Faroe (Saga Reinos 2) CAPÍTULO 16
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CAPÍTULO 16

Ninguno pronunció palabra mientras salían del salón. Nada más cerrar la puerta, el móvil empezó a sonar. Ambos se miraron y se alejaron un poco más de la entrada para contestar.

—Hola, soy Rebeca —oyó Alexandra—, perdonad que no os llamara antes, acabo de salir de Baltrium y he tenido que volver para avisar de que os habéis puesto en contacto. Víctor está conmigo. —Puso el altavoz.

—No importa —la disculpó, pero no podía poner el manos libres por si los escuchaba alguien—. Hablamos con tu hermano y nos dijo que el reino estaba en poder de Ángel y Saray. ¿Eso es cierto?

Garik se acercó a Alexandra y la rodeó por la cintura para aproximarse más cómodamente al auricular.

—Un chico consiguió salir del castillo a tiempo y nos dio la información. —Esta vez fue Víctor quién habló.

—No es posible que mi padre haya entregado el reino a esos locos. ¡Él ama Faroe !

—Y ellos lo sabían; el rey Fenrir abdicó en Ángel cuando vio la violencia y…, como tú misma has dicho, ama a su pueblo y no quería ver más derramamiento de sangre.

—¿Qué? —Por suerte, Garik la mantenía sujeta, pues se tambaleó al escuchar a Víctor.

—Al parecer, había taerianos con Ángel cuando os atacaron y lo ayudaron a derrocar al rey. No sabemos si también está Saray, no tenemos noticias de ella —continuó el príncipe de Baltrium.

—¿Están todos bien? —preguntó Garik al ver que su amiga aún estaba en shock; hubo un silencio—. ¿Y los padres de Alexandra? —urgió.

—En principio no han sufrido daños.

—Pero no lo sabéis con certeza —sentenció la princesa.

—No. Hasta donde sabemos, se los llevaron y los encerraron —respondió Rebeca—. El joven que escapó ya no puede volver, vigilan todos los accesos del castillo.

Alexandra miró a Garik preocupada. No sabía cómo actuar a continuación. Estaba lejos de su hogar y ni con todo su entrenamiento podía ayudar a sus padres.

En ese momento, seguramente los mejores luchadores de los cinco reinos estaban juntos y ninguno podía hacer nada.

¿O sí? Si volvían a Faroe y conseguían reunir a los guardias de élite, a lo mejor lograrían enfrentarse a Ángel y sus mercenarios.

Tenía que hablar con Garik, pedirle que la ayudara, pero antes necesitaban más información.

—¡Sí puede volver! —Hubo un silencio—. Quien escapó. Hay una forma de que pueda entrar en el castillo.

Garik la miró sorprendido; de pequeños habían explorado el castillo y no recordaba que hubiera una salida de la que los reyes no tuvieran conocimiento.

—Debe ir por aire por la cara norte hasta llegar a las ventanas altas de la torre; se supone que no se pueden abrir, pero una de ellas está suelta.

Para quitarla hay que mover una losa con cuidado y rotarla lo justo para crear una abertura.

—Garik se sorprendió, sin dar crédito a lo que escuchaba—.

Yo lo hacía desde dentro y la dejaba abierta para mi regreso, así que imagino que será más complicado desde fuera.

—Al ver la cara de Garik, sonrió y tapó el auricular para que no la oyeran—.

Tuve una época rebelde y me escapaba del castillo. Mi padre nunca se enteró.

—Es una buena forma de entrar, nos pondremos en contacto con él lo antes posible.

—Hacedlo y cuando sepáis algo nos lo comunicáis de inmediato.

—Por supuesto. —Víctor estaba serio—. Contadnos ahora vosotros, ¿cómo habéis escapado y dónde os encontráis?

—Estamos en Ecuador —respondió Alexandra—.

En un hotel a las faldas del Imbabura en Otavalo, junto a la laguna de San Pablo.

Conozco gente aquí que nos está ayudando.

Así que podemos aguardar sin problema. —Se quedó pensativa—.

En cuanto a cómo escapamos, Colin nos dio una nota antes de que le dispararan con un tranquilizante.

La había olvidado. Solo leí que un muchacho de confianza nos esperaba cerca.

Nos siguieron por toda Dacoma, huimos y entramos en el bosque.

Conseguimos darles esquinazo a pesar de que nos pisaban los talones transformados en aves y por eso vinimos aquí, era el puente más próximo que teníamos.

—¿Eran taerianos vuestros perseguidores?

—Al principio sí, o al menos los que nos tendieron la emboscada, aunque luego…

—¿No dijiste que habías reconocido a alguien? —la interrumpió Garik.

—Sí. Mientras cruzábamos el pueblo me pareció ver a Demian; creo que era uno de los que nos buscaban. No estoy del todo segura porque no me paré a mirarlo, aunque si no me equivoco se transformó en gaviota para seguirnos y luego se le unió el águila, que nos siguió hasta la poza.

—¿Saben que ahora estáis allí?

Garik y Alexandra se miraron, intentando encontrar la respuesta en el otro.

—Creemos que no —respondió finalmente Garik.

—Si os soy sincera, a pesar de que Garik me ha dicho que han vuelto, yo aún no he visto ni a Ángel ni a Saray; imagino que estaban transformados y por eso no los reconocí.

