Fatale, fatal (Operación Femme Fatale nº 2) 19 #2
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Yo me encontraba bastante bien y no sabía hasta cuando permanecería allí, pero los médicos me decían que al tratarse de un embarazo, ya por sí mismo de riesgo, por mi edad (qué horror, ¿no decían que los 40 eran los nuevos 30?)

, imaginaos en el caso de un embarazo múltiple, todavía más riesgoso.

James venía todos los días, y seguíamos sin saber nada de Isaac. Qué raro, ¿no os parece?, ¿le habrá pasado algo?, todavía no sabe si los niños son suyos. ¿O habrá renunciado a ellos por no poder estar conmigo?, la verdad es que no lo creo, pero bueno, yo que sé.

Había conseguido un ordenador, y pese a estar de baja, le pedí a mi jefe poder monitorizar el trabajo en la sombra, para al menos saber cómo iban las cosas y que a mi vuelta, porque algún día digo yo que volveré,

no me pegase una súper torta de millones de emails por revisar para enterarme de lo que había pasado en mi ausencia.

Como os dije mi equipo era estupendo y sabían perfectamente cómo hacerlo, he estado revisando un poco por encima las cosas, pero todo está bajo control.

Emma me dice que en cuanto de a luz, me olvidaré hasta de la clave de acceso a mi ordenador…, me cuesta creerlo, pero nunca he sido madre, ya os lo contaré.

En uno de estos largos días, recibí una llamada de Elías, ¿os acordáis?

, seguía igual de tristón que la última vez que lo vi, en plena “operación”, ya sabéis.

Me llamaba para ver cómo estaba pero sobre todo me hizo gracia lo insistente que se puso por saber si cabía la posibilidad de que él fuera el padre de mi hijo, no quise ni contarle que eran dos.

Me daba la sensación de que se quería agarrar a un clavo ardiendo con tal de salir de su vida, pobrecito, con lo majo que era.

Pero yo no podía sucumbir a la pena o al cariño, en este caso no podía ayudarle, los hijos no eran suyos, eso era verdad, y tampoco estaba libre como para ocupar su vida.

Podía ser una amiga, en la distancia, pero sus problemas debería resolverlos de otro modo. Y cuanto antes saliera al mundo mejor.

Otro día recibí una, esta sí que totalmente inesperada, visita de Miki.

¿Qué hacía aquí?, vivía a cientos de kilómetros de mi ciudad.

Cuando lo vi entrar por la puerta y vi su cara y cómo caían sus lágrimas por sus mejillas sabía que algo fuera de lo normal estaba pasando, ese llanto que brotaba a toda prisa no era causado por la alegría de verme bien, algo más tenía que haber detrás.

Se abalanzó sobre mía llorando como una magdalena, y tuve que pedir a las chicas que estaban conmigo que nos dejasen solos un momento.

​-​ ¿qué está pasando Miki?, ¿qué tienes?, y ¿qué haces aquí?

​-​ ¡Tenía tantas ganas de verte!

​-​ Venga, en serio, ¿qué ha pasado?, que te conozco de toda la vida. Algo grave ha pasado.

​-​ Ves, por qué quería verte, me conoces tanto que sabes lo que me pasa solo con verme respirar.

​-​ Más bien, no respirar, porque te va a dar algo, Miki, me estás preocupando. Toma asiento, respira, bebe un poco de agua y empecemos por el principio.

​-​ ¿Qué haces aquí?

​-​ He venido a verte, me enteré de que saliste del coma y necesitaba comprobar que estabas bien.

​-​ Inténtalo de nuevo, me lo creo en parte, pero sé que no estás aquí por eso. ¿Tenías trabajo en la ciudad?, porque ¿qué haces tan lejos de tu casa?

​-​ ¿Mi casa?, ya no tengo casa.

En ese momento empezó a llorar todavía más intensamente. Me estaba derrumbando por dentro, Miki era muy sensible pero nunca lo había visto así.

