CAPÍTULO 111
Dafne era consciente de que después de la final y tras acabar oficialmente sus estudios en Estels, llegaba el momento de que las agencias contactaran con ella.
Pero, realmente, no tenía ninguna garantía de que eso fuera a suceder.
Y de hacerlo, si las agencias contactaban, tampoco sabía cómo sería el proceso (los pagos, las negociaciones, las tarifas, los horarios) y sobre todo no sabía que firmaría un cuatro de junio cualquiera, ¡justo en medio de los exámenes de la Selectividad!
En su transición a la vida real, le había acompañado una extraña sensación de doble vida.
Por las mañanas se examinaba en Matemáticas, Lengua o Historia, acompañada de algunas de sus compañeras de instituto y otras tantas de su equipo de fútbol, y por la tarde revisaba contratos, hacía listas de pros y contras.
Había contado con la ayuda de Holt y de Gutiérrez y también Hugo le había echado un cable.
La mayoría de sus compañeros estaban pasando por una situación similar en esos momentos. También Silas, claro, aunque su caso había sido bastante distinto. Otros, como Marc, habían decidido distanciarse del fútbol una temporada.
¿Cómo iba a concentrarse en los exámenes cuando su futuro estaba en el aire? Porque sí, había firmado con una buena agencia el día anterior, pero ahora sentía que lo más duro acababa de empezar, pues tendría que esperar a las ofertas de los equipos.
Pero aún había algo incluso más importante para ella que no había procesado todavía: se encontraba en las puertas del colegio que la vio crecer.
El portero seguía siendo el mismo que la guio por la puerta metálica aquella mañana casi veraniega. Los niños estaban en clase en esos momentos, pero sintió que regresaba al pasado cuando pisaba esos suelos.
Atravesando el campo, se encontró con la misma portería metálica que le dejó esa marca en la frente. Sonrió.
Entonces, miró a su alrededor, pensó en esa Dafne que se dio cuenta un día de que no podría volar y comprendió algo más: No era normal conseguir el sueño que te acompaña desde pequeña
Y por eso, por tener la fortuna de luchar por ese sueño, por vivir un camino lleno de pequeñas victorias e incluso tener la oportunidad de compartirlas con otras personas, se sentía realmente afortunada.