Faroe (Saga Reinos 2) CAPÍTULO 15
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CAPÍTULO 15

Ya quedaba poco para la fiesta y Garik y Alexandra se estaban arreglando en la casa del señor Galo, ya que los había invitado a comer ese día.

Durante el tiempo que pasaron en su casa, llamaron un par de veces a Félix por si tenía alguna noticia de Rebeca, pero como aún no sabía nada siguieron con sus planes.

Garik llevaba un traje negro con corbata del mismo color sobre una camisa blanca. Esperaba tenso en el salón de su anfitrión a que terminara de arreglarse su amiga. Se levantó deprisa en el instante en que la vio entrar con un vestido azul celeste asimétrico atado al cuello.

Los ojos se le abrieron de par en par al recorrer cada curva de su silueta con la mirada. El vestido le sentaba de maravilla y su cuerpo reaccionó sin que tuviera tiempo de detenerlo.

Se acercó a ella con rapidez para que no apreciara la tirantez de su pantalón y la tomó de la mano para darle un ligero beso en los nudillos.

Alexandra sintió que el estómago le daba un vuelco, ya que percibió como una caricia la mirada de Garik recorriéndola lentamente para luego acelerarle el corazón con aquel beso en la mano.

No podía negarlo, se sentía atraída por su mejor amigo, pero sabía que no era un buen momento para el romance y además no tenía muy claro cómo iba a reaccionar a sus sentimientos.

—Estás preciosa —dijo él mientras aún sostenía su mano.

—Y tú muy guapo —contestó cruzando por un segundo las miradas, aunque la apartó enseguida.

Escucharon que alguien entraba en la habitación, se separaron y se dieron cuenta de que se trataba de la señora Laura, la esposa del señor Galo, a quien Garik había conocido esa mañana.

—Alexita —llamó la mujer—, mija, está muy guapa, le queda muy bien el vestido. A usted también, joven, hacen una parejita muy bonita.

—Muchas gracias, señora Laura, pero no somos…

—¡Galito, ven! —lo interrumpió. Su marido llegó—. Mira qué guapos están, Margarita va a ser la envidia de sus amiguitas si este chico tan atractivo baila con ella.

—Por supuesto. —Garik aceptó, a pesar de que aún se sentía bastante incómodo con ese baile.

—Gracias, mijo. —La mujer sonrió—. Galito, hazles una foto. ¡Pónganse aquí, que es más bonito! —Los colocó delante de un sofá gris sobre el que se podía ver un cuadro de una vista aérea de Otavalo.

Tras la foto, ambos se sentaron en el sofá y esperaron a sus anfitriones para dirigirse juntos al lugar del festejo.

Una vez en la fiesta, buscaron rápidamente la mesa en la que los habían sentado.

La celebración dio comienzo y los invitados bordearon la pista de baile.

Las luces se apagaron y un foco iluminó el centro de la pista, la cumpleañera se colocó bajo él y empezó a moverse al ritmo de We Found Love de Rihanna y luego se le unieron dos chicas más.

El trío bailaba con total sincronización, lo que hacía que todo el mundo estuviera atento a sus pasos de baile.

Cuando terminó la canción, un joven puso una silla en el centro de la pista y Margarita sonrió y se sentó en ella.

Una pareja fue hasta la muchacha y Alexandra se acercó al oído de Garik para susurrarle de quién se trataba.

Él vio el momento en el que la madre de Margarita tomaba los zapatos de ella, que eran sencillos, y su padre le colocaba en sustitución unas sandalias con tacón corto.

Garik buscó la mirada de Alexandra para que le explicara por qué lo habían hecho.

—Es una forma de simbolizar que ya no es una niña.

Garik volvió a observar a la pista y vio que los ojos del padre estaban a punto de inundarse de lágrimas y que la madre miraba orgullosísima a Margarita, que estaba preciosa con su vestido de color rosa, una tiara y unos guantes largos que le llegaban por encima del codo.

Empezó a sonar una canción y la madre salió de la escena para que padre e hija comenzaran a bailar.

—Atento, que ahora te toca —lo avisó.

—¿Ya? Pero…

—Este es el vals, es importante. Como lo ensayamos.

