30 #2
Lachlan entrelazó las manos sobre el PTP y Juniper apartó el proyector con un siseo. El oso la ignoró.
—Me parece que la solución más obvia es esperar a que elijan un nuevo conductor.
—El alfa de los Tierrasangre me miró con intensidad.
Interpreté qué me quería decir sin problemas, porque yo mismo había llegado a esa conclusión tras el interrogatorio a los cazadores—.
Y eso ocurrirá cuando monten una nueva cacería.
—Por lo tanto, necesitamos una presa —añadí.
—Según lo que Faye nos ha contado sobre la doctora Moreau y el funcionamiento del laboratorio, requieren nuevos sujetos constantemente y la mujer está obsesionada con hacerse con depredadores —dijo Juniper—.
Por eso salivó ante la perspectiva de capturar a Summer y a Johnny.
Su plan no salió bien; acabó con una humana, así que planeará una nueva partida de caza en cualquier momento.
Y nosotros se la proporcionaremos. —Mi amiga sonrió ampliamente—. Me gusta.
A mí no. Poner en peligro a algún cambiaformas, en especial a un miembro de la manada, iba en contra de todos mis instintos.
Pero no se me ocurría otra manera de acceder al laboratorio y no perder mucho más tiempo.
En la última visión de Faye no aparecía ninguna luna, así que no teníamos ninguna orientación temporal de cuándo ocurriría.
Gaia se cruzó de brazos pensativa.
—La cuestión es cómo los dirigimos hacia la presa que nosotros deseamos, y sin que sospechen.
—Hay un sitio que sé que Kovalenko vigila —comenté con cuidado.
Todos me miraron—. El Hana Atelier, el estudio de baile que perteneció a la madre de Faye.
He tenido a un hombre con un ojo sobre el lugar y, desde que Faye está con nosotros, se revisa casi a diario.
Han puesto nuevas cámaras y más sensores de movimiento.
La mirada de Lachlan se afiló.
—Parece que esperan visita.
Era el único recuerdo patente que Faye tenía de su madre. Sin duda, Kovalenko creía que ella visitaría el estudio en algún momento, tal vez para recoger algo o por simple morriña.
—Podemos fingir que la acompañamos hasta allí en secreto. Debe parecer un movimiento encubierto, con pocos involucrados. —Me puse en la mente de Kovalenko para evaluar la situación desde todos los ángulos como haría él, buscando la trampa—. De noche, que es cuando nosotros tenemos la ventaja.
Lachlan se acarició la barba con movimientos lentos.
—Vaya, ¿la vas a exponer así? No me esperaba eso de un gato.
—Claro que no. Faye ya no tiene rastreador y ellos son simples humanos, no notarán la diferencia. Alguna de nuestras hembras se puede hacer pasar por ella y...
—De eso nada.
Nos giramos hacia la puerta. Faye estaba en el umbral y parecía bastante molesta. ¿Cómo había...? Ah. La maldita habilidad para volverse tan sigilosa como un gato.
Micah apareció detrás de ella contrariado, seguido de Morgan.
—Os dije que me avisarais cuando terminarais.
Faye lo ignoró.
—Iré con vosotros.
—En todo lo relacionado con los Colmilloscuro, las órdenes las doy yo, florecilla.
—Entonces es toda una suerte que yo no sea una Colmilloscuro.
«De momento», gruñimos el jaguar y yo.
Me dieron ganas de estrangularla y morderle el cuello en la misma medida.
Lachlan me guiñó un ojo.
—Bienvenido al lado oscuro de lidiar con humanas. Les importa un bledo la jerarquía.
—Metahumanas —lo corrigió Morgan.
—Es una operación delicada, vamos a la expectativa de un ataque —mascullé—. Quiero gente entrenada únicamente.
—Nadie se va a hacer pasar por mí y arriesgarse. No es... —Se quedó sin palabras; una expresión de puro tormento pasó por su bonito rostro—. No puedo. No lo permitiré.
Su voz me recordó a aquel día en el estudio.
«Lo único que quiero es evitar que algo terrible suceda. No podría soportar que... Por favor, Cal... Remi».
