7 #2
A saber. Amanda ya tenía suficiente con los problemas locales.
Pero, para ella, estudiar con cambiaformas era normal. Divertido. Summer, sin ir más lejos, era una puma. ¡De la manada de los Colmilloscuro, además!
Sus alegres pasos vacilaron un poco cuando vio que, junto a la despampanante cambiaformas, había un muchacho alto de pelo oscuro y ojos medianoche.
Johnny Pecos.
Siempre esperaba a la salida a Summer y su melliza, Noon.
Johnny solo era un año mayor, pero podría haber pasado por un estudiante de último curso sin problemas.
Cuando Amanda se lo había vuelto a encontrar tras las vacaciones de verano, se había sentido aturdida por su cambio.
Es decir, la mayoría de los chicos habían dado un estirón o empezado a graznar como gallos.
Se habían llenado de acné y se habían vuelto torpes y molestos, y aparecían en clase con pequeñas heridas en el mentón por sus primeros afeitados.
Pero ¿Johnny Pecos? Él parecía haber pasado por todo eso en tres cortos meses, haberlo superado con matrícula de honor y estar listo para entrar en la fase adulta. Tenía más porte, músculos y madurez que cualquier otro del instituto, incluyendo a sus congéneres cambiaformas.
Al parecer, eso estaba relacionado con su sangre... porque también era un cambiaformas puma y se rumoreaba que se iba a convertir en un alfa.
Lo cual explicaba por qué Amanda se ponía del color de la remolacha cuando hacía contacto visual con él.
Se enfocó en Summer cuando llegó junto a ellos.
—¿No vais a casa?
La cambiaformas se echó la bonita melena rubia sobre la espalda.
—Noon está recogiendo su instrumento y tenemos que esperar a que vengan a por nosotros. —Frunció el ceño y arrugó un poco la nariz, irritada—. Ahora nos vigilan como a bebés.
Amanda echó un vistacito discreto a Johnny. Estaba concentrado en su móvil, con una pierna apoyada en el muro a su espalda. Al menos eso era lo que parecía. Ella sabía que siempre estaba alerta, pendiente del más mínimo movimiento a su alrededor.
—¿Por lo de...? Ya sabes.
Summer le había contado lo sucedido la semana pasada, cuando habían querido hacer un pícnic nocturno en el bosque y el alfa de los Colmilloscuro y varios guardianes los habían pillado. No se quería ni imaginar lo que tenía que ser recibir una reprimenda de seres así.
Una vez, en un programa local del corazón, habían dicho que el alfa Callahan se limpiaba los dientes con huesos de perritos.
—No lo sé... Es raro. —De pronto, la cambiaformas giró el rostro hacia la calle frente al instituto. Un Hilux plateado se estaba deteniendo junto al bordillo—. Ahí están. Siento que vuelvo a estar en primaria. ¡Dios, Noon! ¿Ahora el chelo también?
Noon resopló mientras arrastraba un enorme estuche negro y rígido con la forma inequívoca de un chelo. También cargaba con su mochila, una especie de neceser verde y otra funda más pequeña en la que llevaba su violín habitual.
Era muy parecida a Summer, ambas altas y esbeltas y con melenas rubias.
Pero, mientras Summer parecía lista para empezar a desfilar por las pasarelas de American Eagle, Noon podía ser la chica que te encontrabas en un festival punk haciéndose trenzas con varias desconocidas.
Summer tenía pómulos altos y nariz estrecha; el rostro de Noon era más redondeado y sus ojos siempre parecían estar sonriendo.
—Rosa tiene faringitis. Tengo que hacer su parte en el recital de otoño.
Johnny le quitó el estuche del chelo y se lo colgó al hombro con facilidad. Se guardó el móvil en el bolsillo trasero de los vaqueros.
—¿Tienes que hacerlo o te ofreciste voluntaria?
Noon se limitó a pestañear con inocencia. Summer suspiró.
—Yo creo que Rosa no tiene faringitis ni nada que se le parezca. Es una colgada.
Las mellizas empezaron a discutir hasta que un escandaloso claxon las interrumpió. Un brazo fornido se sacudía desde la ventanilla del copiloto del Hilux.
Summer besó a Amanda en la mejilla.
—Nos han tocado los chóferes menos pacientes. Te escribo esta tarde.
—¡Espera! —exclamó la chica—. Vendrás a mi cumpleaños, ¿verdad? Sé que tenéis normas...
Aquella era una forma suave de decirlo. Conocía a Summer desde que tenían diez años y había varias reglas inamovibles que ya se sabía de memoria, como que no podía estar fuera del territorio de la manada después del anochecer (e, incluso así, sus salidas estaban bastante controladas por seguridad), o que los solsticios y equinoccios eran sagrados.
Ah, y la regla número uno: no se hacían preguntas sobre los Colmilloscuro.
Summer vaciló, pero, tras pensarlo un momento, adoptó una expresión determinada.
—Sí. Te lo prometo, Amy. Aunque tenga que pelar patatas por el resto de mi vida, conseguiré que mis padres me dejen ir a tu fiesta.
—¿Pelar patatas? ¿A qué te...?
—Pues a ti te ha tocado la parte fácil —rezongó Noon—. Yo tengo que raspar los calderos quemados hasta que parezcan nuevos otra vez.
Amanda supuso que debía tratarse de uno de los castigos disciplinarios de los Colmilloscuro. Si las mellizas no fueran tan rebeldes, no sabría tanto sobre el tema.
Luego reunió todo el valor que poseía y alzó la vista.
—¿Y tú, Johnny?
Sin dejar de mirar hacia el Hilux, el cambiaformas asintió de forma distraída.
—Si Summer va, yo también.
La aludida ni siquiera se inmutó. Como si el hecho de que un chico como Johnny afirmara que la seguiría a cualquier lugar fuera lo más normal del mundo. Tal vez para ella lo era.
«Qué suertuda», pensó Amanda.
—Tú también estás invitada —le dijo con rapidez a Noon.
Pero esta negó con la cabeza.
—Paso —afirmó con aplomo. Cuando su melliza le clavó el codo en las costillas, jadeó—. Paso estando muy agradecida.
A Amanda se le escapó una sonrisa. Le encantaba la transparencia de Noon.
También le gustaba que, a pesar de ser mellizas, las dos chicas fueran muy independientes y tuvieran sus propios grupos de amigas y gustos.
Eso sí, nunca dejaban de ser la prioridad de la otra.
Todavía recordaba lo que había sucedido cuando tres humanos le habían roto el violín a Noon en primero.
—Genial. Entonces, nos vemos.
Se quedó viendo cómo se alejaban, e incluso la forma en que Johnny le abrió la puerta a las mellizas, que habían retomado la discusión sobre las oportunas enfermedades de Rosa cada vez que la banda tenía un evento.
Tampoco se le escapó que él esperó hasta que se acomodaron para sentarse al lado de Summer.
Cuando el Hilux se alejó, sintió un poco lo de siempre. Una mezcla de anhelo y nostalgia. Algo relacionado con el futuro y el pasado, como si sus sentimientos tuvieran la fuerza necesaria para modificarlos. Solo que no era así.
Ella no pertenecía a nada tan guay como una manada.