Feral 44
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Remi

No sé qué es peor, si un cachorro de lince o de lobo. Los linces saltan sobre cualquier cosa y ruedan cuesta abajo sin mirar primero, pero los lobos muerden a todas horas y nunca se les agota la energía.

Gerente humana de la primera guardería híbrida de Finlandia

–¡Enhorabuena por el emparejamiento!

Le sonreí a Morgan Holloway a través de la videollamada. La mujer me caía genial, a pesar de su pésimo gusto en morfos. Solo por el apoyo constante que le brindaba a mi compañera tenía mi agradecimiento y lealtad eternos. Y si eso jodía a Lachlan, mejor que mejor.

—¿Sabe tu compañero que me llamas y que te caigo bien?

—Hay cosas que no se cuentan a las parejas, querido Remi. Pero esta no es una de ellas. —Esbozó una sonrisa pícara—. Lachlan no solo lo sabe, sino que le he convencido para reunirnos en Landon’s para brindar a vuestra salud. ¿Qué me dices?

—¿Osos y pumas quedando a propósito para beber? —me espanté.

A Landon le daría un aneurisma. Era poco probable que eso saliera bien y ni siquiera teníamos que pelearnos para que la cosa se desmadrara. El simple hecho de que felinos, úrsidos y alcohol se dieran cita...

—Venga ya. Estoy actuando de diplomática, por si no te habías dado cuenta. Compartís territorio y vuestras compañeras son metahumanas, ¿cuándo os vais a dar cuenta de lo mucho que tenéis en común?

—¿Cuando, no sé, dejen de apestar como estercoleros y de cagar en nuestras lindes?

—¡No pueden evitar oler tan fuerte y lo de la caca fue una sola vez!

Me reí entre dientes divertido.

Como alfa, debería negarme. A aquellas alturas ya sabía que los problemas perseguían a nuestras manadas y que un líder responsable no echaba más leña al fuego.

Además, teníamos mucho trabajo todavía. Mi círculo, Faye y yo nos habíamos pasado casi todas las últimas noches en vela en la sala táctica, durmiendo solo a ratos, desesperados por encontrar alguna pista sobre la ubicación del laboratorio.

Según Silas Marrow y su extensa red de información, no había nuevas desapariciones de cambiaformas en Oregón.

Tras el intento fallido en el mirador, Black Edge no había vuelto a enviar a sus cazadores a por más víctimas, pero sabíamos que solo era cuestión de tiempo.

O tal vez habían aprendido la lección tras las masacres en el estudio de baile y en el bosque y ahora llevaban a cabo las cacerías lejos de nuestros territorios.

Lo dudaba. Algo me decía que Kovalenko aprovechaba los experimentos para castigarnos personalmente. Que disfrutaba siendo testigo del dolor que causaba a las manadas con las que se veía obligado a convivir.

Abrí la boca para decirle a Morgan que no era momento para fiestas, pero no pude.

Las palabras que Juniper me había susurrado el otro día en la cocina regresaron a mí: «No solo os merecéis el uno al otro, sino que vais a bendecir a toda la manada.

Tu felicidad es la nuestra. Atenderé todas las llamadas necesarias para que tengas tiempo para ti, para vosotros, a partir de ahora. Nuestro alfa merece vivir y disfrutar».

Me había tocado el alma. Jun era así. Lo mismo aterraba a nuestros enemigos con su vena más sanguinaria que se desvivía por aquellos a los que consideraba suyos.

Y Juniper Becker había decidido que yo le pertenecía cuando, con apenas tres años, se me había tirado encima en el jardín de infantes y me había arrancado un trozo de oreja.

Nuestras madres siempre habían contado que en ese momento supieron que iba a contar con una defensora feroz toda la vida.

Todavía me preguntaba cómo cojones habían deducido eso con sus dientes manchados de sangre y mis maullidos iracundos.

Me toqué el borde irregular de la oreja. Se había convertido en la mofa más larga de la historia de los Colmilloscuro.

—De acuerdo. Organicemos una juerga en Landon’s. Nosotros ponemos la cerveza.

Morgan prácticamente saltó de la emoción.

—¡Nosotros nos encargamos de la carne! Nadie hace mejor una barbacoa que los Tierrasangre, te lo aseguro.

Envié un mensaje a Micah para que él se encargara de comunicarlo a la manada y luego fui en busca de Faye.

Seguro que le hacía ilusión. Además, no habíamos tenido oportunidad de salir del territorio.

Tenía muchos planes para cuando todo se solucionara y su padre, Demidov y Black Edge ya no fueran un problema.

Faye se merecía vivir al cien por cien, con todo lo que eso conllevaba: que fuera una persona real, con documentación, carnés, opción de matricularse en una autoescuela, universidad y todo lo que ella deseara.

A mitad del pasillo, Noon se interpuso en mi camino con cara de malas pulgas. Se llevó el dedo a los labios y luego me indicó silenciosamente que la siguiera a una de las habitaciones que empleábamos como despacho-almacén.

Fue de puntillas hasta uno de los ventanales.

Daba acceso a una terraza. Se sentó en el suelo junto a la cristalera, pero con la espalda apoyada en la pared para quedar oculta.

