Feral 45
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Faye

La pareja del alfa es sagrada para la manada.

D EMIEN N OCHEALBA , espiritista promorfo

Todo se desató a mi alrededor cuando Remi cayó.

Me concentré en Morgan.

«Yo no puedo gritar. Diles que tengo un plan».

La mujer asintió. Todo se estaba desmadrando. Más miembros de ambas manadas entraron, guardianes que necesitaban saber qué estaba ocurriendo, qué hacer a continuación. Micah y Fabian estiraron con cuidado a Remi en el suelo.

Los gritos, reclamos y preguntas se elevaron y elevaron y elevaron...

Hasta que se hizo el silencio de golpe.

Y todos se giraron hacia Morgan.

—Ahora que tengo vuestra atención —dijo con calma—, necesito que escuchéis a Faye.

Micah se cernió sobre mí, gruñendo.

—Si vas a decir que no eres importante, que te entreguemos y nos olvidemos de ti, ahórratelo.

—No es... —Se me escapó un jadeo. El antídoto había sido como un bálsamo frío cayendo sobre brasas ardientes, calmando las heridas y ampollas en mi interior, pero notaba que el daño seguía ahí.

Inaya tenía razón. Ellos no podían curarme. Y mientras Remi y el resto se desquiciaban a mi alrededor por aquel segundo implante oculto, yo había empezado a atar cabos en mi cabeza.

—Estás muy malacostumbrada, bonita —me sermoneó Fabian—. Él es nuestro alfa. Y tú eres su compañera ahora. Solo has retrasado lo inevitable al ponerlo a dormir.

—No seáis idiotas —musité con voz ronca—. Eso no era... lo que iba a decir. Llevadme a donde dicen y luego... poneos en contacto con Vance. Yo me encargaré de... de Amanda y del resto de los cautivos. Os espero allí. Yo...

—¿Quieres que te entreguemos? —exclamó Juniper ofendida.

—Seguid las instrucciones... de mi padre.

No intentéis nada. Tengo que llegar al..

. al laboratorio. —Tendí la mano a Micah.

Aunque el beta estaba a todas luces contrariado, no dudó en ayudarme con mucho cuidado a sentarme.

Los ojos me ardían—. Esto iba a pasar sí o sí.

Podemos... aprovecharlo a nuestro favor.

—¿Qué quieres decir? —me gruñó Fabian.

—Vamos a acabar con esto... de una vez por todas. ¿Confiáis en mí?

Tras una pausa de apenas un segundo, Micah asintió. Juniper y Fabian lo imitaron.

—Pero Remi te va a matar. Nos va matar a todos.

Agité la mano sin fuerzas.

—Va a estar muy ocupado... destrozando Black Edge. Igual que vosotros.

Mientras empezábamos a organizarnos, bajé la vista hacia mi compañero.

Incluso inconsciente, imponía. Las largas pestañas oscuras le hacían sombra sobre las mejillas.

Repasé sus tatuajes uno por uno, los siete.

Siete años que tuvo que pasar alejado de su manada y sus seres queridos por la muerte injusta de su madre.

Nada de aquello le iba a hacer gracia, pero no dudaba de él.

Iría a buscarme.