18
Faye
Venga ya, el alfa no es el miembro más peligroso de la manada.
Tampoco su beta, ni la mayoría de los guerreros que los rodean.
Son esos depredadores tan hábiles en el camuflaje, ya sabéis, los encantadores.
Sus portavoces, caras visibles, representantes ante el resto.
Pueden estar sonriéndote un instante y al siguiente eres su almuerzo.
Y ni siquiera te habría dado tiempo a cagarte de miedo.
Comentarios de un tertuliano en The Alpha’s Chair
«Compulsión» era la forma coloquial que denominaba los efectos de la mirada áurea. Me parecía un término apropiado. Literalmente te obligaba a mostrar obediencia y sumisión ante alguien superior.
Seguí observando el suelo encerado de aquel cubil, arañado y vuelto a encerar mil veces.
—A la mayoría de las personas las incomoda mirarme.
Y estaba siendo generosa con el término. Solo Ivan parecía disfrutar mi anomalía, y el recuerdo de su obsesión me repugnó.
«Ojalá se cagara encima cuando me fui», pensé.
—Llevo varios días mirándote y te aseguro que, si he sentido algo, no ha sido incomodidad.
Alcé las pestañas un instante. Parecía decirlo en serio. Su gesto no varió ni un ápice y tampoco lo había hecho antes, cuando no era consciente de que mis verdaderos ojos estaban expuestos. Mientras me cuidaba, me bañaba y dormía a mi lado.
Pero ¿cómo? ¿Cómo podía observar algo claramente roto y que iba en contra de la biología y no inmutarse?
—¿Es un tipo de heterocromía? —preguntó Inaya con calma.
Dios... no quería hablar de lo que había ocurrido en el laboratorio.
Podría explayarme con las tristes circunstancias de mi vida.
Desde que Kanon supo que estaba embarazada, pasando por ese día en el tercer trimestre en el que descubrieron una anomalía en mi cerebro que determinó cuál sería mi vida, hasta el momento en el que dejé de ser una persona y me convertí en un sujeto de experimentos.
Pero eso no serviría de nada. Ya sabían que no venía de un buen lugar y yo prefería centrarme en la información que verdaderamente podía ayudarlos.
—Los médicos lo llamaron heterocromía disruptiva; soy el único caso conocido. —Me acaricié el pómulo izquierdo—. No nací así. Los dos ojos eran marrones y la pupila estaba bien.
—¿Qué ocurrió? —preguntó Remi.
«Que me rompieron».
Me quedé callada.
Él exhaló un gruñido que hizo que incluso Juniper, que tecleaba furiosa en la tableta, dejara lo que estaba haciendo y nos observara. El alfa se cernió sobre mí, acercándose lo suficiente para que, cuando hablara en voz baja, solo yo pudiera oírlo. O eso esperaba.
—Llevo varias noches escuchándote decir que estás rota y estoy harto.
Me llevé la mano a la garganta por su tono imperioso.
—Tú mismo lo estás viendo.
—Yo no veo nada quebrado, ni irreal ni mucho menos una abominación porque, para empezar, no eres algo que se pueda romper.
—Joder, pues sí que había estado parlanchina mientras dormía—.
Tienes un ojo azul y otro marrón, ¿y qué?
A mí me salen pelo, garras y colmillos y convivo con una bestia salvaje a diario.
Se me escapó una mezcla de resoplido y risa.
—Tú naciste así y eres hermoso en tus dos formas. A mí me forzaron a... Bueno, que un día desperté y el ojo izquierdo estaba así. —Me lo señalé con furia—. Esto no es un azul normal y la pupila se fragmentó como cristales rotos. Es una malformación adquirida, así se llama.
Me agarró de los antebrazos y me arrastró hacia él con firmeza, como si necesitara el contacto para reafirmar sus palabras.
Algo chisporroteó entre nuestras pieles, como en el estudio de baile. Me dejó sin aliento y me cabreó.
—Te prohíbo que vuelvas a hablar así de ti misma.
—No cambia la realidad.
—Lo haré. Haré que cambie.
«No puedes. Ocurrió y es así, y ni siquiera conoces la historia completa».
Lo miré fijamente, como él parecía desear. Acababa de aprender que el alfa de los Colmilloscuro era un cabezota. Tal vez el pobre Micah tuviera razón. Era imposible dialogar con él.
—Remi.
Micah estaba al filo de su asiento, listo para ponerse en pie de un salto si hacía falta. Remi no me apartó la vista del rostro.
—Bien —masculló, claramente en contra de que lo interrumpieran.
Tironeé hasta que me soltó y luego me arrastré lo más lejos que pude de él en el sofá.
No parecía feliz y me dio igual. No me gustaba que me increparan sobre mis propias circunstancias de mierda.
¡Eran horribles! Y punto—. Seguimos preguntándonos cómo sabías exactamente qué le iba a ocurrir a Summer, además de algo que le mencionaste a Landon, el dueño del bar de los Colmilloscuro.
—Ante un carraspeo de Micah, Remi exhaló con fuerza—.
Y necesitamos saber qué sucedió en el mirador y cómo noqueaste tú sola a los dos cazadores.
Quienes, por cierto, están bajo nuestra custodia.
