Faroe (Saga Reinos 2) CAPÍTULO 18
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CAPÍTULO 18

Lo había dicho con sinceridad, sin embargo, a ella le costaba creerlo. Él mismo le había contado que había tenido parejas en el pasado, al igual que ella.

—¿Estás seguro? —preguntó sin poder evitarlo.

—Bastante —respondió sin mirarla—. He estado con mujeres, pero con ninguna…

Alexandra no sabía qué responder, estaba muy sorprendida y no quería decir nada que lo avergonzara aún más.

Por el contrario, el nerviosismo de Garik aumentaba esperando un comentario, una respuesta, necesitaba saber qué pensaba de él.

—¿No vas a decir nada?

—No sé qué puedo decir. —Lo miró—. A lo mejor no has encontrado a la pareja adecuada o simplemente no era el momento.

—Ya la encontré. Hace mucho tiempo.

Alexandra sintió que, a pesar de intentar hablarle como su mejor amiga, las palabras que acababa de pronunciar le estrujaban el corazón. Hubo una pausa que no supo cómo rellenar y solo pudo mirarse las manos, que descansaban sobre sus piernas.

—Pero ninguna chica con la que he salido era ella. —Garik la miró esperando una respuesta—. Ninguna eras tú.

Alexandra levantó la mirada como un rayo y vio determinación en los ojos de Garik. Él la tomó de la barbilla, le acarició los labios con el pulgar y la atrajo hacia sí para besarla con amor y ansias.

La cabeza de la princesa daba vueltas, mareada por los sentimientos y las acciones de su amigo; aún dudaba de que fuera virgen debido a su pericia besando y en lo bien que utilizaba la lengua para hacerla desear más y más.

Garik la atrajo, pegándola a su cuerpo; quería sentirla. No obstante, esta vez fue Alexandra quien puso distancia entre ambos. Él la miró sorprendido y triste, pues pensaba que lo estaba rechazando, aunque era todo lo contrario.

—Ven.

Se levantó del suelo y tiró de él para llevarlo a la habitación. Lo sentó en la cama, se quitó la chaqueta y cuando iba a quitarse la camiseta blanca él la detuvo.

—¿Estás…? —Le tapó la boca antes de que formulase la pregunta y ella asintió—. ¿Me dirás si notas que lo hago mal?

—Por supuesto. —Lo besó con suavidad.

Alexandra se sentó a horcajadas sobre él y por primera vez sintió el calor de Garik, que palpitaba bajo ella. Se movió de tal forma que sus sexos se frotasen a través de la ropa y se dio cuenta de que ambos habían atravesado un punto de no retorno en su amistad.

Las manos de Garik le recorrieron la espalda sin bajar del todo y volvieron a subir rozándole el borde inferior de los pechos, sin llegar tampoco a acariciarlos.

La estaba sacando de quicio, si bien comprendía su indecisión. De modo que ella tomó las manos de Garik y las colocó en su trasero. Se estiró y puso sus pechos a la altura de la cara de Garik, que la miró con sorpresa mientras ella le devolvía una mirada pícara a la vez que se mordía el labio.

Eso fue suficiente para que el menor de los príncipes de Alena la tocara donde ella ansiaba.

Ahora que ella le había dado su consentimiento, se sintió con más confianza para acariciarla, así que primero acarició con cuidado las nalgas de Alexandra y luego se atrevió a hacerlo con más énfasis, al compás de los movimientos de su amiga sobre su miembro, que cada vez estaba más duro.

Dejó su trasero y subió la camiseta de Alexandra hasta quitársela y descubrir un sujetador blanco, aunque apenas pudo apreciarlo durante cinco segundos, pues la princesa soltó el broche y tomándolo de la barbilla le colocó un pecho en la boca.

