18 #2
Remi contestó antes que yo.
—Tiene sentido que hicieras hincapié en detalles como la fase lunar, la vista de las Three Sisters o la apariencia de Summer. ¿Eso fue lo que pudiste captar?
Asentí.
—Ella era la protagonista; solo podía ver ciertos fragmentos mientras la perseguían.
Intenté ser lo más precisa posible para que pudierais ayudarla, pero.
.. Bueno, no es algo que pueda controlar al cien por cien.
Sabía que era una cambiaformas, vi el tatuaje de vuestra manada y escuché la voz que ahora sé que era de Johnny gritando su nombre.
—Hice una pausa—. No... No podía quedarme de brazos cruzados.
Juniper se enganchó el lápiz táctil sobre la oreja.
—Guau —comentó. Se quedó unos segundos mirando a la nada, abstraída, hasta que asintió de golpe—. Eso nos deja con los dos cazadores que parecían haber sido testigos de una aparición mariana. Además del testimonio de Summer.
Claro, la chica lo había visto en vivo y en directo, aunque tal vez no comprendiera lo que ocurría.
—Les generé una parálisis transitoria.
La guardiana se limitó a pestañear.
—¿Cómo? —Estaba incrédula—. ¿Tienes escondido algún aparato eléctrico que no hayamos detectado?
Me relamí los labios y, casi de forma automática, Remi me empujó la taza de chocolate en las manos de nuevo.
—Manipulo cualquier área cerebral con el pensamiento.
—Todos se quedaron tan quietos como estatuas—.
Las primeras veces fue algo instintivo y pasó desapercibido.
Inducía cefaleas a los médicos inconscientemente para que me dejaran en paz, o hacía que les temblaran tanto las manos que no eran capaces de realizar el trabajo.
—Huyendo de todas las miradas, tomé un pequeño sorbo—.
Cuando me di cuenta de que eso lo hacía yo, tanteé un par de veces.
Aquí y allá, comprobando hasta dónde podía llegar.
No muy lejos, debo decir. Solo funciona si primero hago contacto visual y me agoto muchísimo al hacerlo.
—Ya estás agotada, para empezar —terció Inaya—. Tu estado físico es lamentable.
—Ah, gracias.
La sanadora chasqueó la lengua.
—Necesitas alimentación y descanso. Buena alimentación.
Incliné la cabeza, aceptando las palabras de la mujer, pero no dije nada. Era más que consciente de mi pésima salud. ¿Qué podía hacer? No mantenía un estilo de vida ni una dieta que me permitieran tener otro aspecto.
Remi me acercó de nuevo la taza, un gesto insistente.
Sus rasgos dominantes eran patentes en cualquier cosa que hacía, incluso si solo pretendía hidratarme porque pensaba que lo necesitaba.
Lo miré por encima de la porcelana pensando que, si no estuviera en medio de aquella conversación, devolvería el chocolate a la mesa.
Los ojos le destellaron y gruñó un pelín, como un sonido de advertencia.
—¿Eso tiene algo que ver con que te hayas podido mover sin hacer nada de ruido?
Asentí.
—Puedo afectar a mi propio cerebro y, a su vez, a mi cuerpo.
Inaya tenía una expresión de absoluta concentración, midiendo y evaluando cada una de mis palabras. A Juniper parecía que la acababa de alcanzar un rayo.
—Así que naciste con una actividad cerebral única —recapituló la sanadora—.
Para los ocho años ya eras inmune a los imperativos de los cambiaformas y tenías visiones, y más tarde te diste cuenta de que eras capaz de manipular cerebros.
Todo ello mientras ocultabas una parte de lo que te ocurría, te hacían pruebas constantes, subsistías con la energía vital por los suelos y te mantenían oculta del resto de la sociedad.
—Ni yo misma habría podido resumir mejor mi mierda de vida, sí.
—Ay, muchacha, no era mi intención...
—Tranquila. Es todo verdad. —Inspiré hondo—.
Decidí contároslo a sabiendas de que podíais tomároslo de muchas formas distintas.
Pero quiero ser clara en algo: no voy a haceros daño.
Jamás hubiera imaginado que acabaría aquí y de esta forma, pero estoy contenta de haber podido ayudar y dispuesta a hacerlo de nuevo.
No... no siento lealtad ni nada que se le parezca hacia mi padre y su empresa.
—No me extraña —farfulló Juniper por lo bajini.
—Lo siento, pero yo necesito una demostración.
Un cambiaformas de pelo rosa que únicamente llevaba unos vaqueros puestos entró desde la terraza. Por descarte, debía ser Fabian. El último miembro del círculo del alfa y, de nuevo, alguien cuya apariencia desentonaba muchísimo con lo que cualquier humano de Oregón creía de los Colmilloscuro.
Las alfombras amortiguaron sus pies descalzos. Culebreó entre los muebles hacia mí. Remi se puso en pie.
—No es el momento, Fab. Atrás.
El cambiaformas esbozó una sonrisa esplendorosa, tan hermosa que podía hacerte olvidar lo que se ocultaba bajo la piel.
Tenía un rostro afilado, de ojos turquesas cautivadores, mandíbula definida y pómulos de estrella de cine.
Dos aros plateados le brillaban en el labio inferior.
