FAR El precio de un sueño (Bilogía F.A.R 2) CAPÍTULO 87
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CAPÍTULO 87

—¿Cuántos pares de calcetines te has traído? Sabes dónde está la lavandería, ¿verdad? —preguntó Silas, ayudando a ordenar una de las maletas de Tomás.

—Uno para cada día de la semana… —rio él.

Silas no rio. Le gustaba estar ahí sentado, tranquilo, haciendo una tarea tan mundana como aquella. Pero al mismo tiempo tenía demasiadas cosas en la cabeza, tantas que le hacían estar callado.

—¿Entonces con tu padre está todo bien? —le preguntó a Tomás.

—Sí. Eso creo. No sé, estos días han sido muy tranquilos… Todavía había cosas del antiguo piso de mi madre que no habíamos visto y hemos aprovechado para hacer eso también.

—Me alegro —dijo Silas.

—No pareces alegre —replicó Tomás, sentándose en el suelo y arrastrándose hacia su lado.

Alzó la vista para mirarle a los ojos y colocó una mano bajo su barbilla.

—¿Qué te pasa? —insistió—. ¿Estás enfadado porque no haya ido al cumple de Nabeel?

Él negó con la cabeza.

—¿Entonces…?

Silas suspiró.

—Es que el cumpleaños ha sido un desastre. Ha salido todo fatal… Porque ya conoces a Nabeel que es un tío tranquilo y se lo hemos llenado de gente porque hemos querido celebrar también el cumple de Rowan y, claro, pues…

Tomás frunció el ceño.

—¿Qué ha pasado?

—Pues que no dejan de meterse con él. Como hace unos meses. Se meten con él porque piensan que es gay y…

—Y te acojona lo que puedan pensar de nosotros —concluyó Tomás.

Silas asintió con la cabeza y dejó que Tomás le acariciara el rostro.

—No tenemos por qué decir nada si no queremos. Eso ya lo hablamos. Que iríamos con calma.

Silas negó con la cabeza.

Sintió que su interior era como una mezcla de bebidas gaseosas.

Como en un producto de esas sobremesas de verano en familia en las que sus primos y él se dedicaban a mezclar refrescos de todos los sabores y al final el potingue se volvía imbebible.

Se sentía asustado y a la vez un cobarde, pero también feliz y emocionado.

—Rowan me lo ha dicho: que engaño a todo el mundo. Que estoy engañando al equipo.

—¡No engañas a nadie por no salir del armario!

—¡Pero no soy sincero! Y sobre todo lo digo por Rowan. Porque yo… Si fuera sincero, ¡le defendería más! No sé. Tú mismo me dijiste que había un chico gay en el Barcelona y que también acabó mal… No me parece justo…

Tomás dio un paso más hacia delante para abrazarle. Silas se dejó, ciñendo sus brazos alrededor de su espalda y respirando en el hueco que dejaba su hombro.

—Me voy a ir a dormir ya —dijo Silas una vez se separó de él.

—¿Seguro? Puedes quedarte aquí —dijo Tomás, tirando de su mano.

—Sí, me voy…

No quería hablar más, ni mirarle a los ojos, ni pensar en nada. Tomás le dio un beso antes de despedirse. Silas sonrió.

Entonces, cuando estaba atravesando el pasillo, se encontró con Arturo. No le saludó. Al contrario, cuando lo tuvo al lado, le dio un golpe con el hombro y se fue a su habitación.