Faroe (Saga Reinos 2) CAPÍTULO 7 #2
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CAPÍTULO 7 #2

Por suerte, quien había descubierto al guardia era el sobrino de Demian y no se había equivocado: sometió al guardia con uno de los dardos que los mercenarios taerianos habían llevado y que servían para adormecer a sus víctimas, hasta la llegada de Ángel y su tío.

Al ver que habían tratado la pierna del guardia, Ángel supo que había alertado a los otros reinos de lo ocurrido en Faroe, pues él mismo lo había herido el día anterior antes de que cruzara el puente hacia Baltrium.

Cuando Colin se separó de Garik, se dirigió al centro de la ciudad para saber sí había habido algún cambio o problema en Palacio; no encontró a nadie que supiera si estaba pasando algo hasta que vio a un joven que acababa de hacer las pruebas para entrar a formar parte de la guardia de palacio y que parecía temeroso, como si se estuviera ocultando de alguien.

Al acercarse y presentarse, el joven se mostró un poco reticente al principio, pero cuando le contó que lo conocía de las pruebas se relajó y le explicó por qué estaba huyendo y todo lo que había ocurrido en las últimas horas dentro de los muros del palacio.

Tras escuchar lo ocurrido y tener más información sobre el palacio, se sintió un poco aliviado, pues había cumplido una parte importante de su misión.

Ahora venía lo más complicado, que era llegar hasta los reyes; no obstante, se dio cuenta de que, si alguien estaba buscando al muchacho, seguramente no estaría lejos, y no se equivocó.

Antes de que lo atraparan, Colin le dio un mensaje por si veía a la princesa y ganó tiempo para que el chico escapara.

Colin aún no sabía quiénes eran sus captores, lo que sí tenía claro era que algunos vivían en Faroe; del cabecilla no estaba seguro, porque podía transformarse, aunque no solo en animales faroenses, sino también en los que vivían en Seica y en Alena, por lo que probablemente hubiera vivido allí o en Taera.

Sea como fuere, él representaba la mayor amenaza, incluyendo a los mercenarios de Taera.

Ahora que lo habían apresado, esperaba que lo llevasen donde se encontraban los reyes, pero antes tenía que hacer algo para transmitirle la información a Xandra, así que, en un momento que lo dejaron solo, escribió una nota en un papel que llevaba en un bolsillo y rezó para que nadie se percatara de ella.

Después de propinarle una paliza, lo único que Colin reveló a sus captores fue que había pactado reunirse con la princesa Alexandra en la plaza de las Conchas en Dacoma, y que, si no aparecía, ella sabría que lo habían capturado; no dijo nada acerca de haber puesto sobre aviso al resto de monarcas, ni del príncipe Garik y su presencia en Faroe.

Colin sabía que quedaba poco tiempo para reunirse con los príncipes y que, pese a ser arriesgado, era la única forma que se le ocurría de entregarle el mensaje a Alexandra.

Ángel sopesó las palabras del guardia y lo creyó.

Él sabía que había estado en Baltrium y que, seguramente, si estaba de vuelta era para ayudar a la princesa, aunque no entendía por qué ella seguía allí, no tenía sentido; algo se le escapaba.

No obstante, decidió arriesgarse y usarlo como señuelo para atraparla; había modificado los planes y ya no la necesitaba para intercambiarla por el trono, sino para que sus padres o alguien de una vez por todas revelasen quién los había delatado en el pasado. Un tema que al parecer era tabú.

Los mercenarios esperaron escondidos entre las ramas de los árboles, con los rifles de precisión listos para disparar en cuanto Ángel señalara el objetivo; sin embargo, dudó durante un par de segundos al ver llegar a Alexandra acompañada.

Ese momento de duda en que tardó en dar la orden de disparar fue lo que le costó sus presas, pues Colin al oírlos llegar se dio la vuelta y dejó a la vista el rostro golpeado, lo que los puso en guardia. Solo tuvo tiempo de soltar la nota que la princesa recogió antes de escapar.

