Fatale, fatal (Operación Femme Fatale nº 2) 6
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Y dejando previamente la bandeja en la orilla (por suerte), se tiró a estilo bomba provocando una súper ola sunami que hizo que nos partiésemos todos de risa, además de pegar algún que otro trago de agua inesperado.

La verdad es que Greta era totalmente impredecible, y eso era lo que la hacía irresistible y adorable, aunque a veces querríamos matarla.

​-​ Me quedaría aquí para siempre —dijo Emma.

​-​ ¿Cómo?, me estás diciendo que la madre ejemplar y esposa intachable, acaba de decir lo que acabamos de oír? —contestó Luis.

​-​ Estoy flipando. Pero siento deciros que eso no va a ser posible, mi Visa no lo superaría —dijo Greta soltando una carcajada de las tuyas.

​-​ Greta, ni por asomo vas a hacerte cargo tú de esto —dije yo indignada.

​-​ Señorita, usted está aquí secuestrada y por una vez la parte económica no corre de su cuenta, así que punto en boca —dijo ella.

​-​ Eso, eso, dejemos las finanzas para los que las entendemos, y me refiero a mí, Greta es un poco disaster, ya lo sabemos todos, pero esta vez tiene toda la razón, no es cosa tuya, y no te preocupes que tampoco íntegramente de Greta, somos un equipo.

Se rio Luis. Pero prosigamos con el temazo que aún no hemos empezado a beber y parece que afloran cosas interesantes. ¡Desembucha Emma!

​-​ No hay nada que desembuchar, es solo que estos días aquí con vosotros me han hecho sentir plena, como yo era antes, antes de mi vida que yo considero plena y que no cambiaría por nada, pero me he dado cuenta de que lo necesitaba.

Tantos años por y para la familia, los niños, el trabajo.

De vez en cuando anhelo a la Emma soltera.

​-​ ¡Y nosotros! —gritamos todos a una, a lo que Emma respondió salpicándonos con todas sus fuerzas.

​-​ Piénsatelo bien, la vida te va a cambiar. Me dijo súper seria. ¿Estás segura?

​-​ Ay, no volvamos a eso, sabéis que lo de ser madre es algo que tengo que hacer en la vida. Mirad la que he montado, ¿No os ha quedado claro?

​-​ Clarinete, Femme Fatale —gritó Greta partida de la risa.

Entiendo a Emma perfectamente, la pobre lleva una temporada desde que tuvo a sus hijos (que son una monada, todo hay que decirlo).

El primero ya casi está en la edad del pavo, y el segundo terminando primaria o como se llame ahora.

Es una madre ejemplar, súper entregada, los ha educado increíble, y sigue siendo una top en su trabajo, lo cual ha hecho que sus ojeras no se recuperen, la pobre debe dormir cuatro horas al día.

Para mí es Superwoman, y entiendo que a veces se le caiga el mundo encima, sobre todo allí en Suiza, con lo lejos que está eso y el frío y lo largo que son los inviernos.

Necesita un buen baño de sol. Intentamos que con nuestra videollamadas semanales, no se olvide de nosotras, pero entiendo que se le haga muy duro.

Yo sé que me va a cambiar la vida, y seguro que con los primeros berridos me arrepentiré de mi Operación Femme Fatale y todo lo que he liado para conseguir ser mamá, pero creo que es lo mejor que nos puede pasar en la vida.

Además de que no se puede acabar mi legado tras mi muerte, ¿No?

Fuera bromas, espero que mi hijo no haga tales locuras y ojalá le pueda dar la mejor de las vidas, a ser posible superando la vida que mis estupendos padres me dieron a mí, como se suele decir.

Disfrutamos de aquella tarde y de la noche como chiquillos, y con ese puntito simpático que no hace daño a nadie pero que provoca muchas risas.

La presentación de las bebidas era lo más, este sitio era increíble.

Y os podéis imaginar que cuatro perrillas como nosotras allí dentro y liberadas de la tarea que nos tenía allí atrapados, nos desinhibimos como nunca y montamos una fiesta de disfraces por todo lo alto.

Cada uno con lo que pudo ir apañando de la burbuja o de las maletas de los demás.

Parecíamos críos, pero nos sentó de bien…

Risas, bailes, pase de modelos, una fiesta en toda regla, apartados del mundo.

Desde luego que si la de recepción nos estaba viendo podía pensarse que éramos unos descerebrados, a nuestra edad.

