CAPÍTULO 7
Al día siguiente de haber capturado a los reyes de Faroe, por fin habían dado con una pista que los llevaría hasta la princesa Alexandra, pues habían encontrado al guardia con el que ella había escapado.
Por suerte, estaba alejado del palacio, de modo que era más fácil poner en vilo a los reyes diciéndoles que habían encontrado a su única hija y que pronto la traerían con ellos.
Los reyes de Faroe se encontraban en una celda que ya no estaba en uso, dentro del propio palacio, por lo que tenían que tenerlos todo el tiempo con vigilancia y esposados con glubbits.
Ángel había estado planeando hacerse con Faroe desde la muerte de su preciosa Saray al poco tiempo de nacer su hija Krista.
Por culpa de los reyes, Saray también fue exiliada de Faroe y por consiguiente no tuvo los cuidados necesarios durante los últimos meses de embarazo, así que, cuando hubo complicaciones y entraron desesperados en Faroe, no pudieron contar con la atención médica pertinente para el alumbramiento .
Ellos sabían que tampoco debían acudir a un hospital taeriano porque en ocasiones, cuando sucedían complicaciones, el bebé podía cambiar a una forma animal y no querían llamar la atención en Taera; de modo que regresaron a Faroe en busca de ayuda y se encontraron con que la familia de Saray había sido degradada y no disponían del beneplácito de la corona; aunque, si bien es cierto, muy pocas personas sabían realmente los motivos por los que el primer consejero de los reyes de Faroe fue destituido, lo que al menos les servía para no tener que agachar la cabeza, avergonzados por las crueldades que realizaron su hija y su yerno.
Llevaba meses planeando la captura de la familia real. Desde que se separara de Kyle en Baltrium.
Ángel únicamente pensaba en la venganza, y ya no solo por condenarlos al exilio, sino por la separación de su familia y por la muerte de su mujer; no atendía a nada más.
Estaba tan centrado que no midió las consecuencias de cómo afectaría a los reinos el ponerse en contacto con esos mercenarios de Taera a los que solo movían la codicia y el poder.
Cuando por fin vio una oportunidad de someter a Faroe, no se lo pensó dos veces, llamó a los mercenarios y juntos planearon el ataque.
Se trataba de un grupo de once hombres, de los cuales solo el cabecilla conocía todos los pormenores del reino al que los habían traído, además de las habilidades que poseían.
Por otra parte, la familia de Saray lo acogió cuando volvió a Faroe, lo escondieron y le proporcionaron información. También estaban molestos con los monarcas por haberles quitado todos sus privilegios, de modo que se mostraron afines a sus planes.
Al poco de instalarse en casa de sus suegros, oculto de las miradas indiscretas, les preguntó si en todos esos años de exilio alguien había averiguado la identidad de los responsables de delatarlos y su posterior captura.
—No lo sabemos —contestó su suegro Demian—; después de que os expulsaran, se prohibió a todos hablar de ello y a nosotros nos exigieron que abandonásemos nuestro lugar al lado de la corona, así que nadie nos ha dicho nada.
Creo que el rey no quiso que se conociera el dolor que pasaron en aquella época.
—¿Y el dolor que pasó mi familia cuando mi madre se encargó de exiliarnos con la aprobación de los otros reyes? —preguntó para sí mismo. Miró a su suegro—. Siento que os hayáis visto arrastrados por los acontecimientos.
—Hace años no lo entendía y estaba enfadado con vosotros, pero, tras la muerte de mi hija, te apoyaré hasta el final.
—Os lo agradezco —respondió Ángel y le contó su plan—: Kyle intentará intercambiar a los príncipes por la corona de Baltrium; a pesar de lo que sucedió en el pasado, no quiero que muera ningún monarca. Sé que será más complicado porque son tres y ya han descubierto nuestra presencia.
—Aquí no tendrás que preocuparte, nadie sospechará de nuestro informador, ni siquiera él mismo sabe que lo es.
—¿Cómo puede ser?
—Es el hijo de un vecino; ha empezado a trabajar en las caballerizas y le encanta que le cuente cosas de palacio y de cómo les gusta a los reyes tener a sus animales, así que yo le doy información y él sin sospechar me habla de lo que ocurre en palacio.
—Ángel asintió satisfecho—. Nadie sospechará que él nos ha pasado información, porque ni él mismo sabe que está traicionando a la corona. Estamos a salvo.
Los días pasaron ligeros hasta que por fin llegó su oportunidad y se pusieron manos a la obra.
Los mercenarios habían traído algunas armas automáticas e hicieron un recorrido de reconocimiento por la zona donde se llevaría a cabo la emboscada.
Todo estaba listo para el día señalado y, a pesar de que tuvieron que esperar un poco más, valió la pena, pues es un abrir y cerrar de ojos sometieron a los guardias que custodiaban el carruaje; pero cuando los mercenarios vieron a Ángel transformarse en un rinoceronte para volcar el coche y hacer un gran agujero con el cuerno, quedaron impresionados.
