18 #2
- ¡Greta! —gritamos todos y empezamos a reír.
Se fueron cuando recuperamos el aliento.
Emma bajó a por su cena y yo me di una breve ducha.
Necesitaba respirar y limpiar mis poros.
Había sido un día muy intenso y todavía me sentía un poco perdida, lo cual era un estado nada cómodo para mí, ya sabéis, soy la reina del control, bueno, lo era, antes de todo esto.
Dormí como un bebé. Y Emma también.
La mañana fue más o menos llevadera con los controles rutinarios de los médicos y enfermeras.
Todavía me sentía un poco débil y me costaba algo andar, pero como me decían las enfermeras, con un poco de fisio y caminando un poquito más cada día, en nada saldría corriendo por la puerta.
Bueno eso es lo que ellas me decían, ya os lo contaré, de momento, pasito a paso que además me siento más pesada y llevo dos vidas dentro, es raro, Me tengo que acostumbrar.
Como muy bien había planificado Greta, los primeros en llegar fueron los integrantes de mi equipo.
Día de la empresa: Más monos. Me habían echado muchísimo de menos.
Son unos exagerados, sé perfectamente que sin mí el barco sigue remando, y más les vale porque teniendo en cuenta la que se avecina con mi multi bombo, creo que estaré un poco ausente en unos meses.
Me escucho y no me reconozco, hace un tiempo, decir esto, sería sacrilegio para mí, pero ahora es como que mi mente está enfocada hacia mi vientre, es lo primero en mi lista de prioridades.
Mi jefe también hizo acto de presencia, en su línea, siempre con sus auriculares puestos y atendiendo alguna llamada, su visita fue relámpago, se quedó tranquilo al ver que estaba enterita, me dio un beso en la frente, unas palmaditas en el hombro y salió por la puerta como siempre suele hacer.
Me alegraba ver que todo seguía igual, y que no se lo habían tomado muy mal, aunque por otro lado, más les valía, me podía haber muerto, y justo en la puerta de la oficina.
Ahora que lo pienso, creo que se trata de un accidente laboral, lo tendré que ver con mi abogado.
Como os digo, ahora voy a ser madre, hay que estar muy pendiente de cualquier cosa de estas, además, para eso tenemos una súper póliza de seguros en la empresa. (parezco Greta)
Casi a la hora de comer hizo acto de presencia el portero de la empresa, Felipe.
Pobrecito, traía una cara de compungido, que casi le ofrezco la cama al verlo.
Se echó a llorar al verme y se lanzó a mis brazos, por suerte Emma lo frenó un poco para que no saltase sobre la cama y la cosa no pasó de un abracito tierno y muy apretado.
Me traía una caja de bombones enorme con forma de corazón, Qué monada, y por otro lado, un poco exagerado.
Ya os comenté que tenía demasiadas atenciones siempre conmigo, a ver si se trataba de un amor platónico…
Estábamos catando los bombones, un poco a escondidas de las enfermeras por si no me dejaban, cuando James hizo acto de presencia.
- Bueno, bueno, veo que se me han adelantado. Qué mimada te tienen. Justo quería traerte algo dulce pero necesitaba que me chivasen tus preferencias.
- James, te presento a Felipe, es el portero de la oficina.
- Y viejo amigo, no lo olvide.
- Por supuesto Felipe, qué haría yo sin ti.
- James es mi prometido.
La cara de Felipe se volvió gris.
- ¿Prometido?, ah ya me parecía. Semejante ramo de flores.
- ¿Flores?
- Sí las que le enviaron el día del accidente.
- ¡Ja, ja, ja, ja!, sí las flores, ¿no te acuerdas?, te las mandamos nosotros a la oficina cuando nos enteramos de la noticia, secreta todavía por aquel entonces, ya sabes—
Emma estuvo súper rápida. Y se lo agradezco porque si Felipe seguía enfatizando y diciendo lo enorme que era aquel ramo de flores a James se le iba a cruzar la ceja.
Además estuvo muy aguda con lo de “la noticia”, a Felipe le pareció que se refería al compromiso, mientras que a James le pareció que hablaba de la futura maternidad, por lo que todo se saldó de una manera bastante correcta y sin daños colaterales.
Pobre Emma, se pone tan colorada cuando miente, aunque como es algo que solo los “perris” sabemos, nadie cayó en la cuenta y la mañana pasó según lo previsto sin más sorpresas.