Mi molestia se fue evaporando. ¿Tenían a dos de los cazadores de Ravena? Joder, eso debía haber cabreado muchísimo a ella y a mi padre.
—Por no hablar de esto. —Hizo un gesto con la barbilla hacia mí. Sus ojos verdes resultaban apabullantes—. Una humana común sosteniendo la mirada de un alfa depredador. ¿Cómo es posible?
—Nací con una serie de anomalías cerebrales —revelé—.
Es la razón por la que visitaba el laboratorio, porque tanto mi padre como sus científicos querían desentrañar qué ocurría conmigo, por qué era diferente.
Soy inmune a la mirada áurea de los morfos, no reacciono a vuestros imperativos biológicos.
No me afectan los gruñidos ni la energía que emanáis como lo haría a un humano común.
De hecho, puedo adivinar si estoy ante un dominante o no con facilidad y qué grado posee.
—Cuanto más hablaba, más liberada me sentía.
No había conversado de aquello abiertamente con nadie, ni siquiera con mi padre teniendo en cuenta el interés que mostraba.
Él consultaba todo con los médicos y científicos, le daba igual si yo estaba presente o no—.
Percibo a los morfos de toda clase, incluso a los que saben camuflarse entre los humanos.
Juniper tenía el ceño fruncido, concentrada.
—¿Por eso descubriste a Fabian?
Asentí.
—Y sé que ahora está ahí.
Señalé hacia otro tramo de cristaleras con vistas a más y más bosque. La casa entera estaba incorporada al propio Willamette.
Un puma saltó al suelo de la terraza. No parecía feliz.
Hice una mueca.
—Lo siento.
—Madre mía —susurró Juniper.
—Black Edge ya existía antes de mi nacimiento; yo solo fui una adición inesperada.
—Y tan inesperada que mi propio padre había creído que las diferencias en mi cerebro eran irrelevantes hasta que, a los ocho años, había mantenido una conversación con un cambiaformas jaguar—.
Ni siquiera mi padre sabe por qué nací así, aunque no ha dejado de intentar descifrarlo.
Sin embargo, hay cosas... que ni él ni sus científicos saben.
Detalles sobre mis anomalías que les he estado ocultando y que están relacionados con Summer y lo ocurrido con los cazadores.
Inaya frunció el ceño.
—No parece que en ese lugar sea fácil ocultar algo.
No lo era. No lo había sido. Algunos días habían escarbado tan hondo en mí que había creído que llegarían hasta el tuétano de mi ser y lo descubrirían todo. Lo que había sido, era y sería. Y que podrían manipularlo como arcilla a su antojo.
Ese siempre había sido mi mayor miedo. Convertirme en otra cosa por su culpa.
—Lo bueno de ser única para ellos era que desconocían hasta dónde podía llegar, cuáles eran los límites o si siquiera existían —le expliqué—. Eso me permitió, en cierto modo, controlar la narrativa.
Micah entrecerró los ojos.
—Los engañaste. ¿Sobre qué?
El beta de Remi era desconcertante. Bellísimo, pero.
.. Su aura emitía casi la misma potencia que la de Remi.
Tenía sentido, puesto que debía ser el macho más fuerte después del alfa.
Pero, al mismo tiempo, había ciertas interferencias en él.
No sabía cómo explicarlo. Tan pronto estaba a punto de alcanzar un punto álgido, rozando niveles de dominancia extremos, como se apagaba y me transmitía. .. vulnerabilidad.
Me pregunté si estaría relacionado con sus quemaduras. Esas que le habían hecho tener fama de bestia que bebía sangre por placer según los conspiranoicos en las redes sociales.
«Son de tercer grado como mínimo», pensé.
Había visto casos así en el laboratorio. La doctora Moreau no tenía falta de imaginación cuando se trataba de poner a prueba a sus sujetos.
—A los ocho años empecé a soñar cosas extrañas —dije sabiendo que era probable que, si hasta ahora no me habían tomado por loca, era el momento de empezar a hacerlo.
Tenía pruebas de lo que les había contado, podía mirarlos a todos a los ojos y localizaba al pobre Fabian dondequiera que fuera.
Lo que venía a continuación era otro cantar—.
Poco a poco me percaté de que no eran sueños sin más.
Esas imágenes acababan sucediendo, de un modo u otro.
Fue difícil, pero acabé dándome cuenta de cuándo estaba viendo algo que iba a ocurrir, separándolo de meros sueños.
Al final, esas visiones venían a mí incluso estando despierta, reaccionando a ciertos estímulos.
Eso fue lo más complicado de gestionar..
. en especial si estaba en presencia de los doctores o de mi padre.
Así que también aprendí a reprimirlas hasta estar a solas.
Los ojos de Remi me observaron con una mezcla de duda y... algo parecido al anhelo.
—¿Qué edad tienes?
—Veintidós.
—Es decir, que tus visiones empezaron hace catorce años.
«Hace catorce años y con un jaguar negro de ojos verdes». Tragué saliva con cuidado. Se le entreabrieron los labios.
Micah echó la cabeza hacia atrás con incredulidad. Al hablar, cortó aquel extraño momento entre Remi y yo.
—¿Estás diciendo que tienes visiones de futuro y que así fue como descubriste lo que le iba a ocurrir a Summer?