Enseguida la admiración se convirtió en curiosidad, miedo y por último en envidia, aunque nadie dijo nada en esos momentos.
Ángel estaba tan absorto en su victoria que tampoco fue consciente del peligro que sus actos habían suscitado.
Por desgracia, la poca información que los mercenarios tenían de Faroe jugó a favor de Alexandra y su guardia, pues les hizo más fácil la huida; a Ángel se lo llevaban los demonios al ver que la princesa escapaba entre la maleza.
No obstante, se repuso rápidamente de ese revés y, tras dar un par de órdenes a sus hombres y a su suegro, se convirtió en un águila y fue en busca de esas presas que escapaban.
A pesar de la distancia a la que sobrevolaba, no le costó mucho encontrarlos, sin embargo, cuando se separaron tuvo que elegir a cuál de los roedores perseguía. Decidió ir a por el que se transformó en gaviota, alejándose así más rápido y sin obstáculos, aunque también más desprotegido.
Ángel esperaba que se tratase de la princesa Alexandra, aunque no podía estar seguro; de todas formas, si atrapaba a su presa la utilizaría de cualquier manera.
Sin embargo, a pesar de su ataque certero, la gaviota consiguió escapar y atravesó un puente que lo llevaba a Baltrium; al darse cuenta, no tuvo más remedio que regresar sin más dilación para que nadie lo capturase o que descubrieran donde se ocultaba.
Al volver al camino donde los habían emboscado, se encontró con que ya habían sacado a Emily y Fenrir del interior del carruaje y estaban esposados con grilletes glubbit, listos para transportarlos, al igual que el resto de los consejeros y los guardias que aún se mantenían en pie.
Casi todo estaba saliendo según lo planeado; aunque habría preferido atrapar a la familia al completo, no importaba, tarde o temprano cogerían a Alexandra.
Mientras la buscaban, aprovecharía el tiempo para presionar a los reyes y que le contasen quién o quiénes fueron los responsables de descubrir sus planes y delatarlos ante los reyes en el pasado.
La primera parte del plan había concluido, ahora tenían que entrar en el palacio y conseguir doblegar al personal rápidamente, procurando llamar lo menos posible la atención para reducir al máximo la resistencia y así planear lo sucesivo con más calma.
Necesitaban que todo el mundo siguiera pensando que los reyes estaban de viaje, aunque el interior del castillo se viera sometido a un secuestro masivo.
Esa misma tarde, los reyes de Faroe volvieron al palacio. Dijeron que había un cambio de planes y que Baltrium había pospuesto la celebración de la presentación de la pareja del príncipe Víctor por problemas en su reino, aunque la princesa se había quedado con su amigo Garik.
La noticia sorprendió a los consejeros que se habían quedado a cargo del reino, pues no comprendían lo que estaba ocurriendo, ya que esa misma mañana el rey Adrián de Baltrium había llamado para preguntar por el retraso de la comitiva de Faroe.
Apenas tuvieron tiempo de cavilaciones, ya que enseguida vieron aparecer al príncipe exiliado de Baltrium con Demian, el exconsejero mayor de Faroe, su primogénito y tres de sus sobrinos; además de once personas que estaba claro que no pertenecían a ningún reino animal, pues portaban armas claramente taerianas.
Fenrir tuvo que convocar a todo el personal, bajo la falsa amenaza de Ángel de dañar a su hija si no cumplía sus órdenes.
Tras ello, les llevó poco tiempo someterlos y tomar el control del lugar; encerró a los reyes y cerró las puertas, aunque sabían que debían actuar con rapidez si querían que el reino cambiara de manos sin tener que enfrentarse a la población.
No era algo que a Ángel y a sus hombres les molestara, pero sí que era una petición de Demian, pues, por mucho rencor que guardara a la familia real, amaba Faroe y no deseaba que hubiera un derramamiento innecesario de sangre.
Demian confiaba en Ángel y sabía que, a pesar de la ayuda que le estaban prestando él, sus sobrinos y su hijo para vengar la muerte de su preciosa Saray, ellos no serían suficientes para tomar el control del palacio, por eso no había puesto demasiados problemas cuando supo que vendrían mercenarios de Taera para apoyarlos; si bien, tenía sus reticencias.
Sabía que, aunque Ángel le asegurara que eran de fiar y que no harían nada fuera de sus órdenes, ellos se movían por el interés, el dinero y el poder; de modo que había advertido a sus familiares que cuando estuvieran cerca de ellos llevaran mucho cuidado y le informaran si hacían algo sospechoso.
Gracias a los mercenarios, las gentes de palacio apenas opusieron resistencia, sobre todo cuando vieron la brutalidad y la facilidad con la que apretaban el gatillo.
Aun así, necesitaban encontrar pronto a Alexandra, pues sabían que sería muy difícil mantener en secreto el cautiverio de los monarcas de Faroe; por eso, cuando les llegaron noticias de Dacoma de que habían visto al guardia que escapó con la princesa, Ángel solo tuvo tiempo de amedrentar a los reyes y salir lo más rápido posible hacia allí.