Aunque era más delgado que su alfa y que Micah, exudaba la misma energía intimidante, solo que aderezada con. ..
¿Qué era? Esa vibración ondulante a su alrededor...
«Ah. Sugestión».
Eso era. Era un morfo dominante que se inclinaba más hacia el espectro seductor de su especie.
Se los solía llamar encantadores y entre depredadores era un rasgo peligroso, por decirlo de algún modo.
Emitían unas feromonas un tanto más sutiles, de esas que no sabías que te estaban envolviendo hasta que era demasiado tarde.
Eran muy hábiles para camuflarse y ocultar su talante depredador.
Les permitía acercarse a seres más sumisos sin que se pusieran tan nerviosos, controlando la situación a su antojo e incluso haciendo creer a cualquiera que eran dóciles.
Domesticables, como dirían ciertos grupos.
Morfos como Fabian solían ser los elegidos para ser los portavoces de las manadas por esa característica. Eran tan letales o más que el resto de sus congéneres, pero podían esconderlo todo tras una bonita sonrisa. Salvajismo envuelto en encanto, a su vez disfrazado de diplomacia.
—Ella sabe que necesitamos algo más que palabras para creer algo tan increíble.
¿A que sí, Faye? —Fabian merodeó alrededor de su alfa.
Remi se movía al mismo ritmo para impedirle el paso, pero me dio la sensación de que no lo hacía por protegerme físicamente.
Confiaba en su círculo, así que era más una cuestión personal—.
Aunque debo decir que tu truco me ha gustado mucho.
¿Cómo lo haces? ¿Te has entrenado para detectarnos?
—Alguien se ha picado —canturreó Micah.
Me puse en pie despacio.
—Como he dicho, ocurre sin más. Siento las energías que emitís y que os diferencian de los humanos o de los animales comunes. Si te hace sentir mejor, la tuya es muy particular.
Los ojos turquesas se le encendieron y sonrió con más fuerza.
—No me digas. Entonces, ¿qué me dices de esto? —El azul engulló tanto las pupilas que estas se convirtieron en dos cabezas de alfileres negros.
Me limité a pestañear.
—Tienes unos ojos preciosos, pero seguro que eso te lo dicen a menudo.
Detuvo su mirada áurea. Se le crispó un lado de la boca.
—Bien. Parece que de verdad eres inmune.
Remi suspiró largamente.
—¿No te bastaba con mi testimonio?
—Tú sigues engatusado. —Le palmeó el hombro a su alfa—. Muévete. Quiero que me haga lo mismo que a esos cazadores, si es que puede.
Remi no se apartó ni un centímetro.
—Ha dicho que se agota.
La insistencia de Fabian y su clara tozudez me estaban resultando, para mi sorpresa, divertidas.
—Puedo darle la pequeña demostración que quiere sin cansarme demasiado. Solo necesito que me aseguréis que nadie me va a saltar a la yugular cuando lo haga.
A Juniper se le iluminó la cara.
—¿Harás que se mee encima?
Tras unos segundos, Remi dio un paso a un lado. No se alejó mucho más, permaneciendo entre su guardián y yo.
—Qué coño, no se me ocurre mejor forma de despejar todas las dudas. —Me lanzó una mirada—. Creo en lo que has dicho y en que deseas ayudarnos. Así que, por favor, no dejes incapacitado a uno de mis mejores guardianes.
Fabian resopló, como si la mera idea fuera absurda, pero yo comprendí lo importante que era aquel momento.
Podía sentir la frustración de Micah chocando contra la espalda, en desacuerdo con aquello.
La confianza de los Colmilloscuro no debía ser algo que se pudiera conseguir así como así, y yo había llegado a sus vidas en las peores circunstancias.
Y, sin embargo, Remi Callahan no había dejado de tenderme la mano una y otra vez.
Me concentré en Fabian.
—No te dolerá, lo prometo.
Inclinó la cabeza y una sonrisilla felina le curvó los labios.
—¿Dolerme, bonita? No sabes lo que...
Toqueteé con cuidado sus núcleos vestibulares y el efecto fue inmediato.
Fabian cerró y abrió los ojos con fuerza, desorientado, mientras su oído interno le hacía creer que estaba cayendo desde una gran altura.
Combatió el vértigo agudo con una fuerza que me sorprendió, pero la sensación acabó desubicándolo.
—¡Agarradlo! —exclamé—. Podría caerse.
Remi le tendió los brazos. Fabian hincó una rodilla en el suelo, sujetándose la cabeza. Cuando alzó la vista hacia mí, en los ojos turquesas ya no había rastro de la burla y el escepticismo anteriores.
Estaba pasmado.
—Ha puesto de rodillas a Golden Boy —musitó Juniper sonriente. Garabateó a toda velocidad en la tableta—. Manipulación de las regiones cerebrales a través de la mente. Increíble.
Micah se había puesto en pie de un salto y, a su lado, Inaya contemplaba todo con seriedad. No sabía si estaba asombrada, preocupada o divertida.
Tras sacudir la cabeza unas cuantas veces, como para deshacerse del mareo, Fabian comenzó a sonreír como un loco.
—Guapa y puede patear culos morfos. Me gusta.
Remi le gruñó.
—¿Quién está engatusado ahora?