Faroe (Saga Reinos 2) CAPÍTULO 21
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CAPÍTULO 21

Una vez consiguió recuperarse, Alexandra esperó un poco por si escuchaba a sus perseguidores; cuando comprendió que el plan de Garik había tenido éxito, tomó las mochilas y las abrió para ver qué podía serle útil.

Hizo traspaso de una mochila a otra. Metió en la suya una camiseta y unos pantalones cortos de Garik, tomó la nota que le había escrito Rebeca y dejó el resto. Se aseguró de que en la suya se encontrase el móvil, un cambio de ropa y una botella de agua.

Mientras ordenaba las cosas, encontró la nota que le había entregado Colin y que había olvidado por completo.

La leyó.

Tuvo que releerla un par de veces antes de poder reaccionar, ya que era una información importante que tenía que transmitir enseguida a Baltrium. «¿Cómo se me pudo haber olvidado?», se recriminó.

Terminó de revisar las armas que llevaba y se dio cuenta de que dos ya no funcionaban debido al agua, pero aún podía utilizar el resto.

Metió las armas inservibles en la mochila de Garik y fue a casa del señor Galo, pues necesitaba un lugar seguro para llamar a Baltrium, o al menos ponerse en contacto con ellos.

El señor Galo y su esposa no tuvieron ningún problema en guardar la mochila de Garik y dejarle espacio a Alexandra para que pusiera en orden sus ideas, pensamientos y planeara lo que haría a continuación.

La princesa llamó al número de Rebeca y esperó a que contestara; no había tiempo que perder, debía avisar a los reyes de lo que le había ocurrido a Garik.

Cuando estuvo a punto de cortar, obtuvo respuesta al otro lado de la línea.

—Hola, perdona la demora, estaba jugando con mi hermana. ¿Va todo bien?

—No, no va nada bien —empezó—. Nos han encontrado, vinieron al refugio donde nos escondíamos. No sé cómo dieron con nosotros, yo… —Conforme lo verbalizaba, las lágrimas volvieron a la princesa y el histerismo se fue acrecentando.

Rebeca se tensó y se alejó de su hermana, que la miró haciendo un puchero.

—Dame un segundo, cariño, ahora regreso, esto es importante —se disculpó con la pequeña—. Tranquila, cuéntame lo que ha ocurrido.

—Garik ya no está. Él… él se quedó… para que yo pudiera escapar —dijo entre hipidos.

—Princesa Alexandra, tienes que tranquilizarte.

Por favor. —Sin embargo, el miedo de la princesa estaba traspasando la línea y contagiando a su interlocutora.

Rebeca lo percibió y supo que no podía dejar que la princesa de Faroe se derrumbara—.

¡Princesa, para! No es momento de llorar, ahora debes contarme lo que ha pasado y buscaremos una solución.

Alexandra se sorprendió por sus palabras y supo que tenía razón; ella misma lo había pensado antes, pero decir en voz alta que por su culpa había perdido a Garik y exponerse a que la juzgaran los reyes la había superado. Se secó las lágrimas y tomó aire, buscando serenarse .

—Lo siento, no sé qué me ha pasado.

—No importa, cuéntame lo ocurrido.

Así lo hizo, le contó lo que había pasado esa mañana desde que descubrieron las habitaciones deshechas.

—Además, he encontrado la nota que me dio Colin; no sé cómo pude olvidarme de ella —mintió, pues había estado tan centrada en recuperar la amistad con Garik que ninguno se había acordado del papel que les había dado el guardia antes de caer—.

He decidido ir a Faroe y reunir a algunas personas que me ayudarán.

—¿Qué ponía la nota?

—«Xandra, tus padres están presos por Ángel, la familia de Demian y mercenarios taerianos.

Saray no está aquí. Han matado a guardias y miembros del consejo y por eso los reyes abdicaron al trono.

Hay algunos guardias miaro que han fingido pasarse al otro bando y cuidan de tus padres.

Busca ayuda, ve a Baltrium y contacta con ellos para liberar el castillo».

La princesa leyó la nota tal cual estaba escrita, a pesar de que hacerlo en voz alta le rompía el corazón por la tristeza y el dolor de su pueblo.

—Voy a seguir sus instrucciones.

—Lo que pretendes es muy arriesgado.

—Lo sé, pero tengo que hacerlo. Ellos me están buscando; pues me van a encontrar —sentenció.

—Dame un par de horas para hablar con Baltrium, ellos podrían ayudarte. —Se produjo un silencio por parte de las dos—. Hablaré con los reyes y planearemos cómo recuperar tu reino con esta nueva información.

—Lo siento, no tengo tiempo que perder, no voy a dejar a mis padres en manos de esos desalmados, y ahora que también tienen a Garik… No puedo arriesgar más sus vidas.

Rebeca escuchó esas últimas palabras y supo que nada la retendría, aunque debía ganar tiempo. Que fuera sola no era una opción, si bien tampoco lo era que esperara, pues sus seres amados estaban en peligro; sin embargo, sí podían concederse un margen para intentar planear algo .

—Alexandra, dame tiempo para intentar buscar ayuda —suplicó Rebeca.

—Haz lo que quieras, yo debo ir a por unas cosas y luego cruzaré el puente de vuelta a Faroe; si no tengo noticias tuyas antes, me iré.

—¿De cuánto tiempo dispongo?

—No lo sé, tal vez media hora —sentenció—. Iré lo más rápido posible.