CAPÍTULO 13
Mientras estaba encogida en el sofá casi oculta por el enorme cojín, escuchó las voces de dos personas que se encontraban bastante cerca de ella, aunque no lo suficiente para darse cuenta de su presencia.
Al principio, Alexandra iba a delatar su posición, hasta que, prestando atención a lo que decían, prefirió esperar.
—¿Cómo te encuentras?
—Mal, ¿cómo si no?
—Era lo que queríamos, ¿verdad? No te puedes echar atrás ahora.
—Lo sé; aun así, es difícil.
—Es necesario si queremos ocupar nuestro lugar, sabes que nos merecemos más que simplemente actuar como figurantes del reino.
—¡Lo que acabamos de hacer es regi…
—¡No! —gritó sentándose bruscamente en la cama.
Garik escuchaba a la princesa revolverse en su cama; pensó que su pesadilla terminaría, pero no fue así. Se despertó con un grito desesperado, las manos temblorosas y lágrimas de terror recorriéndole las mejillas sin ningún control.
Se levantó de un salto e intentó tranquilizarla abrazándola, pero se revolvió como si su vida dependiera de no dejarse atrapar.
—Soy yo, Lexie, soy yo. Mírame, estoy aquí, estás a salvo.
Ella no conseguía volver y tenía la mirada perdida, como si aún estuviera reviviendo la pesadilla.
—Alexandra, soy Garik; tranquila, estamos solos. —No funcionó. Entonces recordó lo que le habían gritando Colin y el aquel chico para que ella se centrase. Lo probó—: ¡Xandra, detente!
Ella se tensó durante un segundo y empezó a mirar a todas partes intentando recordar dónde se encontraba.
Hiperventilaba y las lágrimas seguían cayendo.
Garik trató de abrazarla de nuevo y, aunque se debatió un poco, esta vez buscó al dueño de los brazos que se esforzaban por retenerla.
Cuando sus miradas se trabaron, lo apretó con fuerza por el cuello como si fuera su salvavidas.
—Ya está, Lexie, estoy contigo, estás a salvo. Estamos en Ecuador, en un escondite de tu familia. —Poco a poco, los sollozos disminuyeron—. Te protegeré con mi vida, Lexie, te lo prometo. No dejaré que nunca te hagan daño.
Nada más oír la voz de Garik, Alexandra se sintió bien. Ya de pequeños él siempre la había cuidado y protegido y, en ese momento, escuchar sus palabras solo sirvió para que su afecto por él creciera.
—No hace falta que lo hagas, ya que me proteges solo estando a mi lado.
«¡Mierda! ¿Lo he dicho en voz alta?», pensó antes de que él añadiera:
—Entonces procuraré estar cerca cuando me necesites —respondió nervioso.
—Gracias.
—¿Ha sido una pesadilla?
Alexandra se separó un poco de él y negó, sus miradas se cruzaron .
—El funeral. Cuando ellos… —No dijo más, tampoco hizo falta.
Él se sentó en la cama y atrajo a su amiga hacia sí; ella se sintió reconfortada, pero, a pesar de las caricias en el pelo que le estaba prodigando Garik, Alexandra era incapaz de pensar en otra cosa que no fuera el bienestar de sus padres.
—Trata de dormir, mañana nos pondremos en marcha para ayudarlos.
La princesa sonrió al darse cuenta de que, sin pronunciar palabra, él conocía sus miedos y su preocupación. Suspiró y se incorporó.
—Imposible —sentenció—. Estoy muy tensa.
—¿Sabes qué es lo mejor para descargar la tensión?
Alexandra se sorprendió por su pregunta y su cuerpo reaccionó con un escalofrío, pero no de preocupación.
—¿El qué? —inquirió mirándolo.
—Hacer ejercicio. —Se levantó de la cama, dejándola sentada—. Este es un buen momento para que me enseñes esas habilidades ocultas de las que tanto presumes.
La respuesta no era la que esperaba escuchar y, pese a que la hizo sonreír, una parte de ella se sintió decepcionada, si bien no entendía el motivo.
Salieron al salón donde se habían sincerado y Garik se ocupó de despejar el espacio para que pudieran moverse con libertad, sin ponerse en peligro con el mobiliario.
La princesa esperó a que terminara observándolo desde el vano de la puerta; sus acciones eran precisas, mas cuando sus miradas se encontraban se volvían casi imperceptiblemente nerviosas.
—¡Listo! Enséñame lo que sabes. —La vio dudar—. Recuerda que ahora mismo estamos solos y que nos buscan, tenemos que conocer de lo que somos capaces.
Se colocaron frente a frente, pero ninguno lanzó el primer golpe. Giraron describiendo un círculo, esperando a que su oponente se decidiera a atacar. Alexandra lo hizo. Se adelantó y dirigió un puñetazo a la cara de Garik, que lo esquivó sin problemas, y ambos volvieron a su posición.
Los siguientes ataques fueron más rápidos por parte de Alexandra; aun así, Garik volvió a esquivarlos. Ella dirigió otro puñetazo a la cara de Garik, que él atrapó con la mano, y acto seguido tuvo que hacer lo mismo con otro puño que iba a su estómago.
La sujetó con fuerza.
Para liberarse del enganche, ella también le agarró los brazos y tiró con fuerza de él para propinarle un cabezazo, pero Garik adivinó su movimiento y la soltó de inmediato, antes del impacto.
