CAPÍTULO 21
TRACEY
Estoy en el séptimo cielo y debe notarse porque Julie no para de lanzarme miradas cómplices. Cuando paramos para comer, me acorrala en la cocina y me dice muy seria:
—Quiero saberlo todo. Es Martin, ¿verdad?
—¿Quién?
Casi me había olvidado de él, y ella se me queda mirando con los ojos como platos.
—¿Quieres decir que no es él? Vaya, no me digas que es Charlie Carter. Qué suertuda, joder.
—¿Conoces a Charlie?
Me sorprende, aunque no sé muy bien por qué. Los Carter son muy conocidos en la ciudad, y no precisamente por cosas buenas.
—Pues claro que sí. No vivo en el quinto pino. Hay que tener agallas para salir con él.
—¿Por qué?
Mi voz suena tranquila, pero por dentro estoy furiosa. Sobre todo por la cara de desaprobación que pone.
—Kenny me contó que es un tipo peligroso. Tiene un hermano igual y son como mafiosos.
Sonrío.
—No son para tanto.
—En serio, Tracey, piénsalo. No querrás verte metida en ese mundo. No traen nada bueno.
Respiro hondo y digo con calma:
—Gracias por el aviso. Tendré cuidado, pero para que lo sepas, sí, conozco a los Carter y sé perfectamente cómo es ese mundo, como tú lo llamas. A mí solo me han demostrado ser amables, divertidos y encantadores, y hasta que vea lo contrario, me la jugaré.
Niega con la cabeza con evidente desaprobación.
—¿Y qué pasa con Martin? Era tu billete de oro. Es amable, agradable y encantador, y encima está forrado. Tampoco va a acabar en la cárcel. Te iría mucho mejor con él.
No reacciono, por mucho que esté ardiendo por dentro. Me enfurece que esté comparando a los dos hombres. Está claro que el encanto y el dinero pueden engañar a cualquiera, y me da pena. Está tan equivocada sobre mi situación que casi resulta gracioso, pero no me río.
Sin embargo, tenemos que trabajar juntas y no voy a enemistarme con ella, así que digo con un suspiro:
—Gracias, Julie. Te lo agradezco. En fin…
Cambio de tema más por mi cordura que por otra cosa.
—¿Y qué tal con Kenny? ¿Cómo va la cosa?
—Bien, supongo, pero es muy frío.
—¿En qué sentido?
—Un momento está superatento conmigo y al día siguiente pasa de mí olímpicamente.
Lo pasamos genial en Excalibur el sábado por la noche y acabamos la velada en un cine de sesión nocturna enrollándonos en la última fila.
Al día siguiente esperé un mensaje, una llamada, lo que fuera, y al final le escribí yo.
El muy cabrón me dejó en visto y no he sabido nada de él desde entonces.
La verdad, cada día me parece menos atractivo.
Me suena el móvil, distrayéndonos, y ella dice con un deje de envidia:
—Martin, por lo que parece. Bueno, si no lo quieres, pásame el contacto, porque estoy hasta las narices de Kenny. Que le den, por mí.
Sale de la cocina hecha una furia, dejándome con un nudo en el estómago. Genial. Ahora Julie cree que estoy saliendo con un maestro del crimen, y lo peor es que tiene razón.
Leo el mensaje de Martin.
Hola, preciosa, ¿te apetece tomar algo después del trabajo, en el sitio de siempre?
El corazón me late deprisa mientras respondo.
Claro. Nos vemos en Savilles.
Al pulsar enviar, me pongo nerviosa. ¿Qué le digo?
Charlie estuvo de acuerdo en que debía decirle que estamos saliendo, pero decirlo en voz alta es ponerle una etiqueta a algo que podría acabar en desastre.
No me interesa Martin. Nunca me ha interesado realmente, pero decirlo abiertamente me pone nerviosa por cómo puede acabar todo esto.
Por suerte, hay mucho trabajo y no tengo tiempo para darle vueltas. Se acerca la Navidad y todo el mundo quiere su dinero o tiene problemas para conseguirlo.
Así que el día pasa volando y, antes de darme cuenta, voy camino de Savilles con Julie, que está extrañamente callada.
—¿Estás bien?
—pregunto mientras caminamos deprisa por la calle fría y triste, iluminada con luces navideñas para ahuyentar este invierno tan deprimente.
—Estoy harta.
Se ciñe un poco más el abrigo y se queja:
—¿Y si Kenny está allí?
—¿Y si no está?
—le suelto, y ella niega con la cabeza.
—¿Por qué siempre acabo con los chicos malos? No soy tonta, Tracey. Me doy cuenta de que está jugando conmigo y yo soy la idiota que se lo permite.
—Pues no se lo permitas.
