CAPÍTULO 12
CHARLIE
Cuando Max sugirió colarnos en el día de compras de las chicas, acepté al instante. No consigo alejarme de ella aunque debería. Cuando me contó lo de Matty, la rabia me hirvió por dentro.
Parece que me equivocaba.
Tracey no está mejor sin mí; está mejor si la protejo, porque siempre habrá un «Matty» esperando para aprovecharse de ella.
Está cabreada conmigo; no hace falta ser un genio para darse cuenta, y me espera un largo camino hasta conseguir su perdón. Sin embargo, mi cabeza por fin me da luz verde y mi corazón teme que sea demasiado tarde.
Summer está charlando de tonterías con Max, así que me acerco y le susurro:
—Quiero compensártelo.
—¿Por qué, Charlie?
Tracey clava en mí sus preciosos ojos, y odio el dolor que veo reflejado en ellos.
Dice en voz baja:
—¿Para que puedas largarte cuando la cosa se ponga fea, diciéndote que lo haces por mi bien, y luego te acobardas y me dejas tirada? Ya he pasado por esto y no pienso repetirlo. Duele demasiado.
Odio el dolor en sus ojos, y desearía que estuviéramos en cualquier otro sitio menos público porque hay tanto que quiero decirle.
—Déjame explicártelo luego, durante la cena.
—No.
Aparta la mirada cuando la camarera trae nuestras bebidas y noto el ligero temblor de su mano al agarrar el pie de la copa de vino.
Odio haber roto su frágil corazón, que ya ha sufrido tanto últimamente.
Primero el cáncer de su madre y luego la terrible experiencia que vivió cuando la secuestraron junto con Summer.
Nunca olvidaré lo impotente que me sentí al saber que estaba en peligro por nuestra culpa, y aunque me lleve toda la vida, se lo compensaré.
Nos quedamos en silencio cuando llega la comida poco después y disfrutamos compartiendo los diversos platos de pasta que nos han servido.
Es un lugar para compartir comida y conversación, y por suerte Summer tiene mucha labia, lo que ayuda a disimular el silencio incómodo que se ha instalado entre nosotros.
Aguzo el oído cuando Summer pregunta con aire inocente:
—Cuéntanos de ese chico que conociste. Me muero por saber todos los detalles.
Max sonríe con suficiencia porque mi cara debe de estar delatando claramente lo que pienso, y no me pierdo la sonrisita astuta que Summer me lanza, revelando exactamente por qué ha preguntado.
—¿Quién, Martin? —dice Tracey con su dulce voz—. La verdad es que no sé mucho de él, aparte de que trabaja en adquisiciones.
—¿Ah, sí?
—suelto, y Tracey responde a la defensiva:
—Creo que le va muy bien. Se nota por su ropa, y por el Rolex carísimo que lleva. También me dijo que tiene un piso cerca de Kensington, así que debe de estar forrado.
—Como si eso te importara —dice Summer negando con la cabeza, y Tracey asiente.
—No es su dinero lo que me gusta, es él.
Odio cada segundo de esta conversación mientras ella retuerce el cuchillo.
—Es tan divertido y me hace sentir como si fuera la única mujer en su mundo. Es... no sé, refrescante.
Agarro mi copa, deseando con todas mis fuerzas que Summer nunca hubiera sacado el tema.
—¿Vas a volver a verlo? —pregunta Summer, y Tracey asiente.
—Creo que sí. Dijo que le gustaría invitarme a salir. Va a llamarme hoy para quedar.
Summer sonríe soñadora.
—Seguro que lo hace especial. ¿Irás?
—Sí —dice Tracey lanzándome una mirada desafiante.
—Me encantaría. Dios sabe que necesito que me pase algo bueno en el amor.
No se anda con rodeos, y me merezco cada golpe. Max y Summer obviamente lo están disfrutando, porque Summer dice con aire inocente:
—Espero que funcione. Imagínate, otra cara en la mesa de Navidad. Qué emocionante.
Max me lanza una mirada dura que me dice que ese tipo se sentará en nuestra mesa por encima de su cadáver, y me hace sonreír. Somos tan parecidos que a veces da miedo, y sé que Max disfrutaría con la oportunidad de eliminar a Matty Bloomfield de nuestras vidas. Permanentemente.
Por suerte, la conversación deriva hacia otros temas, y cuando llega la cuenta, Max paga y cogemos nuestros abrigos. Mientras las chicas caminan delante de nosotros por ese pasillo cubierto de flores, se detienen a posar para fotos, y Max se ríe por lo bajo.
—Me encanta esta mierda.
—¿Qué, las flores? —bromeo, y él niega con la cabeza mientras observa a las chicas.
—Ellas. Esto —mira alrededor—. Hacer algo que importa de verdad y disfrutar de un día normal sin estar mirando por encima del hombro. Ahora entiendo por qué papá hace todo lo que mamá quiere. Es más por él. Para encontrar paz en un mundo donde escasea.
Mira a Tracey, que sonríe mientras se hace un selfi con Summer.
—No la cagues, Charlie. Tracey es buena para ti, y lo sabes.
Me libro de responder cuando Summer grita:
—¡Vamos, Max! Hagámonos una foto juntos.
—Que Dios me ayude si esto se filtra —gruñe mientras va hacia ella y la atrae hacia sí mientras Tracey les hace una foto.
Parecen tan libres y enamorados. Sin ataduras, capaces de expresar lo que sienten el uno por el otro. Quiero eso, y lo quiero con la mujer que ahora mismo les está dando órdenes. Es todo lo que busco en una pareja, y soy el idiota que ha echado a perder mi oportunidad.
Mientras bajamos en el ascensor, Max le pregunta a Summer:
—¿Has terminado de comprar?
Ella mira a Tracey, que pone los ojos en blanco.
—Está bien. Ve a hacer lo que... bueno, solo ve.
Se sonroja mientras Max sonríe con un brillo malicioso en la mirada, y digo rápidamente:
—Voy contigo, Trace. Te llevo las bolsas si quieres.
Fulmino a Max con la mirada. Está disfrutando demasiado viéndome sufrir, y Tracey niega con la cabeza.
—Estoy bien, gracias. Voy a seguir mirando tiendas y luego me voy a casa.
El ascensor llega a la planta baja. Max y Summer salen y los seguimos. Mientras se despiden, me quedo atrás.
—¿Sigues aquí? —espeta Tracey, y me duele ver el dolor en sus ojos, ese que se esfuerza tanto por ocultar.
Alargo el brazo, le quito las bolsas y digo con firmeza:
—Escúchame bien, porque solo lo voy a decir una vez.
Consigo que me preste atención y me mira atónita.
—Vas a dejar que te ayude y que me disculpe como es debido. No acepto un no por respuesta, y cuando me hayas escuchado, te llevo a casa.
Antes de que pueda replicar, le guiño un ojo al ascensorista, que sonríe con interés, y Tracey resopla.
—Joder. Vale, te escucho, pero luego me largo.
Me lo apunto como una victoria y la sigo con aire de suficiencia mientras sale del edificio hecha una furia.