CAPÍTULO 24 #3
—Es cuando se crean burbujas de nitrógeno en zonas del cuerpo ocasionadas por un cambio brusco en la presión atmosférica.
—La observaron sin entender nada—. En nuestra huida, estábamos cerca del agua y pensé en escapar sumergiéndonos, Garik estaba herido y no podía transformarse, de modo que fui yo quien lo zambulló.
—Miró al suelo con pena y vergüenza—. No me di cuenta y lo hice rápido; para colmo, Garik debía tomar aire, así que emergimos.
Procuré hacerlo de forma pausada, pero él necesitaba salir; eso fue lo que me apremió a acelerar y lo que provocó el síndrome de descompresión.
—Levantó la vista para enfrentarse a los padres de Garik—.
Lo siento —terminó, tragándose las ganas de llorar. Debía mostrarse fuerte.
—Estamos aquí para liberarlos a todos —se adelantó el rey Adrián—. Quiero pedirte perdón por todo el mal que está causando mi hermano en tu reino y en las vidas de tus gentes.
—Siento decírtelo, rey Adrián, pero yo no lo considero tu hermano desde hace mucho tiempo, de modo que no tienes de qué disculparte. — Le tomó de las manos para mostrarle su apoyo—. Él es un taeriano más que busca lo que todos: poder a cualquier coste.
Nadie dijo nada tras las duras palabras de la princesa, aunque estaban de acuerdo.
En ese instante, entraron algunos guardias de Alexandra y de un vistazo la estudiaron para comprobar cómo se encontraba, tanto física como anímicamente.
No se sintió ofendida, pues sabía que, a pesar de que se hallaban todos los reyes ahí, las personas de Faroe esperaban que ella tomara las decisiones para liberar a su reino.
—Xandra, tenemos que hablar —empezó Eiden. Alexandra asintió y salió de la sala—. Ha llegado la hora de mostrar de lo que eres capaz.
—No creo que sea prudente, hay demasiada desconfianza, y si mostramos que hemos estado en contacto con Taera es posible que no nos ayuden. Primero liberaremos Faroe y luego daremos las explicaciones necesarias.
—Ellos deben saber lo que podemos hacer, y tienen muchas preguntas después de habernos visto con armamento taeriano. No son tontos. Creo que este es el momento para responder a sus cuestiones, antes de que busquen respuestas o las malinterpreten.
—No hay tiempo.
—¡Pues tienes que sacarlo! Sabes perfectamente que no puedes acudir a una batalla sin la confianza de las personas a tu cargo porque eso los haría dudar y habría bajas —la reprendió—. Se espera que tú lideres, y debes hacerlo con la verdad y ofreciendo toda la información para infundir seguridad.
—Eso haré —aceptó—; no hay tiempo para intrigas, si dudamos o desconfiamos ahora el reino se perderá y no lo voy a permitir.
La forma de actuar de la princesa era tan decidida y clara que apartó de Eiden toda duda sobre su rol de líder.
Volvieron a entrar y vieron que los reyes habían dejado espacio para ella y sus escoltas. No hizo falta que Alexandra dijera nada, Eiden salió y enseguida regresó con los guardias que habían podido acudir.
Alexandra recogió la información que tenían y la sopesó durante unos instantes. Necesitaban neutralizar a los taerianos de la capital y así liberar a su pueblo. Eso sería lo primero.
Dividió a los reyes y guardias de cada reino en grupos y puso a uno de sus escoltas miaro como líder de grupo.
—Iremos desde el norte, cerca del palacio, hacia la ciudad; de esa forma, si los mercenarios taerianos intentan huir no podrán refugiarse en él.
Habrá cuatro grupos. Tres se encargarán de limpiar las calles y el cuarto entrará en el castillo.
Iria, Ryan, Johanna y los vuestros, iréis con Yurena.
Hakim, Kamilah, Jayden y sus guardias con Riley; Nando liderará el escuadrón de Adrián, Idaira, Verónica, Erik y…
—¡No! —la interrumpió Adrián—. Nosotros —miró a su esposa— iremos con el grupo que vaya al castillo. —Alexandra quiso protestar—. Es mi responsabilidad —terminó con un tono que dejaba claro que nada le haría cambiar de opinión.
—Entonces, Verónica, Erik y vuestros guardias iréis con Nando.
En ese momento, llamaron a la puerta y entraron Joel y Emma, esta última con una herida de bala en la pierna y un torniquete improvisado.
Al verlos, Alexandra corrió a su lado a revisar la herida. La bala seguía dentro.
—¿Hay algún médico en Lurat?
—Iré a preguntar, pero ya sabéis, princesa, que en Faroe no saben tratar heridas de este tipo y mucho menos sacar una —respondió Yurena.
—Solo nosotros, y vos sois la mejor en eso. —El resto de monarcas escuchaban aquella conversación, con las preguntas se agolpándose en su mente.
—Lo sé; me encargaré de ti —le dijo a Emma y luego miró a los reyes—. Sé que tenéis muchas preguntas, hablaremos mientras preparan a Emma. —Miró a sus guardias—. ¡Pertrechaos! Saldremos en cuanto termine.
Alexandra les hizo un resumen, solo a los reyes, de lo que ella y sus hombres eran capaces de hacer. Más adelante, cuando su reino estuviera a salvo, volvería a reunir a las cuatro casas y daría mayores explicaciones, pero ahora no había tiempo que perder.
Mientras se preparaban y cada grupo se ponía en sintonía, Alexandra extrajo la bala, para luego dejarla al cuidado de un médico que por fortuna había salido a tiempo de la ciudad.