Algunos mercenarios corrieron en pos de sus objetivos, pero no conocían el terreno y Ángel les había prohibido mostrar y disparar las armas en público, de modo que se vieron cohibidos y no pudieron cumplir con su cometido.

Por otra parte, Demian se adelantó por las calles para intentar interceptar a la pareja, mas la princesa lo vio y echó a correr hacia el bosque que había al este de la ciudad. Tras transformarse en gaviota, los persiguió, aunque le costaba divisarlos bajo el follaje de los árboles.

A la búsqueda por aire se unió Ángel y se dividieron para dar con los fugitivos.

No pasó mucho tiempo cuando escucharon un grito y pronto siguieron la dirección en la que se alejaba un tigre enorme, que al darse cuenta de que lo seguían, apretó el paso y se dirigió hacia una gran cascada.

Allí los perdieron de vista, pues estaba claro que era el puente a otro reino.

Ángel sabía que no era prudente para él atravesar ningún puente sin tener claro a dónde lo llevaría, pues aquel portal no existía cuando él aún tenía acceso a los reinos animales, de modo que volvió al palacio y se dirigió a ver a los reyes y al guardia que habían apresado.

—Bueno —empezó al llegar a las celdas—, he estado a punto de atrapar a vuestra hija, pero por lo visto hay alguien más con ella. ¿De quién se trata?

Nadie dijo nada. Colin estaba semiinconsciente en una celda cercana a los reyes, y todavía no había podido hablar con ellos ni contarles lo que había ocurrido.

—Ha atravesado un puente cerca de Dacoma, en el bosque circundante. —Observó detenidamente a sus prisioneros, buscando algún efecto a sus palabras—. Me gustaría ir en persona a por ella. —Vio que la reina aguantaba la respiración—. Por tu reacción, Emily, parece que no correría ningún peligro.

—Puedes probar —respondió de pronto Fenrir—; nosotros ya estamos encerrados, eres tú quien aún no lo está.

Las palabras del rey hicieron recular a Ángel; no quería que lo atraparan, sin embargo, tras clavar la mirada en la del rey sonrió, pues sabía una forma de buscar a la princesa sin ponerse en peligro y además volver a someter la voluntad y valor de los reyes de Faroe.

—Tenéis razón, gracias por el consejo. —Miró hacia atrás para llamar a uno de los guardias del palacio que habían decidido unirse a él para controlar Faroe, con el objetivo de abrir las fronteras con Taera y conocer por fin ese reino prohibido.

Al principio, Ángel no confió en ellos, pero al ponerlos a prueba y ver cómo sometían a algunos de sus compañeros tuvo que darles su aprobación; a pesar de eso, no los dejaba salir del palacio y los mantenía vigilando a los reyes y patrullando alrededor del palacio para que nada ni nadie irrumpiera en él sin ser debidamente interrogado; aunque siempre bajo la supervisión de alguien de la entera confianza de Ángel o Demian.

Cuando llegó el guardia, se giró hacia él dando un poco la espalda a los reyes para que no vieran su expresión.

—Ve y busca a Gregor, necesito que sus hombres me hagan un favor.

Solo tardó tres minutos en regresar acompañado del jefe de los mercenarios.

—¿Para qué somos buenos? —respondió Gregor colgándose el arma del hombro.

—Necesito que envíes a un par de hombres y traigáis a la princesa. —El mercenario asintió—. Capturadla a como dé lugar, no quiero fallos.

—¡No! No envíes a esos salvajes —rogó el Rey.

—¿A quién llamas salvaje? —respondió Gregor dando un golpe con la culata del rifle en los barrotes de la celda. Se giró hacia Ángel—. ¿Dónde la deben buscar?

Ambos hombres se alejaron de las celdas y salieron hablando del último paradero en el que habían visto a Alexandra .

La reina Emily dejó escapar varias lágrimas de impotencia; aun así, no permitiría que la vieran derrotada, a pesar de que así se sentía.