Fatale, fatal (Operación Femme Fatale nº 2) 9
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La comida fue maravillosa, todo estaba delicioso, marisco, rabo de toro, que saben que me encanta, y una tarta de fresas de quitar el hipo. Increíble.

A saber lo que costaba todo aquel manjar, por supuesto no me dejaron investigarlo.

Y sigo con la intriga de cómo esta gente del hotel era capaz de dar semejante servicio que parece extraterrestre y en unos plazos que superan al servicio exprés de UPS.

Totalmente inconcebible, y sobre todo que jamás había oído hablar de este sitio, ¿cómo Greta habría dado con él? De locos.

Después de darnos semejante comilona, teníamos que dejar el hotel. La señorita tan extraña les había hecho una excepción a mis amigos pidiendo un “late check out” especial porque le habían comunicado que acabábamos de saber que yo iba a ser madre. Qué maja.

Pero no os lo perdáis, cuando terminamos de hacer el equipaje, lo cierto es que como sabéis poco teníamos que recoger porque casi habíamos venido con lo puesto, Greta comenzó el protocolo de salida.

Aquí todo estaba robotizado, por lo que hizo los registros pertinentes a través del sistema/pantalla en cuanto todos estuvimos listos.

Al cabo de un rato muy breve, sonó la puerta y nos esperaba nuestro buggy para hacernos la ruta de vuelta a recepción, pero además, nuestro amigo Ambrosio había aparecido también con unas cestita de despedida.

¡Eran cosas para el bebé!, muy fuerte. Un chupete, un biberón, un babero con unos dibujitos muy simpáticos de las burbujas, y un set de comida también con los motivos de las burbujas del hotel.

Menudo detalle. Vamos, como para recomendar este sitio a bombo y platillo.

Cogimos el famoso mando que nos daría acceso al buggy y cerramos para siempre, o al menos de momento, nuestra burbuja que tantas emociones había recogido en estos días de tanta intensidad.

Estábamos todos apesadumbrados, como cuando regresas de vacaciones y te tienes que despedir de esos amigos que ves prácticamente una vez al año, pues igual, teníamos todos una cara de funeral tremenda.

Nos subimos al coche, que como siempre nos dio la bienvenida esperando que nuestra estancia hubiese sido de nuestro agrado, y comenzamos aquella ruta lunar que ya se nos había olvidado tras tanto días de aislamiento.

Una música de ambiente sonaba durante el trayecto, la verdad que era muy agradable y todos permanecimos en silencio hasta llegar al destino final que era la recepción.

Aparcamos el buggy y Greta cogió el mando que debía devolver en la entrada como nos había indicado la extraña señora.

Allí estaba ella, con sus pintas psicodélicas del primer día y con una sonrisa de oreja a oreja.

​-​ Espero que se lo hayan pasado bien, y que todo haya sido de su agrado. Aunque me parece que se han divertido mucho, ¿no es cierto? Y puso una sonrisa sospechosa.

Emma me dio un codazo, diciendo por lo bajini, — ¡Veis como nos espiaban!, qué vergüenza.

Todos asentimos riendo y la señora recogió el mando y nos acompañó hasta el coche.

Yo le pregunté que cómo era posible un servicio tan excepcional y además que ese lugar tan mágico no se publicitase en ninguna parte.

A lo que ella me respondió con ese halo de misterio que la rodeaba, que eran ellos los que escogían a sus clientes, y que precisamente esa exclusividad les permitía huir del aforo masivo, y mantenerlo todo tal cual lo habían concebido.

Alucinante.

Así que habían escogido a Greta…, ¿y cómo sabían ellos que iba a necesitar ese lugar y justamente en ese momento? Todo muy raro y en su línea de misterio. No preguntemos más.

Todos nos miramos con cara de asombro y nos metimos en el coche, siempre en cuanto Greta consiguiese encajar sus cosas en el maletero.

Salimos por el arco de la cancela de la entrada con cara de pena y nos perdimos en la carretera nacional que nos llevaría hasta la autovía en unos kilómetros.

Tardamos en reaccionar, cuando Emma dijo,

​-​ ¿Os imagináis que al mirar atrás el lugar desaparece?

Y todos con cara de extrañeza, y duda corrimos a volver la cabeza. Comenzamos a reír como locos, porque todavía estábamos en shock tras aquella extraña despedida.

​-​ ¿cómo supiste de este lugar Greta?

​-​ Pues recibí un correo hace unas semanas hablándome de un lugar mágico y excepcional en el que encontrar paz y tranquilidad apartado del mundo.

No le di mucha importancia, ya sabéis que recibo mil correos diarios de publicidad porque me registro en todo, nunca sabes cuando puede ser útil, pero cuando surgió esta necesidad de encontrar un sitio en el que no nos molestase nadie, me pareció una buena idea y les contacté.

​-​ Al final va a tener, muy a mi pesar, razón la galletita de las narices —dijo Emma.

​-​ ¡Claro! —gritó Greta, he sido yo quien os ha llevado a este sitio.

Luis, que entonces llevaba el volante, decidió poner un poco de música y el resto nos quedamos callados con la mirada perdida.

Estoy segura de que, como yo, todos estábamos dándole vueltas a lo de aquel extraño lugar.

No reaccionamos en todo el viaje. El silencio, y la radio, fue nuestro compañero de viaje hasta la ciudad. Yo había ido sin móvil, pero el resto ni siquiera se acordó de conectarlos hasta que bajamos del coche.