Alexandra sonrió y, encogiéndose sobre una pierna, estiró la otra para hacer un barrido e intentar desestabilizarlo; pero Garik saltó a tiempo e impidió que sus golpes diesen en el blanco.
—¡Venga ya, Garik!
Se incorporó sin apartar la mirada de su contrincante, que retrocedía a la espera de un nuevo ataque con una sonrisa.
Sin previo aviso, Alexandra realizó un mortal hacia delante sin apoyos y se colocó a escasos centímetros de Garik, que la miraba sorprendido.
Volvió a atacarlo, aunque esta vez con ambas manos abiertas y los dedos juntos para tener más fuerza.
La rapidez con la que envió golpes al cuerpo de Garik hizo que él no pudiera esquivar o detener la mayoría, por lo que la princesa consiguió conectar muchos.
Se separó unos segundos, pero regresó pronto al ataque, esta vez con patadas. Mientras se mantenía en equilibrio con la pierna izquierda, con la derecha lanzó fuertes golpes a la cabeza y torso de su oponente.
Tras recibir varios impactos, Garik tomó con fuerza la pierna de Alexandra e intentó golpearla en el muslo para dejarla fuera de combate; antes del impacto, se dio cuenta de que eso les podría perjudicar más adelante, así que se limitó a tirar de ella para derribarla.
La princesa sonrió al ver las acciones de su amigo, se estiró hacia delante para tomarlo de la camiseta y tirar de él a la vez que encogía la pierna para anular el movimiento de Garik, que tuvo que soltarla, lo que hizo que se quedaran muy cerca.
Ahora era su turno .
Él la tomó del cuello, sin embargo, para reducir la presión del agarre metió los brazos entre los de Garik e hizo un amago de cabezazo, aunque en realidad lanzó un rodillazo al estómago de Garik, que lo recibió de lleno.
A pesar del golpe, Garik intentó sujetarla de la muñeca, pero ella lo empujó para apartarlo y ganar distancia.
Los dos sonreían. Se estaban divirtiendo mucho.
Alexandra adelantó una pierna y luego flexionó ambas en un ángulo de sesenta grados, movió los brazos a su alrededor con las palmas abiertas y las colocó frente a su pecho, una delante de la otra, en una posición de maestra de kung-fu.
Garik la observó con curiosidad, ya que era la primera vez que veía a alguien con esa pose para luchar, pues parecía relajada en lugar de una postura de enfrentamiento.
Ella sonrió, sabiendo que Garik no conocía ese estilo de lucha; de modo que, para aumentar su desconcierto y su curiosidad, le hizo un gesto de invitación para que fuera él quien atacara esta vez.
No tuvo que insistir mucho.
Al principio, lanzó golpes sin demasiada potencia, intentando no hacerle daño si conseguía encajar alguno, pero enseguida se percató de que la había subestimado.
—Efectivamente —la escuchó decir, como si le hubiera leído el pensamiento.
Se separó lo justo para recomponerse, ya que sus acciones y su comentario lo habían descentrado.
Volvió al ataque con más ímpetu. Con golpes más rápidos y mucha más fuerza, esperando que la princesa no pudiera detenerlos.
A pesar de sus esfuerzos, la mayoría no alcanzaban su destino y se perdían en el aire; alguno consiguió hacerla retroceder, sobre todo un revés que lanzó hacia su oreja izquierda y que, a pesar de que lo bloqueó con el antebrazo, sí llegó a rozarla.
Al sentir el impacto, Alexandra supo que por fin Garik la estaba tomando como a una igual. Volvió a sonreír y se alejó.
Alexandra cerró los ojos e inspiró profundo .
Al verla, Garik sintió curiosidad por su estilo de lucha, ya que sabía que estaba concentrándose.
Esperó sonriente, admirando cómo ella se preparaba mentalmente para el ataque, pues de verdad le demostraba que tenía recursos y mucha más fuerza, conocimientos y, al parecer, experiencia en combate que él.
Cuando su amiga abrió los ojos, él apenas tardó un segundo en llegar a su lado e intentar golpearla en las extremidades para desestabilizarla, pero ella lo esquivó levantando una y otra vez los pies mientras daba pequeños pasitos hacia atrás tratando de no perder el equilibrio.
Garik aprovechó uno de los barridos al suelo y, sin que ella se lo esperara, detuvo la pierna, impidiendo que la princesa pudiera apoyarla, de modo que perdió el centro de gravedad y se tambaleó.
Él la sujetó por el pecho de la camiseta, tiró de ella con fuerza para levantarla mientras él mismo se agachaba para lanzarla por encima de su cabeza; al comprender sus intenciones, Alexandra se impulsó ayudando al movimiento de Garik, aunque de esa forma podía controlar la caída, por lo que consiguió girar en el aire lo suficiente para hacer que los brazos de su adversario se quedaran cruzados y así asegurarse de que la soltara antes de llegar al suelo.
Su plan dio resultado y Garik la soltó para no caer hacia delante; en cambio, ella no esperó a estabilizarse del todo, impidiendo a su vez que Garik se colocara en una buena posición para atacar, sino que, al aterrizar de espaldas a su contrincante, se agachó con rapidez y, apoyándose en las manos, lanzó una patada que lo golpeó en el centro del pecho, tirándolo.