CAPÍTULO 23
Después de conocer que alguien se había infiltrado en su palacio y que su hija Krista lo llamase por el dornia real para decirle dónde podía encontrar a la princesa Alexandra, Ángel resolvió tomar Faroe por la fuerza.
Sabía que a sus gentes no les gustaría, sin embargo, no eran personas aguerridas y estaba convencido de que con su escuadrón de mercenarios sería fácil hacerse al menos con la capital y poco a poco ir subyugando al resto de ciudades.
Mientras los mercenarios abandonaban el palacio, armados hasta los dientes para tomar por la fuerza el reino de Faroe, empezando por su capital, Ángel bajó a las mazmorras a mermar aún más la autoestima y la entereza de los reyes e intentar que le confesaran quién los había delatado hacía tantos años, siendo el causante de todo el sufrimiento de su familia.
Antes de reunirse con ellos, llamó primero a los guardias del palacio que se habían cambiado de bando, incluida Lidia, para que no reconsideraran su decisión e intentasen detener a sus mercenarios, ahora que iban a someter a Faroe por la fuerza.
Sin saber lo que ocurría, todos bajaron con Ángel a ver a sus anteriores monarcas.
—¡Os doy una última oportunidad de confesar la verdad sobre quién nos descubrió hace tantos años! —habló antes incluso de haber llegado frente a los reyes, lo que los sobresaltó—. Decídmelo y detendré a mis hombres.
Los presentes se tensaron al escuchar esas palabras provenientes de la oscuridad, inclusive los guardias que lo acompañaban.
—Os he dado la opción de revelarme por las buenas el nombre de la persona que destruyó mi familia, pero por lo visto seguís intentando ocultarlo; ya no me importa —sonrió relajado y contento—, continuaremos con lo previsto y, si todo va bien, Faroe capitulará muy pronto.
—¿Qué has hecho, malnacido? —preguntó Fenrir.
—Hacer lo que debí haber hecho con Saray hace tantos años, pero esta vez por la fuerza.
La sorpresa por sus palabras golpeó a los reyes sin previo aviso y tardaron unos segundos en reaccionar.
Cuando dejaron de ver todo negro, temiendo por la vida de los ciudadanos de Faroe, Emily se dio cuenta de que los guardias que se habían cambiado de bando también se encontraban conmocionados, se miraban unos a otros y asentían.
La reina se había entristecido al pensar que esas personas que habían dado la espalda a su reino estarían contentas por el rumbo que estaban tomando las acciones de Ángel; sin embargo, al observar a uno de ellos, le pareció intuir determinación y descontento, por lo que pensó que quizá no estaban todos de acuerdo con sus captores.
No tuvo tiempo de reaccionar de ninguna forma porque su marido seguía en shock y había perdido el color, sin duda recordando lo acaecido los días anteriores en los salones de palacio, cuando llegaron dos mercenarios llevando a alguien prácticamente en volandas y con el torso empapado en sangre.
—Jefe, te traemos el pedido —dijeron y soltaron un cuerpo en el suelo a los pies de Ángel .
—¿Es ella? —Se agachó para verla bien.
—¡Maldito seas! —reaccionó el rey Fenrir y se tiró contra los barrotes en un intento de ver y de alcanzar a su hija.
—No, es su amigo. Ella lo abandonó y este es tan cobarde que ha cambiado a su amiga por tratamiento médico. —Lo pateó en el suelo—. Lo hemos atendido, pero se revolvió y tuvimos que pararle los pies.
—Has crecido mucho, Garik —murmuró Ángel, moviéndole la cabeza para verlo bien—. A lo mejor con tu ayuda puedo conseguir ciertos datos que necesito.
—¿Qué más quieres de Faroe? Ya he visto lo que han hecho tus hombres —dijo Garik desde el suelo.
—¿Ya? —se sorprendió—. ¡Qué eficiencia! —rio—. Lo que quiero es que los reyes —los miró de reojo— me confiesen quién fue la persona que desveló nuestros planes e hizo que nos exiliaran de los reinos.
—¿Cómo dices? —Garik se incorporó con lentitud.