Pero bueno, imagino que en el sector hotelero estarán acostumbrados a ver de todo, y no nos olvidemos que la pinta de la susodicha recepcionista era también tremenda, igual hasta le daba envidia no poder unirse.

Yo estaba convencida de que nos tenían que estar espiando seguro.

Y por otro lado no nos olvidemos que los cuarenta son los nuevos treinta, por lo que estábamos en pleno derecho y nada fuera de lugar.

Se nos hizo un poco tarde. Menuda liberación, aunque mi cabecita en cuanto nos acostamos, empezó a trabajar de nuevo. Creía haber tomado la mejor decisión, pero como siempre me iba a quedar la incertidumbre para toda la vida. No pensemos más.

Iba a echar de menos aquel lugar, ver las estrellas sobre tu cabeza sin miedo a que te acribillen los mosquitos, para mí era una maravilla.

Siempre he dicho que debo de tener la sangre muy dulce, porque soy carne de cañón para esos mini vampiros.

Suelo viajar siempre con una pulserita repelente en el neceser, pero en este caso, con las prisas, y en estos momentos…

, pues no me esperaba yo que vendríamos al campo.

Pero como digo, las burbujas eran perfectas para personas acosadas por lo insectos como yo.

Estaba nerviosa, o intranquila, creo que la noche sería larga, o corta, según se mire.

Una vez que todos nos dimos cuenta de que ya habíamos desfasado suficiente y soltado toda la tensión acumulada aquellos días, todos caímos rendidos en la cama de Luis, ya sabéis que por haber llegado el último le toco sofá.

Pero antes de que a alguna se le ocurriese la gran idea de decir ¡hoy dormimos con Luis!

, él, como siempre, se adelantó y dijo —perrillas mías, cada mochuelo a su olivo, paso de ronquidos babitas y guerra de piececitos, todas a vuestros aposentos!

Por lo que todas saltamos del sofá y nos dirigimos a nuestras burbujas.

La primera en acostarme fui yo, aunque oí los murmullos antes de acostarme entre Emma y Greta mientras se lavaban los dientes.

​-​ ¿Qué crees que habrá decidido?

​-​ Pues si te soy sincera no tengo ni idea.

​-​ Bueno, ella siempre ha sido muy cabal, seguro que decide bien.

​-​ Ya, hasta que se le ocurrió la brillante idea de su operación Femme Fatale.

​-​ No puedes negar, que si está embarazada, el plan lo ha bordado.

​-​ Eso sí, ella está acostumbrada a trabajar por objetivos, es buenísima en eso, pero menuda liada colateral inesperada.

​-​ Decida lo que decida la apoyaremos.

​-​ Eso sin duda.

​-​ Qué descanses.

​-​ Y tú Perri, ¡mua!

Pobrecitas, estaban preocupadas por mí, la verdad es que los había metido a todos, a los tres, en un aprieto, porque aunque la cosa no iba con ellos, sé que estaban súper preocupados con lo que iba a ser de mi vida. Espero no liarla más.

Me tapé la cara con la sábana como hacía de niña, y decidí cerrar los ojos con la esperanza de que la decisión que había tomado era la correcta.

Volví a repasar mentalmente mi argumento que soltaría en el discurso que les iba a dar por la mañana, como solía hacer todas las noches con mis reuniones del día siguiente, y terminé cayendo derrotada como un bebé.

Esta vez, el despertador con nuestra canción (la habíamos convertido en el himno de aquel viaje), no sonó a las ocho como de costumbre para comenzar la jornada laboral,

decidimos entre mojito y caipiriña que nos teníamos que dar un poco de margen para una plena recuperación y sobre todo para estar en plenas facultades cuando yo les soltase la bomba de mi decisión.

Por lo que lo retrasamos un par de horas y sonó a las diez.

He de decir que la edad se nota, en cualquier otro momento hubiéramos dormido a pierna suelta hasta las dos de la tarde, pero a las nueve ya estábamos todos dando vueltas de un lado a otro de la cama.

Los nervios se palpaban en el ambiente, y todo por mi culpa.

En cuanto me vieron, los tres a la vez soltaron

​-​ ¿Y bien?

​-​ Chicos, por favor, ya sabéis que no soy persona si no desayuno, asaltemos ese buffet mágico por última vez y os lo cuento con las pilas cargadas.

