Faroe (Saga Reinos 2) CAPÍTULO 2 #2
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CAPÍTULO 2 #2

—Mirad —empezó Rebeca, intentando mostrar valor—, no sé lo que sabéis, y entiendo el rechazo que tenéis a Taera.

Muchas personas sí que son malas, crueles, falsas y no tienen compasión por nada ni por nadie; pero también hay otras que no son así.

Hay quienes no verían solo poder en vuestro don, sino que se quedarían maravilladas por ello.

Individuos como yo misma, que haría lo que fuera para proteger este reino; todos los reinos.

Nadie dijo nada y todos la escuchaban con atención. Víctor se colocó detrás de ella y la respaldó poniéndole la mano en el hombro.

—Vuestros reinos merecen seguir como hasta ahora, libres para crecer y prosperar a vuestra manera, porque sois así, necesitáis el ecosistema que os rodea tanto como él os precisa a vosotros.

—Se detuvo unos segundos para mirar a Víctor—.

Ya me he comprometido, pero os lo prometo también a vosotros: nunca revelaré la existencia de estos reinos y os protegeré siempre que eso esté en mi mano.

Se produjo un silencio sepulcral.

Rebeca estaba a punto de colapsar, sentía que sus piernas le fallarían de un momento a otro, pero Víctor la sostuvo sin que nadie lo notara.

Garik miraba a Rebeca y a Víctor y quería creerla, aunque no sabía cómo; hacía muchos años, una persona que conocía muy bien y más tiempo los había engañado y amenazado. Se alejó del grupo y su hermana lo siguió; ella sabía lo que estaría pensando.

Al llegar al otro lado de la sala su respiración era agitada y superficial, la cabeza le daba vueltas y no paraba de rememorar el miedo que sintió de pequeño por él y por Alexandra cuando Saray la había amenazado.

«Alexandra», pensó de repente. «Ella aún no ha aparecido, y si…

». Miró en la dirección en que se encontraban los príncipes de Baltrium.

«¿Será todo un plan para hacerle daño?».

Víctor abrazaba a su pareja mientras Verónica les decía algo.

No pudo aguantar más la preocupación y se acercó al grupo a grandes zancadas.

—¿Qué sabes de Faroe? —preguntó sin preámbulos a Rebeca.

—Yo… yo no…

—¡Déjala tranquila! —Víctor se interpuso entre Garik y su esposa—. Ella no sabe nada.

—No me lo creo, seguramente vosotros también estéis enredados con sus mentiras y artimañas.

—¿De qué demonios estás hablando? —preguntó Verónica echando chispas por los ojos.

—Los taerianos engañan y embaucan, y sois tan idiotas que habéis caído en sus redes. Como la otra vez.

Víctor, al escuchar esas palabras, se encaró con Garik y ambos se acercaron amenazantes. Salvo Rebeca, el resto de los presentes conocían sus habilidades de lucha y sabían que, a pesar de la destreza de Víctor, Garik podía someterlo con facilidad.

—¡Garik, detente! —ordenó Dalmar, pero ni Víctor ni Garik hicieron caso.

—Víctor, por favor —escucharon, y el siguiente sonido fue un maullido.

Todos se giraron con sorpresa para ver a una gata de patas blancas que luchaba por salir de entre las telas que segundos antes cubrían a la pareja de Víctor.

Sin pensárselo dos veces, los presentes le dieron la espalda a Rebeca-gata para darle intimidad mientras escuchaban unos maullidos de miedo y angustia.

—Tranquila, Becky, vamos.

—No, la llevo yo. —Verónica miró en dirección a sus invitados y él supo que ella tenía razón, ahora deberían dar aún más explicaciones—. Volveremos enseguida.

Verónica tomó la ropa de Rebeca y salieron de la habitación.

Cuando la puerta se cerró, todos se giraron esperando una explicación a lo que acababan de presenciar.

Garik y el resto de príncipes pensaban que solo estaban juntos, no que ya se hubieran unido; así no era como se hacían las cosas en sus reinos. Algo que les hizo desconfiar aún más de Rebeca y de sus intenciones para con Baltrium y sus miedos en lo que respectaba a Faroe.

Fue Dalmar quien tomó la palabra y pidió explicaciones. Los demás príncipes esperaron en silencio y muy atentos a la respuesta de Víctor, mientras él intentaba ordenar sus pensamientos para contarles lo que había ocurrido.

—Conocí a Rebeca hace unos meses; no hemos dicho nada porque ha pasado muy poco tiempo desde que ella sabe de las habilidades que poseemos y ha estado hospitalizada y recuperándose.

—Nadie habló, pero lo miraban con dudas—.

Ángel, el hermano de mi padre, y su hijo Kyle volvieron a Baltrium a pesar del destierro.

—Los ojos de Garik se abrieron por la sorpresa y el miedo y dio un ligero paso hacia atrás—.

Querían volver a controlar Baltrium, y para ello nos secuestraron a Vincent y a mí; también iban a por Verónica, aunque afortunadamente no la atraparon.

Hasta donde sabemos, pretendían hacer un intercambio, nosotros por la corona, algo que mi padre habría aceptado seguro.

—No me extraña —pensó en voz alta Dalmar.

—Fue Rebeca quién nos salvó —Garik se sorprendió y se acercó nuevamente a escuchar con atención el relato—; por eso, o, mejor dicho, gracias a ello, nos hemos unido.

—Pero ¿cómo pudo hacerlo? —preguntó Garik.

—Engañó a Kyle y consiguió guiar a la guardia.

Fue la única que, gracias a ser de Taera, pudo liberarnos, apresarlo y salvar Baltrium; sin embargo, terminó bastante herida en el proceso.

—Miró uno por uno a todos los presentes—.

Por eso, no dejaré que la tratéis como a una taeriana más, ella haría cualquier cosa por nuestros reinos.

Todos se quedaron pensativos.

Habían escuchado la historia de Víctor y sabían que habría aún más detalles que no había contado; aunque teniendo en cuenta la situación lo entendían, pues imaginaban que su plan era revelar toda esa información cuando estuvieran los reyes reunidos.

Justo cuando iban a preguntarle más detalles, apareció por la puerta Rebeca, muy avergonzada y nerviosa, seguida de Verónica; no obstante, antes de que ambas llegaran a donde se encontraban, un guardia entró de forma apresurada y casi sin aliento y convocó a los príncipes a la sala del trono, pues había noticias de Faroe y todos debían ser informados.

—Siento lo que ha pasado —dijo Rebeca antes de volverse y salir detrás de Verónica y el guardia.

Nadie dijo nada mientras acudían a la llamada, pero Garik solo podía pensar en que algo malo había sucedido y que Baltrium estaba detrás de todo.