Ferozmente británico CAPÍTULO 13
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CAPÍTULO 13

TRACEY

Charlie Carter será mi perdición. Tiene la costumbre de irrumpir en mi vida y tomar el control, y yo soy la tonta que se lo permite cada maldita vez.

Ni siquiera sé adónde voy, pero salgo a la calle en dirección a Bond Street, y él casi tiene que correr para seguirme el ritmo.

Mientras avanzamos por la calle de tiendas de lujo, me distraigo momentáneamente con los increíbles escaparates de diseñadores que atraen más publicaciones en Instagram que cualquier otro en Londres durante la Navidad.

Sin duda saben cómo impresionar, y cuando me detengo junto al árbol de Ralph Lauren, saco el móvil para hacer una foto.

Me sorprende cuando Charlie me arrebata el móvil de la mano y me rodea el hombro con el brazo, mientras las bolsas me golpean la espalda y susurra:

—Sonríe, nena.

Como si actuara en piloto automático, hago lo que dice, y mientras toma varias fotos, susurra:

—Algún día recordaremos estas fotos como el comienzo.

—¿El comienzo de qué?

Sigo sonriendo a la cámara mientras él dispara sin parar, y dice con suavidad:

—El comienzo de nuestra vida juntos.

Me giro y lo miro atónita, y respondo a la defensiva:

—Eres un cabrón, Charlie. ¿Cómo te atreves a dar por hecho que quiero empezar algo contigo, y menos aún pasar el resto de mi vida a tu lado?

—Porque reconozco el destino cuando lo tengo delante, y si eres honesta contigo misma, tú también.

—No es cierto.

Tengo los ojos muy abiertos, pero el corazón me late desbocado mientras él me atrae hacia sí de un tirón y susurra:

—Deja de discutir y acepta mis disculpas.

Abro la boca para hablar cuando sus labios se posan sobre los míos, y mientras me besa y su lengua roza la mía con ternura, siento que el hielo se derrite en mi interior.

Besar a Charlie es siempre como si él acercara una cerilla encendida a mi alma.

Ardo por él. Siempre lo he hecho, y mientras nos besamos, ajenos a la multitud, es como si estuviera protagonizando mi propia película romántica.

Me encanta todo esto, y tiene razón. Siempre miraré esas fotografías y recordaré este momento.

Porque por una vez tengo todo lo que siempre quise entre mis brazos, y quiero que esto dure para siempre.

De algún modo, acabamos de vuelta en su piso encima de Honeys, y cuando entramos en el apartamento decorado con buen gusto, vuelvo a sentirme insegura.

Deja mis bolsas junto a la puerta y se quita la bufanda y la chaqueta, mientras yo me quedo dudando junto a la puerta por la que acabamos de entrar.

Se gira y juro que el corazón me da un vuelco cuando veo el deseo que le ilumina los ojos, y susurra con voz ronca:

—Eres tan hermosa, Trace.

—Cállate. No lo soy.

Estoy avergonzada porque justo en este momento me siento la mujer más hermosa del mundo. Es lo que él me hace creer, y soy consciente de un cambio en nuestra relación que me intriga.

Se acerca y yo retrocedo hasta la pared. Él levanta las manos y me ayuda a quitarme el abrigo, sin apartar la mirada de la mía ni un segundo.

—Llevo tanto tiempo queriendo hacer esto, nena.

—¿El qué, quitarme el abrigo?

Me arde la cara. Él niega con la cabeza, apoya la frente contra la mía y susurra:

—Hacerte mía.

—Oh, yo…

Me quedo sin palabras. ¿Ha estado bebiendo? ¿Está drogado o ha perdido la cabeza? No me creo ni por un segundo que me quiera, no de verdad. Simplemente no quiere que nadie más me tenga, así que niego con la cabeza.

—¿Y si yo no quiero ser tuya?

Me desliza la bufanda del cuello.

—No te creeré —susurra mientras me acaricia el rostro y me mira fijamente a los ojos—.

