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Remi
—Espera, espera, espera... ¿Me estás diciendo que todo lo que sabemos de los cambiaformas alfas son especulaciones? ¿Nunca, en más de cincuenta años de convivencia, hemos podido estudiar a uno?
—Pídeles tú que te dejen sacarles sangre, no te jode.
Debate televisivo
–Eso. Por. Detonar. El puto. Camión. —Micah enfatizó cada palabra con un puñetazo.
Mientras se cebaba con el imbécil cuya bala perdida había hecho implosionar uno de los vehículos y destrozado medio cobertizo, comprobé la situación.
No quedaba un solo cazador, guardia o mercenario en pie.
Tampoco había muchos. El factor sorpresa había sido determinante y nadie estaba armado con los prototipos antimorfos porque no esperaban visitas con garras.
Esos debían estar guardados a buen recaudo en el menos seis, bajo nuestros pies.
Habíamos podido rodear la granja sin problemas, silenciando a los vigilantes del perímetro antes de que pudieran dar aviso a sus colegas. Para cuando habíamos cercado el cobertizo, ya era tarde para los que estaban dentro.
Me limpié el hollín y la sangre de la cara. Todavía no había sido necesario que me transformara. Prefería dejarlo para cuando no hubiera remedio, porque el jaguar era mucho menos racional que yo y ya hacía horas que había pasado la barrera de la paciencia o la cautela.
La mayor parte de los Tierrasangre sí estaba en forma animal. Le hice un gesto a Lachlan y él gruñó. Con ellos allí, nadie entraría ni saldría de aquella finca.
Me costó un poco apartar a Micah del humano. Si no había pasado a mejor vida, le quedaba poco.
—Vamos. Eh. —Le palmeé la mejilla. Los ojos azules estaban encendidos, las pupilas dilatadas, las garras expuestas—. Concéntrate. No sabemos lo que hay ahí abajo. ¿Estás conmigo o me llevo a Mara?
Como siempre, la amenaza de sustituirlo surtió efecto. La furia que Micah arrastraba siempre por dentro no era tan fuerte como su deseo de ser un beta y un amigo excepcional.
Pestañeó hasta que se le contrajeron las pupilas.
—Estoy contigo.
—Bien.
Intercambié una mirada con Mara y su cola grisácea dio un coletazo en el suelo sucio; ella quedaba al mando de los Colmilloscuro hasta que regresáramos. Le arranqué la tarjeta magnética del cuello a uno de los guardias y entramos al ascensor.
Incluso desde allí se oía la alarma que había comenzado a sonar en los subniveles. Los nervios hacían que me picara la piel. Llevaba demasiado tiempo alejado de Faye y había captado su aroma en cuanto nos habíamos acercado a la finca. La intensidad iba aumentando conforme descendíamos.
El ascensor paró en el menos dos y nos topamos de frente con un Fabian con la expresión más aturdida que le había visto en la vida.
—¡Fab! ¿Estás bien? Hemos... —Me percaté de la presencia del resto de los morfos. Parecían estar recuperándose de un mal trago, sentados en unos sofás. Al ver a la chica humana de pie junto a ellos, sentí una oleada de alivio—. Menos mal.
Summer iba a estar contentísima.
Micah fue directo al panel de control eléctrico en la pared, lo abrió y bajó un par de palancas. Las luces rojas y la sirena se detuvieron.
Volví a mirar a Fabian. No había dicho nada.
Y Fabian era un bocazas.
—¿Qué te pasa? —Me percaté de la sangre que le bajaba por ambos lados del cuello e intenté revisarlo—. ¿Te han herido?
Se apartó y apretó la mandíbula.
—La zorra de Moreau se me ha escapado.
—¿Cómo dices?
Estaba sorprendido y tal vez por eso soné recriminatorio. A Fabian nunca se le había escapado nada ni nadie.
—Me... distraje. Y hay una salida secreta al final de este nivel. —Señaló hacia una hilera de pasillos—. Ascensor de seguridad. No se abre sin autorización. Sin escaleras secundarias. Iba a subir al cobertizo a avisaros cuando...
Saqué mi comunicador y llamé a Mara. Le conté lo que acababa de decir Fabian.
—Revisad toda la zona. Tiene que haber otra salida y no puede haber ido muy lejos.