Él era virgen porque nunca había consumado el acto con ninguna mujer, pero sí había hecho cosas íntimas con ellas; sin embargo, ella era su mejor amiga y acababan de traspasar un límite que ya no volvería a ser igual, ahora se sentía nervioso porque quería complacerla como mujer y también intentar respetarla como amiga.

Sin embargo, la tensión del momento se antepuso y tomó el control de Garik, haciendo que recorriera la piel con lentitud hasta llegar al pezón, que estaba duro y le supo a miel; lo acarició con la lengua, jugando con la areola, instantes antes de apresarlo con la boca y chuparlo, haciendo que ambos gimieran de placer rendidos al momento que estaban compartiendo.

Tomándola del trasero, la levantó y la tumbó de espaldas en la cama, colocándose en un costado para no aplastarla con su peso.

Al sentir el movimiento, ella aprovechó para quitarle la camiseta y acariciarle el torso y la espalda, presionando en puntos estratégicos de su anatomía para aumentar su excitación, algo que había aprendido en Taera cuando estudió acupuntura.

Garik se vio sorprendido por espasmos que le recorrieron la espalda hasta llegar a la nuca como corrientes eléctricas que lo ponían a mil.

Para detenerla, se incorporó un poco y la besó, explorando sus labios como si quisiera guardar en su recuerdo cada sensación y suavidad, cada recoveco y cada sabor .

Alexandra olvidó todo cuando Garik la besó.

Su beso fue exigente pero dulce e hizo que se perdiera en él, de modo que se sorprendió cuando sintió la mano de Garik abriéndose paso por su ropa interior hacia la parte más íntima de su ser.

Quería más de él, saber que era suyo. Él nunca había estado con nadie y ella deseaba ser la primera y la única, así que abrió las piernas y dejó que sus dedos la tocaran.

Hubo un instante de duda y ella recordó la petición que él le había hecho.

—Vas muy bien —susurró y acto seguido le mordisqueó el lóbulo, ya que sabía que le gustaba.

Con suavidad, movió los dedos sobre la piel suave y mojada de Alexandra, que se desplazó un poco para que él pusiera la mano justo donde necesitaba; dejó que la tocase, deleitándose en cada uno de sus movimientos.

Garik aprendía rápido, y enseguida supo reconocer cómo, dónde y a qué velocidad tenía que mover la mano o los dedos para el disfrute de su princesa.

Alexandra se corrió un par de veces y supo que quería más. Necesitaba a su príncipe. Ansiaba sentirlo dentro. Sin olvidar que aquella era su primera vez.

Se apartó de Garik y se bajó de la cama. Él la miró sin comprender hasta que la vio desvestirse del todo. La imitó sin saber qué hacer después. Ella se dio cuenta de su tensión y sonrió, se acercó a él y lo besó mientras lo empujaba para acostarlo boca arriba.

Garik se dejó hacer, esperando que ella se tumbara a su lado; sin embargo, no lo hizo. Lo miró.

—Para que no te haga daño.

Alexandra susurró esas palabras un segundo antes de tomar su miembro y metérselo en la boca, lamer y mojar bien a Garik; acto seguido, se colocó a horcajadas sobre él y poco a poco sintió cómo Garik la colmaba por completo.

—Avísame cuando estés a punto de correrte. —No contestó, tan concentrado como estaba en las sensaciones que le estaba provocando—. ¡Garik! —La miró—. Es importante.

—Perdona. Es que esto es…

Alexandra se llenó de amor al verlo tan embelesado.

—Avísame cuando vayas a correrte, ¿vale? —Asintió y ella empezó a moverse.

—Maldita sea. —Apretó la mandíbula y los ojos.

—¿Garik? —sondeó.

—No, aún no —ella siguió moviéndose—, pero falta muy poco.

Alexandra sabía que al ser su primera vez se correría pronto, así que se movió intentando aumentar también su propio disfrute y se corrió justo antes de que él la avisara. De modo que se levantó y dejó que la semilla de Garik se desperdigara por su estómago.

