Fatale, fatal (Operación Femme Fatale nº 2) 2 #2
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Sacamos las bolsas del coche y la señora extraña apareció subida en un cochecito de golf. ¿De dónde lo había sacado?

​-​ ¡Señoritas!, aquí les dejo su buggy para que se muevan a lo largo de nuestra finca.

Por favor sigan las indicaciones y no improvisen, hemos tenido algún despistado que quería caminar y luego no sabía llegar a su burbuja.

De todos modos su mando funciona como un GPS por lo que no lo pierdan de vista y les llevará siempre a buen puerto.

Su buggy ya está programado para llegar hasta su burbuja.

Desde luego esto no hacía más que empezar y cada paso que dábamos era más raro.

¡Si no había nada en el horizonte!, solo un sendero infinito hacia el oeste, bordeado de árboles altísimos y nada a ambos lados del camino, yo no sabía ni adónde íbamos a ir con ese cochecito porque parecía que estuviésemos en medio de la nada.

Tan obedientes y rápidas como pudimos (Greta como siempre a su ritmo), nos subimos las tres a aquel trasto y le dimos a un botón del mando que ponía GO.

El coche se puso en marcha y como si fuésemos en uno de esos trenecitos turísticos que te van llevando mientras una locución te explica lo que ves en cualquier idioma, allí estábamos las tres locas rumbo a ¡Una burbuja!

, yo os juro que estaba flipando, se me había olvidado hasta el objetivo de aquella escapada.

Una media hora después, alucinante, llegamos a un punto del camino en el que un cambio de rasante súper pronunciado nos descubría una llanura enorme, frondosa y llena de flores blancas, en la que cada quinientos o seiscientos metros, no sabría deciros pero estaban bastante separadas unas de otras,

igual más, no soy muy buena calculando las distancias, se disponían una especie de iglús enormes y transparentes donde supuestamente pasaríamos la estancia.

Efectivamente, Greta nos iba a meter a todas en una burbuja pero literal. ¡Qué pasada!

El paisaje parecía galáctico.

Nuestra burbuja era la “Infinity”, espero que eso no fuese un mal augurio y estuviéramos allí hasta el fin de los tiempos por no poder llegar a un acuerdo…

Según nos dijo Greta era la más grande, tenía como 5 burbujas unidas y era la más lejana, de ahí su nombre, más allá no había más que el infinito horizonte.

No os perdáis la maravilla de la burbuja Infinity, FLIPANTE.

Al llegar el cochecito nos dice – Acaban de llegar a su destino, abandonen el vehículo y hasta que vuelvan a necesitar mis servicios.

No olviden su mando, lo necesitarán para activar su alojamiento.

Que tengan muy buen día y bienvenidos.— Todo esto con voz de robot, ya os digo que era todo un poco de peli de ciencia ficción. Alucinante.

Efectivamente, la puerta de la macro burbuja no se abría si no acercabas el mando al sensor, y luego nos pedía la huella dactilar de cada habitante.

Ya te digo que aquí lo de compartir cuartos o irte a ver a alguien a otra burbuja estaba mega controlado, vamos retiro totalmente estricto y aislamiento radical.

Menos mal que éramos tres y la conversación no nos iba a faltar, además en este caso cuantas menos distracciones mejor.

Bueno, bueno, qué pasada de habitaciones. Es que me va a costar hasta describirlo porque jamás había visto nada parecido.

Como ya os he dicho, nuestra burbuja era una formación de burbujas transparentes (a mí me parecían más pompas de jabón unidas entre sí). Os la voy a describir.

No había puertas más que en el apartado de WC, que era como un cubículo dentro de la burbuja del baño, o más bien sala de baño porque menudo tamaño.

Cada una teníamos nuestra propia burbuja habitación con una cama King size con bisel rollo película romántica pero todo muy moderno, un armarito en forma circular súper original, y unas mesillas también circulares a juego, parecían gominolas.

En las zonas comunes, teníamos, la burbuja del baño en la que estaba, el ya nombrado WC, una ducha chulísima transparente en la parte superior y opaca de cuello para abajo, y una bañera enorme de hidromasaje, todo en tonos blancos y azules grisáceos,

y un montón de productos de belleza gratuitos superapetecibles, tipo spa total, esta burbuja me recordaba a un iglú.

Luego estaba la burbuja más grande de cocina—salón en la que había un sofá chulísimo y blandito, de estos que te absorben tipo borreguito, y una acogedora cocina con su mesa/isla para comer.

Además daba a una terraza exterior a la que podías salir a tomar el aire si te sentías un poco ahogado.

Aunque para ahogarse estaba la piscina, estupendísima, en forma de varias circunferencias unidas, supongo que aludiendo a las burbujas en las que estábamos metidos, y a una temperatura excepcional, pese a estar en la sierra o al aire libre, todavía no tenía muy claro donde estábamos,

te podrías bañar incluso durante la noche.

La verdad es que era una pasada. Todo súper bien engamado y coordinado en colores neutros muy claros.

Y no os he contado lo mejor, todas las burbujas eran transparentes por lo que veías todo ese paisaje plagado de flores blancas y el infinito, y cuando te ibas a dormir sobre tu cabeza lo único que tenías era un manto de estrellas increíble.

En el cuarto de estar que os he descrito, había un telescopio para que si te apetecía observases mucho más al detalle aquella maravilla estelar.

Las mal pensadas no creáis que se podía cotillear a las demás burbujas con el telescopio, estaban tan estratégicamente colocadas y separadas que no se podían ver unas entre otras, privacidad plena, y por otro lado, menos mal, porque era como estar a la intemperie, de lujo.

Nosotros íbamos a otra cosa, pero acababa de descubrir un retiro increíble para ir en pareja y olvidarte del resto del mundo terrenal, o incluso solo, porque para limpiar tu mente también podía estar muy bien.

Bueno, de esta reunión quizás dependa si tendré o no pareja en un futuro cercano. Qué liada. Me acuerdo por momentos y se me olvida lo maravilloso del entorno.

En cuanto entramos, y tras un par de minutos babeando por el fantástico lugar, Greta nos cerró la boca de sorpresa y nos dijo,

—Señoritas, pónganse su ropa de trabajo, ya les he dicho que debía ser cómoda, porque en cinco minutos empieza la jornada de deliberación y es un NON STOP, así que espabilen, yo ya me he encargado del red bull. No hay excusas.

Nunca había visto a Greta tan seria, sacando un paquete de folios de quinientas hojas, rotuladores de colores y post-its para toda una carrera universitaria…, la cosa se ponía seria de verdad.

Emma y yo procedimos a cumplir sus mandatos y nos cambiamos de ropa, prácticamente como si fuéramos a nuestra clase de yoga, leggins y camiseta cómoda y calcetines, en este caso de andar por casa, con nuestras pantuflas. Listas para no salir de aquella burbuja.

Greta nos entregó un cuaderno a cada una junto con boli, rotulador y todo lo necesario, incluso pegatinas de colores.

Parecía que íbamos a preparar un examen, o a resolver un crimen, nos faltaban los hilitos rojos, para ir uniendo sospechosos…

, me recordaba a mis pesquisas en casa antes de comenzar mi plan Femme Fatale.

“EL KIT”