Feral 33 #2
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33 #2

Callejeamos hasta la parte trasera del estudio, por donde le había pedido a Harry que me recogiera y dejara.

El parking del lugar estaba en desuso, cercado y lleno de basura.

Examinando los silenciosos alrededores, Micah abrió un trozo de reja rota para pasar.

Más allá, las luces del hipermercado que normalmente iluminaban Kings Boulevard estaban apagadas y los coches pasaban de vez en cuando.

Me pareció surreal estar a punto de exponernos al peligro en medio de un panorama tan normal y tranquilo.

Como habíamos acordado, no intercambiamos palabra mientras cruzábamos el aparcamiento actuando de forma furtiva.

Remi y Micah me cubrieron mientras tecleaba el código de la alarma y abría la puerta.

Pasamos al interior; los únicos pasos que se oían eran los míos.

Los gatos no podían evitar ser silenciosos y, aunque yo lo era tanto como ellos si me lo proponía, no emplearía mis habilidades aquella noche a no ser que no me quedara otro remedio.

Ivan obviamente le había contado a mi padre lo sucedido en mi dormitorio y este había sacado sus propias conclusiones, pero no iba a darles más información sobre mis poderes.

Fui directa hacia el que había sido el despacho de Kanon.

Si no sintiera sus energías, habría pensado que Remi y Micah no estaban ahí.

Ellos veían bien en aquella semioscuridad y yo me conocía aquel edificio de memoria.

Remi me dio tres toques sutiles en la parte baja de la espalda para indicarme que no estábamos solos.

Justo cuando estiré la mano hacia el picaporte del despacho, oímos un suave chasquido.

—Buenas noches.

Ivan.

Micah gruñó al mismo tiempo que Remi se colocaba delante de mí, protegiéndome. Fingiendo que los habían tomado desprevenidos.

Me moví un poco para ver al secretario de mi padre. Una parte de mí había deseado que lo que le hice aquella noche hubiera sido irreparable. Que se hubiera muerto en el suelo de mi dormitorio.

Otra parte, esa que era demasiado salvaje, consideraba que a Ivan Demidov todavía le faltaba mucho por sufrir.

Observé a los tres hombres que se desplegaban ante nosotros.

Iban enteramente vestidos de negro y armados hasta los dientes.

No me costó distinguirle: era el del centro.

Tantos años viéndolo a diario habían vuelto su figura asquerosamente familiar.

Llevaba una mascarilla tapándole el rostro desde la parte alta de las mejillas, pero reconocí su postura, la forma en que sujetaba el arma, cómo distribuía el peso entre ambas piernas.

La torpeza era nueva. Actuaba como quien huye del dolor.

Esperé lo peor, pero me sorprendí a mí misma sintiendo... poco. Muy poco. No hubo náuseas, vértigo ni entumecimiento. No empecé a disociar.

Me agarré a la cinturilla de los pantalones cargo de Remi e inspiré hondo. El alfa se movió imperceptiblemente hacia atrás, acercándose. Mi cerebro y mi parte primitiva por fin habían asimilado que ahora estaba a salvo.

Por quienes me rodeaban y por mí misma.

Fue glorioso no sentir miedo al reencontrarme con alguien que me había acobardado durante varios años.

¿No estaría allí si pudiera elegir? Claro que no.

Pero al recordar la facilidad con la que lo había despojado de todo su poder sentí que estaba ante otra persona distinta. Aquel ya no era Ivan el Dragón Demidov.

Era un hombre como otro cualquiera.

«Como mi padre», pensé.

—Hola de nuevo, señorita Kovalenko.

Le sonreí.

—Me gusta tu nuevo look , Ivan.

Se le estrecharon los ojillos sobre la mascarilla.

—Ya te daré las gracias personalmente por ello.

—Al contrario, el que está lleno de agradecimientos soy yo. —Podía notar la sonrisa de Remi incluso sin verlo—. Tantos que no sé ni por dónde empezar.

—Me temo que los Colmilloscuro os estáis metiendo en más de lo que podéis manejar.

—¿De verdad? Porque esto parece una chapuza —señaló Remi—. Se ha personado el mismísimo secretario de Valentin Kovalenko junto con tipos armados. ¿Qué ocurre? ¿Se ha cansado de ningunearnos a través de la política, sin mancharse los zapatos?

Nos movimos con sutileza hacia uno de los salones de baile. Necesitábamos que entraran en acción y que me atraparan. Pero debía resultar creíble.

El rifle de Ivan no dejó de apuntar al pecho de Remi en ningún momento.

—Estoy actuando por libre. —Como suponíamos, no iba a decir en voz alta que mi padre estaba detrás de todo—. Pero alguien quiere recuperar lo que es suyo.

En silencio, las garras de Remi asomaron. Levanté la mano.

