CAPÍTULO 19
Tras la partida del príncipe Garik hacia Faroe, reyes, reinas y consejeros se reunieron para conocer todos los pormenores del reciente ataque que había sufrido la corona de Baltrium y también para evaluar si Rebeca era o no una amenaza.
Aunque no querían perderla de vista, entendieron que debía salir de Baltrium para avisar a su familia taeriana de que tardaría en regresar; de modo que pudo cruzar el puente hacia su reino el tiempo justo para comunicarse con ellos y volver para ser evaluada.
A su regreso, y sin ningún tipo de inconveniente, Víctor y Rebeca se sometieron a la inquisición por parte de todos los presentes acerca de su relación, cómo se habían conocido, qué cosas tenían en común y otras tantas para que los demás monarcas aceptaran que su unión era genuina y su amor verdadero.
A pesar de la cantidad de preguntas, la familia real de Alena aún tenía algunas reticencias en confiar en la chica que había aparecido de repente y salvado la situación en Baltrium sin el conocimiento de lo que implicaría hacerlo, de modo que, aunque ya le habían dado su aprobación, aún necesitaban tiempo para asimilarlo todo.
Mientras esperaban el regreso de los príncipes, el resto había acordado ir a Faroe acompañados de guardias de cada uno de sus reinos para tener cubiertos todos los escenarios posibles de lucha. Rebeca, que se había mantenido en silencio, hizo una pregunta que nadie supo responder.
—Vosotros tenéis mucho poder, pero, si es cierto lo que dijo Colin, ¿cómo lucharéis contra mercenarios taerianos con armas de fuego si no estáis familiarizados con ellas?
No sabemos cuántos son o si planean invadir el resto de reinos ahora que ninguno de sus reyes está en ellos.
—Todos la miraron y la desconfianza de los alanos se acentuó aún más—.
Tenemos dos opciones y ambas difíciles. Una: esperar a que los príncipes regresen y traigan noticias.
Dos: que un grupo reducido vaya a Faroe y vuelva con información.
—¿Cómo sabes que intentarán atacar nuestros reinos? —preguntó el rey Ryan de Alena.
—No lo sé. Es solo una opción que podría pasar. Necesitamos conocer lo que ocurre; si es cierto que Ángel y su esposa son tan peligrosos, debemos estar preparados para actuar con rapidez.
Todos los reyes sopesaron las palabras de Rebeca. Sabían que podía tener razón; aunque no se refiriera a un ataque inminente, el riesgo estaba claro.
Pensaron en quién iría a buscar información y cómo lo haría, ya que sería peligroso acercarse al palacio, y en ese momento un guardia irrumpió en la sala sin previo aviso y con urgencia. Llevaba consigo un teléfono dornia.
—Lamento la interrupción, pero tengo noticias.
—Todos se sorprendieron con la intrusión, sin embargo, al escuchar sus palabras prestaron atención y pasaron por alto sus acciones—.
La prima de mi mujer es de Faroe y trabaja en las cocinas de palacio —empezó—, su hijo estudia para ser escolta y durante el ataque consiguió escapar y ha llamado a mi casa.
Ha dicho que la situación es terrible. Después de abandonar el castillo para venir aquí, los reyes tardaron muy poco en regresar, y fue como prisioneros de algunos hombres de Faroe y un grupo de gentes de Taera.
Al entrar en su hogar, los guardias apenas tuvieron tiempo de defenderse o protegerlos; delante de los consejeros y todas las personas que consiguieron reunir, los forzaron a abdicar.
—¿Cómo es eso posible? —preguntó el rey Hakim de Seica.
—Dice que mataron a sangre fría a muchas personas —su voz se llenó de tristeza—, mientras que otros tantos están heridos y sin ningún tratamiento, pues han clausurado las puertas del palacio. Ahora ya nadie puede siquiera acercarse.
—Esto es una tragedia. ¡Debemos hacer algo! No podemos dejar Faroe en manos de taerianos.
Rebeca, cada vez que escuchaba la crueldad con la que habían ocurrido las cosas en Faroe, solo podía sentir tristeza y aversión por las acciones de personas de su reino; sin querer, una lágrima se escapó a su control, pero enseguida, y esperando que nadie la hubiese visto, se la limpió.
—Tengo que decir una cosa —dijo tragando saliva y dando un paso al frente. Todos la miraron y los reyes de Alena entrecerraron los ojos y dieron otro hacia atrás.
—Becky, ¿qué sucede? —Víctor la tomó de la mano, intentando adivinar lo que ocurría.
—Yo sé que el príncipe Garik no se fía de mí, y entiendo que pasa lo mismo con alguno de vosotros; no voy a reiterar que soy de fiar, aunque sí quiero confesar algo que he hecho.
A pesar de que Rebeca ya era el centro de atención, el silencio y las miradas en ese momento la hicieron sentirse como si algo la aplastara; aun así, continuó.
—Al irse le di un papel al príncipe Garik con un número de teléfono, el de mi hermano —añadió antes de que alguien la interrumpiera—.
Y ayer, al salir, le dije a Félix que era posible que Garik lo llamara.