​-​ ¿Cómo que ya no tienes casa?, ¿Te han despedido?, ¿ha habido un incendio?, ¿tu mujer te ha echado?, ¿puedes ser más concreto? —solté como una ametralladora mientras le acariciaba el pelo para intentar calmarlo.

​-​ Ojalá algo de todo eso, o incluso todo junto me hubiera pasado. Estoy destrozado.

​-​ No hace falta que lo jures. Conseguí romperle el ritmo y sacarle una media sonrisa inesperada. —Cuéntame anda, ¿qué pasa?—

​-​ Estoy solo. Solo para siempre.

​-​ ¿Cómo que estás solo?

​-​ ¿Recuerdas que te dije que estaba casado y que teníamos un hijo?

​-​ Sí, me enseñaste su foto, una monada.

​-​ Pues bien, hace unos días cuando iban al cole por la mañana como todos los días, un kamikaze en dirección contraria se abalanzó sobre ellos.

El choque fue tan brutal y había tan poca luz a esas horas tempranas que nadie pudo salir de los vehículos, todos murieron en el acto.

Solo de pensarlo me muero por dentro. No pude hacer nada, ni despedirme para siempre de ellos.

Os lo estoy resumiendo pero la narración fue tan cruda, que todavía estoy intentando digerir el momento.

¿Qué se podía decir ante tal tragedia? Me limité a abrazarlo y a llorar con él porque no me salían las palabras.

Él sí que no se merecía eso. Era una persona tan excepcional y buena gente que no podía creer que algo tan cruel le hubiera sucedido.

​-​ Por eso estoy aquí, al enterarme de que habías vuelto del coma, te tenía que ver. Te lo tenía que contar como en los viejos tiempos en los que tenías solución para todos nuestros problemas.

(Como veis las noticias vuelan, no se quien actualiza mi vida a todo el mundo de manera tan excepcional). Perdón por el inciso.

​-​ Esto, comparado con aquello, requiere de un doctorado por lo menos Miki, no me compares.

​-​ Además No puedo perder a más personas importantes para mí, y ahora tú eres la más importante.

​-​ No exageres.

​-​ Sí, lo eres, en cuanto sucedió la tragedia, lo primero que hice es coger el móvil para llamarte y fue cuando caí en que no me podías responder porque tú también estabas entre la vida y la muerte. Por suerte has vuelto.

​-​ No exageremos, lo mío ha sido un susto, pero estoy bien.

​-​ No quiero perderte a ti también.

​-​ No me vas a perder.

​-​ Te necesito.

Y ahora ¿qué hacemos con esto? Me da una penita. Miki es cierto que estaba solo. Perdió a sus padres cuando todavía era un crío y siempre vivió con su abuela, que pobrecita ya falleció de vieja hace un tiempo.

​-​ ¿Qué vas a hacer?

​-​ Esperaba que tú me lo dijeras, como siempre hacías. Gracias a ti llegué tan lejos.

​-​ Miki, no es lo mismo hablamos de trabajo y esto es la vida con mayúsculas.

​-​ ¿A quién se lo voy a preguntar?, nadie me conoce como tú.

​-​ Ya, pero no sé si mis consejos, ante estas circunstancias, estarían a la altura.

En ese momento, me tocó la barriguita y saltó de la cama como un resorte.

​-​ ¡Ala!, que casi se me olvida. ¿sabes que sería un padre perfecto, verdad?

​-​ Jajajaja, serías el mejor. Le solté de manera inconsciente al ver al Miki de siempre con esos ojos de picarón.

​-​ Pues no se hable más, me quedo contigo, quizás es mío.

​-​ No, no lo son.

​-​ ¿Son?, ¿Hay más de uno?

​-​ Sí, pero igualmente no lo son.

​-​ No importa, lo serán en cuanto salgan por ese agujerito.

Y nos empezamos a reír tontamente sin valorar lo que estábamos diciendo.