—Lo siento —se disculpó incómodo al ver lo que había hecho.

—No pasa nada, he sido yo, que me he retirado a tiempo.

Se levantó y fue a por papel para limpiarse.

Ninguno podía declarar su amor en voz alta, pero entre ellos no hacía falta.

Tampoco dijeron nada mientras se vestían, a pesar de que antes de salir al salón para colocar bien los muebles Garik la detuvo y la besó.

No fue un beso cualquiera, sino una caricia en sus labios dirigida a su corazón, una muestra de amor y cuidado.

Ella lo amaba y con ese acto sabía que siempre sería así.

En mitad de la noche, Alexandra escuchó ruidos y se despertó un tanto alarmada; al mirar a su alrededor, vio a Garik moverse en la cama, por lo visto estaba soñando algo que parecía inquietante.

Se levantó de su cama y fue hasta la de Garik, que se encontraba a un par de metros. Se sentó en el borde y sacudió suavemente a su amigo. Él se despertó enseguida y fijó la mirada en la de Alexandra.

—Vaya, era un sueño.

—Sí, estabas un poco inquieto. Pensé que era una pesadilla .

—Para nada, todo lo contrario.

Se ruborizó y bajó la mirada hacia la tienda de campaña que formaban las mantas. La princesa lo imitó y se relamió al recordar su sabor.

Alexandra era una mujer que sabía perfectamente lo que quería, el sexo hacía mucho tiempo que había dejado de ser un tabú para ella. Garik era su mejor amigo, ahora su amante y tal vez más adelante podían ser algo más; de modo que se acercó a su oído y susurró:

—Bueno, si era algo bueno me lo puedes enseñar. —Lo miró con picardía.

Garik la miró y descubrió deseo en sus ojos, de modo que la tomó de la nuca y la atrajo para hacer realidad el sueño del que acababa de despertar.

Exploró su boca a conciencia, pero intentando que fuera ella quien buscara más. Sonrió cuando ella intensificó el beso, aunque se sorprendió en el momento en que lo detuvo de golpe y se incorporó.

—A eso podemos jugar los dos, Garik.

Se apartó y se dio la vuelta para volver a su cama, aunque en el trayecto se quitó el pantalón, dejando a la vista un culote negro que le hizo la boca agua a Garik.

Se deshizo de las mantas que lo aprisionaban y fue en busca de su princesa. La atrapó justo antes de que llegara a su cama y, sujetándola desde atrás, la pegó a su cuerpo y le besó el cuello.

Alexandra disfrutó cuando sintió a Garik a su espalda, y más cuando impidió que se diera la vuelta.

Le acarició el vientre con suavidad y luego descendió la mano para rozar su centro. Ahora que sabía cómo le gustaba a Alexandra que la tocara, lo hizo enardeciéndola hasta casi llevarla al orgasmo.

—Mmm… sigue. Ibas muy bien.

Garik sonrió y le lamió la oreja a la vez que le subía la camiseta con ambas manos y se la quitaba por encima de la cabeza. Aprovechó el movimiento y le recorrió los brazos desde los dedos hasta los pechos con una ligera caricia que la hizo temblar de anticipación .

La tomó por la cintura y la giró despacio, acariciándole el vientre. Ella lo miró a los ojos y lo besó al mismo tiempo que se deshacía de la camiseta de Garik e intentaba hacer lo propio con el pantalón. Él la detuvo y con un ligero empujón hizo que se sentase en la cama.

Alexandra se enardeció al ver el miembro libre de Garik delante de ella e intentó tomarlo con las manos, pero él se lo impidió y ella lo miró con una mezcla de frustración y asombro.

Para su sorpresa, Garik se inclinó y le comió la boca con tanta pasión que estaba mareada cuando abandonó sus labios y se dirigió a los inferiores para darse un festín con ellos.