Greta se dejaba caer por las tardes. Dejaba a los niños en sus actividades extraescolares y venía a verme. Casi se cae de culo cuando le contamos (en un ratito que James salió a hablar por teléfono), la visita de Felipe y el incidente de las flores.
- Bravo Emma, yo no lo hubiera hecho mejor. Somos un equipazo.
Qué graciosa es.
Toda la semana fue relativamente agradable, Greta lo tenía todo controlado.
Día de la familia: ya os imagináis la alegría, previa bronca por no haber contado nada de la gravedad del accidente, pero una alegría enorme al conocer a James y saber que su hija iba a ser al fin mamá.
Mi madre no lo decía, pero nunca había perdido la esperanza, como mi padre, que lo decía abiertamente, no confiaba en ser abuelo para nada, y mucho menos llevar a la ejecutiva agresiva de su hija al altar.
(uy, de eso no hemos hablado James y yo, pero espero que no tenga ningún problema de casarse por la iglesia como yo deseo).
Decidimos, informando a James primero para que no metiera la pata con la ilusión del momento, no decir nada por ahora de mi maternidad y sus futuros nietos, hasta que yo me aclarase y decidiese que hacer con la paternidad.
Por supuesto a James no se lo dijimos así, sino que eran demasiadas emociones juntas y que mis padres estaban mayores, además sabiendo el notición y la alegría que les íbamos a dar, valía la pena ir dosificando las buenas noticias, además ellos ya no leían la prensa y no habían escuchado nada.
Día de los vecinos: Me hizo tanta ilusión ver a Pepe, mi portero preferido, que nunca sale de su puesto de trabajo ni deja desatendida su finca, que casi se me saltan las lágrimas.
Es tan adorable. Vino a primerísima hora, ya que como os decía, es súper responsable y no deja nunca el edificio, pero al parecer ha dejado a su cuñado cubriéndole hasta que llegue por si hay alguna urgencia, que encanto, una urgencia, si casi ni ha salido el sol.
Me trajo también unos bombones, mis preferidos, tantos años, que no se le escapa un detalle.
Una caja enorme de Ferrero Rocher, los de Ambrosio, de los que hablamos en la burbuja, y que tendré que dosificar porque como los empiece no paro.
Y a modo de secreto oculto, porque pensaba que no se podía traer flores, se abrió la solapa y sacó una rosa preciosa, cortada del jardín comunitario, se puede ser más mono.
Ya os comenté hace un tiempo que como el despliegue de envíos había sido tan enorme, el hospital hizo un poco la vista gorda con mis flores, así que mi cuarto era un jardín precioso.
Pepe, que me conoce tanto y como os digo no se le escapa una, me dijo que brillaba más que nunca y que estaba deseando ver corretear a mi chiquitín. Claro, no sabe que serán dos, a lo mejor no le hace tanta gracia cuando no pueda darles caza estropeando el jardín.
Sorprendentemente también vinieron otros vecinos, le vecina de abajo que es una señora muy entrañable, un poco cotilla, pero muy cariñosa.
El presidente de la comunidad, un poco estirado, pero muy amable, siempre ha sido muy respetuoso con los propietarios, no me lo esperaba, la verdad.
Y el matrimonio del ático, el que os comenté que tenían mellizos, ¿o no os lo comenté?
, ya no lo recuerdo, pero vamos que son majísimos.
Tengo que acordarme de hablar con Mamen, que así se llama la chica, para que me de consejos, que aunque sus hijos ya se van solos, ha tenido que ser durísimo, me acuerdo que eran unos terremotos.
Espero que los míos vengan con menos pilas.
Greta me había organizado hasta un Día de la Prensa, al que por supuesto di plantón y pedí que cancelase. Ya bastaba de repercusión mediática en mi vida. Un reportero muy espabilado intentó cruzar la puerta haciéndose pasar por un mensajero, pero por supuesto mis amigos lo pillaron de lejos.
También hubo un Día de los Amigos, porque además de mis “Perris”, soy una persona bastante social, y entre los amigos del gimnasio, clases, etc., el ajetreo por el hospital, aunque medianamente ordenado era un no parar.
Ya os había comentado, bueno fue Greta quien nos lo contó, que muchos de los integrantes de la Operación Femme Fatale dieron señales de vida mientras yo dormía. Mis amigos se habían encargado pero todavía quedó alguna secuela.
Una tarde, a una hora rara, aparece un pibón uniformado, con gafas de sol por la puerta, por supuesto era Alex. Emma y Greta que estaban conmigo casi se caen de culo, no se acordaban de lo impactante que era.