Fénix Destinado (Los Guardianes Fénix nº 5) 23. Jackson
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23. Jackson

JACKSON

Jamás en mi vida había sentido un dolor como este. Ni siquiera aquella vez que tuve que arrancarme de la pierna astillas enormes de un árbol destrozado por una bomba. Que te disparen es como una cosquillita amistosa comparado con esto.

De vuelta en el asentamiento, los sanadores se llevan a Lukos de inmediato.

—No te preocupes —le digo a Airos—. Aquí tengo a Tyler y a Dryche para ayudarme.

—Eh, sí —dice Tyler, evidentemente sin estar preparado para que lo llamaran a cumplir funciones de partera—. Ya lo hice antes. Sin problema.

Airos me besa y luego se va con los asistentes omega. Solo quedamos Tyler, Dryche y Kalistratos en el cuarto conmigo.

—Eh, ¿qué puedo hacer para ayudar? —pregunta Kalistratos con torpeza.

—Puedes irte —dice Dryche con su tono directo de siempre—. Esta es una casa omega, y a menos que tengas conocimientos de las artes curativas, tu presencia aquí no es necesaria.

—Voy a esperar afuera —dice, y desaparece en un abrir y cerrar de ojos.

Tyler y Dryche me ayudan a cambiarme de ropa y quedarme solo con un quitón corto, luego me llevan a un banco de madera en forma de medialuna que parece una mezcla entre equipo de gimnasio de CrossFit y un aparato de tortura medieval.

Me aferro a sus brazos y me pongo en cuclillas sobre la abertura.

En el momento en que adopto esa posición, algo se mueve con fuerza dentro de mí.

Doy un grito de dolor. Se siente como si una bola de boliche estuviera abriéndose camino hacia afuera.

Supongo que no está tan lejos de la realidad.

—¡Mierda! ¡Por Dios! —grito.

—¿Hay algo más que debamos preparar? —le pregunta Dryche a Tyler.

—¿Por qué me preguntas a mí?

—Dijiste que ya habías hecho esto antes.

Tyler le muestra a Eggy. —Sí, empujé a este monstruo fuera de mí. Eso es todo lo que tengo de experiencia. Creí que tú sabías qué hacer.

—Es que nunca he asistido a un Phoenikos antes —dice Dryche.

—¡Hagan algo! —grito—. ¡Mierda!

—Eh… eh… ¡Incienso! —exclama Tyler—. Tenían un incienso especial.

—¿Incienso especial? Que Dios me ayude.

Quiero que Airos vuelva a mi lado. Estoy luchando por mantenerme fuerte y resistir la tentación de llamarlo, pero esto sería mucho más fácil con él aquí.

Eres un puto guerrero, me recuerdo a mí mismo. Puedes con esto.

—Sigue mi respiración —dice Tyler, agachándose frente a mí—. Mírame. Inhala… exhala. Lo estás haciendo increíble. Mucho mejor que yo. Inhala… exhala.

Logro esbozar una sonrisa entre algunas respiraciones entrecortadas. —¿Dijiste… que una manualidad ayudaba?

—La verdad es que sí ayudó —dice Tyler.

—¿Lo harías por un amigo?

Se lo ve sorprendido. —¿En serio?

—Te estoy jodiendo —digo, riéndome mientras las lágrimas me corren por la cara.

El delirio me va ganando terreno. Siento que me voy a partir en dos.

—Puja —me urge Dryche—. Creo que ya viene. Sigue pujando.

Estoy pujando con todas mis fuerzas, maldita sea, y se siente como que casi está, como si estuviera pateando la dichosa puerta pero negándose a cruzarla. ¡Cabeza dura de porquería!

Siento que pasan horas. Quizás solo han sido diez minutos. Estoy luchando por mi vida. Entonces Airos regresa por fin, y es como si pudiera volver a respirar.

—Va a sobrevivir —dice, agachándose frente a mí.

—¿Cuál de los dos? —pregunto.

—Los dos. —Toma un paño húmedo y me limpia la frente—. Espero que no hayas estado aguantando por mí.

—Para nada. —Las palabras me salen guturales y tensas. Sueno como si necesitara un exorcista.

Pero quizás sí lo estaba esperando sin saberlo siquiera. Todo se siente más liviano. Es como si me acabaran de dar unas drogas muy buenas y empezaran a hacer efecto ahora. Es la combinación más alucinante de un dolor devastador y una euforia total.

Tyler y Dryche se hacen a un lado del cuarto para darle espacio a Airos de guiarme hasta la línea de llegada. Solo estamos nosotros dos.