—Lexie, yo… No sé si…

Verse rodeado de tantas personas lo estaba poniendo nervioso, y más sabiendo que tendría que bailar una pieza tan importante para la cumpleañera. Ni siquiera en los torneos se sentía así, aunque en ellos sabía perfectamente lo que debía hacer y había entrenado mucho.

—Por favor, lo harás genial. —La miró suplicante—. Hazlo por mí.

Solo bastaron esas palabras para llenarlo de valor; había prometido hacer cualquier cosa por ella y un baile delante de desconocidos no sería nada en comparación con lo que tendrían que llevar a cabo para liberar Faroe, de modo que asintió y giró hacia la pista, donde padre e hija acababan de separarse y la chica buscaba a alguien entre el público.

Dio un paso adelante y luego otro hasta que se encontró con Margarita, que lo miraba radiante y agradecida.

—Es la primera vez que bailo el vals —le dijo para disculparse por anticipado por si se equivocaba de paso.

—Gracias por esto, de verdad.

Ambos se movieron sobre la pista sin perder ningún paso, e incluso Garik se atrevió a terminar la pieza con una caída suave en pose final que Margarita aceptó encantada cuando él se lo propuso.

Todos los espectadores aplaudieron a la pareja una vez terminó la canción. Antes de separarse, Margarita lo abrazó y le contó un secreto muy bajito al oído.

—Para que lo sepas. —Le guiñó un ojo antes de ir con sus amigas, que la esperaban—. Gracias otra vez.

Garik sonrió por el comentario y le agradeció en silencio sus palabras; poco a poco entendía a Alexandra y al príncipe Víctor, no todos los taerianos eran malos y él estaba recibiendo una cura de humildad con respecto a ellos.

Se alejó de la gente que los felicitaba al pasar; necesitaba llegar con Alexandra, estaba eufórico. Había bailado y lo había hecho genial. Margarita estaba feliz y él quería hablar con su amiga para contarle cómo se sentía.

Volvió al lugar donde ambos habían presenciado el primer baile, pero al no verla se dirigió a la mesa en la que tenían sus asientos asignados; tampoco la encontró ahí, y giró en redondo buscándola. No fue difícil hallarla, pues era la única mujer pelirroja del salón y también una de las más altas.

Fue hacia donde se encontraba y se dio cuenta de que estaba hablando con alguien; al llegar, vio que se trataba de un hombre que estaba haciéndola reír y que la tomó por la cintura cuando él se acercó a ellos.

Alexandra no hizo ningún amago de apartarse del abrazo de Gabriel, ya que solo se había acercado un poco más a ella para dejar espacio para Garik.

—¡Garik, has bailado fenomenal! —Lo tomó de la mano—. Mira, él es Gabriel. —«El famoso Gabriel», pensó Garik antes de tenderle la que tenía libre.

—Encantado.

—Igualmente —respondió—. Ha sido un baile bonito; yo tenía pensada otra coreografía, aunque no ha estado mal.

—Gabriel es primo de Margarita, iba a ser él quién bailase con ella el vals, pero ya sabes…

—Mientras Margarita esté contenta, está todo bien —dijo Garik.

—Sí, qué remedio, lo que ganó por un lado lo perdió por otro.

Ambos hombres se miraron con fijeza evaluando al otro.

Gabriel era más bajo que Garik por al menos veinte centímetros, mientras que el cabello rubio de Garik tenía muchos más matices que el de Gabriel.

Los ojos de los dos chicos eran azules, mas los de Gabriel eran más oscuros que los de Garik, los cuales se parecían a un cielo despejado de verano.

En cuanto a la forma física, ninguno tenía nada que envidiarle al otro, pues ambos estaban muy bien entrenados.

—No te quepa duda.

En ese momento, empezó a sonar una bachata.

—¿Bailamos? —preguntó Gabriel a Alexandra, que sonrió y soltó la mano de Garik.

—Dame un segundo —pidió ella y se agachó a soltarse los tacones que llevaba. Se los dio a Garik—. ¿Me esperas?

—Por supuesto —afirmó y colocó un mechón de pelo detrás de la oreja de su amiga.

Garik vio cómo Alexandra y Gabriel se colocaban en el centro de la pista y empezaban a bailar tan pegados que a Garik comenzó a subirle la bilis a litros por el esófago.