Lo digo con amabilidad, pero mis palabras son duras porque hace una mueca y dice con tristeza:
—Soy mi peor enemiga. Deberían encerrarme en un convento.
—No eres tan mala.
Me hace reír y ella pone los ojos en blanco.
—No dirías eso si supieras con cuántos tíos me he acostado. Solo tienen que mirarme y ya me estoy bajando las bragas y abriendo las piernas.
Parece tan avergonzada que le digo con dulzura:
—Pues no lo hagas. El próximo tío que coquetee contigo tendrá que currárselo. No cedas y que te invite a salir unas cuantas veces y te mime.
—Supongo.
Sonríe.
—Aunque suena un poco aburrido. Mira, creo que soy una prostituta frustrada. Tengo la libido por las nubes, y mejor me irían las cosas si me pagaran por ello. Al menos podría consolarme con una tarde de compras por el West End.
Nos miramos y estallamos en carcajadas. Digo tragando saliva:
—Por favor, dime que estás bromeando.
—Por supuesto —sonríe—. Si pudiera elegir, lo consideraría. El problema es que me cagaría de miedo si mi madre se enterara. Me encerraría en mi habitación del ático y tiraría la llave.
—Ya me cae bien tu madre.
Sonríe, y cuando llegamos al bar, los nervios me revuelven el estómago pensando en lo que tengo que hacer ahora.
Como era de esperar, el bar está lleno de compradores, trabajadores y turistas. Harrods no queda lejos y hay muchas bolsas con el distintivo verde y dorado esparcidas por el suelo, y compradores exhaustos dándole sorbos a botellas de prosecco y cócteles de colores vivos.
Julie nos saluda con la mano desde la mesa junto a la ventana y veo a Sophia y Mark charlando con un par de desconocidos.
Por suerte, no hay ni rastro de Kenny, así que Julie se relaja visiblemente y va a unirse a ellos.
Yo no llego tan lejos porque el hombre al que he venido a ver me observa con una expresión de suave interés que me revuelve el estómago.
Matty Bloomfield. Me pregunto cuál será su verdadera historia.
Voy hacia él con una sonrisa cálida, y señala el taburete a su lado. Nunca me había fijado en dónde se sienta hasta ahora, pero siempre está en el mismo sitio con el taburete de al lado vacío, a pesar de toda la gente que se agolpa a nuestro alrededor.
El camarero está siempre disponible para atenderle, y nunca me había fijado. Ahora sí. Ahora estoy viendo las cosas de manera muy diferente.
Me subo al taburete y sonrío agradecida cuando me pasa una copa de prosecco.
—¿Día duro? —dice con preocupación, y niego con la cabeza mientras doy un sorbo.
—Lo de siempre. No solo soy la nueva y estoy aprendiendo cómo funciona todo, sino que además estoy hasta arriba de trabajo. Es como si me hubieran tirado a la piscina sin saber nadar.
—Suena agotador.
Me estudia con una mirada intensa, y me remuevo en el asiento cuando se inclina hacia delante y me pone la mano en la rodilla.
—Entonces, preciosa, ¿te gustaría cenar conmigo esta noche? He reservado mesa en un restaurante muy exclusivo aquí cerca, con la esperanza de que digas que sí.
El corazón me late con fuerza mientras me preparo para dar la noticia que lo cambiará todo, y esbozo una sonrisa de disculpa.
—Lo siento, Martin, pero no puedo.
—¿No puedes? —levanta las cejas—. ¿O no quieres?
—Ambas cosas —me encojo de hombros—. Es que, bueno, hay alguien más y no sería justo para ninguno si fingiera estar disponible.
—El tipo que se metió en el taxi detrás de ti, supongo.
No parece sorprendido, y asiento.
—Sí. Bueno, tenemos un pasado juntos y por mucho que lo intente, no puedo ignorar lo que siento por él.
—¿Él siente lo mismo?
Me mira con expresión dulce, y me pregunto si Charlie estará equivocado con respecto a él.
No parece un criminal, y nunca me ha preguntado nada sobre cómo funciona Metro Bank, solo se interesa por cómo me ha ido el día.
Charlie debe haberse equivocado porque el hombre que tengo delante parece ser todo lo que esperaba.
Amable, considerado y guapo. Un hombre con recursos y un buen partido, y si las cosas hubieran sido diferentes entre Charlie y yo, estaría encantada de pasar tiempo con él.
—Creo que sí —respondo, y solo pensar en Charlie basta para hacerme sonreír, así que digo con pesar—: Lo siento, Martin. Espero que no te importe.
—Por supuesto que no —se recuesta y levanta la copa hacia mí en un brindis.
—Por conseguir todo lo que quieres en Navidad.
Levanto mi copa y espero que así sea, porque lo que más quiero es que Charlie no se meta en líos y disfrutar de nuestra primera Navidad juntos como pareja. Por fin.