Feral 25 #2
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25 #2

—Eso es. Digamos que, con cada descarga, el borde de las pupilas va ganando muescas, como.

.. —Se detuvo un momento, buscando las palabras adecuadas—.

Como una rueda dentada, por decirlo de algún modo.

No es una rotura, no es nada «malo». No nos duele, ni nos impide ver correctamente.

Solo es una distinción física de lo que ocurre en nuestros cerebros.

En cuanto a la degradación de nuestros pigmentos naturales, es lo mismo.

Nacemos completamente humanos y con el «cableado metahumano» listo, pero se va desarrollando con los años.

En este caso, son unos neurotransmisores fotoactivos los que rompen la melanina del iris y la vuelven a formar, una y otra vez, año tras año.

Por lo que sabemos, el proceso suele terminar alrededor de los dieciséis años.

Ese fue mi caso. —Se señaló los ojos, en los que había estado perdida durante su explicación.

¿Por qué los suyos me parecían tan bonitos en comparación con los míos?

Los bordes afilados de sus pupilas resultaban atrayentes, singulares; le daban un aspecto místico y poderoso.

«Las inse­guridades son una soberana mierda», pensé—.

A ti te está tomando un poco más de tiempo, eso es todo.

Sonreí con suavidad por su forma simple de referirse a mis circunstancias.

Qué amable era. Supe sin ningún género de duda que Morgan Holloway era un alma cálida y generosa.

Tal vez era solo mi percepción, pero de algo tenía que valerme el haber estado rodeada de tantas personas frías y con rasgos sociopáticos.

—Imagino que has utilizado lentillas para ocultar sobre todo la pupila, pero no aguantan mucho, ¿verdad? Es por lo que te comento, por las microdescargas.

Eso explicaba que ni siquiera el biofilm de Black Edge resistiera y que cada vez los plazos se acortaran más.

—Así que en algún momento el otro ojo también cambiará —musité.

Morgan permaneció unos segundos en silencio.

—Tenemos una clasificación psíquica con todas las habilidades que hemos descubierto, su influencia y su impacto.

Quiero que sepas que hay gente trabajando en esto, estudiándolo, ayudándonos.

Pseudocientíficos, tanto humanos como morfos, que están esforzándose para comprender qué nos ocurre y ayudar a quienes se encuentren perdidos.

—De pronto, me tomó de las manos y me miró con una determinación increíble—.

Por eso Bjorn lo tuvo claro en cuanto vio tu resonancia y yo insistí en venir.

Y, créeme, mover el culazo de Lachlan del territorio de los Tierrasangre es una tarea titánica . Él... ¿Tienes frío?

Me quedé sin aire.

—¿Qué?

—Estás temblando bastante.

—No, no. Estoy bien.

No era que le quisiera ocultar el bajón que estaba sufriendo tras lo de Dominic y la visión. Pero sabía que había oídos pendientes de nuestra conversación.

Más allá, Remi, Micah y unos muy sonrientes Lachlan y Roderick estaban alrededor del Wrangler. Remi apoyó la pierna en una de las ruedas y zarandeó el todoterreno. No sabía qué estaba comprobando, pero hizo que Lachlan murmurara algo y su beta rompiera en estruendosas carcajadas.

Si las miradas matasen, la de Micah los estaría descuartizando.

—Hay muchas más cosas que me gustaría contarte —aseguró Morgan—.

Pero debes entender algo, Faye: los dones psíquicos son parte íntegra de nuestro ser.

Conforman un todo indivisible, junto con quiénes somos y qué sentimos.

De la misma forma que las emociones afectan a nuestro cuerpo, también lo hacen a nuestras habilidades.

Si tu cuerpo, tu corazón y tu alma no están en calma, tampoco lo estará tu mente.

La solté y metí las manos en los bolsillos de la chaqueta.

—No sé muy bien en qué punto está mi corazón, ni dónde —confesé en voz baja—. No desde los ocho años.

Morgan me observó con una solemnidad muy... cálida.

—Te ayudaré en todo lo que me permitas. Nada de lo que te sucede es malo —repitió—. Pero tienes que tratarte bien a ti misma para empezar.

Sus palabras fueron como un golpe en la frente.

—¿Qué...?

—¿Crees que siempre llevé bien oír voces en mi cabeza o hacer levitar mi cama cuando lloraba?

Me sentía un monstruo. Sola y atormentada por cosas que no podía controlar.

—Hizo un gesto con la cabeza hacia mis manos ocultas—.

Sientes como si estuvieras en carne viva, ¿verdad?

Después de la visión sobre esa chica, Amanda.

Estaba muda. Morgan había expresado lo que sentía y pensaba con la naturalidad de quien había pasado por lo mismo.

Asentí.

—Eso es porque una parte de ti está convencida de que es culpa tuya. Lamento que tus experiencias te hayan llevado a creer eso, Faye. Solo puedo decirte que lo resolverás.

No dije nada, abrumada.

No lo dije porque seguía existiendo esa parte que, a pesar de todo, pensaba que Morgan estaba equivocada. Ella no había estado en el laboratorio. No había visto toda aquella sangre.

No habían usado sus supuestos dones como excusa para hacer daño a otros.

Regresamos despacio hacia el Wrangler y el grupito allí reunido.

—¿Tenéis un nombre para... todo? ¿Para nosotros?

—Metahumanos. Un término acuñado por la doctora Walsh.

