Faroe (Saga Reinos 2) CAPÍTULO 8 #2
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CAPÍTULO 8 #2

—¿Tendría un sombrero para Garik? —preguntó Alexandra mirando preocupada el sendero por el que habían llegado y después en la dirección de la cascada.

El señor Galo se alejó de ellos en busca de un sombrero.

—¡Escúchame, Garik! —lo apremió la princesa—. Son buena gente, los conozco desde hace años, así que espero que te comportes.

—¡Pero yo no, no sé si son de fiar! —Alexandra estrechó los ojos, mirándolo enfadada—. Además, no sabemos si nos han seguido hasta aquí. ¿Cómo quieres que confíe en unos desconocidos?

—¡Confiando en mí!

Ambos se miraron fijamente, hasta que Garik claudicó con un suspiro y luego sonrió .

—Sigues siendo igual de terca.

—Gracias —sonrió, aunque enseguida apartó la mirada—. Y sí, ya sé que tenemos que ser cuidadosos y estar atentos.

Apenas se veía el salto de agua, aunque sí se podía oír, y ambos miraron en esa dirección con miedo.

La noche se había cerrado y la luna se ocultó tras unas gruesas nubes.

Alexandra sabía que, en cuanto tuviera la oportunidad, el señor Galo llamaría al hotel donde su familia y ella solían hospedarse, a pesar de que era bastante tarde y además habían interrumpido sus celebraciones.

Garik prestaba mucha atención a los asistentes; a pesar de que su amiga le había dicho que con esa gente no correrían peligro, él no estaba del todo seguro.

Además, ella había intentado pasar desapercibida de todos los presentes, salvo del señor Galo y de la muchacha que los había visto primero, que en ese momento lo observaba con un ligero rubor en las mejillas.

Cuando sus miradas se encontraron, rápidamente la apartó y, antes de darle la espalda, sonrió.

—Dime todo lo que sepas —pidió Alexandra sentándose en unas sillas cerca de las hogueras, aunque un poco apartadas del resto de personas—. Imagino que en Baltrium ya saben lo que está ocurriendo. ¿Qué plan teníais?

—Cómo quedó patente, no te habrías fiado de nadie que no fuera yo para que te encontrara en el manglar, así que, por eso, solo fuimos Colin y yo a buscarte.

La idea era rescatarte, recoger información, volver a Baltrium y así planear una estrategia para salvar a tus padres.

Me dijeron que si no tenían noticias nuestras en veinticuatro horas vendrían a por nosotros.

—Estáis seguros de que Ángel y Saray han vuelto, ¿cómo lo sabéis?

—Hace unos meses intentaron apoderarse de Baltrium, aunque en principio solo han visto a Ángel y a su hijo Kyle, que ahora está entre rejas en una de sus prisiones.

—Las noticias sorprendieron a la princesa, pero guardó la compostura cuando vio que la chica que la había reconocido en primer lugar se acercaba.

—Dame un segundo —dijo poniéndose en pie e interceptando a la muchacha—. Hola, gracias por avisar de que estaba aquí. —La miró sorprendida cuando se dio cuenta de quién era—. ¡Has crecido mucho, Margarita!

—Pensé que no me habías reconocido —se alegró la muchacha mientras se abrazaban.

—Al principio no lo hice —reconoció—. Es que has crecido mucho. ¿Cuántos años tienes?

—Llegas a tiempo para mi fiesta de los quince años. —Alexandra la observó sorprendida—. Es mañana, si quieres puedes venir con… —Miró en dirección a Garik y se ruborizó—. ¿Quién es?

Alexandra siguió la mirada de la muchacha y sonrió, sabía que ella también estaba pensando que Garik era algo más que su amigo.

—¡Es muy guapo!

—No está mal —dijo Alexandra, y Margarita puso los ojos en blanco.

—¿Es uno de tus guardias? —preguntó sorprendiéndola.

—No, es un amigo.

—¿Eso significa que está libre?

—Pues lo cierto es que no lo sé, creo que sí.

Margarita sonrió. Ella acababa de cumplir quince años y el amigo de Alexandra seguramente sería mucho mayor que ella, aunque estaba de muy buen ver. A Margarita se le ocurrió una idea.

—Como te decía, estás invitada a mi fiesta de quince años, y, si tú amigo quiere, también puede venir.

