Fatale, fatal (Operación Femme Fatale nº 2) 9 #2
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Subimos las dos en el ascensor como almas en pena, y cuando abrí la puerta, ambas soltamos el equipaje de golpe y dejamos salir un suspiro de agotamiento como si hubiéramos llegado a la meta tras una durísima maratón.

Se me había olvidado que Rufo no estaba para recibirme, seguía en casa de Greta, así que mañana tenía que acordarme de pasar a por él.

Estaba tan cansada, que casi mejor, porque no estaba para muchos farolillos, y Rufo tiene tanta energía cuando vuelvo de viaje que hoy agradecía la soledad hasta que pudiese cargar un poco las pilas. Eso no quita que esté deseando verlo mañana y será toda una fiesta, pero hoy estoy muerta.

Tras un ratito en el sofá, nos miramos y dijimos a la vez —¿quién se ducha la primera?

Emma solía ser más de ducha mañanera, pero hoy estábamos para el arrastre.

Habíamos perdido tanta energía mental, que casi era peor que hacer un gran esfuerzo físico.

Emma pasó primero mientras yo aproveché para recoger mi bolsa (odio dejar las maletas mucho tiempo sin recoger tras un viaje, necesito que desaparezcan de inmediato), y preparar un tentempié para la cena.

Nada del otro mundo, una ensalada completa de esas con muchos ingredientes y mezcla de sabores y un poco de fruta y yogur.

La ducha me sentó de maravilla, estaba nueva otra vez, y como yo, mientras tanto Emma no se había podido quedar quieta y ya había preparado la mesa para sentarnos a comer en cuanto aparecí por la puerta.

Ella parecía con la cabeza en alguna otra parte, yo creía que era por la distancia y echar de menos a sus hijos, pero tras la cena, me dijo. —Creo que esto se merece un helado, ¿no te parece?

Sabía perfectamente a lo que se refería, esa era nuestra arma secreta, cuando estábamos juntas, todos nuestros problemas o preocupaciones se solucionaban con un helado. Y yo otra cosa no tendré en mi congelador, pero helado jamás falta en mi casa.

Saqué dos tarrinas, una para cada una, la cosa prometía y con una creo que no iba a ser suficiente, Emma de chocolate y yo de caramelo a la sal. Buenísimos cualquiera de los dos, y mezclados ni os cuento.

Tras tomarnos unas cuantas cucharadas, Emma me preguntó,

​-​ ¿En serio tienes claro lo que vas a hacer, me lo puedes volver a explicar bien?, con la tensión del cónclave no se si me ha quedado claro del todo.

​-​ Pero si tú eres fan de James y siempre has estado de acuerdo.

​-​ Ya lo sé, pero quiero escuchar bien el plan, ahora llevas un bebé dentro y esto lo decidiste antes, ¿recuerdas?, analicémoslo una última vez juntas.

Tenía toda la razón, la decisión la tomé antes de tener la plena certeza de que estaba embarazada de verdad y que en mi seno albergaba un bebé, no sabemos de quien y que quizás sea de uno de los dos.

Mi plan inicial era, como ya os he contado, quedar con Isaac esta semana y decirle toda la verdad.

Que antes de su inesperada aparición, tracé un plan a la desesperada para quedarme embarazada de alguien de confianza y la cosa se me fue de las manos.

Sin haberlo planeado, me reencontré con James y surgió la magia, y sin pensarlo siquiera, y en menos de lo que canta un gallo ,me había comprometido.

Este era mi plan inicial, y teniendo en cuenta que él había aparecido por sorpresa, sabiendo que mi vida podía haber dado un giro inesperado, pese a todos sus esfuerzos por informarse y tenerme controlada, lo tenía que entender.

Es cierto que yo pequé, y no quise irme de la vida de libertinaje y soltería sin catarlo de nuevo (cualquiera de vosotras habría hecho lo mismo si se presenta ante vosotros semejante Adonis).

Lo malo es que me acabo de dar cuenta de que el embarazo da otro giro con el que no contaba a todo esto.

Para mí era muy fácil quedarme con mi osito de peluche James y vivir feliz hasta el fin de los tiempos, pero ahora, qué pasaría si el hijo es de Isaac.

La cosa se complica. Si le digo a Isaac que estoy embarazada, va a querer hacerse una prueba de paternidad.

Sabe perfectamente que, por las fechas, podría ser un posible candidato a padre y con lo competitivo y luchador que es, no iba a dejar la cosa así ni de broma.

​-​ ¿Qué hago Emma, con esto no había contado?

​-​ Ves como no era tan fácil la cosa.

Eso estaba claro, pero creo que decírselo se lo tengo que decir, porque es el único que podría entender lo complicado de la situación y que abandonaría el barco discretamente si el hijo no resulta ser suyo.

Bueno, o eso creo, lo malo es si no fuese de ninguno de los dos, que igual se ponen a luchar por mí como dos idiotas y por una posible adopción.

Bueno, no puedo ponerme en lo peor, creo que con Isaac existe esa complicidad que hará que entienda mi operación Femme Fatale.

​-​ Puedo callarme lo del hijo y dejar que se vaya, eso nos ahorraría problemas futuros. Si empiezo en una relación seria con James perfectamente se espera que podamos crear una familia, ¿no?, a nadie la va a sorprender que luego tenga un hijo, ¿tú qué opinas?

