Feral 30
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Remi

Mi novio es un alce. Y es un novio maravilloso, ¿vale?

Es alto, paciente, se acuerda de todas las fechas importantes.

Una ganga, vaya. ¿El problema? Mi vecino de arriba es un oso.

Ha marcado todo el vecindario como suyo y mi novio se echa a temblar al doblar la esquina.

¿No pueden, no sé, llevar inhibidores hormonales? Necesito soluciones.

Queja de una humana en TikTok desde Canadá

–Entonces, esto es todo lo que tenéis.

Lachlan Northwood examinó nuestro PTP con una buena dosis de decepción e impaciencia. No esperaba menos de un oso que menospreciar un aparato tan vanguardista.

—Por si no lo recuerdas, es mucho más de lo que habéis conseguido los Tierrasangre.

El oso alfa me gruñó y yo le mostré los dientes.

—Otra vez no, por favor. —Gaia dejó caer la frente contra la mesa de chapa, produciendo un sonido metálico que reverberó por la sala de reuniones del refugio.

Lachlan había intentado que la reunión fuera en su territorio, pero, como éramos nosotros quienes poseíamos la información, había logrado que se desplazaran ellos otra vez.

Eso sí, no había considerado necesario que apestaran mi casa otra vez con su aroma a madera mojada y sangre seca.

Habíamos frotado con jabón todos los lugares que los osos habían tocado para deshacernos de aquella agresión sensorial.

Todo gracias a la glándula dérmica, un órgano que solo poseían los morfos úrsidos y que los ayudaba a marcar su territorio constantemente.

No podían dejar de segregar, era algo inconsciente para ellos, pero para los felinos, que nos jactábamos de ser bastante refinados, resultaba pesado y sofocante.

Por eso nunca podrían acechar a nadie. Se los olía a kilómetros.

Para mi sorpresa, Juniper se mostró de acuerdo con la guardiana de los osos.

—Sí, pasemos directamente a la parte en la que no competimos y solo valoramos la situación, ¿queréis?

Ambas nos rogaron con la mirada que dejáramos de comportarnos como idiotas, y creo que los dos sentimos el peso de la vergüenza. Crucé una mirada rápida con el oso antes de asentir. Lachlan se dejó caer en una silla frente a mí y las patas metálicas se combaron un poco.

—Solo digo que esperaba más información de la propia hija de Kovalenko.

—Han utilizado a Faye en la misma medida que al resto de los seres que entran a ese laboratorio —la defendí—. No ha conspirado con él, no sabe más.

—Eso es evidente.

Era difícil tratar con él, pero reconocía que yo tampoco estaba cediendo. Entendía que su ayuda podía ser inestimable. Habíamos dejado a nuestros betas fuera de la sala en un acto de buena fe. A Micah no le había hecho ni puñetera gracia, pero le había ordenado que cuidara de Faye y de Morgan.

—Sigue pareciéndome increíble que precisamente tú acabaras emparejado con una humana —comenté—. ¿No dijiste por televisión nacional una vez que te cagarías encima y luego te comerías el boñigo antes de estrechar lazos con humanos?

Juniper me asesinó con los ojos castaños y yo le dediqué una media sonrisa. ¿Qué? Era la pregunta que todos nos estábamos haciendo desde la otra noche.

—No cuestiono los designios de los espíritus —fue la respuesta seca de Lachlan—. Y Morgan no es del todo humana.

—¿Lo dices porque apesta a oso?

Recibí un puntapié bajo la mesa y contuve una mueca de dolor. Lachlan, en lugar de saltar, se arrellanó en la silla. Esas patas aguantarían diez minutos más como mucho.

—Si quieres hablamos de que parece que las estrellas están deseosas de unir a más alfas con la especie enemiga.

Entrelacé las manos sobre el abdomen.

—No, prefiero que me expliques por qué decidisteis ocultar la existencia de los metahumanos.

—Tú hubieras hecho lo mismo —proclamó y no le llevé la contraria.

Era probable que fuera cierto—. Mi compañera resultó ser algo totalmente desconocido para el mundo y pronto descubrimos que los que eran como ella no solían tener buenas vidas.

Su desconocimiento e inseguridad los llevaba a ocultarse o reprimirse.

¿Te suena? —Los ojos oscuros le chispearon—.

Al contrario que nosotros, no están listos para ser revelados al mundo.

No pertenecen a manadas que los puedan defender y estoy seguro de que no se redactarán leyes que los protejan.

En el mejor de los casos, seguirán siendo considerados humanos y estos los reclamarán para sí, deseando averiguar por qué son como son. Como lo que le ocurrió a tu chica, ¿no?

Apreté los dedos al pensar en Faye y todas sus cicatrices.

—Kovalenko sabía que algo ocurría con su hija y lo ha estado investigando.

Como tú dices, seguro que no es el único.

Tu compañera habló de miles de casos de metahumanos alrededor del mundo, y esos son solo los que habéis localizado.

¿Qué porcentaje real de la población humana nace con esos dones?

Kovalenko no puede ser el único que ha detectado a un metahumano, incluso sin saber exactamente lo que es, y ha decidido indagar.

