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Faye
INFORME CLÍNICO
Dicha inmunidad se mantieneestable y no presenta variabilidad contextual.
No existen antecedentes médicos, neurológicos ni psiquiátricos que expliquen este patrón.
Desde un punto de vista estrictamente clínico, la pacienteno representa una amenaza inmediata.
Desde un punto de vista operativo, se recomienda cautela por los siguientes motivos:
-La inmunidad observada podría ser solo unsíntomade un fenómeno más amplio.
-La paciente podríano estar sujetaa los mismos condicionantes biológicos que el resto de los sujetos humanos.
-Forzar estímulos más intensos podría provocar respuestas imprevisibles.
Anotación personal: la ausencia de reacción no debe interpretarse como pasividad.
–Subid al menos dos y esperad. Allí no debería haber nadie a estas horas, son almacenes. Ya queda poco.
Los cambiaformas estaban débiles y un poco desorientados, pero eran seres de lo más resilientes.
Igual que a Amanda, la adrenalina de un posible rescate les había insuflado la suficiente energía como para moverse y llegar hasta las escaleras para emergencias.
El ascensor estaba descartado; no estaba segura de si para ese momento Vance ya había llegado o no y era mejor que los guardias no lo vieran en movimiento.
Amanda titubeó. Estábamos en el descansillo del menos cinco y esa era mi parada.
—¿Tú te quedas sola?
—Claro. Soy la rescatista, la heroína. —Sonreí. Por su expresión, seguro que me había salido una mueca extraña. No estaba en mi mejor momento y encima iba medio desnuda—. Nos veremos fuera. Consigo las pruebas y mañana nos estamos tomando todos un chocolate caliente, ¿qué os parece?
El macho rata esbozó una sonrisa apretada. Becca había perdido el sentido, pero todavía respiraba. Y tenía que seguir haciéndolo hasta que saliéramos de allí y recibieran asistencia.
—Nunca pensé que nuestra salvadora sería una humana.
«No exactamente».
—Ni yo que esto aparecería en mi currículum. Venga. —Empujé con suavidad a Amanda al siguiente tramo—. Al menos dos. Esperad a que os encuentren.
—Sabes que apestas a jaguar, ¿no? —insistió él.
—Me lo suelen decir, sí.
—Ten cuidado —me susurró Amanda.
Los observé un momento subir en silencio, cargando con el peso muerto de Becca y sacando fuerzas de donde no las tenían. Me encantaría seguir con ellos y no quedarme sola, pero...
Abrí la puerta antipánico y me aseguré de que no hubiera nadie cerca. Las luces estaban al mínimo, iluminando pobremente las oficinas, casilleros y ordenadores. Todo estaba quieto y silencioso. Tenía que llegar a la oficina de mi padre antes de que alguien diera la voz de alarma. Que sucedería.
Él no me había vuelto a visitar desde que había llegado y ordenado que me medicaran. Debía estar esperando a que la doctora Moreau le informara de que estaba recuperada para venir a buscarme.
Mientras atravesaba todo aquel nivel hacia el despacho del jefazo, me pregunté qué había en su cabeza en ese momento. Qué había planeado hacer conmigo ahora que estaba unida a un cambiaformas y sabía que mi cerebro era mucho más de lo que jamás había sospechado.
El despacho de Moreau estaba vacío. ¿Vance ya estaba allí? ¿Y los Colmilloscuro? Debía darme prisa.
La clave de la puerta de mi padre fue la más difícil de teclear. Siempre la había sabido, me la había dicho con orgullo un día, a los nueve o diez años. Y era lo bastante megalómano como para no haberla cambiado desde entonces.
Introduje los seis dígitos de la fecha de mi cumpleaños y se me revolvió el estómago al escuchar el chasquido.
Entré en silencio. La decoración y el mobiliario parecían sacados directamente de su casa.
Le encantaban los detalles dorados, la exuberancia, las reminiscencias a la vieja Rusia.
Sin tiempo para entretenerme, fui hasta el ordenador.
Intenté recordar todas las indicaciones que me había dado Juniper.
«Nosotros nos haremos con las pruebas materiales y humanas; las circunstanciales son cosa de Vance y su equipo.
Tú tienes que hacerte con las digitales, son la clave de todo.
Tenemos que vincular a tu padre directamente con el laboratorio.
Busca registros financieros, transferencias desde otras empresas de Kovalenko a Black Edge, correos internos en los que aparezca el nombre del laboratorio, registros de acceso de tu padre.
.. Todo lo que valga para demostrar que ese laboratorio no solo ha existido, sino quién lo controla y financia».
La guardiana contaba con que todo saliera tan bien que ella pudiera ayudarme con aquello, que llegara hasta...
Un crujido a mi espalda.
Se me pusieron los vellos de punta y el corazón me escaló por la garganta.
Al girarme, me encontré con el mismísimo Valentin Kovalenko. Venía de la sala adyacente que hacía las veces de salón y tenía su querida Makarov en la mano.
Joder.
—Pensé que estabas siendo bien atendida y recuperándote.
Me separé despacio del ordenador.
—Y yo que te habías ido a dormir a casa.
Para mi sorpresa, esbozó una sonrisa complacida.