​-​ Creo que podría pedir un traslado en mi empresa y venirme aquí sin problema.

​-​ Miki, no estás en serio ¿verdad?

​-​ Totalmente.

​-​ Sabes que no puede ser. Estoy comprometida.

​-​ ¿Con quién?, ¿y como lo has hecho estando en coma?

​-​ Jajajaja, no seas bobo, ya lo estaba antes del accidente.

​-​ ¿y no lo puedes dejar?

​-​ ¿A James?

​-​ ¿Cómo que a James?, ¿al James que yo conozco, que estudió en nuestra facultad y que era vecino de Juanma?, ¿ese James?

​-​ Sí, ese James.

​-​ Uy, uy, uy, esto me lo tienes que contar en detalle. ¿no estará con él por pena, después de lo que le pasó?

​-​ Veo que Miki ha vuelto a resurgir de sus cenizas.

​-​ Me acabo de quedar loco, pero si James no vive aquí y lleva mil años viviendo solo como un peregrino con puerto fijo.

​-​ Eso es, pero es otro que ha decidido cambiar de puerto fijo y tener dos puertos para estar conmigo.

​-​ ¿Cuándo ha sido?, ¿estamos a tiempo de que recule?, ¿y va a dejar ese palacete tan impresionante que tiene en pleno centro?, me encanta esa casa.

​-​ Ya, es preciosa, pero a tu primera pregunta te diré que hombre, entiendo que no, estamos prometidos, no lo veo con ganas de recular.

​-​ ¡Joder con el James!, esto sí que no me lo esperaba. ¿no lo puedes dejar por mí?, está claro que es un pibón, y si buscamos pelea pierdo seguro, con esa espalda un remo suyo me tumba al instante, pero bueno, yo tampoco estoy nada mal. ¡Qué cabrón!

​-​ Miki, no seas tonto.

​-​ Es que encima no le podría ni descubrir una amante, lleva años solo, solo. Pues en qué momento dio contigo, qué oportuno el tío, claro, es un pibón, no sé cómo ha estado solo tanto tiempo. ¿y qué hacemos?

​-​ ¿Cómo que qué hacemos?

​-​ Yo te necesito. Quiero estar cerca de ti para siempre.

​-​ Pues vente a vivir aquí, pero como amigos, ya sabes que me voy a casar, no te puedo ofrecer otra cosa que no sea nuestra gran amistad.

​-​ Bueno, aunque ese no era mi plan inicial, te necesito cerca, y nunca se sabe, igual James acostumbrado a tanta soledad se cansa antes de lo previsto y aquí estaré yo para ti.

​-​ Miki, no seas cenizo, eso no va a pasar.

​-​ Ya lo veremos, como solemos decirnos, ambos sabemos que “Tenía que pasar”, ¿no?

​-​ No me vuelvas loca por favor.

​-​ Bueno, yo voy a seguir con mi plan. En nada me tienes por aquí. Solo un ratito contigo y se me ha quitado mi malestar general que me acompañaba desde hace muchos días. Si lo sabía, que te tengo que tener cerca.

Pobrecito, no sabía ni que decirle. Yo lo entiendo, pero esto no es como cuando estábamos en la universidad, que teníamos la vida por delante y podíamos tomar mil decisiones locas o arriesgadas porque el mundo estaba a nuestros pies.

Justamente, y él era el mejor testigo, ahora el tiempo pasa más rápido y nada es para siempre.

Me escucho y parezco una madre, bueno estoy a punto de serlo, esto de las hormonas es una pasada, qué rápido nos transforman.

Me alegra que su sentimiento hacia mí sea igual de fuerte que antaño, y crea que soy su salvadora, pero yo tengo ahora mismo una mochila enorme en la que no se si me va a caber algo más, o alguien más.

¿Os lo imagináis?, James, y Miki en la misma ciudad, y Miki deseando que James tire la toalla, madre mía, menudo panorama.