Feral 43 #2
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Faye gritó y me propinó tal manotazo en la cabeza que acabé tumbado en el suelo, aturdido, mientras ella se cubría la entrepierna con las manos y daba saltitos.

Micah se nos quedó mirando con la boca entreabierta, como si no entendiera bien qué había visto. O, mejor dicho: qué había estado a punto de ver. Joder, ni siquiera había llegado a besarla una sola vez.

Poco a poco, mi beta se fue dando cuenta de la situación.

No era raro en los Colmilloscuro y los cambiaformas éramos conocidos por ser muy apasionados y no avergonzarnos del sexo.

Lo considerábamos algo natural y, aunque preferíamos la privacidad, estábamos acostumbrados a encontrar de vez en cuando a alguna pareja revolcándose que se había olvidado de su alrededor.

Sin embargo, Micah actuó como si hubiera pillado a sus propios padres.

—Joder... ¡Joder!

Qué maldito exagerado.

—¡No mires! —chillaba Faye.

Mi amigo nos dio la espalda con un gruñido.

—Créeme, pequeña humana, no tienes nada que me apetezca mirar. —A pesar de su tono, el rubor le subía por las cicatrices hacia las orejas.

Supe lo que estaba pensando: que nadie más en la manada se habría visto sorprendido como él, porque todos habrían olido de lejos lo que estábamos haciendo.

Me puse en pie, me quité la camiseta y la envolví alrededor de las caderas de Faye. Le quedaba tan grande que le servía como falda hasta las rodillas.

—Ya estamos presentables, mojigato.

Faye me fulminó con la mirada de un modo que parecía decir: «Eso lo dirás por ti». Estaba tan sonrojada como Micah.

—Primero Fabian y ahora él.

—Te lo dije, esta es la vida de los alfas. No existe la intimidad.

Tras suspirar profundamente, mi beta se giró. Parecía tener ganas de tirarse por las ventanas del tercer piso.

—¿Por qué, Remi? En serio: por qué.

Me crucé de brazos impasible.

—Cuando te pase a ti ya me contarás si te importa dónde estás.

Supe que había dicho algo incorrecto cuando el humor se apagó en los ojos de Micah.

—A mí nunca me sucederá.

—A ver, no quería...

Pero Micah retrocedió y se cerró en banda.

—Seguidme, hay algo que tenéis que ver.

Fabian y Juniper estaban en el cubil, frente al televisor. Habían pausado la imagen en medio de la sección de noticias de la tarde de uno de los canales promorfos del país. Estaba financiado por varias empresas de cambiaformas, entre ellas TerraLoom.

La presentadora, Leona Ríos, pertenecía a los Crinroble, la manada de alces más importante del Noroeste del Pacífico. Era una mujer profundamente respetada en los medios; incluso los antimorfos habían alabado alguna vez su neutralidad y saber hacer.

En cuanto leímos el rótulo en la parte baja de la pantalla, Faye se quedó paralizada.

«Última hora. Las autoridades han confirmado esta mañana el hallazgo del cuerpo sin vida deIvan Demidov, secretario personal del empresario biotecnológicoValentin Kovalenko».

Permanecí de pie junto a mi compañera, atento a su reacción.

Juniper me miró brevemente antes de dirigirse a Faye.

—Tu padre ha hecho unas declaraciones. —Luego le dio al play .

Leona Ríos volvió a la vida, narrando lo sucedido.

—El cadáver de Demidov fue encontrado en su domicilio de Corvallis y, aunque la investigación se encuentra aún en una fase inicial, fuentes cercanas al caso apuntan a que la muerte podría estar relacionada con presuntas actividades ilícitas en las que Demidov estaría involucrado desde hace meses.

El cuerpo presentaba un total de treinta y cuatro puñaladas, tres de ellas mortales.

Varias se concentraron en la zona del rostro, volviéndolo irreconocible.

Además, le faltaba una mano. —La presentadora tenía gesto serio y un profundo ceño.

