Ferozmente británico CAPÍTULO 5
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CAPÍTULO 5

TRACEY

No me di cuenta de lo tarde que era y, en cuanto Summer me llamó, caí en que debería haber llamado a mis padres. El problema es que estaba tan empeñada en coger el metro y pillar mi tren de conexión que no tuve tiempo.

En cuanto cuelgo, envío un mensaje rápido y salgo corriendo a por mi tren.

Llego justo a tiempo y, mientras me acomodo en el asiento, miro por la ventana el paisaje que pasa volando y repaso mi primer día.

Tengo un buen presentimiento con este cambio de carrera y, si además me regala vida social, estaré más que contenta. El viaje será un pequeño precio a pagar por tener una vida propia ahora mismo y, con suerte, podré pasar página de lo que ha pasado este año y olvidarlo todo.

Pienso en Martin. Era guapo, atento y divertido, e incluso puedo perdonarle el obvio intento de ligar con el billete de cinco libras porque, por una vez, me hizo sentir deseada.

Charlie siempre lo hacía, hasta que dejó de quererme, y fue agradable que alguien me prestara atención durante un par de horas, aunque no vuelva a verlo nunca más.

Odio que mis pensamientos siempre vuelvan a Charlie y a lo que esperaba que pasara.

Nunca pasamos de ser amigos, con algún que otro beso, pero había una cercanía que nunca he sentido con otro hombre.

Era como si nos entendiéramos. Nuestra amistad iba creciendo y yo estaba convencida de que él quería algo más.

Ahora sé que me utilizó cuando Summer empezó a salir con su hermano.

Fue una época difícil y él solo estaba haciéndole de carabina, y eso duele.

Summer es rubia, guapa y delgada. Yo no.

Acepté que quedaba eclipsada por ella y supongo que duele saber que yo solo estaba para hacer bulto.

Siempre ha sido igual. Nunca soy la que eligen hombres como Charlie Carter.

Ellos quieren a la Barbie perfecta que queda bien del brazo.

No a la chica del montón que no tiene nada que ofrecer salvo dolores de cabeza y una enorme dosis de normalidad.

Como siempre, contengo las lágrimas al pensar en lo que quería y lo que conseguí, pero ahora tengo la oportunidad de empezar de cero. Nadie me conoce en Kensington y puedo ser quien quiera, así que dejo atrás los remordimientos y me centro en el futuro.

Durante los días siguientes, el trabajo me absorbe y me resisto a ir al bar de vinos al salir.

La verdad es que estoy agotada y necesito descansar, pero esta noche he quedado en llevarme ropa de recambio al trabajo e ir al bar cuando terminemos.

La idea es empezar allí antes de irnos al centro a rematar la noche en una discoteca.

Puede que me salte esa parte según cómo me encuentre, porque no sé si estoy preparada para volver a las discotecas.

Todavía me duele saber que los Carter reinan en el West End como reyes intocables y estoy intentando evitarlos por mi propia cordura.

—Estás increíble —dice Julie con aprobación mientras me repaso los labios con el pintalabios y me miro en el espejo con ojo crítico.

—Me encanta tu vestido. ¿De dónde es?

Bajo la vista hacia el vestido verde de satén ajustado y me encojo de hombros.

—Creo que era de Oh Polly, en rebajas.

—Al menos tú puedes permitirte llevar vestidos ajustados. Yo necesito un maldito corsé para sujetar estas curvas.

Julie suspira con fastidio mientras se mira en el espejo y yo niego con la cabeza.

—Eres preciosa, Julie. ¿De qué hablas?

Se encoge de hombros.

—Ojalá fuera tres tallas menos.

—¿Qué? ¿Para comprar en la sección de niños? Tienes un tipazo.

Y lo tiene, no bromeo. Es una chica con curvas, pero las tiene donde hay que tenerlas, y le envidio el pecho. Casi no parecen de verdad, pero sé que lo son porque muchas veces ha comentado que le encantaría reducírselo. Yo no estoy de acuerdo. Si fueran míos, los luciría a la menor oportunidad.

—Bueno... —cambio de tema—. ¿Qué pasó con Kenny la otra noche? No me has contado nada.

Se encoge de hombros y se mira las uñas.

—Nos liamos y, la verdad, fue un poco decepcionante.

—¿En qué sentido? —pregunto intrigada, porque estaba convencidísima de que era el indicado.

—Resultó ser como todos los demás. Un magreo rápido en un callejón oscuro y una hamburguesa de camino a casa. No es precisamente Romeo y Julieta, ¿verdad?

—Qué asco de tío.

Frunce el ceño.

—También se le olvidó mencionar que tiene novia. Solo lo descubrí cuando me puse a cotillear su Instagram. No había subido ninguna foto de ellos, pero vi que a ella le gustaban muchas de sus publicaciones y algunos comentarios me hicieron sospechar, así que miré su perfil.

Suspira y niega con la cabeza.

—Él salía por todas partes. Fotos de los dos haciendo esas cosas de pareja que yo mataría por hacer. Fotos acaramelados en Winter Wonderland y patinando sobre hielo. Paseos por el bosque, chocolate caliente y compras en Selfridges.

