Feral 37 #3
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37 #3

La puerta de la habitación estaba abierta, pero Faye y yo estábamos justo detrás. Mierda, ni siquiera había cerrado. Ninguno nos habíamos preocupado por el resto de los morfos de la casa.

—Ni se te ocurra entrar —exhalé.

Faye me dio un manotazo y se retorció para que la soltara. Lo hice a regañadientes.

—Guarda esos instintos.

La miré fijamente. Sabía que mis ojos estaban encendidos.

—Tarde.

—Créeme, Rem, no habría venido si no fuera urgente —aseguró Fabian, manteniéndose fuera por su propio bien. Se notaba la sonrisa en su voz—. Tenemos una llamada externa. Un hombre. Quiere hablar con el alfa. Dice que llama desde Montreal.

El rostro de Faye se iluminó. Se subió las bragas y las mallas a toda prisa.

—Es él.

Montreal no se molestó en ocultar el rostro. Apareció de frente y bien iluminado en la videollamada. Su fondo era simple y no daba pistas sobre dónde se encontraba.

—¿Quién eres y para quién trabajas? —gruñí sin preámbulos.

No estaba de buen humor. Cinco minutos atrás estaba complaciendo a mi compañera. Habíamos tenido que limpiarnos a toda prisa y mi jaguar se había indignado sobremanera porque Faye estuviera borrando mi olor.

Y eso que apestábamos a feromonas y a hembra satisfecha.

—Como seguro que entenderéis, no puedo contestar a ninguna de esas preguntas.

—El tipo era joven. De hecho, parecía más o menos de nuestra edad, veintipocos.

Rostro delgado, ojos oscuros, pelo negro y hombros anchos.

Aunque era objetivamente atractivo, no tenía nada destacable y, al mismo tiempo, había algo en él que hacía saltar mis alarmas—.

Vosotros podéis llamarme Vance y yo puedo deciros que tenemos objetivos afines.

Mi organización no está ni a favor ni en contra de vuestra especie, pero verá caer Black Edge.

Así que era cierto. Había otra empresa que estaba investigando y persiguiendo a Kovalenko. Y me pegaría un tiro en el pie si Vance era su nombre real.

—Es difícil creer a alguien que no se identifica y que, hasta donde sabemos, trabaja para Black Edge.

—Bueno, estoy siendo muy educado y pasando por alto que estáis intentando rastrear la llamada. Podéis empeñaros, claro, pero sería mejor que nos centráramos en lo importante.

Desde su escritorio atiborrado de ordenadores, Juniper alzó el dedo medio con cara de malas pulgas. Habíamos establecido la comunicación desde su zona de trabajo, como solíamos hacer con las llamadas sospechosas.

Apoyé los brazos relajadamente en los muslos. Faye estaba sentada a mi lado y Micah escuchaba de pie junto a la pared.

—¿Y eso es?

—Cómo podemos aunar fuerzas para eliminar de una vez por todas Black Edge y encerrar a Valentin Kovalenko.

No estaba seguro de que Kovalenko fuera a acabar entre rejas, pero eso él no tenía por qué saberlo.

—¿Eres un infiltrado y todavía no has logrado averiguar cómo?

—Si fuera tan fácil, ese hombre habría caído hace años.

Asentí pensativamente. Tenía razón.

—Organicemos un encuentro en persona.

—No. —Su negativa fue rápida y tajante.

—Tú no confías en nosotros y viceversa. ¿Cómo esperas que colaboremos?

—He conseguido que se crean que sobreviví a vuestro ataque y seguir en plantilla a duras penas, pero ahora estarán más paranoicos. —Sonaba acusatorio, como si nos estuviera recriminando nuestro plan—. No puedo dar un solo paso en falso.

Faye se aclaró la garganta, intentando limar asperezas.

—¿Qué es lo que propones?

Desde dondequiera que estuviera, Vance exhaló y se recostó contra una superficie lisa llena de humedades.

—Tengo limitaciones para actuar, pero pronto seré promovido a conductor. Y, como estoy seguro de que ya suponéis, conocer la ubicación del laboratorio no es suficiente.

—Para nosotros sí —gruñí.

—Ya, me imagino el desastre que armaríais.

—Vance se pasó una mano por el pelo, alborotando los largos mechones oscuros—.

Entraríais, arrasaríais con todo y seguramente provocaríais un problema legal gordísimo.

No es que esté en contra de actuar como un bulldozer, tiene su punto, pero eso no es una solución a largo plazo.

A mi lado, Faye cabeceó como si estuviera de acuerdo con él y yo tuve que apretar los dientes. Tal vez se sentía conectada a él porque lo había reconocido como metahumano y no le había hecho daño en las alcantarillas. A mí eso solo me hacía sospechar más.

—Hay que encontrar pruebas que enlacen a mi padre con Black Edge y los nombres de todos los implicados, o solo estaremos cortándole una cabeza a la hidra.

Vance le dedicó una mirada de aprobación.