Puedes luchar contra mí todo lo que quieras, pero los dos sabemos que tenemos algo especial.

—¿Lo tenemos?

Dudo, porque está diciendo todas las palabras que he querido escuchar durante tanto tiempo, pero algo me dice que es demasiado bueno para ser verdad.

Me atrae hacia él y me encanta estar entre sus brazos. Rodeada por él, respirando su mismo aire. Me acaricia el rostro y susurra:

—He intentado con todas mis fuerzas alejarme de ti, Tracey, pero es que necesito que me devuelvas el corazón.

Mientras lo dice, me besa con tanta suavidad y ternura que juro que cada parte de mí se estremece.

Sabe tan bien. Como vino fino y caviar envueltos en chocolate.

Una combinación deliciosa que hace que los sentidos hormigueen, y ya no puedo seguir resistiéndome.

Quiero esto y lo quiero a él, pero necesito algunas garantías primero.

Me aparto y susurro:

—¿Qué quieres, Charlie? Y no me refiero a lo obvio.

—Te quiero en mi vida, Tracey.

—Ya estoy en tu vida. Soy la prima de tu hermanastra.

Niega con la cabeza.

—Quiero que seas mi novia.

—Perdona, ¿qué?

Lo miro atónita, y él sonríe, esa sonrisa pícara que me derrite el corazón cada maldita vez.

—He dejado de luchar contra esto. Me mantuve alejado por tu propio bien.

—¿Y por qué iba a ser eso por mi bien?

Estoy confundida, y él dice con voz ronca:

—Cuando te secuestraron, fue por culpa del mundo en el que vivo. Te vi atrapada en él, y nunca me lo perdonaré. Te alejé para protegerte, pero no puedo verte vivir tu vida sin mí.

—¡Charlie!

Jadeo su nombre mientras las lágrimas me queman los ojos.

—¿Hiciste eso por mí?

—Haría cualquier cosa por ti, Tracey. Eres en lo único que pienso de noche, de día y al despertar. Me pregunto qué estarás haciendo y anhelo escuchar tu dulce voz. Quiero que seas mía para poder tenerte para siempre, y te hago una promesa: seré leal y antepondré tus necesidades a las mías.

—Joder, Charlie.

Lo miro con los ojos muy abiertos porque no esperaba esto, y él susurra contra mis labios:

—Solo di que es lo que quieres, y lo haré realidad.

Me ha vencido.

Ya lo sé porque me está prometiendo lo que tanto he deseado. ¿Por qué iba a decir que no cuando mi corazón ya es suyo? Así que digo con un nudo en la voz: —Por supuesto que te deseo. Siempre te he deseado.

Sus ojos brillan triunfantes mientras sus labios bajan hacia los míos, y esta vez nuestro beso es diferente. Más suave, más largo, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo, y cuando su mano se abre sobre mi espalda, ya siento que me posee.

Ocupa mi mente por completo y lo único que quiero es estar más cerca de él físicamente, así que deslizo las manos bajo su jersey y disfruto de la piel tensa de unos abdominales duros, los de un hombre al que le gusta mantenerse en forma.

¿Me atrevo a creer que es mi hombre? Todavía no estoy segura del todo, pero al menos merece una oportunidad.

Es tan agradable tocarlo y huele increíble, y cuando desliza la mano bajo mi sudadera, no lo aparto.

Sus dedos apartan el sujetador y se cierran sobre mi pecho, y me aprieto más contra él mientras me recorren deliciosas oleadas de deseo.

—No te traje aquí para follarte, Trace —gime, y yo susurro—: Pero lo harás.

Se ríe suavemente. —No.

Me aparto y veo la ternura en su rostro mientras susurra: —Pero ahora que estás aquí, quiero hacerte el amor.

—Charlie. —Se me escapan las lágrimas mientras me mira con amor y susurra—: ¿Te parece bien?

—Creo que sí —susurro tímidamente, y mientras me toma de la mano, dice con suavidad—: Entonces vayamos a un lugar más cómodo.