No, él no sabe nada de los reinos animales, le conté que Garik era un amigo y que se trataba de un juego de rol, así él no sospecharía y estaría atento .
—¡Estás loca, los has puesto en peligro! A mí hijo y a la princesa de Faroe —saltó Iria colérica.
—¿Por qué lo has hecho? —preguntó con calma la reina Idaira, aunque también se le notaba molesta.
—No creo que haya hecho mal; como acabamos de comprobar, si los príncipes deben escapar hacia otro de los reinos les será fácil y posible comunicarse con nosotros; ahora bien, ¿y si no es así?
—Nadie dijo nada—. ¿Y si no tienen más remedio que huir cruzando un puente a Taera?
¿Cómo se pondrían en contacto? Por eso lo hice, porque confío en mi hermano y porque podría ser de ayuda.
Seguramente ni siquiera lo utilice, sin embargo, de esa forma cubrimos todos los terrenos.
—Creo que será mejor que no estés aquí mientras solucionamos esto —la despidió Hakim, el rey de Seica.
—Perdonad, vos no sois quien para echar a mi esposa.
—Soy un rey por legítimo derecho, que ha nacido en los reinos animales y conozco todo el daño que pueden causar los taerianos en nuestros mundos.
—Sois rey de Seica, si me permitís, y ahora estamos…
Rebeca lo detuvo tomándolo del brazo.
—No importa, déjalo estar; de todas formas, tengo que volver a casa.
—A pesar de sus palabras, a Rebeca le dolió esa discriminación y encasillamiento solo por su lugar de procedencia; si bien antes había pensado que no existía exclusión entre las razas dentro de los reinos animales, sí que sentían un agudo rechazo por los taerianos—.
Como ya he dicho, lo único que quiero es ayudar; además, y aunque no os lo creáis, me importa mucho lo que le pase a vuestros hogares, de modo que seguiré intentando que confiéis en mí.
Solo había pasado media hora desde que Rebeca había abandonado la sala del consejo cuando regresó con gran agitación para comunicarles a los reyes que Garik y Alexandra se habían puesto en contacto con su hermano y que ella los llamaría.
Víctor y ella salieron de Baltrium para hablar con ellos y al regresar les contaron a todos la conversación que habían mantenido con los príncipes.
Gracias a ello, la aversión por Rebeca disminuyó y ya no se mostraban tan distantes con ella.
Vins se sentía mal por estar apartado de lo que estaba pasando; en parte lo comprendía, sin embargo, no se encontraba a gusto permaneciendo al margen de la situación.
Era consciente de que sus heridas tenían que sanar. A pesar de que ya habían pasado meses del ataque que lo había puesto en esas circunstancias, aún no conseguía recordar nada de lo ocurrido. Los médicos le habían dicho que se debía a estrés postraumático, aunque él ya se sentía bastante bien.
Salió de su habitación y bajó las escaleras camino a las cocinas; le apetecía algo de comer y no tenía ganas de llamar a nadie para que lo atendiera, ya se sentía bastante mal sin acordarse de lo sucedido y no quería que le tuvieran pena.
Lo último que recordaba era la cena en Cartagena en la que su hermano les había presentado a su pareja y a su amiga Lucía; a partir de esa noche, y después de que ambas salieran de la casa con tantas prisas, su mente se quedaba en negro.
Cada vez que intentaba hacer memoria veía algún flash de imágenes y palabras, pero tan rápido como venían se iban y lo dejaban con dolor de cabeza.
Le habían dicho que sería pasajero, que debía estar tranquilo y que poco a poco los recuerdos acudirían a su mente; no obstante, tenía la sensación de que había olvidado algo muy importante y por eso se esforzaba tanto en recordar, pues necesitaba averiguar de qué se trataba.
Mientras regresaba a su habitación, quiso pasar antes por la sala de entrenamiento para hacer algunos ejercicios. Físicamente se encontraba mejor y ansiaba volver a estar en forma para que dejasen de tratarlo como un inválido.
Antes de llegar a su destino, pasó por la sala de comunicaciones y escuchó que alguien hablaba por un teléfono dornia, algo que le sorprendió, ya que los dornias que se encontraban en ese despacho comunicaban con los castillos de los otros reinos y, hasta donde él tenía conocimiento, todos los reyes y consejeros se hallaban reunidos en la sala de conferencias intentando solucionar un problema con el reino de Faroe.
No le dio mayor importancia, aunque de todas formas ralentizó sus pasos, y justo en ese momento salió de la sala de modo furtivo una mujer que le resultó muy familiar.
Al principio cayó en la cuenta de que era una de las personas que trabajaban en el castillo y ayudaba a su madre en el jardín, sin embargo, algo en su mente lo alertó y lo hizo fijarse más detenidamente en aquella muchacha.
—¿Qué hacías? —preguntó con desconfianza; ella sonrió.
—Necesitaba coger una cosa.
—Pero no la llevas —observó al verla con las manos vacías. Cada vez más su intuición le avisaba de que algo ocurría—. ¿Cómo te llamas?
—Me conoces muy bien, solo que no me recuerdas. —Su voz había dejado de ser tímida para sonar burlona—. Adiós.
—¡Espera! —La sujetó del brazo y ella se enfrentó a él.