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- Hablando de Caipiriñas, ¿no habré afectado al bebé estos días con tanto coctel?, ay madre, qué inconsciente.
- Tranquila, es todavía muy pronto, hay muchas madres que no se enteran de su estado hasta muy avanzado el embarazo, continúan con su vida y luego tienen hijos preciosos —sentenció Emma.
- Vale. Me tranquilizo, pero en cuanto llegue a casa tengo que pedir cita con mi ginecólogo. Que va a flipar. He cumplido lo prometido cuando me fui de la consulta toda digna tras aquel chaparrón que me soltó y que provocó la Operación Femme Fatale, entre otras cosas.
- ¡Qué alegría! —gritaron todos y se abalanzaron sobre mí radiantes y comiéndome a besos.
- Menos mal que he tenido esta brillante idea —dijo Greta. —Veis como las galletitas de la suerte estaban en lo cierto. Me merezco ser madrina, como poco.
- Oye, ¿y yo qué? —dijo Emma
- Qué suerte, yo seré padrino sin competencia —dijo Luis.
- Tranquilas chicas, que puede tener dos madrinas, así me lo vigiláis mejor.
Desde luego la idea de Greta había sido estupenda, qué mejor que compartir el momento de más incertidumbre de mi vida con la mejor de las compañías.
La verdad es que sola me hubiera dado algo, si os fijáis, un poco lo he ido posponiendo por miedo a hacerlo yo sola y que no fuese positivo. Pero por suerte, es POSITIVO ++++
Estoy feliz.
Lo he conseguido, tal y como me propuse, en tiempo récord y de un padre de confianza que no tiene ni idea de nada. Lo malo es que, en este caso, uno de ellos sí lo va a saber, porque James, acaba de convertirse en Papá.
Qué buena encerrona (y nunca mejor dicho), porque al final Habemus Papá y Baby.
Tras todo aquel cúmulo de emociones, caí rendida en la cama. No sé cuánto tiempo pasó, solo sé que cuando abrí el ojo, tenía a mis tres personas favoritas mirándome como corderitos y haciendo morritos mientras sonreían como bobos.
- Mírala, pobre, primeros síntomas, debe de estar agotada con tanto lío —dijo Emma.
- Os queréis callar, solo estaba descansando un poquito.
A lo que Greta añadió. —Segundo síntoma, ya empieza a estar irascible.
Los cuatro nos empezamos a reír como siempre.
- Hemos preparado una comida especial de celebración. Después de las recientes novedades, no podemos irnos de aquí de otra manera que tirando la casa por la ventana —dijo Luis.
- ¿Qué habéis hecho?
- Ya verás —dijo Emma dando pequeños saltitos de ilusión.
Me levantaron a una y me arrastraron hasta el salón comedor donde habían preparado una mesa que era digan de cualquier cena de Navidad. ¡Pero qué despliegue de medios!
- ¿Os habéis vuelto locos?, ¿de dónde sale todo este marisco?¿Nécoras?
(Mi cabeza automáticamente empezó a pensar, ¿en qué mes estamos?
, ¿es mes con R?, mi abuela siempre decía que el marisco solo se debe de comprar en mes con R que es cuando es su temporada, no me preguntéis, pero yo la creía, y así lo hacía.
En este caso sin problema, estamos en mes con R, todo en orden).
- Qué preguntas haces, Ambrosio siempre tiene respuestas para todo —rio Greta.
Estaban locos, habían encargado una mariscada de las buenas, ¡qué rico!
- Una pregunta chicas, que yo de esto no tengo ni idea, ¿las embarazadas pueden comer marisco? —dijo Luis
- Tranquilos todos he hecho la consulta previamente al doctor on—line del hotel y me ha explicado que siempre que no esté crudo es una fuente maravillosa de proteínas, hierro y cinc, nutrientes vitales para el crecimiento y desarrollo del bebé —sentenció Greta.
- Nunca dejaréis de sorprenderme. Nos os merezco.
- Calla y chupa —dijo Emma metiéndome un percebe en la boca.