Me ofrece las manos. Probablemente las estoy apretando con suficiente fuerza para romperle los huesos, pero él ni siquiera se inmuta. Sus ojos arden como brasas en el viento. Me concentro en ellos y pujo. Lo doy todo.

—Ya lo veo —dice—. Casi estás. Solo un poco más, Jackson.

Doy un grito que suena completamente ajeno a mis oídos.

Por un momento, me observo desde fuera de mi propio cuerpo.

En carne viva. Real. Despojado de cada limitación y cada miedo que me impidió vivir como yo mismo.

Esto soy yo con el hombre en quien confío con mi vida.

Esto es en lo que siempre desesperadamente esperé convertirme en algún rincón de mi mente, cuando era un hombre en el clóset, furioso, aterrado, viviendo una vida que odiaba.

Un hombre que quedó atrás hace mucho. Buena mierda que se fue.

Amo lo que estoy descubriendo. Y amo al hombre que me tendió la mano y me ayudó a encontrar este camino.

Airos se vuelve hacia los demás y grita: —¡Tyler, voy a necesitar tu ayuda!

Todo se vuelve blanco. Cuando vuelvo en mí, estoy desplomado hacia adelante en los brazos de Airos. Con cuidado me da vuelta y me recuesta en el nido de heno y mantas dispuesto cerca.

—El agua caliente —ordena Airos.

Tyler y Dryche se agachan sobre una palangana con agua, pero tengo la visión borrosa y no puedo ver lo que hacen.

—¿Ya salió? —pregunto.

—Sí —dice Airos.

Hay algo en su voz. ¿Qué le preocupa?

—¿Qué pasó? ¿Qué está pasando?

—¿Airos? —dice Tyler—. ¿Ahora qué?

—Tráelo.

—¿Airos? —digo. Me esfuerzo mucho por no perder la cabeza del todo—. ¿Qué pasa?

—El huevo fue entregado sin problema. Sin grietas, sin roturas —dice—. Pero…

Cuando Tyler pone la palangana de agua humeante a nuestro lado, veo el huevo posado justo bajo la superficie. Su cáscara no tiene el brillo luminoso y opalescente que tiene el de Tyler. Es de un gris pálido.

Sin vida.

Saco el huevo del agua y lo aprieto con fuerza contra mi cuerpo. —No, no, no.

Airos nos envuelve con sus brazos. —Concéntrate —me susurra—. No es demasiado tarde.

Al principio, no entiendo lo que me está diciendo.

Mi cabeza está inundada de endorfinas y adrenalina, y lo único en lo que puedo pensar es en ese momento en la cueva.

Esa maldita sensación terrible de sentir cómo me vaciaban el poder del cuerpo y del bebé que llevaba dentro.

La posibilidad de que yo dejé que esto ocurriera.

—No es demasiado tarde —dice de nuevo, hablando despacio, apoyando su frente contra la mía—. Puedes conectarte con su poder. Concéntrate. Siéntelo. Ya sabes cómo hacerlo.

Su energía serena me jala de vuelta desde el borde. Presiono mi mejilla contra el huevo y cierro los ojos. La cáscara está fría a pesar del calor del agua, como una piedra de río. Me adentro en la oscuridad buscando el río de energía que conecta a este bebé conmigo.

Llevamos tanto tiempo esperando conocerte, pienso. No voy a dejarte ir. Tienes que luchar.

En mi mente, percibo un diminuto destello de calor, como la llama vacilante de una vela. Lo tomo entre mis manos y lo sostengo con cuidado contra mi pecho.

Eres fuerte, ¿verdad? Eres muy fuerte. No te vas a rendir.

La llama crece. Puedo sentir la voluntad de sobrevivir de mi bebé. Es un puto luchador, eso está claro.

Vamos.

Me vuelco entero en la llama, animándolo con todo el apoyo que puedo reunir. Y entonces siento también a Airos. Su poder se mezcla con el mío, y juntos tomamos a nuestro bebé y lo empujamos hacia la luz.

Un calor florece contra mi mejilla y abro los ojos.

El huevo resplandece con colores, como la piedra preciosa más hermosa que jamás haya visto.

Tyler salta de arriba abajo, agitando el puño en el aire y gritando como un mono enloquecido.

Dryche llora. Airos sonríe y me besa en la sien. Todo lo que puedo hacer es reír.

Jamás en mi vida me sentí tan increíblemente feliz. Ni tan agotado, maldita sea.