Fatale, fatal (Operación Femme Fatale nº 2) 2
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La podría haber enviado cualquiera, y lo que menos me esperaba yo es que su autor hubiera sido uno de los amores (entendámonos, amor de juventud, casi platónico diría yo, aunque consumado), más importantes de mi vida, y además,

uno de los candidatos de mi plan Femme Fatale de los “preferidos” en el ranking.

No sé si os disteis cuenta de que pese a que no era capaz de localizarlo de ninguna manera, nunca lo eliminé de la lista de candidatos a contactar sí o sí…

Pues nada, cuando mi vida se estaba convirtiendo en una película romántica total, va y resulta que la postal ¡me la había enviado Isaac!

, sí ese Isaac, caballero de armadura roja que tanto había buscado sin éxito.

Pero lo peor de todo es que no solo me pone la vida patas arriba con la maléfica postal provocando un tsunami de citas locas y sexo sin protección intencionado, sino que además, cuando estaba a punto de dejarlo todo por James, APARECE EN PERSONA. (como lo oís, lo sigo procesando).

A todo esto, y creo que no lo habíamos hablado antes, con su magia encantadora, ha conseguido que le ponga los cuernos a mi casi marido.

Aunque bueno, no lo podemos considerar cuernos, ¿no?

, formaba parte del plan Fatale, y no me podía quedar sin catar a mi idolatrado esquiador, ¿no creéis?

Sé que muchas hubieseis hecho lo mismo porque me lo habéis dicho en mi llamada de socorro.

(Gracias por contestar). No me podía quedar con un “ y si” en mi vida teniéndolo allí delante (con una invitación para el Four Seasons incluida). Aunque ya veremos en qué termina todo.

Como os lo cuento, vida de color de rosa, marido perfecto que pretende dejar toda su vida actual por mí, posible embarazo sin incompatibilidades posibles y ¡toma!

, Isaac aparece en mi casa y me cuenta que lleva toda la vida en la sombra esperando a cumplir su promesa y vernos un mes y trece días después del día de mi cuarenta cumpleaños a las 6 de la tarde para proponerme compartir el resto de nuestra vida juntos. (1+13/6). Clarísimo, ¿verdad?

Menuda liada.

Total, que tras todo este cúmulo de acontecimientos imprevistos, la aquí presente perdió la cabeza.

Pasé horas pensando qué hacer, cómo tomar una decisión, a ver, os lo estoy resumiendo mucho pero me encontraba totalmente perdida ante dos hombres increíbles con los que me encantaría compartir mi vida, pero tomase la decisión que tomase, alguien iba a salir mal parado.

Así que hice una llamada de socorro y pedí ayuda a mis incondicionales amigas, aquí presentes, que muy amablemente accedieron a responder a mi llamada y enviarme sus opiniones al respecto.

Gracias, no me esperaba una respuesta tan masiva.

Os lo agradezco enormemente, algunas me habéis aportado un poco de luz o de cordura en el asunto y otras me habéis hecho ver que la cosa no es nada fácil y estáis tan perdidas como yo.

Ha habido incluso alguna que me ha dicho que por favor le pase los datos del candidato descartado que se lo queda ella, jajaja, ¡qué tía!, otra Femme Fatale de las mías. La verdad es que no me extraña, ¡veis cómo los dos valen muchísimo la pena!

Como os había anticipado, mis amigas Greta y Emma fliparon.

Emma me cortó el teléfono literalmente y al cabo de cinco minutos me volvió a llamar porque era incapaz de respirar en un primer momento tras escuchar la barbaridad que le había hecho a James.

Ya lo sabía, eso sería en lo primero que pensaría Emma, en el pobre James, padre de mi futuro hijo y el hombre perfecto.

Si le veis la cara por FaceTime, parecía que acababa de atropellar a su perro, porque tenía los ojos llenos de lágrimas y sentía una pena enorme y un sentimiento de madre defraudada que adora a su hijo y que no había podido cagarla más (en este caso el hijo bala perdida era yo).

Por el contrario, Greta flipó pero en un sentido más “ayaguasquero” (y me acabo de inventar el palabro).

Greta empezó a reír como una descosida, ya sabéis cómo son sus carcajadas contagiosas, y en un segundo las dos empezamos a reír a lo loco como en nuestras mejores noches, cuando de buenas a primeras,

la risa se convirtió en llanto de estos desmesurados que no puedes contener y parece que algo trágico e irremediable acaba de suceder.

Al final ya no sabíamos si reíamos o llorábamos.

Todo un cuadro de sentimientos encontrados.

Ella estaba conmigo en el sentido de que en la misma situación hubiera hecho lo mismo, pero tampoco tenía claro qué paso dar ahora.

Ante tal momentazo, decidimos hacer un gabinete de crisis, la cosa era lo suficientemente seria como para hacernos un encierro a tres y tomar una decisión juntas antes de que tirase lo que quedaba de vida por la borda.

Ya os he comentado que solíamos hacernos una escapada “perruna” al año. Pues ambas decidieron que esta vez, esto requería irnos a algún sitio ajeno a todo lo que estaba pasando, sin distracciones por medio y no salir del encierro hasta haber tomado una decisión unánime y definitiva.

