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Faye
Lo mantienen en secreto, pero está claro que los humanos emparejados con cambiaformas sufren transformaciones a nivel biológico.
Leves, no lo bastante importantes como para considerarse una mutación genética, pero sin duda la naturaleza es sabia.
En los hombres humanos, se han reportado casos de un aumento significativo de testosterona.
En el caso de las mujeres, hay una adaptación sutil de su aparato reproductor. Somos especies compatibles, eso está más que demostrado, pero el útero humano no está diseñado para gestar embriones con el gen MORPH-1.
Si alguna vez dispusiéramos de humanas preñadas por morfos para nuestras investigaciones, podríamos resolver muchas de nuestras dudas.
Polémicas declaraciones de V ERA V OSS , CEO de Voss Dynamics
Regresar a la casa fue un despliegue incluso mayor que cuando los Colmilloscuro se preparaban para una batalla.
Estaba convencida de que decenas de miembros nos acordonaban, aunque no pudiera verlos.
Estaban más allá de los árboles, a la distancia prudencial requerida para que cierto jaguar no se pusiera nervioso.
El cuerpo caliente y suave de Remi se presionaba contra mi costado a cada paso. Caminaba a mi par, conduciéndonos con cierta prisa hacia la casa. La tormenta seguía en auge y teníamos que esquivar barrizales tan profundos que el agua me llegaba a las rodillas.
—Sí, se la he vendado —escuché que decía Juniper al teléfono.
Iba unos pasos por delante, con Summer y Mara.
Se giró para mirarnos otra vez . Que tuviera que comprobar cada diez segundos que seguíamos ahí me estaba poniendo histérica.
¿A dónde creía que íbamos a ir?—. Ya. No, no hace falta que vengas. Yo... yo se lo explicaré.
Todos estaban ansiosos por el estado de su alfa. Bajé la vista hacia Remi y sus orejas en ristre, alerta, y suspiré. Las gotitas de agua se me acumulaban en el labio y me hacían cosquillas.
Cuando la casa estuvo a la vista, Juniper emitió un silbido altísimo. Todos los pumas se quedaron en la linde del bosque. Solo ella y Mara nos acompañaron hasta las escaleras.
—No sé si alguien ha comprobado la casa —se quejó Mara en voz alta—. ¿Y si alguno de esos hombres armados...?
Automáticamente, el jaguar echó a correr. Ascendió los escalones de cinco en cinco y entró en la casa como una exhalación.
Las dos chicas se abalanzaron sobre mí.
—Vale, tenemos dos minutos como mucho —advirtió Mara.
—No te asustes, esto es bastante normal. —Juniper se recogió el pelo mojado tras las orejas y sorbió por la nariz.
Observé a todos los miembros de la manada merodeando en la distancia.
—¿Seguro?
—Es que con Remi todo es más . Es el alfa. Pero ahora mismo solo es un macho en celo y un poco paranoico.
Entreabrí los labios.
—¿En celo? —Había visto programas sobre el celo de los felinos—. ¿No es a finales de primavera?
—Sí, y también durante la danza de apareamiento. Escucha, he hablado con Inaya. Parece que justo hoy te comentó un par de cosas sobre Remi, el petricor, sus instintos... Tengo que preguntártelo y tienes que responder rápido para que podamos actuar: ¿te quedas o te vas?
La conversación con Inaya y Morgan me parecía superlejana. Pertenecía a otro universo en el que yo estaba caliente y seca, y Remi no actuaba más animal que hombre, y todavía nos quedaba tiempo.
Me froté los brazos por encima del chubasquero, teniendo cuidado con la herida. No estaba disgustada precisamente. Solo... asimilándolo.
—¿Qué le pasará a Remi si me voy?
Juniper me miró como si, de repente, fuera otra la que estaba frente a ella.
—¿Eso es lo que te preocupa?
—¿Sufrirá? —insistí.
—No será agradable. Pero no se morirá. Nadie muere por la danza de apareamiento, aunque los machos son bastante dramáticos —me aseguró—. Me da miedo que no sepas lo que ocurrirá y sus consecuencias.
—Sé que es irreversible. Y... para siempre.
—Y apenas conoces a Remi.
—Pero en eso consiste vuestro vínculo, ¿no? En que es una señal inequívoca de compatibilidad.
—Sí, para nosotros —apuntilló. Parecía muy decidida a ser sincera—.
