Faroe (Saga Reinos 2) CAPÍTULO 13 #2
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CAPÍTULO 13 #2

Acto seguido, se incorporó y se colocó a horcajadas, con una rodilla sobre el brazo de Garik y con el pie inmovilizándolo desde la muñeca.

Alexandra sonrió mientras apoyaba una mano cerca de la cabeza de su amigo y, con la otra, fingía sostener un cuchillo sobre su cuello.

—¿Qué tal?

—¡Eres increíble!

—Te lo dije —sonrió.

Garik estaba realmente impresionado de los recursos que poseía Alexandra en cuanto a defensa. Era ágil, rápida, fuerte, intuitiva… Sonrió, pu es hacía tiempo que no luchaba con un rival tan difícil.

Ahora ella estaba sobre él y fingía amenazarlo con un cuchillo contra su garganta; sus respiraciones eran aceleradas, aunque ninguno había perdido el resuello, prueba de lo en forma que se encontraban.

Sus miradas divertidas se cruzaron y, durante ese segundo, el corazón de Garik latió tres veces más rápido, lo que causó que su respiración se alterara a la vez que un escalofrío le recorría la espalda de arriba abajo y le tensaba todos los músculos del cuerpo como cuerdas de violín.

Alexandra se estaba divirtiendo sabiéndose ganadora en ese combate contra su amigo; a pesar de ello, cuando sus miradas se encontraron se sintió tímida y nerviosa sobre él, fingiendo amenazarlo con un arma blanca. Redujo la presión en su brazo y muñeca, liberándolo de su ataque.

—Sé que no has luchado en serio —dijo mientras se apartaba.

—Sí que lo he hecho —repuso levantándose. Ella lo miró con una ceja levantada.

—Si eso es cierto, creo que has perdido facultades desde el último torneo.

—Aquí no hay espacio suficiente. —Ella se encogió de hombros—. Admito que al principio no me lo he tomado tan en serio, en cambio, al final te aseguro que he ido a por ti.

—Lo sé —sonrió—, aun así ni siquiera al final estuviste al cien por cien.

—Claro —afirmó—, no me arriesgaré a lastimarte mientras sepa que tus padres, tu reino y tú corréis peligro; tienes que estar a tope si se produce un enfrentamiento real.

Alexandra sonrió y, de nuevo, al escuchar sus palabras, un calor totalmente desconocido se encendió en su pecho, logrando que deseara abrazar a Garik y no soltarlo nunca; él era su lugar seguro, con quien siempre se sentía bien. La apoyaba y ayudaba, la completaba.

—Además —continuó—, sé que tú tampoco has luchado poniendo en práctica todo tu potencial. ¿Me equivoco? —la retó.

—No —respondió con orgullo .

Garik aún sentía los músculos tensos, a pesar de que Alexandra ya no estaba sobre él.

Consiguió ralentizar los latidos de su corazón y serenarse; no entendía por qué ahora la cercanía de Alexandra le afectaba emocionalmente, y supuso que se debía a que, tras sincerarse, tenía las emociones a flor de piel.

La miró moverse con elegancia mientras volvía a colocar los muebles en su lugar y se dio cuenta de que no era solo el haberse abierto a ella lo que provocaba que el pulso volviera a acelerársele, sino que ahora empezaba a ver a su amiga con otros ojos.

Sonrió, aunque luego se sintió mal por ello; no quería que nada los separase y, si era verdad que sus sentimientos hacia ella estaban tomando un rumbo más romántico, era posible que darles rienda suelta convirtiera su relación en algo incómodo que los alejara de nuevo.

Alexandra notaba la mirada de Garik seguir sus acciones y volvió a sentirse vulnerable; no era normal que él la pusiese nerviosa, sin embargo, desde que lo había vuelto a ver, algo en ella se había removido y provocaba que una corriente eléctrica la recorriera de arriba abajo.

Saber que estaba ahí y que sin dudarlo ni un instante había cruzado reinos para ayudarla, que la había felicitado por su nivel en combate, que le hubiera contado sus miedos y que no la hubiese juzgado cuando ella le había hablado de los suyos, además de su declamación de antes al prometerle que la protegería aun a costa de su vida…

le habían provocado un nudo en la garganta del que no sabía cómo deshacerse.

Garik, su hermano, su mejor amigo, su protector, «¿podría llegar a ser algo más?

», se preguntó mientras intentaba mover la mesa.

—Gracias —dijo cuando él se acercó a ayudarla, refiriéndose en realidad a todo lo que había hecho por ella.

—Terminamos esta pelea en otra ocasión. —La miró con ojos un tanto tristes que no le pasaron desapercibidos.

—¿Estás bien? —se preocupó.

—Claro. —Intentó sonreír—. Es una tontería —terminó un poco tímido.

—Cuéntamela. —Lo vio ruborizarse y su corazón se enterneció .

—Es que… eres de verdad una luchadora excelente, te defiendes muy bien, tienes mucha potencia en los golpes. —Alexandra no sabía qué tenía eso que ver con su timidez—. Eres rápida y te adaptas perfectamente a la situación.

—Ah, gracias. —Ahora fue su turno de ruborizarse—. ¿Eso te molesta?

—¡En absoluto! Es solo que… —la miró a los ojos— entrené mucho para ser el mejor y poder protegerte si en algún momento lo necesitabas —tragó saliva—, y ahora veo que sabes cuidarte sola y que no te haré falta.

Alexandra redujo el espacio que los separaba y lo abrazó por el cuello con fuerza.

—No era consciente de la falta que me hacías hasta que has venido a rescatarme.

—Se alejó lo justo para mirarlo a los ojos—.

No quiero que volvamos a separarnos. —Hizo una pausa corta cuando se dio cuenta de lo que sus palabras podrían significar—.

Aunque nuestros reinos nos necesiten, tenemos que seguir en contacto.

Las palabras flotaron en el aire mientras sus miradas estaban trabadas en la del otro, sus rostros tan juntos que sentían sus respiraciones, pero ninguno salvó la distancia que separaba sus labios, ya que podía significar el final de su amistad; de modo que volvieron a fundirse en un abrazo largo y estrecho en el que volcaron una fracción de sus sentimientos antes de apartarse.

—Mañana, cuando salgamos del hotel, te contaré una historia —cambió de tema.

—De acuerdo; pero ahora hay que descansar.

Se acostaron en sus respectivas camas, aunque Garik no quiso cerrar los ojos hasta que Alexandra se quedó dormida.

—¿Cómo he podido estar tan ciego? —se preguntó antes de dejarse vencer por el sueño.