Al olisquear, capté el aroma de Faye con más fuerza, mezclado con el de Summer.

Ámbar, cedro y canela. Formaban una combinación poderosa.

—Hola —dijo la voz de Faye más allá de los cristales.

—Hola... —contestó Summer.

Le hice gestos imperativos a Noon. La cachorra, en lugar de correr a obedecerme, apretó los labios. Aquello estaba mal. Una cosa era la sed de cotilleos insaciable de los gatos y otra muy distinta espiar conversaciones claramente privadas.

—Creo que siempre ha habido una charla pendiente entre nosotras —dijo Faye—. ¿Qué te parece si aprovechamos que el alfa y los demás están entretenidos?

El jaguar alzó las orejas con atención. Me balanceé sobre los talones indeciso y eso fue todo lo que necesitó Noon para tirarme de la mano y que me sentara a su lado.

Me acurruqué contra la pared junto a la muchacha, encogiendo mi corpachón para que no se viera nada desde la terraza, preguntándome en qué momento los jóvenes habían perdido el respeto a la jerarquía de la manada.

Cuando mi madre era alfa, Fab, Micah, Jun y yo nos meábamos encima ante una sola mirada suya.

Me incliné para lanzar un vistazo rápido.

Allí, en medio de la terraza, Faye y Summer estaban apoyadas contra la barandilla contemplando el frío atardecer de Willamette.

Mi compañera llevaba un anorak grueso y la bufanda azul y marrón que Inaya le había tejido, con el pelo recogido en una trenza oscura.

Summer tenía el pelo rubio suelto y llevaba una fina camiseta de manga larga.

Aunque las dos habían adoptado posturas similares, era obvio que Summer estaba incómoda. No respondió a la pregunta.

Noon me tiró del cuello de la camiseta para que retrocediera.

«Esto está mal.

»Me estoy comportando como una puma de quince años».

Al cabo de un rato, Faye rompió el silencio.

—Hoy se me ha ocurrido algo tontísimo. Yo no he conocido el sentido de comunidad, de pertenecer, de sentir que hay un lugar bonito y cálido al que regresar hasta que he llegado aquí.

Y, si te soy sincera, no he comprendido del todo el significado de esto, de.

.. —Me la imaginé señalando a su alrededor—.

Hasta hace unos días. Ese cambio me hizo darme cuenta de que, hasta ahora, he vivido angustiada, triste, sintiéndome muy sola y, a ratos, sin saber bien la razón por la que estaba aquí.

En resumidas cuentas: sintiéndome perdida y culpable.

No lo habría sabido si no hubiera conocido la otra cara de la moneda; para mí, aquello era lo normal.

Y hoy, cuando te he mirado, he pensado..

. Lo suyo es justo al revés. Ella ha vivido toda su vida aquí, con los Colmilloscuro, rodeada de seres queridos, con una familia que claramente la adora, hasta.

.. Hasta la noche del mirador. Siento que esa noche nuestras vidas cambiaron.

Yo empecé a conocer la seguridad y tú, el miedo.

Y ahora estamos un poco a medio camino de todo este lío.

El silencio se alargó unos cuantos segundos.

—Me alegro muchísimo de que aparecieras en el mirador aquella noche, Faye.

—Lo sé. —La voz de mi compañera rezumaba agradecimiento.

Sabía lo que Summer le había dicho soterradamente: que, a pesar de las desgracias ocurridas, se alegraba de que aquella noche Faye hubiera llegado a nuestro territorio porque eso había supuesto el fin de su desdichada vida.

Incluso cuando eso estaba ligado a la muerte del joven humano, Milo, y al secuestro de su mejor amiga—.

A lo que voy es a que te entiendo. Créeme.

Esa sensación de no caber en tu propia piel, la impotencia, las pesadillas que repiten la misma escena una y otra vez.

.. La culpabilidad es una mierda. ¿Y sabes lo que me dijo tu hermana el otro día?

Summer resopló.

—Sorpréndeme con la eterna sabiduría de Noon.

La aludida me apoyó la cabeza contra el brazo y le di un beso en el pelo.

—Que la culpabilidad no beneficia a nadie, solo les quita carga a los verdaderos responsables.

¿Sabes quién se llevó aquella noche a Amanda?

—Faye lanzó la pregunta, pero Summer se quedó callada.

Tras una pausa, mi compañera insistió—. No fuiste tú.

No fue por la fiesta. No fue por querer pasar una noche con tus amigos, ni por elegir un lugar apartado ni desobedecer a tu alfa.

Esa noche podría haber sido maravillosa y tranquila si un grupo de desalmados no hubiera decidido que tú y Johnny debíais ser las próximas víctimas de toda su conspiración.

Las respiraciones de ambas se intercalaron durante un rato largo. La de Faye era firme. La de Summer, entrecortada.

—Esa noche, mientras caminaba con Johnny y miraba el cielo y pensaba que nada malo podía pasarnos.

.. Pensé que los adultos de la manada tenían derecho a preocuparse, pero que nosotros teníamos derecho a vivir .

—Se le rompió la voz con la última palabra—.

Y ahora Milo está muerto y es probable que Amanda. ..