—Estamos totalmente seguros de que Ángel ha vuelto —respondió Víctor—; él y Kyle, su hijo, también hicieron de las suyas aquí hace unos meses.

Tuvimos suerte. Sin embargo, no tenemos constancia de la presencia de Saray, no se la ha visto.

Al preguntarle a Kyle por ella, se queda callado, aunque demuestra mucha rabia.

—A mí tampoco me consta su presencia. De todas formas, estamos teniendo mucho cuidado para que no nos encuentren —añadió la princesa.

—Seguid así, os llamaremos en cuanto sepamos algo más de Faroe —prometió Víctor.

—Muchas gracias.

—¿Vosotros estáis bien? ¿Necesitáis algo? —preguntó Rebeca.

—Tranquila, aquí en Ecuador tengo contactos. Estaremos bien.

—Me alegro, si necesitáis cualquier cosa este es mi número, si no estoy disponible llamad a mi hermano.

Él me avisará enseguida y además os dará más datos si los tenemos…

—Se quedó pensativa—. Por cierto, siento que cuando hablasteis con él fuera raro, es que le encantan los juegos de rol y me pareció una buena idea hacerlo de esa forma para transmitiros información sin revelar nada de los reinos animales.

—No te preocupes, lo entendemos —la disculpó Alexandra.

—Aun así, no quería ofenderos ni que pensaseis que soy insensible.

—Gracias —dijo Garik con sinceridad—. Siento lo que te dije en Baltrium. —Alexandra lo miró con una ceja arqueada y este le restó importancia.

—Ya hablaremos cuando todo esto se arregle y volváis a vuestros reinos. Ahora debéis permanecer atentos y cuidaros.

En ese momento, Alexandra y Garik escucharon que las voces de sus interlocutores se alejaban o que discutían sobre algo tapando el auricular. Se miraron nerviosos, imaginando que acababan de llegarles nuevas noticias y que no eran buenas.

Aguzaron el oído intentando distinguir las palabras, pero solo consiguieron entender cosas sueltas que les preocuparon aún más.

—¿Qué cuchicheáis? —exigió saber la princesa de Faroe.

—Perdonad, es que tus padres —Alexandra se envaró de la tensión— nos dieron un mensaje, Garik. —Se relajó al saber que no era para ella.

—¿De qué se trata? —urgió.

—Tus padres quieren que te cuides y protejas a Alexandra, os mandan besos a ambos.

Johanna ha dicho que tengáis mucha cautela y que ayudes a Alexandra y la lleves a casa sana y salva.

Y Lucian, y cito textualmente: «Decidle a Garik que como permita que le pase algo a Alex le voy a rapar el pelo y se va a quedar una semana a dormir con las cabras mellow en el establo».

—Alexandra rio recordando la calidez de esos animales típicos del reino de Alena, que tenían la lana lisa y suave como plumas.

—Qué encanto —dijo y miró a Garik—. Eso molaría verlo.

—¡Lexie!

Se quejó y le presionó las costillas con la mano que la rodeaba para hacerle cosquillas. Ella se removió y sin querer le dio un ligero cabezazo. Ambos rieron.

—Gracias por los mensajes, decidles que estamos muy bien y que no se preocupen, tendremos mucho cuidado —respondió la princesa.

—En ese caso, hablamos pronto. Adiós.

La comunicación se cortó, pero ninguno hizo amago de separarse. A pesar de que la conversación había derivado en temas triviales, ambos sabían que la situación en el reino de Faroe era muy complicada y que seguramente sería mucho peor de lo que pensaban.

Alexandra agradecía el abrazo de Garik, ya que la reconfortaba y la ayudaba a no venirse abajo; sentía el peso de sus obligaciones hacia su reino y cada vez era más acuciante el impulso de ir ella misma a auxiliar a sus padres y liberar a su pueblo, sin embargo, no podía hacerlo sola, necesitaba apoyo, tenía que preguntarle a Garik si estaría dispuesto a entrar en Faroe y luchar a su lado para expulsar a los usurpadores. No obstante, no sabía cómo decírselo.

Lo miró de soslayo y se dio cuenta de que él estaba perdido en sus propios pensamientos.

La noche anterior le había dicho que haría cualquier cosa por ella, pero…

¿sería capaz de pedirle que arriesgara su vida para liberar a su reino?

Volvió a observarlo y supo que no; la habían entrenado para ser fuerte, luchar, crear estrategias, incluso había pertenecido al ejército de marina y había llegado a ser teniente coronel.

Él ya la había ayudado en más de una forma desde que se habían vuelto a encontrar.

Además, sus sentimientos hacia Garik cada vez eran más profundos y nunca se perdonaría si por su culpa él sufría cualquier tipo de daño.

Se movió un poco para separarse de él en el preciso momento en el que se escuchó la voz de Gabriel a sus espaldas.

—Pensaba que os habíais ido. —Garik volvió a pegarla a su costado como acto reflejo.

—No —respondió Alexandra, dándose la vuelta sin separarse de Garik—. Teníamos que hacer una llamada.

—Estupendo, ¿habéis terminado? —Ella asintió—. ¿Quieres bailar? —Le tendió la mano.