Disfrutamos la bollería, infusiones y demás cosas ricas como el primer día. Estábamos felices porque la cosa llegaba a su fin, y según las galletas chinas, a buen puerto, pero en el fondo nos daba hasta pena que fuese el último desayuno en aquel extraño lugar.

Me puse a recoger todo, mientras el resto, sentados en fila en uno de los sofás, me miraban con cara impaciente, como los niños que miran la tarta mientras su madre se la corta, mordiéndose los labios en plan, acaba ya, por favor.

Bueno, no os haré sufrir más. Lo primero, daros las gracias por todo lo que os he hecho pasar y por estar siempre a mi lado incondicionalmente.

​-​ No seas boba, tú siempre estás para nosotros —dijo Emma

​-​ Uy, que mal suena eso, quiere darnos pena.. ¿qué has decidido?

​-​ Luis, no seas maléfico. Dejémosla hablar, que me estoy poniendo nerviosa —dijo Greta.

​-​ Vamos allá, esta es mi decisión, a ver qué os parece. He decidido decirle a Isaac la verdad.

​-​ ¿¡Cómo!? —soltaron los tres al unísono.

​-​ Sí, él ha sido el último en llegar, por lo que va a entender que ya tuviera otro plan con alguien antes de su aparición, y aunque espero que le duela perderme, creo que será más fuerte que James. A él no puedo destrozarlo.

​-​ Me parece bien —dijo Emma

​-​ Como no, esa era tu idea desde el principio —replicó Greta.

​-​ No, no lo habéis entendido, no solo le voy a contar lo de James, le voy a contar en el lío que me he metido y lo de la Operación Femme Fatale. Creo que él me va a entender, y haciendo planes es un crack, por lo que me gustará escuchar su visión sabiendo que la decisión está tomada.

​-​ ¿Y qué pasa si es el padre de tu hijo?, en caso de haberlo —dijo Luis.

​-​ No se lo voy a decir, esa parte me la voy a ahorrar. James no se va a enterar y será un padre estupendo.

​-​ ¿Y no crees que debería saberlo, de igual modo que le estás contando todo lo demás?

​-​ Ya, tenéis razón, creo que me haré una prueba y en caso de resultar él el padre, se lo diré, pero solo en ese hipotético caso.

​-​ Vale, me parece una decisión coherente dentro de la locura del plan. Aunque Isaac va a flipar.

​-​ No creo, ¿no os acordáis de los papelitos que le dejaba cuando estábamos en Suiza?, son tal para cual.

​-​ ¡¡¡Greta!!!cállate, eso no la va a ayudar, no ves que se va a despedir de él, no puedes decirle que son tal para cual —dijo Emma.

​-​ ¿Y estás segura?

​-​ Sí, es lo mejor y lo más fácil. Isaac siempre ha sido una fantasía, y quizás lo mejor es que lo siga siendo.

​-​ Y ¿cuándo lo vas a hacer y dónde?, ¿habrá despedida?

​-​ ¡Greta! —gritaron todos mientras hacían aspavientos de “no me lo puedo creer”.

​-​ Tentador, no te creas, pero creo que no me ayudaría a superarlo cuanto antes, ¿no te parece?

​-​ Es cierto, disculpa, es que es tan mono.

​-​ ¡¡¡Greta!!!

​-​ Lo haré en cuanto lleguemos a la ciudad. Quedaré con él para comer al día siguiente. Prefiero soltárselo en un lugar público y neutral y sin opciones a segundas partes. Cuanto antes mejor para tener la mente tranquila y todo preparado para la llegada de James.

​-​ OK, pero no olvides pedir cita para hacerte la prueba, bueno, primero la de embarazo ¡, que yo creo que lo estás, estás demasiado sentimental para lo que tú eres, y en caso de ser positiva, la de paternidad inmediatamente después, porque eso puede hacer cambiar mucho las cosas, y el padre,

en función de quien sea, entre tantos candidatos, a lo mejor merece saberlo.

​-​ ¡Hecho!, ¿estamos todos de acuerdo?

​-​ Sí, creo que como siempre, harás lo que hay que hacer.

​-​ Como casi siempre, no olvidéis donde estamos —dijo Luis.

​-​ Eso —gritaron todas.

​-​ ¿Fumata blanca?

​-​ ¡¡Habemus papá!! —gritaron todos mientras nos moríamos de la risa.