CAPÍTULO 84
Las vacaciones se le habían pasado volando, aunque sentía que eso era algo que le ocurría siempre.
Aún le resonaban los villancicos cuando la arrojaron directamente a su rutina en Estels, sin tener tiempo de procesar nada.
Fechas de entrega, exámenes, entrenamientos y preparación de la selectividad.
Ese año no quería propósitos. Con sobrevivir le bastaba.
Al menos, habían ganado el primer partido de la temporada y el plan de ese día la entusiasmaba y aterraba a partes iguales: iban a celebrar el dieciocho cumpleaños de Nabeel con una fiesta en el cine.
Nabeel
Viernes, 10 de enero, 17:27
¡¿nervioso, cumpleañero?
si queríais que fuese un cumple
sorpresa, la habéis cagado
es imposible sorprenderte ya.
Te aviso de que va a venir
mucha gente. Me ha dicho mi
hermano que casi todo el
equipo.
bueno, también celebraremos
el cumpleaños de Rowan. Me
alegro de que hayan querido
venir y a ver si hacemos un
poco más de equipo…
Miró al reloj. Marcaba las cinco y media. Se miró de arriba abajo en el espejo, peinando bien su melena castaña, decidiendo finalmente cambiarse las zapatillas. No tenía problema en reconocerlo: estaba nerviosa.
Decidió mandarle un mensaje a Irati.
¿estás ya?
En realidad, Irati no le había confirmado en ningún momento que fuera a asistir a la fiesta. Sin embargo, Dafne pensaba insistir hasta la saciedad. Los chicos no eran los únicos que necesitaban reforzar el sentimiento de equipo.
Viendo que Irati no le respondía, decidió salir hasta su habitación y llamó a la puerta.
Su amiga le abrió. Vestía pantalones cortos y sudadera ancha, se había cortado el pelo por los hombros y lo llevaba despuntado y con flequillo. Bajo sus ojos azules había ojeras que parecían medias lunas, pero también sonreía.
—No te había visto el corte nuevo, Irati. Estás muy guapa. Bueno, tú estás guapa con todo.
—Muchas gracias, Daf.
Dafne se sentó encima de su cama e incluso agarró un peluche.
—Vienes a la fiesta, ¿no? —le preguntó—. Y que sepas que te lo pregunto por educación, porque la verdad es que no pienso aceptar un no por respuesta. Tienes que venir sí o sí.
Irati asintió.
—Ya me lo has dejado muy claro, pero… Antes… Quería contarte algo.
Se sentó a su lado y por alguna razón Dafne se sintió tan tensa como si estuviera a punto de saber las notas de un examen.
—He hablado con Rain y le he contado la verdad. En realidad, hablé con ella nada más llegar. Necesitaba sacármelo de dentro.
Dafne buscó en sus ojos una respuesta a cómo había ido esa conversación. Pero parecía que Irati no soltaba prenda.
—¿Y cómo fue?
Irati no respondió. En cambio, se quitó el jersey, quedándose en camiseta, y le enseñó un antebrazo cubierto por plástico film.
—¿Qué? —preguntó Dafne, llevando la mano a ese plástico. Entonces vio bien una especie de estrella.
—Es un copo de nieve. Ya sabes, por el beso que nos dimos en el campo de fútbol. Se lo conté todo, porque lo necesitaba y simplemente… nos hemos tatuado las dos. Cogimos un Uber para ir a un estudio de tatuaje y… Fue increíble.
—¡Pues claro que sí! Joder, os pasáis el juego. ¡Qué bonito! —Dafne se acercó un poco más y le dio un fuerte abrazo.
Irati la miró a los ojos, sonriendo y entonces frunció el ceño y alzó la mano para rozarle la mejilla.
—¿Tienes pintura amarilla en la cara? —le preguntó, extrañada.
—Es por una cosa que… En fin, luego te cuento. ¿Tú cómo estás?
—Pues… Hablé con Holt. He hablado mucho con mis padres. Con el míster y aunque ahora tenga a Rain de mi lado esto sigue siendo…
Dafne se mordió el labio.
—¿Una mierda? —sugirió.
—Sí. Una mierda. Gutiérrez dice que todo este asunto es discriminatorio.
—Y lo es.
—Holt no quiere meterse en problemas y mis padres solo están preocupados por mi salud. Yo también. Y… bueno, he pensado en que debería contárselo al equipo. Para que entiendan qué me pasa… En fin. Está siendo complicado, pero, bueno… Sobreviviré.
Dafne sonrió.
—Yo confío en ti y sé que eres muy capaz de superar cosas difíciles.
Después, se acercó a ella y le dio un fuerte abrazo.
Irati volvió a ponerse la sudadera.
—Venga, vámonos a la fiesta.