—Qué extraordinaria eres. ¿Estás combatiendo los sedantes? Eso implica algún tipo de control endógeno.
De pronto, todo el lugar se tornó rojizo. Una sirena estridente empezó a sonar por todas partes.
«Mierda».
Mi padre observó la luz estroboscópica antes de bajar la barbilla. Vi como sus ojos se iluminaban al darse cuenta de lo que estaba pasando. Valentin Kovalenko era muchas cosas, pero no estúpido.
—No me digas que has invitado a tus nuevos amigos.
Inspiré hondo. A pesar de todo... Había personas que tenían la habilidad de tocar una tecla en nuestro interior y desmoronarlo todo con mucha facilidad.
—Todo esto tiene que terminar, papa .
—¿Esto?
—Sabes perfectamente que lo que estás haciendo va contra la ley, de lo contrario no te esconderías. Por no hablar de que es atroz e inhumano.
Caminó con calma hacia su escritorio, haciéndome retroceder y rodearlo.
—Podríamos hablar de algo inhumano si estuviéramos tratando con humanos , que no es el caso.
Faye, todo esto es muy sencillo. —Allí de pie, tan impecable y sereno mientras me apuntaba con un arma, me pareció más fuera de lugar e histriónico que nunca—.
Sé qué es lo mejor para ti. Para todos. Todavía no lo puedes ver, pero yo te lo demostraré.
—¿Qué me vas a demostrar? ¿Que puedes darle la vuelta al mundo entero y moldearlo a tu antojo? No puedes seguir negando la existencia y los derechos de los cambiaformas. No son bestias, ni enemigos ni monstruos.
El destino quiso que en aquel momento se escuchara alguna clase de explosión lejana, probablemente del exterior. Fuera lo que fuera, sacudió los cimientos de las instalaciones como un miniterremoto. Los objetos rodaron por el escritorio y las estanterías.
Juraría que lo que sonó justo después fue el rugido feroz de un jaguar.
Mi padre sonrió levemente.
—El mundo del que tú hablas es una utopía. Solo puede haber una especie dominante y yo me preocupo por tener los medios para no vernos desplazados, que es lo que inevitablemente ocurrirá.
Eso era erróneo por tantos motivos.
Exceptuando conflictos a pequeña escala, los cambiaformas jamás habían demostrado que quisieran competir con los humanos.
Pero el problema con mi padre era que, en el fondo, no solo temía lo que eran, sino lo que podrían llegar a ser.
Su lógica estaba tan contaminada por el odio, la ignorancia y el miedo. ..
Me froté el estómago. Lo sentía agarrotado y no creía que fuera solo por las náuseas.
—Solo dime una cosa. —Odié sonar tan suplicante—. Solo sé sincero sobre una cosa, por favor. ¿Por qué mataste a Kanon?
Se dio cuenta de que la pregunta no era: «¿La mataste?». Eso ya estaba fuera de toda duda. Y los dos sabíamos que nuestra relación había llegado a un punto de no retorno: jamás íbamos a volver a jugar a las casitas después de aquello.
Nos evaluamos a través del metro y medio que nos separaba, con el extremo del escritorio actuando como un pobre escudo.
—Se volvió muy posesiva contigo. Perdió el sentido común.
Apreté los labios para que no me temblaran.
—¿Quieres decir que era una madre normal protegiendo a su bebé?
—Tú no eras un bebé normal e impedir que descubriéramos qué te ocurría no era protegerte. Todo lo contrario.
—Así que empezó a ser un estorbo y te la quitaste de encima.
Como al doctor Drummond. Y a Ivan. —Sacudí la cabeza—.
No es protección, sino una obsesión enfermiza por el control.
Kanon estableció un vínculo conmigo, Dominic me ayudó a tus espaldas, Ivan desobedeció tus órdenes, los cambiaformas son genéticamente superiores.
Todo eso se te escapa de las manos y te vuelve loco, ¿verdad?
—Me he deshecho de todos los que te han causado daño. Y lo seguiré haciendo.
Sus palabras me entrecortaron la respiración, aunque...
Ya lo sabía.
Ya sabía que el empeño de mi padre no tenía fin.
Era un hombre acostumbrado a que nadie le parara los pies. Había ostentado poder de distintas formas (con dinero, violencia, extorsión, tecnología) durante muchos años.
Pero, en fin, en una hija siempre quedaba ese pequeño rincón, esa ínfima posibilidad de razonar, de dialogar. De encontrar una justificación, tal vez, o una explicación plausible para tanto horror y dolor.
Así que lo miré y dejé que el sentimiento de derrota se asentara en mi interior, dentro dentro dentro. Que echara raíces.
Aquello tenía que pasar. Aquel momento era necesario.
En cierto modo, aproveché ese instante para despedirme de sus pequeñas sonrisas el día de mi cumpleaños, de sus caricias distraídas en el pelo al pasar por mi lado. De la niña que nunca lo entendió, pero que lo quiso y anhelaba recibir una mínima parte a cambio.
Sentí que algo moría, cristalizaba y luego se me resquebrajaba en el pecho. Algo que, igual que todas las decisiones que había tomado desde que había bajado del taxi frente a Landon’s, tampoco tenía vuelta atrás.
—¿Esa es tu decisión final? —pregunté con calma.