Aquello era muy importante para ella, pero ¿cómo iba a exponerla de esa manera? Incluso mis mejores guardianes estarían en peligro. Si le ocurría algo... ¿Y si Kovalenko la atrapaba de nuevo?
Como si me leyera la mente, Faye insistió:
—No estoy indefensa. Y tú estarás a mi lado, ¿no?
Un golpe bajo y bien lanzado. Ella ya sabía que me había erigido como su protector particular. No había sido sutil al respecto y ahora lo estaba usando en mi contra.
Morgan caminó hasta su compañero y lo abrazó por detrás.
—Corroboro lo de que no está indefensa. La he examinado y Faye ha resultado ser lo que en neuroevolución adaptativa llamamos una singular.
Hay muy pocos casos que sepamos. —Deslizó las manos por los robustos hombros de Lachlan, irguiéndose para mirar a Faye—.
No posee una habilidad preponderante y otra o varias secundarias y menores.
Tanto la neuroquinesis como la clarividencia están al mismo nivel.
—¿Eso es... bueno? —inquirió Juniper perdida.
Para nosotros todo aquello era un misterio todavía. La neuroevolución adaptativa ni siquiera existía oficialmente, era la pseudociencia que los metahumanos y demás involucrados, como la doctora Walsh, estaban desarrollando en secreto.
Morgan asintió con una sonrisa.
—Muy bueno. Con tiempo y entrenamiento, Faye dominará dos habilidades igual de potentes y útiles.
—Me alegro mucho de que obtengas respuestas —dije con sinceridad. Los ojos de Faye saltaron a los míos. El jaguar me ronroneó en el pecho. Le encantaba tener su atención, del modo que fuera—. Pero sigues agotándote al usar tus habilidades, ¿verdad? Si tuvieras que defenderte...
—Cuanto más las use, más resistencia desarrollaré —me cortó—.
La debilidad venía del estilo de vida que llevaba en mi casa y de estar siempre reprimiéndome.
—Dudó un instante, como si quisiera añadir algo y luego cambiara de opinión—.
Comiendo bien y entrenando en condiciones me siento mucho mejor.
Y, como he dicho, no estaré sola. Además, lo importante no soy yo, sino dar con el laboratorio.
Le encantaba decir que ella no era importante y a mí me gustaría explicarle todas las razones por las que a mí sí me lo parecía.
Pero aquella sala de reuniones no era el lugar.
Me rendí con un suspiro irritado.
—Necesitamos un par de días para ultimar detalles. —Vi como Faye relajaba el gesto sorprendida—. ¿Los Tierrasangre os unís?
Lachlan soltó un bufido.
—A mí me parece que son los Colmilloscuro los que se unen a nuestras...
Gaia dio un manotazo en la mesa que hizo vibrar la madera y el PTP. Juniper empezó a enrollarlo a toda velocidad.
—Colaboración temporal. Vamos a llamarlo así, ¿queréis?
Me incliné hacia el alfa oso.
—Ahora entiendo por qué ella no es tu beta.
Mientras empezábamos a exponer sugerencias y dudas, entrelacé miradas con Faye. Me observó bajo esas largas pestañas con algo de cautela y le sonreí lentamente.
«Has desafiado a un gato. Eso tiene consecuencias».
Frunció un poco el ceño y se inclinó para escuchar lo que le murmuraba Morgan.
Al cabo de un rato, como yo había predicho, la silla de Lachlan no aguantó más la presión y se rompió con un crujido.
El alfa de los Tierrasangre acabó despatarrado en el suelo de nuestro refugio y su compañera se rio tanto que las lágrimas le rodaron por las mejillas.
Gaia tuvo que salir para que no la viéramos descojonarse y Roderick arrambló en la sala convencido de que habíamos atacado a su alfa, solo para encontrarse con su mohín disgustado.
Cuando le tendí la mano para ayudarlo a levantarse, recordé unas palabras afectuosas de mi madre sobre nuestros vecinos.
«Los osos son torpes, ruidosos y cabezotas, pero son los más leales con quienes consideran su familia».
Supuse que no eran los peores colaboradores temporales que podíamos agenciarnos.