En la esquina superior derecha aparecía un pequeño vídeo en el que varios agentes de policía sacaban de un edificio un cuerpo envuelto en una bolsa negra—.

Según ha trascendido, los investigadores barajan varias líneas de investigación, entre ellas posibles vínculos con operaciones financieras irregulares y contactos con redes de narcotráfico estatales.

Por el momento, no se ha producido ninguna detención.

Valentin Kovalenko ha emitido un breve comunicado esta mañana en el que se muestra profundamente sorprendido por las informaciones que están saliendo a la luz sobre su secretario.

Faye se aferró al borde del sofá cuando su padre apareció a todo color en la pantalla.

Siempre había sido un hombre atractivo y con mucho magnetismo.

Se presentó ante los reporteros en la puerta de su sede de Portland con expresión contrita.

Vestido con un impecable traje de diseñador y la perilla bien perfilada, como siempre.

—Estoy consternado por la noticia y por descubrir que una persona en la que confié durante años pudiera estar implicada en actividades de esta naturaleza, a mis espaldas y sin mi conocimiento —dijo mirando directamente a cámara—.

Mi prioridad ahora es colaborar plenamente con las autoridades para que se esclarezcan los hechos.

La imagen regresó a Leona Ríos, que organizó los papeles sobre la mesa con una ceja arqueada.

—Cabe recordar que esta no es la primera vez que el nombre deValentin Kovalenkoaparece vinculado a una investigación controvertida.

En los últimos años, varias organizaciones han señalado algunas de sus empresas por presuntas prácticas ilegales contra los derechos de la comunidad cambiaformas, acusaciones que el empresario siempre ha negado de forma tajante.

Por el momento, no existe ninguna conexión oficial entre esos antecedentes y la muerte de Ivan Demidov.

No obstante, nos gustaría recordar a nuestra audiencia que los entornos donde confluyen poder, silencio y miedo rara vez son tan simples como parecen. Seguiremos informando.

Juniper apagó la tele y se estableció un silencio enrarecido. Creo que todos estábamos pensando lo mismo: habían encontrado el cadáver de Demidov en su domicilio... igual que el de Kanon Minagawa.

Faye observó la pantalla en negro unos segundos.

—Ya te lo dije —murmuró finalmente, sin expresión—. Me quiere... a su manera.

Fabian se pasó la mano por el pelo rosa.

—¿Seguro que ha sido tu padre?

—Ivan ha hecho y deshecho a su antojo durante años protegido por los contactos de mi padre. ¿Y ahora de repente es agujereado por «actividades ilícitas»? —Faye bufó por la nariz—. Este es mi padre diciéndome que él me protege.

Todos nos quedamos callados. Yo apreté las manos en puños, controlándome para no soltar todo lo que pensaba sobre aquello. Faye ya lo sabía, no necesitaba oírlo de mi boca. Ella era la primera en ser consciente de las manipulaciones de su padre y de lo torcida que estaba su visión del mundo.

Nadie parecía saber qué decir. Hasta que Faye se giró hacia mí, suspiró y sonrió.

—Lo siento, no vas a poder descuartizar a Ivan y traerme sus intestinos en una bandeja.

La tensión se disipó automáticamente. Micah puso los ojos en blanco, sin duda pensando una vez más que Faye era una rarita.

—Eso no fue lo que te prometí.

—Estoy casi segura de que hubo una mención a sus intestinos o, al menos, a sus vísceras.

Me acerqué para abrazarla, estrechándola contra el pecho. Me apoyó la barbilla en el esternón para mirarme.

—Siento arruinar tus expectativas, pero los jaguares y los pumas somos bastante limpios cuando matamos.

Mordemos para alcanzar el cerebro y que haya una muerte instantánea.

.. —le di toquecitos en la cabeza— y vamos directamente a las partes más nutritivas.

—Bajé la mano para acariciarle la piel sobre el corazón suavemente—.