—«Lo que es suyo» discrepa. Pero gracias por venir hasta aquí, de verdad, no teníais que haberos molestado. ¿No tenéis, no sé, cambiaformas que secuestrar, seres vivos inocentes que torturar...?

Cuando el extremo del rifle se movió hacia mí, Remi exhaló un gruñido que bajó varios grados la temperatura del ambiente.

—Suponíamos que habías abierto la bocaza, pero teníamos la ligera esperanza de que fueras leal, que estuvieras allí en contra de tu voluntad. —El capullo de Ivan siseó como si se hubiera llevado un chasco—. Qué decepción.

«En cualquier otro momento, estaría estrujándote la sustancia gris hasta que te balancearas en un rincón».

En un borrón fugaz, Micah le propinó un puntapié a uno de los cazadores y lo tiró de espaldas al suelo. El parqué del estudio tembló bajo mis pies.

—Venga, chicos, al menos debéis hacer que sea interesante —se quejó el beta de los Colmilloscuro—. Así no es divertido.

Se amartillaron varias armas a la vez, aunque nadie disparó porque Ivan alzó el puño.

—Quietos. No hemos venido a eso.

—Perdona, nosotros sí. Se ve que no nos hemos puesto de acuerdo.

Remi torció el cuello, haciéndolo crujir. El gesto de gallito resultó ciertamente acojonante. La inquietud flotaba entre los cazadores. El único lo bastante tonto como para seguir mostrándose confiado era Ivan.

Eso significaba que sabía algo. Que tenía algo.

Micah giró de pronto el rostro hacia las cristaleras tapiadas de la izquierda.

—Nos rodean —gruñó. Incluso hubo un destello de preocupación en su mirada.

Vaya, eran muy buenos actores.

—Era evidente que la lagartija rusa no iba a tener los huevos de venir solo —comentó Remi.

Teniendo en cuenta el ego machista y arcaico que se gastaba Ivan, aquello seguro que le había jodido.

Micah se quitó la braga. Todos vieron las cicatrices y supieron que no estaban solo ante un cambiaformas depredador. Había rumores sobre un puma marcado que devoraba a sus enemigos sin piedad.

—Cuantos más, mejor. Si no, la fiesta acaba demasiado rápido.

Cuando sus ojos se encendieron y sonrió, mostrando sus incisivos alargados y el vello facial creciéndole, el pánico se disparó.

Y por fin actuaron.

El cuarto cazador que se había mantenido oculto deslizó algo por el suelo hasta los pies de Ivan. Tenía la forma de una caja de zapatos. Cuando Demidov la pisó con su gruesa bota, un zumbido se esparció por la sala.

Una luz intensa y multicolor parpadeó por todas partes.

Remi estiró el brazo hacia atrás, empujándome, mientras yo pestañeaba furiosamente.

No eran las luces del estudio. La caja escupió un chorro de colores, como un proyector, y una cúpula luminiscente estalló a nuestro alrededor.

Esperé a que algo horrible ocurriera, a que nos frieran a rayos o se nos derritiera la piel, pero. .. No sentí nada.

Micah jadeó. Sus incisivos habían vuelto a encogerse, el pelo había desaparecido.

—¿Os gusta? —Ivan y los cazadores retrocedieron hasta quedar fuera de la luz multicolor.

Arrastró la caja consigo—. A este prototipo lo llamamos la Jaula.

No os molestéis en intentar salir, sus ondas impiden que cualquiera con el gen MORPH-1 la atraviese.

Y, mientras estéis ahí dentro, me temo que vuestra parte peluda no podrá mostrarse.

Dios santo... ¿Era cierto? ¿Aquella luz impedía que los cambiaformas se transformaran? Por los dientes apretados de Micah, así era.

Entonces, la creación de armas no era solo un proyecto en marcha. Era una realidad. Aunque solo fueran prototipos...

«Contábamos con que esto podía pasar», me dije.

De hecho, Juniper había estado rezando para que trajeran alguna de las armas y poder valorar qué tenía Black Edge entre manos. Pero aquello era más de lo que habíamos estimado. ¿Y si Remi y Micah realmente no podían salir de ahí y...?

El alfa me dio dos toques en el antebrazo.

«Te toca».

Había que continuar con el plan. Tenía que confiar en ellos. Me moví discretamente, acercándome a la pared de luz. Aunque Remi apretó las manos en puños, mantuvo su atención en Ivan.

—Gracias por ser tan comunicativos. A las autoridades les va a encantar el diseño de estas armas ilegales, vuestro ataque a un alfa y lo fácil que habláis con la motivación adecuada.

Ivan se rio en voz baja.

—Tan prepotentes como se rumorea. ¡Anton!

Una mano se cerró con furia sobre mi boca y me arrastraron fuera de la cúpula, hacia la oscuridad.