La pregunta que no hice flotó en el aire de la sala de reuniones.

«¿Cuánto tardará la sociedad general en saberlo?».

Lachlan apretó los labios bajo la barba oscura.

—Mientras dependa de nosotros, seguiremos ayudando desde las sombras.

Es lo que más desea Morgan, encontrar a todos los que pueda y hacerles saber que no están solos.

—Cabeceó hacia la pared de la izquierda.

Aunque todo el refugio estaba diseñado para ser insonoro, en el interior el sonido sí se filtraba.

Dudaba que los oídos duros de los osos captaran gran cosa, pero yo sí era capaz de detectar las voces amortiguadas de Faye y Morgan.

Había oído la risa relajada de Faye en dos ocasiones, lo que me había ayudado a permanecer sentado—.

El corazón de mi compañera es de oro. Lloró al imaginar qué le había pasado a esa chiquilla.

Entendía a Morgan. Yo tenía que contenerme día tras día para no degollar sin más a Kovalenko, Demidov y a todos los involucrados en que la vida de Faye hubiera sido un martirio.

—¿Podemos contar con la discreción de los Colmilloscuro respecto a la existencia de los metahumanos? —preguntó Lachlan.

Tras una leve pausa, asentí.

—Merecen tranquilidad y salir al mundo cuando ellos lo decidan. Faye ayudó a nuestros cachorros, toda la manada siente agradecimiento hacia ella. Su secreto (y, por tanto, el del resto de los metahumanos) está a salvo.

Gaia se aclaró la garganta.

—No hacemos esto solo por nosotros y los cambiaformas desaparecidos —dijo.

Era una gran declaración viniendo de ella.

Holt, el oso que había aparecido con el cuello partido hacía un par de años, había sido su hermano mayor—.

Estamos unidos en estas circunstancias de mierda, supongo.

Y nuestros ancianos no paran de decir que es el destino, que no hay otra explicación para que la otra mitad de nuestro alfa sea una metahumana.

—Caminos que confluyen —murmuró Juniper para sí.

Se refería a una frase popular y antiquísima de los cambiaformas.

«Caminos que confluyen, destinos que se reconocen».

Sí, los ancianos y aquellos que creyeran fervientemente en los espíritus sin duda verían una conexión en que una metahumana acabara vinculada a uno de los morfos afectados por la desaparición de su propia especie, que a su vez estaba relacionada con los mismos metahumanos.

«Te estaba esperando».

«He estado soñando contigo».

—Los Tierrasangre no descansaremos hasta descubrir la ubicación de ese laboratorio y exponer los crímenes de Kovalenko —aseguró Lachlan.

Dio unos toquecitos con su dedazo en el PTP, sin duda crispando los nervios de Juniper—.

Habéis acotado mucho las posibilidades. ¿Qué me dices de los lugares en los que han aparecido los cadáveres?

Jun tecleó en el pad y se elevó una capa sobre el mapa.

—Irregulares, sin un patrón detectable aparte de tirarlos cerca de sus respectivas manadas para que los encontraran. Abarcan toda el área de los seis condados y los territorios de múltiples manadas.

La mirada de Lachlan se endureció e imaginé lo que estaba pensando.

—Disfrutan devolviéndonos a nuestros muertos así.

—Faye dice que son órdenes de Ravena Moreau, la directora del laboratorio.

—Con otro toque, Juniper mostró una imagen de la mujer en la pantalla empotrada en la pared del fondo.

Era una fotografía antigua, de hacía más de veinte años.

Allí, Ravena Moreau todavía era una veinteañera recién graduada que no conocía a Valentin Kovalenko.

Para ser tan joven, ya tenía un mechón gris entre el cabello negro, las mejillas picadas por la viruela y una mirada a cámara.

.. vacía. Sostenía el título universitario y el ramo de flores como escudos.

Tanto Lachlan como Gaia hicieron muecas de disgusto al verla—.

Graduada summa cum laude en Neurociencia, aceptó una beca para realizar más estudios en Suecia y se trasladó allí, desligándose de sus amigos y familia.

Aunque no la han vuelto a ver en persona desde entonces, establece comunicaciones de vez en cuando, imagino que para dar señales de vida y que nadie se moleste en buscarla.

De más está decir que no existe esa beca ni está en Suecia, ¿verdad?

—¿Ninguno de sus movimientos está relacionado con Black Edge? —preguntó Lachlan.

—Nada que haya podido encontrar. —La expresión de Juniper parecía decir: «Y si yo no lo he encontrado, es que no existe».

Le pedí a Jun que abriera el archivo sobre el interrogatorio a los cazadores. Sus cuerpos estaban enterrados en algún lugar de Willamette y, con suerte, harían algo bueno y servirían de alimento para el bosque.

—Parece ser que el único punto de acceso son los conductores, que rotan bastante a menudo.

—Con «rotan» nos referimos a que se los cargan, ¿no? —dijo Gaia con acritud.

Asentí.

—Es probable que, aunque diéramos con el coche que se llevó a Amanda Lebow, su conductor ya no nos pueda decir una palabra.