—Exacto. Tú eres la hija secreta de Kovalenko y ambos sabemos que no eres una simple humana.

Faye apretó un poco los labios.

—Tú tampoco.

El tipo inclinó un poco la cabeza.

—Una vez que me dieran la ubicación del laboratorio, tendríamos poco tiempo para actuar.

No mantienen a la misma persona mucho tiempo en el puesto y preferiría no desperdiciar la oportunidad.

—Aquello ya lo sabíamos gracias a los cazadores que habíamos interrogado, pero estaba bien verificarlo—.

Mi idea era aprovechar las visitas al laboratorio para extraer toda la información posible, pero mis.

.. jefes —anoté su vacilación ante la palabra.

Estaba claro que no quería que se le escapara un solo gramo de información— necesitan evidencia muy concreta.

Eso es algo que no puedo conseguir sin más, me pillarían antes de poder llegar a un ordenador y estoy seguro de que el lugar está restringido por dentro también.

Lo que necesito es tiempo dentro del laboratorio y la seguridad de que saldré de ahí con todo lo necesario para acabar con esa empresa.

Así que es toda una suerte que acabara conociendo a la mismísima hija de Kovalenko y que esté asociada con manadas muy importantes que también quieren ver caer a Black Edge.

Algo en su forma de clavar la mirada en Faye me erizó los sentidos. El jaguar exhaló un gruñido bajo.

—No conozco sus claves ni dónde guardan la información importante —le dijo Faye con una mueca—. No puedo ayudarte.

—En ese sentido, no. Pero puedes conseguir que tu padre esté en el laboratorio en el momento en el que caigamos encima. Eso sería lo bastante incriminatorio, como...

Me puse en pie antes de que acabara la frase.

—No va a regresar a ese lugar ni a estar cerca de Kovalenko.

—Si lo pillamos in fraganti en el laboratorio y se destapa todo lo que le hizo a su propia hija, el resto será mucho más fácil de demostrar —insistió el muy idiota—. Mi equipo podría intervenir y lo arrestarían oficialmente.

Apreté los dientes con fuerza. Sabía a qué se refería. La justicia humana era la única con validez para actuar. Kovalenko tenía que ser detenido y enjuiciado por los suyos o no conseguiríamos nada.

Faye me tiró de la muñeca para que me volviera a sentar.

—No es una mala idea —le dijo a Vance—, pero mi padre no es tonto. Ya actué de cebo. Tiene que haber otra manera.

Vance masculló algo en voz baja que no oímos.

—No podré daros la ubicación del laboratorio si no me prometéis colaborar y hacer las cosas bien.

—Es decir, a tu manera —espeté con acritud.

No dijo nada, pero su mirada hablaba por sí sola.

Faye entrelazó las manos ansiosa.

—Créenos, queremos acabar con todo esto.

Es una cuestión personal para las manadas, son sus miembros quienes sufren allí.

Incluso humanos inocentes. —Sus palabras hicieron que un par de venas empezaran a latir en las sienes de Vance—.

Hay una pobre chica a la que capturaron, Amanda Lebow.

Necesitamos llegar a ella antes de que sea tarde.

Vance no logró ocultar a tiempo el brillo en su mirada.

Arrepentimiento.

Si se había sentido culpable al escuchar el nombre de la amiga de Summer...

—Tú estuviste en el mirador aquella noche, ¿no? —inquirí observándolo con atención—. Eras uno de los cazadores.

Aunque no lo negó, tardó unos cuantos segundos en contestar.

—He conseguido ser uno de los ayudantes de Ravena Moreau.

—Faye se tensó al oír el nombre de la doctora—.

No le gusto, pero sí cómo trabajo. Ella supervisó en persona aquella cacería.

Está desesperada por encontrar una pareja depredadora y cuando todo se fue a la mierda se llevó a aquella chica solo por orgullo, por no irse con las manos vacías.

—Giró el rostro hacia un lado, con los ojos vagando como si estuviera recordando algo terrible—. Es una puta loca desquiciada.

Junto a la pared, Micah mostró los incisivos. Sabía lo que estaba pensando.

—Es decir, que habrías capturado a nuestros cachorros si se hubiera dado la ocasión —dije.

—En eso consiste infiltrarse, alfa Callahan. Acatas órdenes y finges que todo te parece genial.

—¿Qué nos garantiza que abogarás por nosotros llegado el momento? Tu organización puede lavarse las manos y decir que actuamos por nuestra cuenta. Acusarnos de salvajismo, que es algo que les encanta a los gobiernos humanos.

Vance parecía asqueado.

—No hay garantías. Pero cuando mis jefes obtengan lo que quieren, les dará igual el método que yo haya utilizado. Me encargaré personalmente de que todo el país sepa lo que se les estaba haciendo a los cambiaformas.

—No sabemos para quién trabajas ni cuáles son sus intereses en último lugar.

Ni tú mismo lo sabes, dices que no están ni a favor ni en contra de nuestra especie.

Eso es lo mismo que decir que somos prescindibles para ellos.

