—. Tío, ya lo he oído todo. Mickey Fellows va a atracar un banco y tú eres el conductor de la huida. Es que no me lo creo.
Me encojo de hombros. —Nunca dije que fuera un genio.
—¿Así que le dijiste que era una mala idea?
—Por supuesto. —Clavo en Max una mirada dura—. Le señalé los fallos de su plan y le dije que lo replantease desde cero, pero nunca ha sido el más espabilado del grupo y está empeñado en atracar varios bancos en Nochebuena, todos a la vez.
—¿Ah, sí? —Max parece pensativo y tamborilea con los dedos sobre la mesa antes de levantar la vista y sonreír de oreja a oreja.
—Entonces puede que tengamos el as en la manga para meter a Mickey en la cárcel de cabeza. No pases por la casilla de salida y desde luego no cobres las doscientas mil, o lo que sea que espere sacar.
—¿Cómo? —Lo miro con interés, y es como si me hubiera quitado un enorme peso de encima al cargárselo todo a mi hermano.
—Creo que deberías decirle que has cambiado de opinión.
Opto por no contarle que ese tren ya pasó, y él dice lentamente: —Descubre sus planes y averigua las ubicaciones.
—¿Qué vas a hacer con la información?
Tengo curiosidad porque sé que Max no querrá involucrar a Joey y mucho menos a la policía, y él sonríe.
—Sé exactamente a quién soplarle la información.
Sonríe radiante mientras dice alegremente: —Puede que al final esta Navidad no sea tan mala.