24. Airos
AIROS
Jackson dormita en silencio con nuestro huevo bien resguardado contra su pecho y la mejilla adorablemente apoyada en la cáscara. Pasó la última hora peleando contra el sueño, insistiendo en que todavía no necesitaba dormir.
—¿Qué te dije? —susurro mientras le beso el cabello.
Él murmura algo, luego hunde la cara en el huevo y lo abraza con más fuerza. Su color destella en respuesta. Lo toco con la palma de la mano. Qué calor.
Me sacude el asombro de este momento. Estoy aquí, de vuelta en Tassos, junto a mi amado compañero y nuestro hijo. Jamás habría podido imaginar que algo así pudiera ocurrir hace tan poco tiempo. Mis juramentos, todos rotos. El destino nunca tolera que lo dejen fuera de los planes.
Ahora me enfrento a una última oportunidad de pagar por lo que causé aquí.
Este es un voto que no puedo romper, no sin condenarme a mí mismo.
Sigo teniendo la intención de hacer las cosas bien con la gente de aquí, aun con todo lo que tengo delante de mí.
Porque ese es el alfa que soy. Y ese es el padre que debo ser.
Me quedo sentado un rato escuchando el suave sonido de la respiración de Jackson.
Me tomo el tiempo de admirarlo. Nunca me dejaría mirarlo así estando despierto.
Me encantan sus pequeños arrebatos de ira.
Lo mucho que se esfuerza por disimular cuando mi afecto lo desconcierta.
Recuerdo cuando lo vi por primera vez, cuando Tyler peleó con él y lo redujo en el bosque.
Era como un animal salvaje. Los ojos desbocados.
La totalidad de la biblioteca de Gnosis no podría haberme preparado para lo que sentí en ese momento. Nunca había visto un omega como él.
—Perdona la intromisión. —Tideus entra a la habitación apoyándose en el bastón que le indiqué que usara hasta que sus músculos se recuperaran por completo. —Ah. Vuelvo más tarde —dice al ver a Jackson.
—No, estoy despierto —anuncia Jackson con voz adormilada. Se incorpora. —Mierda. Mira quién volvió del más allá.
—Gracias a ti, según me dijeron.
—No fui yo. Eso fue todo Airos.
—Por tu convencimiento. Pero le debemos mucho —dice Tideus.
—¿Nosotros? —dice una voz desde la entrada.
Lukos se recuesta contra el marco de la puerta con una bata sobre los hombros. Gotas de sudor le puntean la pálida frente.
—No deberías estar caminando —le dice Tideus.
—Tú tampoco —responde Lukos, antes de dirigirse a Jackson. —Me dijeron que alguien tuvo a su bebé. Pero creo que puede que se lo hayan cambiado por un huevo. Es una visión inusual, debo decir.
—¿En serio fue un chiste? —dice Jackson. —¿Y saben qué? —Alza el huevo. —Esto es lo que a ustedes dos les espera eventualmente.
Lukos se aclara la garganta y desvía la mirada.
El rostro de Tideus se enrojece y rápidamente cambia el tema. —Como decía… Sí. Le debemos una. ¿A menos que la petrificación y la eventual muerte de tu segundo al mando fuera un desenlace más preferible?
Lukos pasa junto a Tideus sin decir nada y viene directo hacia mí, desprendiéndose de repente del efecto debilitado de un hombre que se recupera de la pérdida de un miembro. Para ser un alfa humano, tiene una cantidad pasmosa de vitalidad.
Se detiene a apenas el largo de una hoja frente a mí, con fuego ardiendo en los ojos.
—Todavía tenemos asuntos pendientes —dice.
—No lo he olvidado —respondo. —Pero me incomoda tu condición actual.
—Creo que ahora quizás tendrías una oportunidad real contra mí. Parece que los Dioses te han favorecido. Pero mi… —Se detiene y sopesa sus palabras. —Mi segundo al mando tiene razón, por más que me cueste admitirlo. Te debo una.
No quiero que nadie me deba nada. Ni siento que lo que hice salda la deuda de mi pasado.
—Lukos…
Él me detiene. —Cuando todos hayamos tenido oportunidad de descansar, iremos a las ruinas de Lestikos. Ahí es donde lo resolveremos.
—Lestikos —digo en señal de acuerdo.