CAPÍTULO 4 #2
Había bajado la guardia y no tuvo tiempo de volver a asirlo con fuerza, lo que este aprovechó para girar y empujarla con un brazo, aunque sin hacerle daño, para así liberarse de su agarre; a continuación, tiró de ella y atrayéndola la lanzó contra el mismo árbol, estampándola de espaldas y sujetándole una de las muñecas por encima de la cabeza.
Ella intentó darle un cabezazo, pero Garik se apartó unos centímetros.
Alexandra sonrió durante una milésima de segundo, hasta que levantó la rodilla para propinarle otro golpe en sus partes bajas que, por fortuna, esta vez Garik bloqueó.
—¿Puedes parar? ¡Quiero ser padre algún día!
—¿De verdad eres Garik de Alena?
—Sí, soy yo, aunque es cierto que con esta peluca me veo muy raro. —La soltó.
—No me gusta —añadió antes de tocársela.
—¡Me alegro de que estés bien, Lexie! —dijo antes de atraerla y abrazarla—. Tenía mucho miedo.
—Sé cuidarme sola —afirmó estrechando a su amigo con fuerza—, pero no se lo digas a nadie.
—Ya veo, tu guardia no mentía. ¿Por qué es un secreto?
—Colin es un protector sobresaliente —dijo contenta al constatar que había podido llegar y transmitir su mensaje—.
Lo otro es cosa de mi padre, ya me entiendes.
—La miró sin comprender—. Mi padre sospechaba que Saray y Ángel volverían y me entrenó en secreto; todos saben que sé luchar, pero no que realmente soy incluso mucho mejor que tú.
Mi padre pensaba que así, si alguien venía a por mí, estaría preparada y los sorprendería, aunque a pesar de eso tengo que ir siempre con escolta.
—¿Mejor que yo? —rio—. Eso vas a tener que demostrarlo. —Ella hizo un gesto con la cabeza y sonrió burlona—. Lo de ahora no cuenta, me has atacado a traición y en un territorio que, para mí, ha cambiado.
—Cuando quieras luchamos en privado, pero esto debe permanecer en secreto. Ahora lo importante es averiguar quién está detrás de todo esto y por qué.
El semblante de Garik cambió de repente y desvió la mirada hacia donde se escondían de pequeños; no tenía ganas de decirle que los temores de su padre se habían hecho realidad y que la mujer en quien más confiaba de niña había vuelto para hacer de las suyas.
Alexandra advirtió enseguida del cambio de actitud de Garik; él sabía algo, pero no quería decírselo. Esperó unos segundos mientras intentaba imaginar qué era lo que le ocultaba, hasta que se dio cuenta y su respiración se cortó de golpe.
—Han vuelto, ¿es eso? —Garik no respondió, lo cual fue más que suficiente para Alexandra, que empezó a hiperventilar—. Después de tanto tiempo… —susurró con voz temblorosa.
Garik se giró y abrazó a su amiga. Ambos tenían miedo, pues fueron ellos quienes más cerca estuvieron de Saray y Ángel cuando provocaron la tragedia en la familia real de Baltrium, y ahora pretendían hacer lo mismo en Faroe.
Ninguno podía decir a quién pertenecían esos temblores de pánico que los recorrían en oleadas de un miedo infantil que tardaron tantos años en olvidar y que fue uno de los motivos, aunque sus padres no lo expresaran abiertamente, por los que su amistad se fue distanciando; a pesar de que la mantuvieron en secreto por carta, hacía mucho tiempo que habían dejado de escribirse.
—Ahora estamos preparados, tú eres fuerte y yo te protegeré de ellos; te lo prometí y mantendré esa promesa.
—Garik, mis padres… —Intentaba contener las lágrimas y el miedo—. Los han capturado. Podrían estar… Garik, tenemos que hacer algo.
—Lo haremos —afirmó él reteniéndole la cara entre las manos y mirándola a los ojos—, ahora tenemos que irnos.
—¿A dónde?
—Nos reuniremos con tu guardia, Colin, que ha ido a buscar información, y luego volveremos a Baltrium.
—Espera aquí, tengo que ir por unas cosas.
Ella desapareció entre las lianas y las ramas en busca de un macuto impermeable y resistente que tenía oculto con ropa y otros útiles.
Volvió casi de inmediato y encontró a Garik sonriendo mientras contemplaba los recovecos por dónde ellos jugaban y recordaba la ruta que habían descubierto para llegar a un lugar en el centro del manglar más elevado donde practicaban sus trucos de magia .
Él se giró al oírla llegar y alargó la mano para tomar la mochila que llevaba.
—No te preocupes, puedo yo —rechazó Alexandra; a pesar de lo que le había dicho, aún no se fiaba del todo de que fuera de verdad Garik—. ¿Por qué ahora eres moreno?
—Rebeca insistió en que debía intentar no llamar la atención por si me reconocían.
—Tenía razón, ni siquiera yo lo he hecho.
No supo por qué, pero no quería preguntar quién era Rebeca, a quien Garik parecía darle tanta importancia, de modo que dejó pasar el tema y empezaron a avanzar para salir de aquel manglar.
—Se supone que también debo llevar esto —sacó unas gafas de sol de aviador oscuras—, pero creo que de momento evitaré usarlas, no me gustan.
Alexandra tomó las gafas y se las puso.
Cuando Garik la miró, el corazón se le aceleró y se le secó la boca; Alexandra estaba guapísima con esas gafas.
Además, se había soltado el recogido que llevaba para protegerlo de las ramas y la suciedad y se había hecho una coleta alta.
Aun así, el pelo le llegaba a los hombros, resaltando su piel un tanto bronceada y sus pecas.
Era como si fuera la primera vez que veía a su amiga de la infancia como mujer y no pudo evitar sonreír como un idiota.
—En ese caso, si no te importa, las llevaré yo —dijo sin darse cuenta de la reacción de su amigo—, aunque no sé si me harán pasar desapercibida. ¿Qué tal me quedan?
—Bien, te quedan bien. Sigamos.