Tú también lo eres, para el caso. Si murieras en esta misión, apuesto a que nadie sabría qué te ha pasado, ¿a que no?

—No dijo nada. Sacudí la cabeza—. Lo siento, esto no es un juego político para nosotros.

Son las vidas de nuestros miembros. Lo haremos a nuestra manera.

—Podríais tardar demasiado en averiguar dónde está el laboratorio —me advirtió.

—¿Más de lo que has tardado tú? ¿Cuánto tiempo llevas lamiéndole el culo a Ravena Moreau y a Ivan Demidov? —Su silencio fue respuesta más que suficiente. Sonreí contrito—. Me temo que esto es todo.

Alargué la mano para colgar, pero Vance se acercó a la cámara. Quedaron visibles sus profundas ojeras y el rictus desesperado de sus labios.

—Me gustaría oírla a ella.

Todos miramos a Faye, que observó al chico llena de lástima.

—Lo siento, Vance. Estoy de acuerdo con el alfa.

Él la miró y la miró y la miró, sin duda buscando argumentos de último minuto que nos convencieran. Pero, cuando replicó, nos sorprendió a todos.

—Si tienes oportunidad, pídeles a Morgan Holloway y a Nexo que te enseñen a crear escudos mentales básicos. Ahora mismo eres tan fácil de derribar como un muro de papel.

La llamada se desconectó.

Tras un silencio estupefacto, Juniper se quitó los cascos.

—Guapo, misterioso y atormentado. ¿Estoy loca si digo que me ha puesto un poco cachonda?

Fabian, tumbado detrás de ella en forma de puma, fingió una arcada.

—Miente. Está claro que no ha hecho más que...

El derechazo tiró a Ivan Demidov al suelo. Lo peor fue que Valentin Kovalenko ni siquiera se había dignado a propinar el golpe él mismo. Se lo había ordenado a uno de los propios subalternos de Ivan.

—Sigo sin saber por qué crees que esto es alguna clase de conversación —comentó el jefe con mucha calma, sentado en la mesa y sin dejar de cenar.

Lo había convocado a su oficina en el laboratorio, un lugar tan ostentoso como su casa o su despacho en Portland.

El lugar ocupaba gran parte del menos cinco, dividido en despacho, salón-comedor y dormitorio.

A Valentin Kovalenko no le gustaba estar rodeado de nada que no gritara lujo, ni siquiera en unas malditas instalaciones secretas.

Eso siempre le había gustado a Ivan; había visto en el estilo de vida del empresario un objetivo que alcanzar.

A su lado podría conseguir grandes cosas si trabajaban en conjunto.

Y ahora...

A Ivan le latía todo el puto cuerpo, estaba débil y mareado.

Hacía horas que no sentía la cara y el vendaje alrededor del muñón estaba empapado en sangre y apestaba.

No solo no estaba curando, sino que estaba seguro de que se había infectado.

No había tenido tiempo de atenderse apropiadamente tras lo del estudio de baile.

Había escapado como había podido, asegurándose de que no lo seguían.

Luego había tenido que reemplazar las bajas que habían causado los putos osos y pumas (esos cabrones habían masacrado a su equipo y los pocos supervivientes estaban heridos, como él, y acojonados), untar las manos de la policía para que hicieran de nuevo la vista gorda, elaborar informes de mierda sobre la efectividad de los prototipos. ..

Y cuando su jefe lo había llamado, supo que algo no iba bien. Kovalenko rara vez quería charlar en persona.

Pero lo que no esperaba era que se hubiera puesto en contacto con la zorra de su hija y que esta le hubiera lloriqueado.

Quería decir algo, pero Anton volvería a zurrarle ante el más mínimo gesto de Kovalenko. Y no estaba para ser el saco de boxeo de nadie.

Así que permaneció de rodillas, aguantando las oleadas de dolor como pudo, con el sonido del tenedor raspando el plato de fondo.

Al final, Kovalenko dio la cena por terminada. Se presionó los lagrimales con los dedos.

—Reemplazar activos siempre es un dolor de cabeza —murmuró.

A Ivan se le erizó el vello del cuerpo; un miedo agudo le perforó los huesos.

—Señor...

—No estoy seguro de qué has podido aprender de mí o de mi empresa en estos años.

—Kovalenko se puso en pie, rodeó la mesa y se apoyó contra el borde para observar a Ivan.

Su reloj de oro y diamantes destellaba al contacto con las luces led del laboratorio—.

Creía que había sido claro respecto al fin que perseguimos y lo mucho que me preocupo por que las cosas salgan bien.

Hay infinidad de detalles de los que estar pendiente, en especial cuando tienes tanto a tu cargo, y estaba convencido de que mi equipo personal era consciente de lo mucho que cuido mi labor y lo que considero mío.

—Le tendió una mano a Anton y este le pasó la lustrosísima Makarov—.

Así que dime, Ivan, ¿qué te hizo pensar que podías sobrepasarte con mi hija y que yo haría la vista gorda?