—Tú eras muy pequeño y no lo recordarás, pero alguien habló con mi madre, le contó los planes que teníamos mi Saray y yo y por ese motivo nos desterraron sin permitirnos regresar a nuestro hogar —explicó con pesar—.
Por culpa de ese destierro Saray murió, y, ahora que estoy aquí, pretendo completar los objetivos que un día nos planteamos y vengarme del responsable de su muerte.
—Vosotros os buscasteis ese destino, lo que sucedió fue la consecuencia de vuestras acciones —sentenció Emily y miró con preocupación a Garik.
—¡Que mi esposa muriese es culpa de los reinos animales! —Golpeó los barrotes con la palma, intentando amedrentar a la reina—. Ahora que está aquí el príncipe de Alena, y como sé el gran cariño que le tenéis, me servirá de aliciente para que de una vez por todas digáis la verdad.
—Deja a Garik en paz, él no tiene nada que ver con todo esto —suplicó Fenrir.
—Entonces Garik no me sirve de nada. —Sacó un arma.
—¡Déjalos! Ellos no tienen nada que decirte, no les corresponde.
Ángel lo miró entrecerrando los ojos con suspicacia .
—¿Sabes quién nos delató?
—¡Garik, detente! —pidió Emily—. Tú no sabes nada.
—¡Emily, cállate! —ordenó Ángel y miró a Garik—. Continúa.
—Todos en los reinos tenemos prohibido hablar de lo que pasó aquellos días; sin embargo, como les dije a tus amigos —miró a los mercenarios que lo llevaron—, ayudaré en lo que pueda. —Ángel sonrió.
—Te escucho.
—Primero dime lo que le harás a esa persona.
—Ojo por ojo.
—En ese caso, estoy preparado —los presentes lo observaron sorprendidos y aguantando el aliento por la expectación—, así terminará todo aquí. —Cuadró los hombros, alzó la barbilla y miró a los ojos a Ángel—. Fui yo quien descubrió vuestros planes y se los reveló a los reyes para que hicieran algo.
—Garik, no digas nada, cállate ya —gritó Emily.
—Continúa —dijo Ángel levantando una mano para llamar al orden a sus prisioneros, pero Garik no respondió—. Es mentira —sentenció estudiándolo con la mirada—. Es imposible que tú lo averiguaras.
—Lo hice sin querer, aunque en ese momento lo conté porque no entendí a qué os referíais.
—A ver —lo retó—, ¿cómo y cuándo te enteraste de nuestros planes?
Garik miró a los anteriores reyes de Faroe y se armó de valor, pues la reina Emily le recordó mucho a Alexandra.
—Durante el funeral. Alexandra y yo empezamos a jugar al escondite y entré en la sala de comunicaciones.
—Ángel entrecerró los ojos recordando lo que Garik describía—.
Al principio no lo iba a hacer, pero oí ruido y me acerqué a la puerta para escuchar con atención, esperando que fuera Alexandra buscando un lugar para esconderse.
Fue entonces cuando os escuché a ti y a Saray hablar de Baltrium y sobre vuestros planes con Alexandra y Faroe.
—El semblante de Ángel cambió; poco a poco la ira iba apoderándose de él conforme rememoraba aquel suceso.
—Entraste de golpe a la habitación …
—En realidad, la puerta se abrió y no tuve otra opción —lo cortó.
—Fingiste buscar a Alexandra y enseguida saliste. —Garik asintió y lo miró a los ojos.
—Así es. Ya no tienes que buscar a nadie más, aquí me tienes. Deja libres a…
La furia fue tal que nubló el juicio de Ángel y sin pensarlo levantó la pistola y disparó a Garik tres veces en el pecho, sin darle apenas tiempo de terminar la frase.
Tras los disparos, el silencio fue gélido.
Todos los presentes vieron caer a Garik de espaldas como en cámara lenta, el rey Fenrir fue el único que consiguió de alguna manera reaccionar e intentar sujetarlo antes de que terminara de bruces contra el suelo; no lo logró, y su mano se quedó suspendida en el aire atravesando los barrotes mientras veía desplomarse al mejor amigo de su hija.
Su esfuerzo de atraparlo solo sirvió para que cayese boca abajo, golpeándose la cara con las frías piedras.