Feral 54
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Remi Dos semanas más tarde

–¿Crees que Inaya me hará otra bufanda?

Faye llevaba una media hora frente al espejo del baño. La primera vez que se había visto ambos ojos azules y astillados se había pasado un buen rato buscando las siete diferencias. Según ella, el derecho ahora tenía más bordes afilados que el izquierdo.

Yo asentía por complacerla. Era incapaz de distinguir uno de otro y me daba igual. Estaba preciosa de todas formas.

—Creo que Inaya ya tiene un cajón entero con ropa, calcetines y manoplas para nuestros futuros cachorros.

Algo se cayó ruidosamente en el lavamanos.

—¿Cachorros? ¿En plural ?

—Es debatible.

—Ya lo creo que lo es —masculló—. ¡Ay, mira la hora! ¿Por qué no me has avisado?

—Vamos bien. No hay prisa.

No me moví ni un centímetro de la butaca. Tenía el pad sobre las piernas y estaba valorando un nuevo proyecto para TerraLoom. Normalmente dejaba la mayor parte de la gestión de la empresa a nuestra portavoz, tanto porque estaba supercualificada como por falta de tiempo.

Ahora pensaba que, si podía tomarme descansos para tener tiempo de calidad con Faye, desde luego que podía tenerlos para emprender proyectos un poco más personales.

Y la recuperación integral de una cuenca fluvial secundaria de Willamette, que discurría hasta el bosque de Santiam, me parecía el sueño húmedo de un ingeniero ambiental.

La primera fase sería casi quirúrgica y decenas de ideas me vinieron a la mente. Habría que analizar los caudales estacionales, las zonas de erosión, la temperatura del agua...

—Hmm...

Mi corazón estuvo a punto de palmar al escuchar a Faye tan cerca. Otra vez se había acercado a hurtadillas.

—No hagas eso, por Dios.

—Qué garabatos más bonitos.

—Es un dibujo técnico. Era una asignatura de la carrera.

Me rodeó el cuello por detrás y me besó el mentón. El calor se propagó automáticamente por mi cuerpo.

—Me encanta. Acepta el proyecto.

—¿Sí? ¿Acaso sabes de qué trata?

—Me da igual siempre que te haga poner esa cara de paz y satisfacción.

Me derretí. Apagué el pad y la arrastré a mi regazo.

—Me gusta cómo suena eso. —Le besé la comisura de los labios y viajé hacia la garganta—. Hay un par de cosas que se me ocurren que pueden hacerme sentir igual.

Estaba seguro de que notaba la erección engrosándose contra su trasero.

—No creas que no sé lo que estás haciendo.

—Ni idea de qué me hablas.

Se contoneó hasta que la solté.

—Quiero tener buenos asientos y Noon me ha pedido que examine a sus competidores.

—¿Te refieres a los quinceañeros del club de música del Willa?

—Son pirañas sociales. En especial esa Rosa.

—Pasas demasiado tiempo con las mellizas.

—Me hacen revivir mi adolescencia perdida. ¡Voy a ponerme las lentillas! —Dio una palmada y fue hacia la puerta, sin ser consciente (como siempre) de cuándo soltaba algo inapropiado—. Esta noche soy una cazadora de acordes sin piedad.

El recital de otoño fue tan terrible como me imaginaba.

Los familiares de Noon ocupábamos prácticamente tres filas de butacas y llamábamos mucho la atención.

Si bien el Willa era una institución integradora, no se solían ver depredadores en actos escolares.

Y si alguno sospechaba de mí, mi energía de alfa o los tatuajes en mi cara, nadie tuvo el valor de venir a preguntar si estaban ante el infame Callahan.

Además, el caso contra Valentin Kovalenko y Black Edge continuaba siendo un tema de actualidad que ocupaba la mayor parte de la parrilla televisiva.

Todavía quedaba mucha investigación por delante y el juicio tardaría en llegar.