Le abrió las piernas y le anticipó sus intenciones dejándole un reguero de besos y caricias por los muslos. Alexandra apenas podía pensar, de modo que cuando sintió el aliento de Garik en su centro lo tomó del pelo y reclamó la culminación de las acciones que prometían aquellas atenciones.

Garik besó a Alexandra ahí donde ella le había dado permiso y saboreó el reguero de satisfacción que le provocaba y que se deslizaba por sus labios.

Movió la lengua en círculos alrededor de su clítoris y presionó en su botón, haciendo que se corriera y gritara su nombre.

Sin embargo, quería más; en su sueño le decía que la amaba, pero sabía que eso no podía hacerlo, de modo que se lo demostraría.

Ella se tumbó en la cama, extasiada por el deleite. Él la admiró desnuda. Amor y deseo crecieron en su interior, hinchando más su miembro. Se subió sobre ella, que lo miró aún recuperándose del segundo orgasmo.

Al entender sus intenciones, la princesa se apoyó en el borde de la cama y se recostó en ella; después abrió de nuevo las piernas, mostrándole a Garik lo que deseaba.

Él dudó un segundo, algo que ella aprovechó para tomar su pene, acariciarlo desde la base y mojarlo en su humedad. Lo movió frotando la punta endurecida de Garik con su clítoris.

—¡Ay, madre! —dijo al tiempo que una nueva explosión de endorfinas salió a chorro, mojándolos a ambos .

Garik aprovechó el momento para chupar y pellizcar los pezones enhiestos de ella y aumentar su placer.

—Garik, entra ya, por Dios —suplicó cuando los espasmos cesaron.

Él obedeció e introdujo su miembro con cuidado en ella; sin embargo, Alexandra estaba más que preparada y, sujetándolo por el culo, levantó la cadera a la vez que lo atraía hacia sí, llenándose por completo de su amante.

—¡Joder!

Garik permaneció un par de segundos sin moverse, pues no quería que el placer terminara tan pronto.

Debía aguantar. Necesitaba llevar el ritmo para prolongar lo máximo posible el acto.

De modo que buscó una mano de Alexandra y la colocó estirada en la cama por encima de su cabeza, luego hizo lo mismo con la izquierda.

Las mantuvo atrapadas con una suya al tiempo que con la otra la sujetó por la cadera para poder mantenerla firme mientras la penetraba.

—Quiero más —exigió alzando las caderas. Y Garik aumentó el ritmo.

No obstante, no se refería a la velocidad, sino a la fuerza, y se lo demostró cruzando las piernas por detrás de Garik y atrayéndolo con ímpetu hacia sí, haciendo que entrase más y con más energía.

Aquellos envites hicieron estragos en ambos y se dejaron llevar por la pasión, por el momento y por las sensaciones que se estaban prodigando.

Se corrieron al unísono con una fuerte embestida. Él se dejó caer sobre ella hasta que su amiga soltó la presa que había formado en torno a su cuerpo y pudo incorporarse un poco.

No sabía cuándo se habían liberado sus manos, ya que al moverse se dieron cuenta de que estaban abrazados.

Garik se quitó de encima y se tumbó en la cama; ella se puso de costado y lo miró.

—Aprendes muy rápido. —Ella bostezó.

—Tengo una muy buena profesora. —También bostezó.

Alexandra se incorporó un poco y acarició el pecho de Garik antes de besarle y morderle delicadamente el pezón .

—Cariño, cuando yo haga de profesora, necesitarás un par de días de asuntos propios.

Le dio un beso casto en los labios, que sirvió para dejarlo con ganas de más. Ella sabía cómo provocarlo y tenerlo a sus pies; como bien había dicho, él no era más que un simple aprendiz.

—¿Es una promesa?

—Depende.

Ambos se quedaron pensativos. Ninguno dijo nada, pero los dos lo habían decidido ya. Lucharían por su futuro juntos.

—A descansar entonces.

Garik se vistió y volvió a su cama.