21
Remi
Las alianzas entre manadas no son infrecuentes.
Los no depredadores se unen para ganar fuerza, números y defensa.
Lógico, suelen ser las presas. A su vez, a veces se alían con una manada depredadora si existe cordialidad entre sus especies y no forman parte de su menú.
Pero ¿alianzas entre manadas depredadoras?
Muy raro y, en mi opinión, muy peligroso.
Prefiero que se consideren rivales y no amigos, la verdad.
T ONY F ELTON, presentador de Horizonte vivo
Me reuní con Chandra Ruegg con un abrazo cálido. Aquella cambiaformas estaba hecha de acero. Acababa de enterrar a su único hijo, o lo que habían dejado de él, y ya estaba lista para participar en la investigación para atrapar a los culpables.
Quería hablar de lo sucedido la otra noche, cómo habían intentado capturar a dos cachorros Colmilloscuro. Y la evidente relación entre todos los ataques a cambiaformas que las autoridades humanas de Oregón seguían negándose a ver.
—Se están volviendo audaces, creen que pueden pisar nuestros territorios sin consecuencias —dijo la alfa de los Ondagua. A pesar del odio, la pena y la frustración que debía estar sintiendo, habló con sensatez—. Tenemos que buscar la forma de contratacar.
Estaba de acuerdo con ella. Y cuando le compartí la información confidencial de que teníamos a dos de los cazadores vivos en nuestro poder y que sabíamos que Valentin Kovalenko estaba detrás de todo, no se mostró del todo impresionada.
—Las nutrias somos escurridizas —comentó—. Tenemos oídos en muchas partes. La cantidad de gente armada de la que hablaban las chicas humanas no cuadraba con el número de muertos. Y todos sabemos cuánto os gusta a los gatos jugar con vuestras presas.
Aquello me hizo reír entre dientes. Estábamos sentados en la parte posterior de una tranquila cafetería de Junction City, donde nadie esperaría que dos alfas tuvieran una reunión.
El establecimiento pertenecía a los Ondagua, aunque lo regentaban humanos promorfos, y habíamos venido solo con nuestros betas.
Más por la tranquilidad mental de nuestros círculos que por nosotros mismos.
—No se te escapa nada, lo pillo. Te llamaré cuando empecemos los interrogatorios. Está siendo difícil doblegarlos y que se muestren colaborativos —añadí. Y eso que había puesto a Juniper a cargo de aquella tarea.
—Bien. Pero ¿no me vas a hablar de la chica humana que tienes en tu propia casa?
La referencia directa a Faye no me gustó tanto. Micah gruñó y la beta de Chandra, una nutria delgada y astuta llamada Kerem, lo fulminó con la mirada.
—Ella, de momento, solo concierne a los Colmilloscuro.
La identidad de Faye y sus circunstancias eran complicadas.
Cualquiera de las manadas afectadas por la oleada de desapariciones y muertes querría tenerla en sus manos para utilizarla contra Kovalenko.
Chandra era justa, pero acababa de perder a su hijo.
No podía confiar en que viera a Faye como a una víctima más.
—Si estaba allí y puede tener información sobre quién está detrás de todo, concierne a todas las familias y manadas afectadas.
Los Ondagua, los Zarpasucia, los Narizsuave, los Cuellocobre.
—Recitó todas las manadas de morfos no depredadores o de inferior fuerza que habían perdido miembros durante los últimos años y solo habían recuperado sus restos torturados—.
Incluso los Tierrasangre, porque que nos aplaste un río embravecido si alguien se cree que Holt Golding, uno de sus guardianes más poderosos, podría caerse de un acantilado y partirse el cuello.
Joder, la entendía. Si yo estuviera en su lugar y creyera que otro alfa me podía estar ocultando información crucial, probablemente no sería tan diplomático como ella.
La tomé de la mano.
—Chandra, eres prácticamente como una segunda madre para mí. —Le besé el dorso con todo el respeto y amor que sentía por ella—. Cualquier dato relevante para descubrir quién nos está dañando estará en tu mano también. Te doy mi palabra. Pero hay detalles que debo pulir primero.
—Maldito zalamero —masculló, para luego suspirar—. La palabra de un Colmilloscuro es sagrada, espero que hayas aprendido eso de tus padres.
Esbocé una sonrisa traviesa.
—Me lo inculcaron a zarpazos.
Al final, los ojos de la alfa se empañaron y me acarició la mejilla.
—Lo sé. Y cuando te miro, veo a mi pequeño. Te admiraba mucho, ¿sabes?
La emoción se me alojó en la garganta al pensar en el sonriente Calum y el prisma brillante con el que siempre había contemplado la vida.
—Y yo a él. Tenía todo el tesón que a mí me faltaba.
Chandra resopló mientras se secaba con disimulo el rabillo del ojo.
—Calum es atolondrado e idealista, le falta.
.. —Le tembló la voz—. Le faltaba mucho por aprender.
Tú, en cambio, tuviste que hacerte cargo de demasiado y demasiado pronto.
Como he dicho, me entero de todo. —Su contacto tan maternal me hizo suspirar—.
No te excedas. Las manadas siempre necesitan un alfa, pero no a costa de la felicidad de nadie.
Asentí, a pesar de no compartirlo. Los Colmilloscuro se habían quedado sin líder varios años por culpa de mi inmadurez. Daba igual todo lo que hiciera por ellos, las noches en vela o las migrañas; nunca sería suficiente.
Al salir de la cafetería, le hice un gesto a Micah.
—¿Lo tiene?
—Por favor. —Puso los ojos en blanco—. Encontrar un número de teléfono teniendo el nombre completo es de principiantes. Jun hasta se ha ofendido.
Me tendió el móvil y pulsé la tecla de llamar. Dio dos tonos antes de que la voz educada pero cansada de un hombre contestara.
—Taxi, Harry Miller al habla.
—Harry —lo saludé con alegría—. Soy Callahan. Nos conocimos hace poco, ¿recuerdas?
Tras un silencio prolongado, el hombre balbuceó:
—¿El alfa de los Colmilloscuro?
—El mismo. Me consta que volviste a ayudar a nuestra amiga, Ana, y la llevaste al antiguo mirador.
—¡Ella me lo pidió! Dios santo, sabía que no era buena idea, esa niña no tenía buen aspecto. Pero, lo juro por mi madre, decía que era mayor de edad y...
—Tranquilo, Harry, no te llamo para regañarte. Hiciste bien. —De hecho, si no fuera por la intervención del hombre, Faye no habría llegado a tiempo y puede que los Colmilloscuro estuviéramos de luto—. Y ahora necesito tu colaboración, pareces un hombre de fiar. ¿Qué me dices?
—No quiero meterme en líos con depredadores —suplicó el taxista.
Sonreí.
—Un poco tarde para eso. Pero te prometo que será algo muy sencillo, sin líos.
Remoloneó más de lo que esperaba y, al final, me hizo una pregunta que apaciguó al jaguar.
—¿Ella está bien? Ana.
Sí, era un buen hombre.
—Está a salvo.
—Bueno, entonces... Supongo que lo haré. ¿Qué necesitas?