—¿Walsh? ¿Jimena Walsh? —Me repetí como un loro mientras la imagen de la controversial científica centelleaba en mis recuerdos.

Aquella mujer era humana y una firme defensora de los cambiaformas, con una curiosidad tan insaciable por ellos que había llegado a convivir con varias manadas amistosas para aprender todo lo que quisieran mostrarle.

Era guapa, inteligente y carismática, con fama internacional por su tesón y valor—. ¿La famosa etomorfóloga?

Morgan soltó una risita.

—Es una de los nuestros, sí. Pero no se lo digas a nadie —bromeó—. En cuanto a la organización, ya sabes, no es nada oficial... pero la llamamos Nexo.

Lachlan vino a por su mujer y la aplastó contra su enorme pecho. Se susurraron cosas y, cuando el alfa de los Tierrasangre hizo un gesto a su beta, supe que la reunión había concluido.

Me despedí de Morgan con un abrazo torpe pero cálido.

—Gracias —susurré.

—Cuando quieras. ¿Te parece bien si estamos en contacto? Ya sabes, metahumanas unidas...

Sonreí con suavidad. Metahumana . Por lo visto, eso era yo ahora.

O lo había sido toda la vida, en realidad.

—Joder, sí. Sigo teniendo muchas preguntas.

Me guiñó uno de esos ojos tan hermosos.

—Y yo, probablemente, muchas respuestas.

Aquella noche la visión de Amanda se coló en mis sueños. La evité todo lo posible, me repetí una y otra vez las palabras de Morgan, pero acabé deslizándome en silencio fuera de la cama y acurrucándome en la bañera.

Pensé en Remi y en lo bien que había dormido en sus brazos, pero no quería molestarle. Se merecía descansar en paz; trabajaba a diario para su manada. No podía estar pendiente de algo más también por las noches.

No pude conciliar el sueño de nuevo, así que encendí el pad y revisé todos los archivos que Morgan Holloway me había enviado en cuanto había regresado a su guarida.

El asunto del email rezaba: «Para ir abriendo boca», y en él Morgan me animaba a leerlo todo y elaborar un listado con todas las preguntas que se me ocurrieran. También me aseguraba que aquello era solo el principio.

¿El principio? Había casi cincuenta archivos.

Como los había colocado en orden para que entendiera todo mejor, abrí el primero y me encontré con la tabla psíquica que me había comentado.

Habían dividido las habilidades mentales en tres tipos: cognitivo (lo que implicaba una percepción extrasensorial), influencia (manipulación mental o emocional) y cinético (acción directa sobre la materia).

Junto a las habilidades había un pequeño listado de datos.

Encontré la clarividencia en el tipo cognitivo.

N OMbrE TÉCNICO: P RECOGNICIÓN N OMbrE COMÚN: C LARIVIDENCIA D ESCRIPCIÓN: C APACIDAD PARA VISUALIZAR EVENTOS FUTURO N IVEL DE PODER: M UY ALTO L IMITACIONES: I NCAPACIDAD PARA ESCOGER LAS VISIONES. C EFALEAS DEBILITANTES

Subrayé de un verde pálido las palabras «muy alto», pensativa.

No me sentía poderosa cuando me asaltaban las visiones. Me dejaban desfallecida y manifestaban el poco control que tenía sobre mi vida. ¿Sería mi habilidad preponderante?

Continué leyendo la tabla hasta que, en el tipo influencia, encontré la neuroquinesis.

N OMbrE TÉCNICO: N EUROQUINESIS N OMbrE COMÚN: C ONTROL MENTAL D ESCRIPCIÓN: C APACIDAD PARA MANIPULAR LA MENTE AJENA N IVEL DE PODER: A LTO L IMITACIONES: E S NECESARIO EL CONTACTO VISUAL REAL PARA ESTABLECER EL CONTROL.

N O FUNCIONA A LARGAS DISTANCIAS NI A TRAVÉS DE PANTALLAS.

D IFÍCIL MANEJAR A MÚLTIPLES INDIVIDUOS A LA VEZ

Me apoyé el pad contra los muslos y observé el techo del baño. Vaya, tenía dos habilidades que, entre los metahumanos, se consideraban la repanocha.

Y allí estaba, acurrucada en una bañera de madrugada.

Repasé el resto de la lista y me pregunté cuántas de las personas que me había cruzado alguna vez por Corvallis o que había visto por televisión escondían destrezas así: telepatía, retrocognición, empatía, psicometría, telequinesis, piroquinesis.

.. Incluso había algunas que me parecían increíbles, como la somatoplastia.

Consistía en una especie de sanación psíquica que aceleraba los procesos curativos biológicos.

Es decir, se podría curar a alguien solo con el pensamiento.

Me recoloqué el cojín en las cervicales y abrí el segundo archivo, un desglose exhaustivo sobre lo que se sabía de la neuroquinesis. Pasé al tercero y al cuarto casi sin darme cuenta y, para cuando las luces del amanecer entraron por la pequeña ventana del baño, estaba exhausta pero... apaciguada.

En aquel momento me daba igual qué podía significar todo aquello para mí o si Morgan Holloway y Nexo podían ser la solución a mis problemas. Al menos, estaba obteniendo respuestas. Cada pizca de información era una duda menos.

El conocimiento era el verdadero poder.

Y la práctica hacía al maestro.