No somos como los tigres ni los leones, no nos va el teatro ni dar zarpazos y acabar con todo lleno de sangre.

Silenciosos, pacientes y quirúrgicos. A no ser que haya algo personal detrás.

Y, como siempre que mostraba los aspectos más crueles de nuestra naturaleza, Faye se relajó contra mi cuerpo.

—Qué presumido.

Juniper se aclaró la garganta.

—Debo decir que no me esperaba este giro de los acontecimientos.

—Creo que yo, en el fondo, sí. —Faye me acarició una última vez la espalda antes de separarse—.

Cuando tenía once años, la mujer que me daba clases en casa desapareció de un día para otro.

Me había intentado ayudar; creo que quiso denunciar lo que había visto y que yo no estaba registrada oficialmente.

Nunca supe qué fue de ella, pero me cuesta creer que mi padre le diera una amable advertencia y la dejara marchar.

Sucedió lo mismo con un ayudante del laboratorio que se apiadó de mí una vez, a los dieciséis.

Se llamaba Steve y le pareció una locura que me encerraran en una sala con tres cambiaformas.

Tres machos no depredadores. Los... estimularon para que entraran en sus fases de apareamiento.

—Mientras Faye contaba, por fin, algo de lo que le había sucedido en aquel horrible laboratorio, yo me encontré retrocediendo hasta que noté algo sólido a mi espalda.

Algo que me hiciera permanecer en la realidad y me impidiera dejarme llevar por los rugidos internos del jaguar.

Ese algo fue Micah, que me envolvió una mano con fuerza alrededor del brazo—.

Fue bastante desagradable. Los morfos hicieron todo lo posible por controlarse y no hacerme daño, pero uno de ellos, el castor, se transformó en medio del experimento.

.. —Se acarició de forma distraída la parte interna del bíceps izquierdo.

Para aquel momento me sabía de memoria el mapa de cicatrices de su cuerpo y sabía que allí tenía dos marcas paralelas cortas, de unos cinco centímetros cada una.

La mordida de un castor, al parecer—. Y, bueno, Black Edge ha dado muchos palos de ciego durante sus ensayos y nunca han llegado a elaborar los compuestos correctamente.

Esos desajustes hormonales desatan demasiada agresividad en los machos y, por lo que he oído, periodos depresivos largos en las hembras.

Lo cual es bueno porque significa que no han dado con la fórmula correcta para hacer que se apareen si no lo desean.

Juniper se sentó en el brazo del sofá impactada.

—Madre mía...

—El caso es que Steve me sacó de allí, me curó y, al igual que mi profesora, me aseguró que me ayudaría.

Intenté disuadirle. Le dije que era inútil y que solo se pondría en peligro.

Pero... era buena persona. —Sus preciosos ojos bicolores se humedecieron.

No llegó a derramar ninguna lágrima, pero eso fue suficiente para que yo sintiera deseos de buscar a Kovalenko en aquel momento y despedazarlo poco a poco.

Había mentido a Faye. Había momentos en los que los jaguares sí nos cebábamos con nuestras presas y podíamos ser excepcionalmente sádicos.

El agarre de Micah se intensificó—. Igual que el doctor Drummond.

Eso es lo que ha pasado con Ivan. Se ha salido del tiesto.

—Gracias por contárnoslo —susurró Juniper—. Sabemos que no es fácil para ti.

Con la mirada un poco ida, Faye sonrió de forma trémula.

—Fueron catorce años de experimentos, pero os prometo que me acuerdo de todas las víctimas. Os lo prometo.

Cerré los ojos y me concentré. La conocida energía asesina, esa rabia absoluta que me invadía cuando la situación me sobrepasaba, fluyó de la cabeza a los pies. Dejé que el suelo y el bosque la absorbieran y luego le di unas palmaditas a Micah en la mano.

Mi beta me soltó despacio.

Abrí los ojos y respiré hondo.

—Vamos a la sala táctica. Sigamos descartando.