—Hecho, alfa.
Al colgar, observé con mayor atención a mi amigo. Algo no iba bien.
—Fab...
Pero él dio otro paso atrás y respiró hondo. Al hacerlo, se le agitó la nariz y se le ensombreció el gesto.
—Vance y Juniper deben haber ido en busca de Faye al menos cinco. Micah, ¿puedes llevarlos a todos arriba?
Mi beta frunció el ceño.
—¿Por qué cojones...?
—Por favor —le pidió Fabian con los dientes apretados—. Llévalos tú.
Sí, algo no iba nada bien. Aquel no era nuestro Golden Boy.
Micah y yo nos miramos y este asintió.
—Terminad con esto.
Les dejamos el ascensor y bajamos saltando los escalones de cinco en cinco.
Nos encontramos con personal del laboratorio que seguramente se había puesto en movimiento tras la alarma.
Dejamos inconscientes a todos. Seguro que los jefes de Vance no se esperaban tanta educación por nuestra parte, pero sabíamos bien con quiénes debíamos descargar nuestra rabia.
Antes incluso de entrar al menos cinco, capté el sonido de voces altas, disparos y los maullidos y chillidos agudos de una puma. Fabian y yo echamos a correr. El miedo me apresaba el pecho. Las líneas limpias y modernas de las oficinas vacías dieron paso al caos más absoluto.
Una pared llena de archivadores estaba en llamas. Había varios cuerpos por el suelo, entre papeles, cristales y muebles destrozados. Todos eran humanos y todos estaban muertos o deseándolo.
Distinguí a Juniper encaramada sobre un humano y clavándole los dientes en la barbilla.
La sangre salpicó y los dos fueron al suelo.
Vance estaba un poco más allá, entre los restos astillados de un escritorio, dando buen uso de un cuchillo Skorpion para cortarle las puntas a una mujer vestida de negro.
Fabian destrozó su ropa al transformarse y atacar a la humana por la espalda, quitándole el trabajo a Vance. Nuestro no amigo levantó los brazos ofendido.
Mi jaguar gruñó mientras me movía entre la pelea y el humo, buscando, buscando... hasta que la vi.
Faye estaba dentro de las tres paredes que quedaban en pie de una oficina. Había un cadáver junto a ella y tenía la mayor parte del cuerpo expuesto y salpicado de sangre. Miraba fijamente a un mercenario.
Vi cómo movía los labios y agucé el oído.
—... a esa pared y vas a darte cabezazos hasta que no puedas más.
El mercenario la obedeció. El crujido de su cabeza al golpear la superficie una y otra vez resonó por todas partes.
Avancé hacia ella con pasos largos. En mi interior, mi jaguar dejó de gruñir, se relamió los colmillos y se sentó sobre los cuartos traseros.
Habíamos encontrado a nuestra compañera y no solo estaba viva.
Detrás de ella, sentado en el suelo en una posición extraña y con los ojos cerrados, estaba Valentin Kovalenko.
Por el lento subir y bajar del pecho, seguía vivo.
Me quité la camiseta. Hasta que no pisé los restos de una puerta y esta crujió, Faye no se percató de mi presencia. Su gesto asesino desapareció rápidamente. Abrió más los ojos.
«Sus ojos».
—Remi... —susurró.
Justo al mismo tiempo que Fabian rugía una advertencia.
Uno de los mercenarios moribundos había conseguido erguirse y apoyar el rifle contra una silla caída, apuntando directamente hacia nosotros.
Hacia mi compañera .
Fab corrió hacia él justo cuando el tipo apretaba el gatillo.
Cubrí a Faye con mi cuerpo y acusé el disparo en el muslo. Un silencio extraño se extendió mientras yo bajaba la mirada para ver los dos agujeros en mis pantalones y la sangre comenzando a manar.
Con un rugido iracundo, dejé salir al jaguar y corrí hacia el hombre.
No me dio pena la cara de espanto que puso al verme caer sobre él.
La mayoría de los humanos estaban convencidos de que si nos herían no podíamos adoptar forma animal.
Lo cierto era que sí, aunque con muchísimo esfuerzo.
Mantenernos en forma humana mientras nos recuperábamos se trataba de una mera cuestión de ahorro energético.