Aquella experiencia nos había chupado la sangre, estábamos K.O.

Decidimos parar a tomar un café, yo descafeinado, claro, antes de separarnos en una gasolinera que está justo antes de entrar en el centro.

Mis amigos sacaron sus teléfonos y empezaron a sonar mil pitidos de mensajes y notificaciones a la vez, todo el mundo se quedó mirando porque aquello parecía un festival.

​-​ Madre día —dijo Greta, — Ni que me hubiera ido para no volver, estos chicos no saben hacer nada sin mí, ¿cómo se pone la lavadora, dónde están las bolsas de basura, tengo que añadir aceite en la olla de la pasta, me queda bien la camisa nueva con la chaqueta gris,

a qué hora tengo que recoger a los niños del fútbol?

.., y así un millón de mensajes chorras, me espero una revolución en casa cuando llegue, estoy por irme a un hotel.

Menos mal que les había dejado una nota, tamaño biblia en la nevera con todos los posibles detalles a dudas que les podían surgir. ¡qué tres patas para un banco!

Todos comenzamos a reír, porque nos podíamos imaginar la escena.

Pese a lo caótica y alocada que os pueda parecer mi amiga Greta, en su día a día era un máquina, yo no sé cómo era capaz de llegar a todo y tener a sus fierecillas en línea.

Tendré que pedirle muchos consejos cuando sea mamá, aunque dándole mi toque, un pelín más organizado, ya sabéis.

​-​ ¿tú qué tal Luis, tienes cara seria?

​-​ No, tranquilas, me acaban de poner un viaja a Berlín la semana que viene, por lo que tengo bastantes cosas que preparar. Necesito llevar el trabajo adelantado, ya sabéis, me esperan unas cuantas noches en vela.

​-​ Vuelta a la realidad.

​-​ Yo tengo que ir al aeropuerto si quiero volver hoy —dijo Emma. —He cogido billete abierto porque no sabía lo que podía durar nuestro encierro.

​-​ Bien hecho, tú siempre tan previsora —dijo Greta.

Lo cierto es que era verdad, otra máquina, Emma era como una hormiguita, en silencio era capaz de llevar las riendas de su vida, y tenía una capacidad de control y de pensar en todo increíbles.

Yo con esas prisas y todo tan de repente no hubiera pensado en nada.

Su familia era como ella y estoy segura de que en su ausencia, aparte de echarla de menos, todo seguiría funcionando como un reloj, para algo vivían en Suiza ☺.

​-​ Emma, ya que tienes la vuelta abierta, ¿por qué no te quedas esta noche conmigo y mañana te acerco yo al aeropuerto antes de pasarme por el gine?

La veo tan poco, que me apetecía tenerla un poquito más a mi lado. No estaría de más repasar con ella esta noche mis siguientes pasos antes de seguir avanzando con lo que había planeado.

​-​ ¡Vale!, me parece perfecto, todo indica que mis chicos han resistido a mi ausencia sin muchos problemas por lo que me quedo un día más, si quieres te puedo acompañar, hay un vuelo de tarde y podría estar en casa para la cena.

​-​ Perfecto, así la vigilas, que no me fío nada de lo que le vaya a contar al médico o de lo que él le cuente y nos transmita —dijo Greta. —Así nos lo cuentas.

Yo estaba intrigada todo el mundo tenía más o menos su semana planificada, pero yo seguía sin móvil y sin saber qué había pasado en mi vida estos días de ausencia.

​-​ Teniendo en cuenta que he pedido la semana completa por tí en tu trabajo, no debes preocuparte, e intenta avanzar con todos tus temas, ginecológicos y amorosos lo que queda de semana —dijo Greta que era capaz de leerme la mente sin que hablase.

​-​ ¿en serio?, ¿toda esta semana también?

​-​ Sí asumiendo que Emma vive en Suiza, y estaba malísima hospitalizada, no han puesto ningún tipo de problema. No te agobies que está todo controlado.

​-​ Está bien, por primera vez he de decirte que me parece buena idea, mañana iré de médicos y acercaré a Emma por la tarde al aeropuerto.

Me dejo el viernes para el tema clave que quiero dejar finiquitado la semana que viene, y por supuesto hablar con James que vuelve a finales de la semana siguiente.

​-​ Oye, ¿cómo que por una vez?, recuerda lo que dijeron las galletas.

​-​ Venga Greta, que el mensaje entiendo que no será infinito en el tiempo, ¿o vas a ser nuestro Mesías hasta el fin de los tiempos? —dijo Luis partido de risa.

​-​ Eso no se puede saber, lo único que sabemos es que no se equivocaban, por lo que empezad a tenerme más en cuenta a partir de ahora —dijo enfurruñada.

Terminamos el café y nos dirigimos al coche.

Esta vez, Greta cogió el volante, ya que el coche era suyo y nos fue dejando a cada mochuelo en su olivo.

Primero Luis, que vivía un poco más alejado, en la zona financiera de la ciudad, más cerca de su trabajo, así no tenía que coger el coche durante la semana.

Y luego nos dejó a nosotras, en el meollo de la City.

Ella continuaba un poco más, no vive muy lejos de mí, pero sí en una zona más residencial y tranquila.

¡Hogar, dulce hogar! Se había hecho tarde y ya Pepe no estaba para recibirnos.