Ya se sabía que los Colmilloscuro y los Tierrasangre habían colaborado para desmantelar el laboratorio.

Las opiniones habían sido mixtas, como siempre.

Había quienes alababan el trabajo conjunto entre humanos y cambiaformas y había quienes se quejaban por los muertos y nos acusaban de brutalidad y abuso.

Por fortuna, Vance había cumplido su parte y no enfrentaríamos ninguna consecuencia. La semana pasada, cuando nos había llamado para despedirse formalmente, también nos había dado la última noticia sobre Ravena Moreau: seguía desaparecida.

—Como sospechábamos, que su rastro se cortara abruptamente solo puede significar que alguien la ayudó —nos había dicho con expresión seria—. Estamos seguros de que se llevó información con ella, por no hablar de lo que guarda en esa cabeza podrida. Seguiremos buscándola.

—Esto no tiene por qué ser un adiós —le había dicho Faye. Había una expresión casi de cariño en el rostro de mi compañera—. Si pudiéramos...

—Esta cooperación ya fue excepcional. Mi superior y yo nos jugamos el cuello al contar con vosotros. Las manadas, los metahumanos y Nexo no tienen nada que ver con nuestra organización. Y, creedme, es mejor que siga así.

No habíamos sabido nada más de él y el número que nos había proporcionado había dejado de existir.

Desde mi punto de vista, aquello era lo mejor. Black Edge ya no existía y todos podíamos volver a dedicarnos a nuestros propios asuntos.

Como escuchar actuación tras actuación de insoportable música clásica.

Summer se giró hacia nosotros desde las butacas delanteras.

—Ahora le toca a Noon —susurró.

A su lado, Amanda Lebow le dedicó una sonrisa a Faye antes de apoyar la cabeza en el hombro de Summer para disfrutar del espectáculo.

La chica se estaba recuperando muy bien de todo lo que había vivido.

La propia Inaya estaba supervisando su recuperación, tratando sus pesadillas y el trastorno de estrés postraumático.

Al vivir en una casa de acogida con una familia con una economía modesta, no podían permitirse los gastos médicos de psicólogos, y el gobierno tardaría mucho en aprobar alguna ayuda o conceder una indemnización, así que los Colmilloscuro nos habíamos hecho cargo. Pero ella era fuerte. Saldría adelante.

Tras observar la cabeza oscura de Amanda unos instantes, Faye me acercó la boca al oído.

—¿Fabian sigue en Salem?

Lo de Fabian era... complicado. No había explicado mucho, pero su actitud había cambiado por completo tras lo de Black Edge. Juniper lo había perseguido incansablemente para que nos contara qué le pasaba y solo había conseguido miradas en blanco.

Yo había obtenido la pista definitiva el día que Amanda había venido a la guarida, invitada por Summer, y ambos se habían cruzado en el Atrio.

La chica se le había acercado para darle las gracias por su participación en su rescate.

.. y él había huido con el rabo entre las patas.

Literalmente. Se había transformado en un parpadeo, asustando a la muchacha, y se había escabullido entre los árboles.

Así que era evidente que los espíritus habían pensado lo mismo que yo y decidido cerrarle la boca a Fabian. A veces me gustaría no tener siempre la razón, la verdad.

Aun así, entendía cuál era su problema e iba mucho más allá de no estar preparado para el vínculo. Eso eran chorradas que todos pensábamos hasta que nos tocaba. Luego las quejas morían bajo el peso de la unión y las ganas de acercarnos a nuestras parejas.

Pero Amanda Lebow tenía quince años y Fabian, veinticuatro.

Así que...

—Le debía un favor a Silas Marrow y se quedará allí un tiempo —le dije a Faye.

Mi compañera suspiró.

—Me da pena.

—Lo resolverá.

No tenía dudas porque los espíritus nunca se equivocaban. Tomé la mano de Faye, le besé el dorso y me preparé para otra sesión de tortura cuando Noon salió al escenario.