Por supuesto me llevé vuestras opiniones impresas para que ellas las leyesen y todas tuviéramos un enfoque más amplio acerca de lo que podíamos hacer, bueno más bien debía hacer yo.

Tenía más o menos una semana hasta que James volviese y se instalase definitivamente conmigo.

Emma se cogió un avión esa misma noche desde Suiza, mientras Greta concretaba el sitio en el que nos encerraríamos para tomar la gran decisión. Esto parecía todo un cónclave exprés en el que teníamos que conseguir fumata blanca en tiempo récord.

El plan estaba hecho, esta vez eran mis amigas las que llevaban la voz cantante y yo no tenía ni voz ni voto.

Esta vez, locuras las justas y no estaban dispuestas a que lo que parecía un plan maestro (cuestionado en algunos momentos), acabase con la salud de mis amigas, porque según ellas, esto o se hacía bien, o la cagada podía ser muy gorda,

y quizás yo sí pudiese con ello (según ellas soy muy tranquila y fuerte), pero ellas no estaban preparadas para dramas mayores.

Y como todas sabéis, desde un tiempo a esta parte, sea por las hormonas o por el plan Femme Fatale, yo ya no me veía tan indestructible como antes, os recuerdo que casi pierdo la cabeza.

La cosa había sido tan inmediata que tuve que pedir a Pepe que se hiciera cargo de Rufo (algún día os diré su nombre real), y que por favor me regase las plantas.

Me hice una bolsa de viaje básica, pijama, ropa interior, bañador (nunca se sabe), y ropa cómoda, ya que el cónclave prometía que no haríamos mucho más que pensar y discutir (en el buen sentido de la palabra), por lo que el atuendo en este caso no iba a ser muy importante.

Emma dejó a su familia y dijo que tenía que ayudarme con un tema de vida o muerte, creo que su marido alucina con nosotras, pero lo consiente y nunca se opone, porque sabe que somos buena gente y un pilar de oxígeno para su mujer.

Por su parte Greta hizo lo propio y dejó a la tropa con los abuelos, su marido ni pregunta, cuando se trata de plan “perruno”, no hay nada que decir.

La verdad es que da gusto poder contar con amigas de las buenas que son capaces de dejarlo todo por ti, bueno, por mí y por su futura paz interior.

El trío de ases estaba listo para partir a no se sabe dónde, hasta no se sabe cuándo, y regresando con la única y decisión final tomada.

Eran las ocho de la mañana, ya os he dicho que cuando mis amigas se toman algo en serio, lo hacen de verdad, y salimos las tres rumbo a la sierra, por suerte no me vendaron los ojos en plan secuestro. Bromas aparte, estaba bastante intrigada acerca de donde me llevarían.

Tras casi una hora de trayecto, al parecer, estábamos cerca.

Greta se había ofrecido a ser la conductora, ya que era la que había reservado el sitio y sabía adónde íbamos.

No era mala idea dado el estado de ánimo del resto, yo ya bastante kamikaze solía ser al volante como para cogerlo ahora con tal cúmulo de nerviosismo, estaba yo con un despiste que como para que terminásemos las tres en una cuneta.

Y por otro lado, Emma llevaba mucho tiempo viviendo fuera del país y no se veía con destreza suficiente para cogerlo, por no decir que su visión igual no estaba al 100%, cuando apareció en mi casa de madrugada, la pobre venía con unas maxi gafas de sol, en plena noche, no os digo más,

para ocultar la hinchazón de sus ojos tras el berrinche y disgusto que se había llevado, ya os comenté que Emma siempre había sido la “formal” (en la vida real, los viajes perrunos quedan excluidos), y estaba histérica y súper preocupada por mí y por James.

El trayecto no estuvo mal, apenas tratamos el tema y simplemente trazamos las pautas para el resto de días…, no sabíamos cuántos, hasta la toma de la “Gran Decisión”.

Básicamente la idea es fijar un horario como si de una jornada laboral se tratase y repetirla a diario hasta llegar al desenlace. A ver cómo resulta la cosa.

Llegamos al misterioso emplazamiento. A simple vista parecía una casa de campo demasiado pequeña como para tener habitaciones, pero si ese era el sitio escogido por Greta, pues adelante, pero parecía raro.

Cruzamos el arco de hiedra que adornaba la cancela de la entrada a la finca y aparcamos el coche al pie de unos escalones, justo al lado de una flecha que indicaba “recepción”.

Hicimos el check—in y la propietaria, una señora bastante pintoresca ataviada con un pañuelo en la cabeza a modo de turbante muy florido y unas gafas de pasta enormes, nos dio un mando con el que al parecer podrías activar cualquiera de los dispositivos de nuestra burbuja.

​-​ ¿Nuestra burbuja?— Greta, ¿de qué está hablando esta mujer? —soltamos las dos a la vez.

​-​ Tranquilas chicas, me dijisteis que nos teníamos que encerrar sin distracciones hasta llegar a una buena decisión y eso he hecho. Dejádmelo a mí que os va a encantar.

Pues nada, cogimos el mando extraño que nos acababa de dar la igualmente extraña mujer con acento extranjero y volvimos al coche.

Parece que debíamos aparcarlo en un garaje privado y descargar las bolsas.

Yo no entendía nada de aquellos movimientos tan raros pero tal y como me habían dicho las chicas, ver, oír y callar.