Se movían con una sincronización espectacular y unos movimientos que seguramente eran dignos de profesionales; no es que él controlase del tema, pero, por la reacción del resto de invitados, supuso que era admirable.

Todos abandonaron la pista y se quedaron en los bordes mirándolos.

Gabriel tenía una pierna entre las de Alexandra y ella se contoneaba de una forma tan sensual y sugerente que Garik deseó apartar la vista; sin embargo, la música y el movimiento preciso y profesional de la pareja le impedían dejar de mirarlos.

Tal vez los taerianos no fuesen malas personas, pero ahora Garik sabía que Gabriel nunca formaría parte de la lista de taerianos que él aceptaría de buen grado.

Desde que había vuelto a estar tan cerca de Alexandra recordando el pasado, algo se había despertado en él, y sentía por primera vez unos celos tan viscerales que tuvo que contenerse para no ir a por ella y apartarla del abrazo de Gabriel; no obstante, Lexie era su amiga y, por verla tan feliz y sonriente que parecía que brillaba, respiró hondo y se sentó a esperar a que terminaran.

Los bailarines se acercaron a Garik, charlando y entre risas.

—Pensé que después de tanto tiempo ya no te acordarías.

—Cómo no hacerlo, si fue el primer baile de salón que perfeccionamos.

—Lo has hecho muy bien. ¿A que sí? —preguntó a Garik.

Él no tenía idea de ese tipo de baile, así que no podía dar un veredicto justo, aunque, al recordar que todos los invitados los habían dejado solos bailando, imaginó que se debía a lo bien que lo habían hecho.

—Por supuesto. Ambos habéis bailado genial.

La princesa miró a Garik y su rostro se tornó escarlata, ya que, aunque su amigo la felicitó, notó su incomodidad; al principio la achacó a su falta de objetividad con respecto al baile, sin embargo, cuando miró a Gabriel advirtió que había algo más.

Intentó adivinarlo, pero no supo el motivo hasta que escuchó el comentario de Gabriel.

—Si hubiéramos bailado en el concurso como nos hemos movido hoy, seguro que habríamos ganado.

Alexandra se dio cuenta de que Garik apretó la mandíbula y los puños al escuchar el comentario de Gabriel.

«¿Será posible que esté molesto?», Alexandra los miró a ambos y los encontró estudiándose.

No comprendía lo que estaba pasando ni por qué se comportaban así, parecía que intentaban desafiarse sin que fuera demasiado evidente, aunque sin tener mucho éxito.

Al fijarse bien en sus dos amigos, se percató de las similitudes que compartían y sonrió para sus adentros.

Gabriel era como una versión beta de Garik; a lo mejor por eso Gabriel le había llegado a atraer unos años atrás.

Sacudió la cabeza al tomar conciencia de ello y se alejó un poco para ponerse del lado de Garik.

Él no lo sabría, pero ahora por fin advertía que nunca nadie fue rival para lo que sentía por él .

—¿Qué hora es? —preguntó para cambiar de tema.

—Las siete y media. —Gabriel no tardó en contestar.

—Gracias. Garik —se giró hacía él—, creo que es hora de… —La entendió a la perfección sin necesidad de añadir nada más.

Alexandra se sentó y le tendió la mano para pedirle sus zapatos. Si querían volver a llamar tendrían que salir dentro de poco.

—Te ayudo.

Garik se colocó delante de ella con una rodilla en el suelo y, tomándole un pie, deslizó con delicadeza el zapato. Una vez estuvieron ambos atados, la tomó de la mano para que se apoyara al levantarse.

—¿Vamos?

—¿Os vais tan pronto? —preguntó Gabriel rozando la espalda de Alexandra.

—Puede ser, pero no creo que sea el caso. —Se acercó más a Garik, separándose del toque de Gabriel—. Volveré, aunque sea para despedirme.

Al alejarse, Garik muy caballeroso dejó que su amiga pasara primero, rozándole la espalda, y sin poder evitarlo echó la mirada hacia atrás para comprobar que Gabriel seguía observándolos. Sonrió con satisfacción al verlo entrecerrar los ojos con enfado.

No sabía si hacer un comentario sobre Gabriel, ya que todo lo que se le ocurría podría malinterpretarse. No lo podía evitar. Además, tampoco quería que Alexandra se sintiera incómoda.