Pero ¿un alfa cabreado?
Teníamos recursos de sobra para combatir el dolor y activar el cambio.
Los nervios me llevaron a ensañarme con aquel humano. Coño, me había portado como para recibir un premio hasta ese momento.
Cuando cada célula salvaje en mi interior se dio por satisfecha y resarcida, abrí las fauces y dejé que los intestinos todavía calientes cayeran al suelo con un ruido sordo. Volví a mi forma humana, me limpié la boca con el antebrazo y regresé junto a mi compañera.
Me detuve frente a ella sin decir nada, recuperé la camiseta del suelo y se la pasé por la cabeza.
Al alzarle la barbilla para examinarle bien el rostro, me quedé sin aliento.
Los latidos de mi corazón cayeron en picado solo para volver a remontar con más fuerza.
Sabía que no era el primer cambiaformas obnubilado por su compañera, pero en ese momento no podía importarme menos la matanza y el desastre que nos rodeaban.
Jamás había visto nada más hermoso que Faye con la nariz sangrando, cubierta de sudor y exhibiendo dos ojos del color de los glaciares con las pupilas como estrellas rotas.
Podría besarla en ese mismo instante, si no tuviera la sangre de otro en la lengua.
Podría hacer caso omiso de la urgencia de la situación, de todo lo que nos iba a caer encima después de aquello, de cualquier puta cosa que no fuera ella y todo lo que me provocaba.
Podría...
Le rocé ambos párpados con los pulgares y sentí su suspiro trémulo contra el pecho.
—Qué mal, nos hemos convertido en asesinos a sangre fría.
—Este es mi privilegio, florecilla. No me confundas con un hombre común con limitaciones morales. No las tengo cuando se trata de proteger lo que es mío. Me bañaría en sangre de la cabeza a los pies por ti.
Me clavó las uñas en los costados.
—Algo me he olido, no eres muy sutil que digamos. ¿Te duele?
—Ya se está curando. Aunque puedes revisármelo luego.
Fabian patinó a nuestro lado, casi chocándose con el humano que se había autofracturado el hueso frontal como un campeón, y nos maulló de una forma que yo interpreté como: «¿Os importa dejar las putas carantoñas para luego?».
Vance guardó el cuchillo en la funda del pecho y se coló tras la mitad intacta del escritorio.
La otra mitad estaba hundida bajo el peso de un humano con el cuello en muy mala posición.
De la funda que llevaba amarrada al muslo sacó una serie de aparatitos que fue conectando a través de cables delgadísimos al ordenador.
—No me ha dado tiempo a buscar nada —se disculpó Faye.
Juniper se transformó e, importándole muy poco su desnudez, se inclinó sobre Vance.
—¿Eso es un clonador de discos duros?
—Sip. ¿Queréis un consejo? Aprovechad antes de que lleguen los míos para bajar al menos seis y echar un vistazo a lo que estaban preparando contra vuestra especie.
Será incautado y el CGC 1 8 las va a pasar putas para que se les permita participar en la investigación.
—Luego miró a Faye—. ¿Puedes sacarlo del modo zombi para que me dé acceso? Acabaré mucho antes.
Mi compañera se apartó, obligándome a actuar como un cambiaformas adulto y a no retenerla entre los brazos. Encaró a su padre, mirándolo a los ojos.
—Por favor, abre tu ordenador y proporciónanos todo lo necesario para que Black Edge se desmorone.
El aspecto aturdido de Kovalenko dio paso a un ceño fruncido, como si quisiera luchar contra las órdenes que su cerebro estaba recibiendo.
Dos segundos más tarde estaba escupiendo todos sus secretos.
Por la sonrisa mortífera que iba curvando los labios de Vance y los ojos bien abiertos de Juniper, estaban obteniendo todo lo que necesitábamos y más.
Faye se apoyó contra mí pesadamente. Mis instintos se activaron.
—¿Necesitas algo más de él?
—Creo que no. Esto... Joder, esto es oro. —En los ojos oscuros de Vance se reflejaban los datos en movimiento de la pantalla—. Salpica incluso a socios comerciales y compradores interesados en las armas antimorfos.
—Vale... Porque ya no puedo más.
Acto seguido vomitó sobre las botas de Vance.