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Remi

Cada manada recibió dones de distintos espíritus. ¿Cuál es el de los pumas, preguntáis? Se dice que en la superficie pedregosa que recubre su corazón hay un único nombre tallado desde el mismo instante en que vienen al mundo.

D EMIEN N OCHEALBA , espiritista promorfo

Me encontré con Fabian en la azotea del Fred Meyer.

El hipermercado se situaba justo frente al estudio de baile, con una carretera de dos carriles de por medio.

Todavía quedaba algo de luz, así que había gente paseando a sus perros, estudiantes regresando a casa desde el campus y luces cálidas vertiéndose desde las cafeterías y librerías.

Corvallis era tranquilo, acogedor y tendía a dormirse temprano.

Me coloqué junto a Fabian. Mi guardián, en forma humana para variar, tenía la cadera apoyada contra el muro bajo que delimitaba la azotea del hipermercado.

Llevaba unos meses con el cabello un poco más largo de lo normal, con mechones rosados cayéndole en las sienes y rozándole la parte alta de las orejas.

Seguía manteniendo el tinte a pesar de que hacía más de un año que había prescrito la apuesta que había perdido contra Juniper.

Incluso se lo había retocado, o sus raíces rubias ya estarían asomando.

Juniper lo pinchaba para que admitiera que le gustaba el color y que debería estarle agradecida porque, gracias a eso, las chicas se le acercaban más.

Yo estaba seguro de que Fabian no necesitaba teñirse para tener a quien deseara.

Era un encantador en todo el sentido de la palabra.

Estaba en su naturaleza gustar, conquistar y agasajar.

No conocía a una sola exnovia o rollete que le tuviera rencor.

En la manada lo llamábamos Golden Boy, tanto por su habilidad para gustar sin esfuerzo como por el tono casi metalizado de su pelaje.

Los dos aros en su labio inferior brillaron cuando se giró hacia mí. Cabeceó a modo de saludo.

—Sigue ahí. Sola.

Escruté los ventanales parcialmente tapiados del Hana Atelier y la mancha de óxido donde había estado el cartel sobre las amplias puertas de entrada.

Los setos de la entrada habían crecido demasiado por el descuido y había folletos, periódicos y hojas secas acumulados donde en su día hubo un felpudo.

—¿No se ha movido desde las nueve de la mañana?

—Nop.

Había estado recibiendo actualizaciones sobre ella todo el día. Si hubiera podido, habría hecho la vigilancia yo mismo.

Pero a Cindera Dunn, nuestra portavoz y la directora de operaciones de TerraLoom, le pareció el día perfecto para llamarme y comunicarme que el proyecto de las viviendas sostenibles en Florence se había paralizado por el descubrimiento de un antiguo refugio para cambiaformas que colapsó y quedó sellado bajo toneladas de piedra.

Cindera estimaba que podía ser de los años treinta tranquilamente y que teníamos que desviar las obras para respetar los restos y estudiarlos.

Con todas las pérdidas, retrasos y protestas de nuestros clientes que conllevaría.

A veces me preguntaba cómo había gestionado mi madre toda la realidad de liderar una manada como los Colmilloscuro.

Por suerte, Micah y Willard se habían ofrecido a hacerse cargo del asunto.

Micah aprovechaba cualquier oportunidad para poner en práctica su carrera de arquitectura, y Willard era un reputado capataz con muchos años de experiencia a sus espaldas.

Mientras todo se resolvía, Fabian me había mantenido al tanto de lo que realmente me importaba: la cita con la extraña humana. La había tenido en la cabeza todo el día y el jaguar se había ido molestando hora tras hora, rascando la superficie con sus garras.

—Ha sido lista llegando mucho antes para que no podamos pillarla por sorpresa —murmuré. Consulté el reloj. Todavía quedaba más de media hora, joder.

Fabian se mordisqueó uno de los piercings .

—No sé, parece que realmente trabaja duro ahí dentro. Todas las veces que me he acercado estaba ensayando. Solo ha entrado un repartidor del Clodfelter’s sobre las tres y parecía que no era la primera vez. Nachos y aros de cebolla. Una dieta de mierda para una bailarina, si me preguntas.

Entrecerré los ojos. Mucho esfuerzo físico y poca comida. Eso me sonaba a autocastigo.

—Jun ha investigado el lugar, me llamó hace un rato —continuó Fabian—. Lleva muchísimo tiempo clausurado, pero los contadores de luz están en funcionamiento y la alarma se desactiva y se activa casi a diario. La fundadora, Kanon Minagawa, falleció poco antes del cierre.

—Pues quienquiera que sea esa chica debe tener permiso para usar las instalaciones. ¿Tiene algún vínculo con Minagawa?

—Como no conocemos su identidad real, no lo sabemos.

Le habría sacado una foto para que Juniper lo averiguara, pero, como digo, llegó antes que yo y no ha salido de ahí en todo el día.

La dueña del estudio emigró desde Japón muy joven, dejando a toda su familia atrás; nunca se casó ni tuvo hijos.

—Fabian hizo una pausa—. ¿Vas a dejar que te ponga una cámara en la camiseta para grabar vuestro encuentro?

—No.

No supe bien por qué me había negado. Solo quería que lo que sucediera entre aquellas paredes quedara entre la chica y yo. Fuera quien fuera.

Fabian exhaló un suspiro.

—Lo suponía. Hazme un favor y no te dejes engañar por una cara bonita ni una historia conmovedora.

Ah, eso significaba que Micah ya había estado abriendo su bocaza y le había contado a Fabian (y probablemente a Juniper) mi extraño comportamiento con la chica dentro del taxi.

Era parte de ser alfa y estar rodeado de guardianes neuróticos y comprometidos hasta la médula en mi protección: no tenía puta intimidad.

—Mira quién fue a hablar.

—Necesitamos saber quién es y por qué parece conocer a Summer. Si es una amenaza...

—Ya lo sé —lo corté.

Sabía cuál era el protocolo de los Colmilloscuro ante las amenazas. Lo había ejecutado muchas veces.

—¿Puntos débiles?

—El techo. Los humanos nunca esperan ataques desde arriba. —Fabian esbozó una sonrisa pícara—. Pero todavía no es la hora.

Al jaguar y a mí ya nos daba completamente igual. Me subí al borde de la azotea, justo encima del callejón por donde entraban las mercancías.

—No quiero hacerla esperar más, seguro que está deseosa de marcharse a su casa.

Me lancé al vacío antes de que Fabian pudiera responder.