​-​ Desde luego esa es la mejor opción para que no se complique el tema, pero sí creo que deberías hacerte una prueba de paternidad, para que si resulta ser de Isaac, puedas tomar una buena decisión y no prives a nadie del regalo de ser padre. Mira todo lo que has hecho para serlo tú.

​-​ Ya, pero te recuerdo que en mi plan el padre no se iba a enterar de ninguna de las maneras.

​-​ Tienes razón, tu plan era macabro total.

​-​ Eso voy a hacer. Sigo manteniendo la idea inicial de contarle todo a Isaac, pero me voy a ahorrar el drama del bebé. Vamos a ver cómo reacciona y si todo se encauza antes de que vuelva James.

​-​ Pese a que sabes que yo no lo haría, creo que es la mejor opción para no liarla más.

​-​ Lo sé, sé que tú nunca lo harías, pero porque tú jamás hubieras trazado tal plan.

​-​ Eso es, solo de pensarlo me vuelvo loca, me da miedo hasta irme de aquí, por lo que se te pueda ocurrir.

​-​ Anda, calla, que con lo que tengo encima ya es suficiente.

Desde luego había montado una muy gorda, pero tras hablarlo con Emma, me quedo más tranquila. Mañana llamaré a Isaac para quedar al día siguiente cuando Emma se haya ido y contarle todo lo sucedido. El tema del bebé me lo guardo y veremos cómo se suceden los acontecimientos.

Me estoy dando cuenta de que debería de estar FELIZ por mi maternidad exprés ,pero de momento tengo tal lío que debo solucionarlo todo, más o menos, para poder ponerme en modo premamá. Dicen que el estrés no es nada bueno para los bebés, así que debo alejarlo de mi vida cuanto antes.

Nos fuimos a la cama un poco más tranquilas, teóricamente, y ambas caímos rendidas, habían sido unos días duros de verdad.

Salté de la cama como un resorte en cuanto sonó el despertador, tenía tantas cosas que hacer hoy. Emma seguía como un tronco, se había puesto su antifaz, pero como tampoco soportaba la luz como yo, en cuanto le levanté un ojo se despertó al instante.

​-​ ¿Lista para una visita el Gine?

​-​ Deseando ver la cara de ese señor, porque lo tuyo ha sido llegar y besar el santo.

Empezamos a reír las dos a carcajadas imaginando la cara del doctor, y ni te cuento la de sus ayudantes, esas sí que iban a flipar.

Nos tomamos un súper desayuno, me despedí de mi portero preferido y salimos a la calle dispuestas a ir cerrando temas, como acordamos.

Qué discreto era Pepe, ni me había preguntado nada, viajo tanto que no le extrañó mi ausencia, y menos mal, porque a él no le podría haber dado la versión de la hospitalización de Emma en Suiza, ya que justamente la tenía a mi lado. ¡Qué alivio!

La clínica no estaba demasiado lejos y decidimos irnos dando un paseo, la ciudad estaba preciosa en esta época del año, y yo odio el metro, por lo que poder caminar bajo la luz del sol era todo un regalo.

Como había sido todo tan repentino, pedí una cita de urgencia, siempre están llenos y es imposible conseguirlo de un día para otro, salvo, como era el caso, que se tratase de una súper urgencia, que mi doctor le daba prioridad y siempre podías conseguir que te atendiese.

En cuanto entramos por la puerta, las dos ayudantes, la recepcionista y la enfermera, sus dos fieles admiradoras (como ya os había contado mi ginecólogo no estaba nada mal, y estas dos se notaba que bebían los vientos por él), me miraron con cara de extrañeza y como de vecina cotilla.

​-​ ¿Qué ha pasado?, tu llamada de ayer nos dejó preocupadas, ya sabes que las urgencias, son eso, urgencias, y hace tan poco que te pasaste por aquí. ¿No me digas que ya estás menopaúsica,? Me suelta la enfermera, menuda arpía.

Emma y yo nos miramos como diciendo, ¿pero de qué va esta tía? Así que decidí ser discreta y no alimentar su cotilleo.

​-​ No hombre no, se trata de una urgencia que me gustaría tratar en privado con el doctor. Gracias.

Nos dirigimos a la sala de espera y dejamos a las dos chismosas con la intriga.

​-​ Hoy me ha tocado la enfermera cotilla, la otra es mucho más discreta, cuando se junta con la de recepción, ya ves, no se les escapa una.

​-​ No te agobies, siendo enfermera al final se terminará enterando, pero ha estado bien, que sufra un ratito, hasta que el doctor la llame si es que la necesita.

Tuvimos que esperar un poco, lo cual era normal, habían tenido que colarme en la apretada agenda del día, por lo que no me importó.

Esa era la tarea principal de hoy. Tenía que asegurarme de que mi bebé estaba bien, e informarme de los pasos a seguir para conseguir saber quién era el padre lo antes posible.

Al rato nos llamaron, por supuesto Emma entró conmigo, quería estar segura de lo que le contaba y sobre todo de lo que me decía el doctor.

​-​ Dichosos los ojos, ¡qué gusto da verte siempre por aquí!

, pero ¿qué ha pasado?, cuando me pasaron tu mensaje me quedé muy preocupado, sobre todo teniendo en cuenta lo que habíamos hablado en nuestra última visita, y una cita urgente no suele ser muy normal en ti, acudes a tus revisiones con una puntualidad británica envidiable,

por lo que espero que no me traigas malas noticias antes de lo ya previsto.