—No creo que…

Alexandra miró hacia atrás y descubrió a Garik buscando en la mochila, ajeno a la conversación que estaban manteniendo.

—Porfa —rogó—, seguro que todas mis amigas se mueren de envidia si venís, y ya si lo convences para que baile conmigo…

Margarita dejó la frase en el aire; no quería decirlo en voz alta, pero sin pretenderlo lo soltó, sorprendiendo a Alexandra con su deseo.

Una vez dicho, esperó la reacción de su interlocutora, que la miró con seriedad .

—No creo que sea buena idea, estamos solo de paso… —empezó y la contrariedad se apoderó de las facciones de Margarita, por lo que añadió—: Lo intentaremos. Además, dudo que él sepa bailar.

En el momento en que terminó de hablar, se escuchó cómo Garik tosía o se atragantaba con algo. Las chicas miraron en su dirección y solo Alexandra advirtió el tono rosáceo que había adquirido la cara de su amigo.

La vergüenza también acudió a sonrojarle las mejillas cuando cayó en la cuenta de que estaba hablando de él, sabiendo que podía oírlas y que, además, ni siquiera lo había presentado.

Garik quiso sonreír cuando ambas chicas lo miraron, pero se sentía fuera de lugar.

Había escuchado la invitación y también la negativa de Alexandra de ir a la fiesta, así como la duda de que él supiera bailar.

Sabía, claro que sabía, y por eso había intentado atraer su atención carraspeando, sin percatarse de que tenía la boca seca y el intento se convirtió en un pseudoataque de tos, lo que lo avergonzó.

Las vio acercarse y se puso en pie, sintiendo el peso del poncho prestado; era parecido al que usaban los granjeros en las montañas cuando el frío arreciaba. Sonrió al recordar las de su hogar.

—Garik, te presento a Margarita, es la nieta del señor Galo. —Miró a la muchacha—. Margarita, él es Garik, mi mejor amigo.

Al terminar la frase, algo se revolvió en su interior; habían sido inseparables hacía mucho, amigos por correspondencia, luego se veían al reunirse en los concilios…

Con el paso de los años se habían alejado, pero cuando volvían a encontrarse era como si el tiempo y la distancia no hiciera mella en su relación, la retomaban de forma fácil, como si nunca se hubieran separado.

—Encantado —respondió él apretando la mano que la joven le extendía.

—Garik, ¿sabes bailar? —preguntó directamente Alexandra.

—Por supuesto que sé —repuso él orgulloso.

—Entonces, ¿vendréis a mi cumpleaños? —presionó la muchacha, mirándolos a ambos .

Alexandra esperaba que Garik dijera que no, y así evitar perder un tiempo valioso acudiendo a la celebración.

—No tenemos ropa y no queremos…

—No importa, además, tú siempre estás guapa con lo que te pongas —rio la chica—. Y, con el supervestido que tengo, seré el centro de todas las miradas.

Margarita estaba echando por tierra todos sus intentos de faltar a su fiesta sin ser maleducada.

Justo cuando iba a poner una nueva excusa llegó el señor Galo sonriente con un móvil en la mano.

—¡Abuelo, abuelo! Alex me ha dicho que mañana vendrán ella y su amigo a mi cumpleaños.

Tanto su abuelo como los dos visitantes observaron a Margarita sorprendidos. Garik y Alexandra cruzaron una mirada elocuente sin saber cómo habían llegado a eso.

—Es una gran idea —se alegró después del shock inicial—. Estoy seguro de que Gabriel estará encantado de verte de nuevo —añadió dirigiéndose a la princesa.

Garik confiaba en Alexandra, pero eso ya era demasiado. ¿Cómo habían conseguido enredarlos? Ahora tendrían que acudir a una fiesta, con todo lo que estaba pasando.

La miró durante un segundo y se dio cuenta de que estaba contrariada. La notaba dividida en sus sentimientos y no sabía decir cuál era la razón.

—Yo venía a avisarles de que he llamado al hotel y los están esperando. —Los miró a ambos—. Imagino que tendrán ganas de descansar.

Por primera vez, Garik se sintió feliz por una buena noticia después de la tensión que les había supuesto la huida.

Por un momento se olvidó de todo y pensó solo en quitarse el barro y la suciedad que sentía pegados a la piel.