Tú eres humana. Bueno, metahumana. Tenéis otras costumbres.
Y el caso es que ese jaguar no es un cambiaformas cualquiera.
Es el alfa de los Colmilloscuro. Llevas un tiempo con nosotros, tú misma fuiste testigo durante el equinoccio.
.. Eso es a lo que te unirías. Las parejas de los alfas no son moco de pavo, no son figuras decorativas.
Y no te estoy hablando como guardiana de la manada, sino como su amiga de toda la vida.
Remi necesita a alguien fuerte, estable, resiliente y con muuucha paciencia.
¿Creo que podrías ser eso para él? Sí. —Su afirmación rotunda, sin un asomo de duda, hizo que el corazón me brincara—.
Pero ¿Remi es bueno para ti? Eso solo puedes decidirlo tú.
Mara asintió.
—Quizá lo mejor sea que te alejemos hasta que se le pase el celo. Tendrás tiempo para pensarlo. Esto es muy inesperado.
Tironeé del trozo de camiseta que habían utilizado como venda improvisada. Ya casi no me dolía. Él me había atendido.
No había dejado de hacerlo desde que me conocía. Pero ¿era eso suficiente para decidir pasar toda una vida a su lado?
—¿Desde cuándo lo sabíais?
Juniper se limpió los ojos y las pestañas húmedas.
—Empecé a sospechar cuando le gruñó a Fabian la noche del mirador. Parecía dispuesto a arrancarle la mano solo por sugerir tomarte en brazos y, créeme, aunque Fab es un capullo, Remi lo adora. Prácticamente lo confirmamos aquel día en el vestíbulo, cuando os vimos... Toda la casa olía a petricor.
¿La noche del mirador? Evidentemente yo no lo recordaba, y para aquel momento solo habíamos compartido una conversación tensa en mi estudio y yo era una extraña que no parecía atraer más que problemas.
«Todavía tienes mucho que aprender sobre los cambiaformas. Hay cosas que no nos cuestionamos».
«Estás muy viva. Real y viva».
«Nadie va a hacer nada con tu cuerpo sin tu permiso, nunca más».
«Llevo varios días mirándote y te aseguro que, si he sentido algo, no ha sido incomodidad».
«Hay cosas de la vida que pertenecen a ciertas edades. Estudiar, renovarse y buscar lo que nos hace felices no es una de ellas».
«Me encantaría verte bailar, Faye».
«No tengo ningún tipo de control cuando estoy a tu alrededor».
Tantas cosas se habían escapado a mi control aquellos años...
Esta no sería una de ellas.
Tomé las manos de Juniper y di un apretón.
—Me quedo.
La sonrisa de la guardiana brilló a través de la lluvia.
Mara giró la cabeza de golpe hacia la casa.
—Se nos acaba el tiempo.
—Él sabrá qué hacer y su prioridad será que tú estés bien —me aseguró Jun—. Puede que a ratos haga cosas cuestionables, que gruña, que se le salgan las garras, que...
Pestañeé extrañada.
—Jun, no le tengo miedo a Remi.
—Por un momento había olvidado con quién estoy hablando. Todo saldrá bien.
Las dos comenzaron a retroceder hacia el bosque justo cuando un jaguar negro apareció en lo alto de las escaleras.
—Cuando llegue el momento —Mara hizo mucho hincapié en esas dos palabras— es mejor si no te mueves mucho. Los pone nerviosos.
¿El momento? ¿Cuál? Se me ocurrían varios bastante importantes.
En lugar de empezar a lanzar preguntas ansiosas, tomé una gran bocanada de aire y subí las escaleras hasta la puerta principal. En los tres últimos escalones, Remi se transformó. Mantuve la mirada bien arriba cuando me reuní con él en el umbral.
Su expresión era despiadada. Sus ojos, completamente negros.
Mantuvo la puerta abierta para mí y supe lo que quería decirme.
Al pasar por su lado, le rocé el abdomen con el codo y escuché su brusca inspiración. El sonido de la puerta al cerrarse me puso los pelos de punta. Me quedé quieta en medio del vestíbulo; jamás había notado la casa tan vacía y silenciosa y, al mismo tiempo, tan llena.
Un enorme depredador se me colocó a la espalda y su calor me envolvió.
Lo miré por encima del hombro y pensé...
«Sí, ya no hay vuelta atrás».