—¿Y qué pasó?

Estoy intrigada y ella se encoge de hombros.

—Le escribí a su novia y le conté lo capullo que era él, y ahora no nos hablamos. Kenny no ha vuelto por Saville's y Mark me ha dicho que su novia lo tiene castigado. Maldito capullo, se lo merecía.

—¿Estás bien? —me preocupo al verla disgustada, pero ella esboza una sonrisa radiante y dice con falsa alegría—: He aprendido la lección y no me voy a acostar con nadie hasta que tenga unas cuantas citas y un álbum de fotos digno de Instagram que me haga sentir mejor.

Sonríe y se yergue.

—Así que esta noche es la noche, cariño. Vamos a pasarlo bien.

Mientras salimos del banco y nos adentramos en las calles iluminadas, comparto su deseo. Nos merecemos algo bueno, tanto la noche como el hombre. Quizás esta noche sea el comienzo de algo nuevo o simplemente una noche genial. Sea como sea, pienso aprovecharla.

Saville's está a tope, lo cual no sorprende en estas fechas, y está iluminado como un árbol de Navidad con lucecitas y guirnaldas. Suena música navideña a todo volumen y hay flores de Pascua rojas decorando cada superficie.

—Vaya, esto está hasta arriba.

Julie me da un codazo y, mientras nos dirigimos a nuestra mesa de siempre, me sorprende ver a Sophia riéndose con Kenny.

—Joder, joder. ¿Qué coño hace aquí?

Julie gruñe y, antes de que podamos hacer nada, levantan la vista y Sophia nos dedica una amplia sonrisa.

—Aquí estáis. El prosecco está bien fresquito, esperándoos.

Nos sentamos y me fijo en que Julie se coloca en el extremo opuesto de la mesa, lo más lejos posible de Kenny, y lo ignora a conciencia. Me sorprende cuando él le susurra algo a Sophia, coge su copa y va a sentarse junto a Julie, a pesar de la mirada furiosa que ella le lanza.

Sophia se inclina hacia mí y susurra:

—Dolly lo ha dejado por Reggie, el de contabilidad. Está de rebote, así que más vale que la avises.

Los observo. Julie finge estar enfadada, pero se nota que es puro teatro, y sea lo que sea lo que él le está susurrando al oído, está claro que funciona, porque se echa a reír por algo que dice.

Sophia niega con la cabeza.

—Ya estamos otra vez.

Me vuelvo hacia ella.

—¿Y tú qué? ¿Tienes a alguien especial?

—¿No lo sabías, cielo?

Sonríe y señala a Mark.

—Vivimos juntos, trabajamos juntos y... bueno, todo lo demás también juntos. Es un poco agobiante, la verdad, pero al menos sé lo que hace en todo momento.

Mark levanta la copa hacia nosotras mientras charla con un tipo de la mesa de al lado, y Sophia sonríe.

—Dos años ya. Si no encuentro un anillo en mi sorpresa navideña, puede que tenga que replantearme hacia dónde va esto.

—¿De verdad crees que te lo va a pedir?

Siento una punzada de envidia al ver lo feliz que está, y ella asiente.

—Creo que sí, porque ya le he mirado la cuenta del banco y había una compra importante en Arden's, en Kings Road.

—¿La joyería pija?

Me quedo impresionada y Sophia asiente, con los ojos brillantes.

—Nada menos que cinco mil libras. Estas Navidades van a ser muy felices para mí.

Antes de que pueda reaccionar, noto un golpecito en el hombro y, al girarme, me encuentro con dos ojos marrones chispeantes y la cara tremendamente atractiva de Martin.

—Eh, me parecía que eras tú. ¿Te invito a una copa?

Sophia me da un codazo y supongo que sería tonta si dijera que no, porque Martin está buenísimo esta noche. Lleva unos chinos negros y un polo abotonado con una chaqueta de ante marrón. Un Rolex le brilla en la muñeca y su colonia huele a dinero.

No hay nada que no me guste de él, salvo que no es Charlie, pero ese simple pensamiento me endurece el corazón y me hace esbozar una sonrisa radiante mientras asiento.

—Gracias.

Me levanto y él me lleva hasta la barra. Mientras nos sentamos en los taburetes, se acerca más y susurra:

—Me alegro de que estés aquí. Llevo toda la semana buscándote.

—He estado ocupada.

Mantengo un aire de misterio, sin querer confesarle que todas las noches me he metido pronto en la cama a ver la tele hasta quedarme dormida a horas ridículamente tempranas.

—Pero ahora estás aquí, y me toca a mí conseguir que esta sea una noche inolvidable.

Me pasa una copa de prosecco con un guiño pícaro y, a pesar de mí misma, no puedo evitar devolverle la sonrisa.

Sí, Martin es justo lo que necesito ahora mismo, y que les den a los Carter y al mundo en el que viven. Estoy pasando página, y esta podría ser perfectamente la noche en que todo cambie.